Cuando el miedo teme
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Reacciones ante el miedo
Reacciones ante el miedo
¿A qué le tienes miedo? ¿Con cuánta facilidad reconocemos nuestros miedos?
Cuando de los miedos se trata, si no los aceptas, los reprimes.
El miedo nos hace actuar de tres formas esencialmente:
Nos paraliza. Quizás es la peor porque eleva nuestra vulnerabilidad
Huímos. A corto plazo nos sentimos a salvo, pero a largo plazo nos sentimos cobardes. Huímos con la dignidad por el suelo, escapamos para vivir, pero vivimos como cobardes.
Afrontamos. Puede ser una prueba de fuerza y valor, pero también de orgullo y estupidez. Quedarse no siempre es sinónimo de victoria o inteligencia, podríamos afrontar y perder, aunque también podríamos ganar.
Afrontar tus miedos no siempre significa enfrentar a lo que le temes.
El miedo realmente peligroso: el miedo hacia uno mismo
El miedo realmente peligroso: el miedo hacia uno mismo
Podemos actuar de diferentes maneras ante el miedo a lo que está alrededor de nosotros, pero ¿qué hacemos cuando a lo que le tememos está en nosotros, cuando somos nosotros mismos?
El temor hacia uno mismo no se trata de tenernos miedo porque somos poderosos o amenazantes, tenemos miedo porque somos débiles y tememos ser insuficientes para afrontar lo que nos rodea.
Temor a fallar. Al ridículo. A no saber suficiente. A no poder hacerlo. A repetir un fracaso.
A veces lo que nos rodea no nos atemoriza hasta que tenemos que hacer algo frente a quienes (o lo que) nos rodea y entonces tenemos pánico.
Este es un temor limitante que atenta contra nuestra identidad y cuando la identidad es afectada, todo es afectado.
El miedo más difícil de vencer es el que surge de la falta de confianza en uno mismo.
Cuando el ángel saluda a María, trayendo la noticia de su elección como la madre del Salvador, ella se sorprendió y tuvo miedo; su razonamiento estaba enfocado en quién era ella para ser favorecida…
María no le temía a lo de afuera, cuando todos huyeron porque a Jesús lo capturaron y condenaron, ella estuvo frente a la cruz dando la cara; había dolor y tristeza, pero no había miedo.
El miedo nos ha acompañado en nuestra vida siempre. Es un compnente necesario para la supervivencia, pero el miedo interno, el que quebranta la identidad, ese nunca debió estar en nosotros.
EL miedo a uno mismo divide nuestra alma, la fragmenta y debilita.
El día que un poderoso tuvo miedo
El día que un poderoso tuvo miedo
Elías había hecho una muestra del poder que tenía. Cualquier profeta de Baal o cualquier otro dios falso no quería toparse a Elías ni en sus pesadillas.
Los familiares y la comunidad religiosa de los profetas muertos en manos de Elías le temían al hombre que no solo mató a los falsos profetas, sino que por su oración ocurrían señales impresionantes como hacer caer fuego del cielo.
1 Cuando Acab llegó a su casa, le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho, incluso la manera en que había matado a todos los profetas de Baal.
2 Entonces Jezabel le mandó este mensaje a Elías: «Que los dioses me hieran e incluso me maten si mañana a esta hora yo no te he matado, así como tú los mataste a ellos».
3 Elías tuvo miedo y huyó para salvar su vida. Se fue a Beerseba, una ciudad de Judá, y dejó allí a su sirviente.
4 Luego siguió solo todo el día hasta llegar al desierto. Se sentó bajo un solitario árbol de retama y pidió morirse: «Basta ya, Señor; quítame la vida, porque no soy mejor que mis antepasados que ya murieron».
¡Qué poco coherente nos parece el versículo 3! El poderoso Elías tiene miedo.
Acaba de destruir todo el sistema religioso, pero le teme a una amenaza.
Elías huyó por temor, porque vio amenazada su vida, ¿cierto? Sin embargo, aunque huyó para no morir, quería morirse.
El miedo detonó en Elías un temor aun más grande: el temor de su propia incompetencia.
Había una problema en su identidad.
Elías era capaz de enfrentar a sus oponentes, cientos de profetas contra él, pero eso no lo detuvo. Se burló de ellos y les hizo bullying sin temor. Pero temía su falta de fortaleza, temía por las comparaciones que hacía respecto a otros.
En tarima: un profeta poderoso; en la intimidad: un hombre con el alma rota.
Elías huye de la tierra en la que era llamado a liderar hacia la tierra en la que no fue llamado. Abandonó su responsabilidad por miedo. Se fue a esconder lejos.
Dios, el terror de los miedos
Dios, el terror de los miedos
El miedo le teme a Dios.
¿Cómo respondió Dios al miedo de Elías?
11 Entonces Dios le dijo: —Sal afuera de la cueva y párate delante de mí, en la montaña. En ese momento Dios pasó por ahí, y de inmediato sopló un viento fuerte que estremeció la montaña, y las piedras se hicieron pedazos. Pero Dios no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto. Pero Dios tampoco estaba en el terremoto.
12 Después del terremoto hubo un fuego. Pero Dios tampoco estaba en el fuego. Después del fuego se oyó el ruido delicado del silencio.
13 Cuando Elías lo escuchó, se tapó la cara con su capa, salió y se quedó a la entrada de la cueva. En ese momento Elías escuchó una voz que le preguntó: —¿Qué estás haciendo aquí, Elías?
Cuando Dios alimenta a Elías, en medio de su depresión, lo invita a caminar. Elías llega hasta Horeb, el monte donde Dios habla, donde también le habló a Moisés.
Viento, terremoto y fuego…la fuerza de la naturaleza que es capaz de acabar con el ser humano. Ante ellos estamos indefensos y cuando hacen estragos no hay quien los detenga. Son poderes más grandes que el ser humano.
Tus miedos más profundos solo se rendirán ante la grandeza de Dios.
Estos elementos le recuerdan a Elías la grandeza de su Dios.
Dios le recuerda a Elías que sus temores solo pueden desvanecerse en Él.
3 Pero yo, cuando tengo miedo, confío en ti.
4 Confío en ti, mi Dios, y alabo tu palabra; confío en ti, mi Dios, y no tengo miedo; ¿qué puede hacerme un simple mortal?
Si lo externo a ti te asusta, confía en Dios, Él es más grande que todo.
Si lo interno en ti te asusta, confía en Dios, Él es más grande que tu temor.
