¿De dónde viene la unidad?

El ADN de la consolación  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Hechos 4:32-37

Al estudiar el libro de los Hechos, tratamos de entender cómo Dios estableció la primera iglesia y qué cosas eran importantes para sus miembros en ese tiempo y que, por lo tanto, también serían importantes para nosotros. En el capítulo 4, previo a la historia del texto que leíste arriba y que estaremos estudiando, Pedro y Juan habían sido liberados después de ser amenazados por los líderes religiosos. Y cuando ellos regresan y les cuentan lo sucedido a los demás hermanos y hermanas de la iglesia en formación, lo primero que ellos hacen es orar.
En el versículo 31 dice que fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios. Esto es el resultado más importante de ser lleno del Espíritu Santo, el valor con el que predicas lo que sabes, las verdades que conoces acerca de Dios.
Ahora mira lo que sigue, el versículo 32, en donde se manifiesta la unidad de la iglesia. Dice: «Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma» (RVR1960). ¿Queremos que la iglesia sea descrita así? ¿Queremos ser «de un corazón y un alma»? Yo creo que ese es el deseo que todos tenemos, de que la iglesia de Cristo sea conocida como una iglesia de un corazón y un alma.
Entonces, la pregunta que tenemos que hacernos es: ¿de dónde viene la unidad?, ¿de dónde viene esta clase de unidad? Ya fue descrita antes, al final del capítulo 2, donde leemos que «[perseveraban] unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, [comiendo] juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos».
Ya teníamos un poquito de esta descripción antes. Ahora nuevamente Lucas nos dice que esta es una iglesia unida. Es una iglesia que está dando testimonio ante la comunidad.
Arístides de Grecia escribió sobre la iglesia cristiana a principios del siglo II:
No existe falsedad entre ellos. Se aman unos a otros, no se olvidan de las necesidades de la viuda y rescatan al huérfano de la persona que lo violenta. El que tiene provee al que no tiene, de buena gana y sin jactarse. Cuando los cristianos se encuentran a un extranjero, lo llevan a sus casas y se regocijan por él como por un verdadero hermano. No llaman hermanos solo a quienes están ligados por lazos de sangre, sino a quienes están hermanados según el espíritu y en Dios. Cuando uno de sus pobres se va del mundo, cada uno provee para su sepultura según su capacidad. Si oyen que alguno de sus miembros está preso, oprimido por causa del nombre del Mesías, todos proveen para las necesidades del afectado, y si es posible recibirlo, lo liberan. Si hay pobreza en medio de ellos y no han guardado alimentos, ayunan dos o tres días a fin de poder suplir las necesidades de los ­desprovistos. Observan escrupulosamente los mandamientos de su Mesías, viviendo de manera sincera y sobria como les ordena el Señor su Dios.
Esa es la descripción de la primera iglesia. ¿Así se ve la iglesia actual? ¿Es esa una descripción de nosotros? Esta descripción muchas veces nos hace sentir incómodos. Decimos: Tengo cosas…, ¡pero son mías! ¡Me han costado esfuerzo! Pero entonces ¿qué hacemos con un pasaje como el que acabamos de leer? ¿Qué se supone que tenemos que hacer con nuestras pertenencias? ¿Venderlas y traer todo el dinero a la congregación? Creo que es un mensaje sumamente importante. ¿De dónde viene la unidad que describe este pasaje? Quiero hacer varias conexiones aquí y que veas cómo Dios estaba obrando en este grupo de personas. Suena como la iglesia perfecta…, pero no lo es. Más adelante nos vamos a dar cuenta de que, evidentemente, hay problemas, pero primero notemos de dónde viene la unidad.
La unidad viene de una convicción de la verdad
La Escritura dice: «La multitud de los que habían creído». «Creído», aquí está la clave. Ellos habían creído algo, eso es lo que los unía. ¿Y en quién habían creído? En Jesús, que murió por ellos y resucitó, y ahora está vivo y lo era todo para ellos. Eso habían creído, se habían arrepentido de sus pecados, habían puesto su confianza en Jesús como la única esperanza para sus vidas, el único fundamento de su existencia, y eso es lo que los mantenía unidos.
La iglesia no era un club social donde se juntaban y decían: Ay, pobrecito este, no tiene dinero, hay que darle, y ya. ¡No! Hay algo que los unió primero, que fue la experiencia de una verdad: el sacrificio de Jesús y Su resurrección, y eso queda claro porque en el versículo 33 dice que eso es lo que están predicando. Leemos: «Y con gran poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús». Entonces, la verdad los une. La unidad siempre, siempre, debe estar basada en la verdad. Siempre.
