Cántico desde el Abismo

INCONTENIBLE: LA GRACIA QUE PERSIGUE  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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La salvación es una obra soberana del Señor que alcanza al pecador en su punto más bajo cuando este reconoce su impotencia y clama por gracia.

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INTRO

¿Alguna vez has sentido que tu vida es una serie de decisiones calculadas para alejarte de Dios, solo para darte cuenta de que terminaste en un lugar donde no puedes ni respirar?
Todos tenemos un «Jonás» interno.
Ese experto en comprar boletos hacia Tarsis cuando Dios dijo Nínive.
Pensamos que la desobediencia es un escape, pero el libro de Jonás nos enseña una verdad cruda: la desobediencia no es un escape, es un descenso.
Jonás descendió a Jope, descendió al barco, descendió a la bodega y, finalmente, descendió al fondo del océano.
Amados… El pecado siempre te lleva más lejos de lo que querías ir y te sale más caro de lo que querías pagar.
Pero aquí está la ironía del Evangelio: a veces, Dios tiene que permitir que toques el fondo del océano para que sea el único lugar donde finalmente dejes de mirar tus propios recursos y levantes la mirada al cielo.
En este capítulo dos, encontramos a un hombre rodeado de algas, oscuridad y jugos gástricos.
Humanamente, Jonás terminó.
Pero teológicamente, Jonás apenas comienza.
Porque cuando llegas al final de ti mismo, es cuando realmente empiezas a conocer quién es Dios.
Hoy vamos a meditar en una oración que no se hizo en un altar de mármol, sino en un «calabozo» biológico.
Una oración que nos enseña que la salvación no es algo que logramos, es algo que recibimos porque, como dice el verso nueve: «La salvación es del Señor».
Está escena comienza ahora ya no recibiendo la instrucción de Dios, ya no en la barca, sino que el escenario es ahora el vientre de un gran pez.
Ahora quiero que antes de entrara a meditar de lleno el pasaje desempolvemos algo que quizás en algún momento nos enseñaron pero como se ha vuelto tan cotidiano en nuestro lenguaje lo usamos en automático y es “los tiempos en las palabras” Pasado, presente y futuro.
Si prestamos atención al pasaje notamos que Jonas esta usando al momento de orar un lenguaje: PASADO.
No es algo que ora por lo que esta viviendo en el presente, aunque pareciera que si, sino que esta orando en tiempo pasado. Eventos pasados.
Repasemos en que ha andado Jonas.
Él decidió que para él OBEDECER al Señor no era algo suficiente o relevante, de hecho de Jonas no hay mas en la escritura que no sea: 2º Reyes 14:25 "25Él restableció la frontera de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar de Arabá, conforme a la palabra que el Señor, Dios de Israel, había hablado por medio de Su siervo el profeta Jonás, hijo de Amitai, que era de Gat Hefer."
… quizás en otro momento fue obediente pero… vemos el DESCENSO al menos en estos primeros capítulos de él y es lo que quedo registrado en la Palabra.
Jonas se arriesgo al desobedecer a Dios y vemos la consecuencia de esto. Jonas sabia que en su huida la presencia de Dios no se iba a despegar de él y en medio de la tormenta lo afirma:
Jonás 1:12 NBLA
12Y él les respondió: «Tómenme y láncenme al mar, y el mar se calmará alrededor de ustedes, pues yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre ustedes»
Parece que él estaba preparado para morir pero ¿él era el que decidía cuando iba esto a suceder?
Como que a Jonas no le ha quedado claro lo que él mismo afirmo en cuanto a Dios.
Pero Dios se encargaría de que él entendiera quien es el Soberano.
Dios salva a los marineros pero ¿qué sucede con Jonas?
Bueno cuando es arrojado al agua Jonas se da cuenta que no quiere morir.
Le conviene que lo arrojen pero, cuando cae al agua reconoce que esta en serios problemas.
Todo esto ocurre en medio del mar mediterráneo, y esta a lo que Dios quiera hacer con él.
Ahora… debemos entender que no necesariamente de inmediato el pez lo trago…
El último versículo del capítulo 1 se nos afirmo que dios habia dispuesto un pez para esto… “para que lo tragara”.
Pero debemos darnos cuenta por la oración del capítulo dos que no necesariamente fue de inmediato…
Cuando ora al Señor recordando sus promesas, su pacto… Dios se apiada de él y lo rescata por medio del pez.
Él esta en medio del mar, quizás no sabia ni nadar… empieza a clamar y Dios muestra gracia… Es un patrón que vemos a lo largo de las escrituras (1Reyes 8.30-31; 38; 42; Deuteronomio 30.20);
Está oración que Jonas relata es DENTRO del vientre del GRAN PEZ pero recordando lo que sucedió AFUERA del vientre… es una oración de agradecimiento por haberlo salvado de la tormenta…RECORDANDO ESA INCONTENIBLE GRACIA QUE LO HA PERSEGUIDO…