La verdad es la que nos une, porque si no existe una verdad que nos esté uniendo, entonces no es verdadera unidad. Por eso hay un problema en el ecumenismo, por ejemplo, cuando se dice: Bueno, cristianos, católicos, mormones, testigos de Jehová, al fin y al cabo todos creemos en Dios, al fin y al cabo todos estamos tratando de hacer lo correcto, al fin y al cabo las intenciones son las que cuentan, y entonces hacen ver como que deberíamos estar unidos porque, en definitiva, todos estamos creyendo supuestamente lo mismo.
Por eso debemos tener unidad como iglesia, porque creemos lo mismo, y porque hemos visto a Jesús, y esta es una manera de definir la fe que nos une, la verdad de la fe que nos une. Hemos visto a Jesús como el máximo tesoro de nuestras vidas, como lo más hermoso que hemos contemplado y que ahora se ha convertido en el centro de nuestra existencia. Es una manera de definir esa verdad que nos une como iglesia. Todos creemos que Jesucristo es lo más precioso que nos ha sucedido. Todos creemos que la salvación y el perdón de los pecados es lo más importante que hemos experimentado. Esto es la iglesia.
2. La unidad viene de experimentar la gracia de Dios
Ahora, si esto nos une, entonces cada uno de nosotros debemos haber experimentado la gracia de Dios. ¿Y qué es la gracia de Dios? Es recibir algo que no merecíamos —como un regalo— y vivir agradecidos por ello.
Lucas ya está asumiendo que han experimentado la gracia de Dios y va a describir cómo es la iglesia que ha tenido la experiencia directa de recibir la gracia de Dios. Entonces no debe sorprendernos cuando vemos a este grupo de personas que simplemente han creído y, en consecuencia, están haciendo cosas muy extrañas: repartiendo sus cosas, vendiendo sus propiedades, trayendo el dinero, asegurándose de que no haya ningún necesitado entre ellos. ¿Nos perdimos de algo aquí? Tenemos que regresar y pensar, ¿qué experimentaron?
Ellos experimentaron la gracia de Dios. Esto, en este pasaje, es cómo se ve en la práctica cuando hemos experimentado algo sobrenatural con Dios. Esto no es una utopía, no es el fundamento del comunismo. Un poco más adelante vamos a ver por qué no lo es. Esto es cómo se ve la gracia de Dios puesta en práctica, que es recibir algo que no merecemos.
Yo doy algo de lo que Dios me ha dado a mí porque, en definitiva, ni siquiera es mío. Es gracia. Si yo tengo una propiedad, ¿quién me la dio? Dios. Entonces, si es de Él, que haga Él lo que mejor le parezca con esa propiedad.
El punto no es que tenemos que salir y vender nuestras cosas y traer todo el dinero a la iglesia. El asunto es, ¿cómo muestras la gracia de Dios hacia otros? Ese es el punto. Quiero enfatizar que esta gracia mostrada hacia los demás se manifiesta de diferentes formas en diferentes tiempos y culturas. El tipo de necesidad que existía en el momento que relata Hechos 4, no es la que nosotros vivimos en nuestra iglesia. Hoy todos pensamos que somos los pobres. Ay, pobre de mí, no me alcanza para pagar mi internet. Eso no es ser pobre. No me alcanza para pagar mis servicios de «streaming»…, ahora, ¿cómo voy a ver todos los programas que me gusta ver? Eso no es ser pobre.
3. La unidad viene de la libertad del dinero
Pero aquí está la clave, y es lo que creo que está pasando en el pasaje que estamos estudiando. Estas personas viven de una manera en la que queda claro que son libres del dinero. Y eso es lo que se debería ver en todos nosotros también. Esta libertad del dinero, de que no estamos atesorando cosas para nosotros ­mismos, que nuestra vida no trata de las cosas que tenemos. ¿Cómo se mide el éxito de un negocio normalmente? Si vas a evaluar un negocio y te preguntas: ¿Funciona este negocio: sí o no? ¿Cómo lo mides? En relación al dinero; o sea, el dinero es la manera típica de medir el éxito de un negocio, porque si genera dinero entonces es un negocio exitoso, o por lo menos arroja ganancia.
¿Sabes que la vida cristiana también se puede medir en relación al dinero? El éxito de tu vida como cristiano se puede medir en relación al dinero, no por cuánto tienes, sino por cómo lo usas. Esa es la medida. ¿Qué tanto te consume? ¿Qué tanto lo compartes? ¿Qué tanto lo inviertes en cosas que tienen que ver con el reino de Dios? Esa es la medida. No es si tienes mucho o tienes poco, es qué haces con lo que tienes
En Lucas 12:32, Jesús dijo: «No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino» (RVR1960). ¿Cuál es tu herencia si eres hijo de Dios? El reino. Ya todo el ­universo es nuestro en Cristo. Ahora mira la conexión en el próximo verso, en Lucas 12:33: «Vended lo que poseéis y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque dónde está vuestro tesoro, ahí estará también vuestro corazón» (RVR1960).
Demostremos por la manera en que usamos nuestro dinero que el dinero no es tan importante para nosotros. Demostrémoslo por la forma en que lo utilizamos. O sea, no seamos tacaños. Tú y yo tenemos un sentido de pertenencia: ¡Es mío, es mío! Pero eso no es verdad. ¡No es tuyo! Dios te lo dio.
Entonces ¿por dónde empezamos mostrando la gracia que hemos experimentado? Primero, en tu iglesia local. Esa comunidad tiene que ser una comunidad que vive y se goza en dar, dar, dar, gracia sobre gracia. Debemos pensar: No lo mereces, pero te lo doy. Quiero que veas que la verdadera libertad viene cuando eres libre del dinero. Cuando amas el dinero, no eres libre.
Tal vez al leer este pasaje, algo en nosotros nos haga sentir incómodos. ¿Saben qué es? Es la esclavitud al dinero y a las cosas. Eso es lo que nos hace sentir incómodos. Si fuéramos realmente libres, ser generosos se convertiría en nuestra meta. Diríamos: Señor, ayúdame realmente a usar mi dinero de tal manera que la gente vea que no es gran cosa para mí.
La gracia nos enseña que nada es nuestro y que nada merecemos. Casi todos sentimos que no ganamos lo suficiente, ¿no es cierto? Es que lo que me pagan no es suficiente. Si supieran, en realidad, cuánto aporto, si supieran cuánto vale, en realidad, mi trabajo, me pagarían mucho más. Todos pensamos que valemos mucho más, que deberíamos ganar mucho más. Esa es la manera en la que vivimos. Pero examina lo que dijo Pablo en 2 Corintios 8:7–9. Él estaba tratando de construir un argumento. Estaba fundamentando su convicción sobre por qué deberían dar. Estaba tratando de motivarlos a entregar una ofrenda. Y les dice: «Mas así como vosotros abundáis en todo: en fe, en palabra, en conocimiento, en toda solicitud, y en el amor que hemos inspirado en vosotros, ved que también abundéis en esta obra de gracia» (LBLA). Pablo motivaba a los corintos a dar a los necesitados. «No digo esto como un mandamiento». No los iba a obligar a dar. En la iglesia jamás debemos obligar a dar.
4. La unidad viene de encontrar nuestra identidad en Dios
¿Qué es lo que Dios te ha dado? ¿Qué es lo que Jesús hizo por ti? Regresemos a nuestro pasaje en Hechos. Sigamos examinando el ejemplo de la iglesia primitiva. Dar era un placer para ellos. Un poco más adelante veremos que no era el caso de todos los que estaban vendiendo sus propiedades, pero aquí tenemos el ejemplo de uno de ellos. Tenemos un caso muy específico que nos da Lucas. Dice Hechos 4:36:
Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles (RVR1960).
Aquí tenemos un ejemplo concreto. Lucas decide contarnos la historia de Bernabé. Aquí es donde empezamos a escuchar acerca de Bernabé. Bernabé era un hombre ejemplar en la iglesia. Por eso le ponen ese apodo. Se llama José, pero le dicen: ¿Sabes qué? Tú eres excelente en consolar a los demás. ¿Te gustaría que esa fuera la manera en que te perciben? El nombre que tienes no te describe bien. Nos gustaría llamarte Consolación. Eso es lo que le pasa a Bernabé. Evidentemente aquí hay un hombre que siempre está preocupado por consolar a otros, y los discípulos y apóstoles reconocen este sentir que hay en él.
Este es el principio, las primeras características que hallamos en este hombre, un hombre que encuentra gozo y satisfacción en dar.
Aquí está la clave, Hechos 20:35 dice: En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir (RVR1960).
¿En qué encuentras más placer? Esa es la pregunta. Eso es lo que tendríamos que estar preguntándonos nosotros acerca de nuestras propias vidas.
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