ECC:

Y eso amados hermanos nos muestra nuestra tendencia natural ante el pecado es el descenso espiritual y la autosuficiencia desesperada.
Al igual que Jonás, a menudo elegimos la desobediencia y creemos que podemos gestionar las consecuencias por nuestra cuenta o, peor aún, que hemos caído tan bajo que la mirada de Dios ya no nos alcanza.
Nos vemos atrapados en las «algas» de nuestras malas decisiones, hundiéndonos en un abismo de angustia donde la muerte parece la única salida, olvidando que nuestra rebelión nos aleja de la fuente de la misericordia.

PI:

¿Cómo responde Dios a un corazón que reconoce su ruina total y clama desde lo más profundo de su miseria espiritual?

PP:

La salvación es una obra soberana del Señor que alcanza al pecador en su punto más bajo cuando este reconoce su impotencia y clama por gracia.
Incluso cuando el juicio de Dios parece habernos rodeado, Su misericordia dispone el rescate para aquellos que, abandonando sus ídolos vanos, vuelven su mirada al templo de Su santidad.

DESARROLLO

Por tanto…El cántico desde el abismo nos ayuda a:
I. CONOCER NUESTRA DEPRAVACIÓN (v.1-3)
II. CONFIAR EN NUESTRA ESPERANZA (v.4-7)
III. CELEBRAR LA SALVACIÓN. (v.8-10)

I. CONOCER NUESTRA DEPRAVACIÓN (Jonas 2.1-3)

Miren, familia, para entender el capítulo dos de Jonás, tenemos que dejar de ver el pez como el castigo y empezar a verlo como la sala de urgencias de Dios. Pero antes de la sanidad, tiene que venir el diagnóstico, y el diagnóstico es brutal: estamos hundidos.
porque la lógica es que «Mientras más nos alejamos de Dios menos claridad tenemos y en consecuencia cuan ciegos estamos».
Y Dios Dios dispuso una circunstancia en la historia para enseñarle a Jonás algo que necesitaba saber… la palabra dispuso la vamos a ver muchas veces en Jonas QUE DIOS DISPONE EL PEZ,,UN ÁRBOL…ETC.. DISPONE… e incluso en nuestras vidas…Dios dispone cosas…
¿Porque?
Porque cuando rechazamos y desobedecemos a Dios, como lo hizo Jonás, requerimos de un tratamiento radical para ser corregidos…
Esto es un patrón bíblico y hay tanta gracia en esto:
Piensa en Jacob, si conoces su historia… no estaba preparado para guiar a la familia de Dios hasta cuando se vio obligado a huir de su casa, experimentó años de malos tratos a manos de su suegro y enfrentó (lo que pensó que era) un violento encuentro con su agraviado hermano, Esaú.
Fue solo entonces que Jacob se encontró con Dios cara a cara (Gén. 32:1–32).
Abraham, José, David, Elías y Pedro se convirtieron en poderosos líderes a través del fracaso y del sufrimiento.
Solo cuando tocas fondo, cuando todo se derrumba, cuando todos tus planes y recursos se han desbaratado y agotado, es que finalmente estás abierto a aprender cómo depender completamente de Dios.
Como suele decirse, nunca te das cuenta de que Jesús es todo lo que necesitas hasta que Jesús es todo lo que tienes. Debes perder tu vida para encontrarla (Mat. 10:39).
Jonás comienza diciendo: «Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el vientre del pez».
Noten algo que a veces pasamos por alto en nuestra lectura rápida:
Jonás no oró cuando la tormenta empezó.
No oró cuando los marineros estaban aterrados.
No oró cuando lo levantaron para lanzarlo al mar.
Jonás solo oró cuando se dio cuenta de que no podía nadar más.
Solo oró cuando sus pulmones quemaban y el agua salada era lo único que podía saborear.
Jonás 2:1 NBLA
2 Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el vientre del pez,
¿Qué nos dice esto de nosotros?
Que somos expertos en el descenso.
El pecado no es un tropiezo accidental en una superficie plana; es como una pendiente resbaladiza hacia el abismo.
Jonás pensó que podía gestionar su rebelión. Él pensó: «Compro un boleto a Tarsis, me duermo un rato y me alejo del problema».
Pero el pecado nunca te deja donde te encontró.
El pecado siempre tiene una dirección: hacia abajo.
A) La lógica del hundimiento
Imagínate la escena.
Es oscuridad total.
Es el olor a muerte.
Jonás describe su situación como el «seno del Seol».
En el pensamiento hebreo, el Seol es el lugar de los muertos, el silencio absoluto, la separación total.
Jonás está reconociendo que su desobediencia lo llevó a la muerte en vida.
¿Cuántos de nosotros estamos hoy en un «Seol» emocional o espiritual?
Quizás estás sentado aquí, te ves bien, vistes bien, pero por dentro sientes que las algas te están asfixiando.
El descenso de Jonás es el mapa de nuestra propia autonomía.
Cada vez que dices «yo sé mejor que Dios lo que me conviene», estás bajando un escalón más hacia la fosa.
B) La soberanía en el juicio
Pero aquí es donde el texto se pone «incómodo» y profundo.
Jonás dice en el versículo 3: «Pues ME HABÍAS echado a lo profundo... Todas TUS encrespadas olas y TUS ondas pasaron sobre mí».
Esto es revolucionario para nuestra forma de ver el sufrimiento.
Jonás no culpa a los marineros que lo lanzaron.
No culpa a la presión atmosférica que causó la tormenta.
Él mira a través de las circunstancias y ve la mano de Dios. Él dice: «Señor, esto me lo estás haciendo Tú».
A veces, la mayor misericordia que Dios puede mostrarte es no dejarte tener éxito en tu pecado.
Si hoy estás pasando por una «tormenta» que parece que no termina, si sientes que las olas de Dios te están aplastando, quiero decirte algo con mucho amor: Dios te ama demasiado como para dejarte huir de Él con éxito.
Él prefiere que estés en el vientre de un pez, lleno de angustia pero hablando con Él, que en un crucero de lujo hacia Tarsis, cómodo pero lejos de Su presencia.
La depravación se reconoce cuando dejamos de jugar a las víctimas de las circunstancias y admitimos: «Señor, estoy aquí por mi rebelión, y este juicio es justo».
El corazón de la depravación no es solo que hacemos cosas malas, es que queremos ser nuestros propios dioses, nuestros propios capitanes, y cuando el barco se hunde, nos sorprende que no podamos caminar sobre el agua.

II. CONFIAR EN NUESTRA ESPERANZA (Jonas 2. 4-7)

Ahora, pasamos de la oscuridad del juicio a la chispa de la esperanza.
Jonas comprende que no tiene esperanza si Dios no actúa.
Y quiero que noten el versículo 4, porque aquí es donde muchos de nosotros nos quedamos atascados: «Entonces dije: “He sido expulsado de delante de Tus ojos”».
Ese es el grito de un alma que cree que ya no tiene retorno.
Es el pensamiento que te susurra el enemigo a las tres de la mañana: «Ya hiciste demasiado daño», «Dios ya se cansó de ti», «Has caído tan bajo que Su mirada ya no te alcanza».
Jonás se sentia expulsado del favor de Dios. Y honestamente, tenía razón.
Sus méritos se habían acabado.
No tenía nada que ofrecerle a Dios más que un currículum de desobediencia.
a) El "Sin embargo" de la Gracia
Pero miren la siguiente frase: «Sin embargo, volveré a mirar hacia Tu santo templo».
Este es el giro más importante de la historia.
En medio de las algas enredadas en su cabeza, cuando la tierra le ponía cerrojos «para siempre»,
Jonás decide cambiar la dirección de su mirada.
¿Qué significa «mirar hacia el templo»?
Para Jonás, no era solo recordar un edificio bonito en Jerusalén.
El templo era el lugar donde la sangre de un sustituto era derramada para cubrir el pecado del pueblo.
Mirar al templo era recordar que Dios había provisto una manera para que los pecadores fueran aceptados.
Hermano, amigo que nos escuchas, tu esperanza no depende de qué tan bien nades para salir del pez.
Tu esperanza depende de a dónde miras mientras estás adentro.
Si miras tus heridas, te vas a desesperar.
Si miras tus errores, te vas a hundir más.
Pero si miras al verdadero Templo, que es Jesucristo, vas a encontrar una gracia que es más profunda que tu pecado.
b) Cuando el alma desfallece
El versículo 7 es hermosamente honesto: «Cuando en mí desfallecía mi alma, del Señor me acordé».
¿Has llegado a ese punto?
Ese momento donde ya no tienes fuerzas ni para pedir perdón, donde tu alma está «desfalleciendo».
Dios a menudo permite que lleguemos al límite de nuestras capacidades para que finalmente nos demos cuenta de que Él no es solo una opción, sino nuestra única necesidad.
La esperanza no es un sentimiento de que «todo va a mejorar». terrenalmente hablando..
La esperanza es una Persona que bajó al abismo por ti.
Jonás dice que su oración llegó hasta el santo templo.
¿Cómo es posible que el grito de un rebelde en el fondo del mar llegue al trono de Dios?
No es por la elocuencia de la oración, es por la fidelidad de Dios a Su pacto.
Dios no te escucha porque seas bueno; Dios te escucha porque Él es bueno y porque Cristo está a Su diestra intercediendo por ti.
La esperanza es saber que, aunque te sientas expulsado, el camino de regreso ha sido pagado con sangre.
No tienes que escalar fuera del abismo; solo tienes que mirar al que bajó al abismo por ti.
III. CELEBRAR LA SALVACIÓN (vv. 8-10)
Llegamos a la conclusión, y es una conclusión que debería hacernos saltar de alegría o hacernos caer de rodillas.
Jonás hace una observación sobre la psicología humana en el versículo ocho: «Los que confían en ídolos vanos su propia misericordia abandonan».
a) La trampa de la autosuficiencia
¿Qué es un ídolo vano?
No es solo una estatua de madera. Un ídolo es cualquier cosa en la que pones tu confianza para que te dé lo que solo Dios puede darte.
• Si confías en tu dinero para sentirte seguro, ese es tu ídolo.
• Si confías en tu reputación para sentirte valioso, ese es tu ídolo.
• Si confías en tu religiosidad o en tus «muchas oraciones» para que Dios te deba algo, ese es tu ídolo.
Jonás dice que cuando confías en esas cosas, estás «abandonando tu propia misericordia».
Es como estar en el desierto y rechazar una botella de agua fría porque prefieres intentar lamer una piedra.
Es absurdo, pero lo hacemos todo el tiempo.
Preferimos nuestros planes antes que Su providencia.
Preferimos nuestro control antes que Su soberanía.
b) El grito que sacude el universo
Pero entonces, Jonás llega a la declaración más gloriosa de todo el libro: «La salvación es del Señor».
Miren, esta frase es el corazón de la Biblia.
No dice que la salvación es de los que se esfuerzan.
No dice que la salvación es de los que entienden todo perfectamente. Dice que es del Señor.
Cuando usted se entregó a Cristo, el acto de fe fue suyo, pero esto no quiere decir que usted se salvó a sí mismo. De hecho, ni se le ocurre pensar que la salvación sea obra suya.
J. I. Packer
LA SALVACIÓN ES DEL SEÑOR EFESIOS 2.9 … NADIE PUEDE RESISTIR SU LLAMADO… NADIE PEUDE DECIR QUE NO A DIOS! ÉL ES DIOS Y TENDRÁ MISERICORDIA DE QUIEN QUIERA TENER MISERICORDIA
Efesios 2:9 RVR60
no por obras, para que nadie se gloríe.
Romanos 9:15–16 NBLA
15Porque El dice a Moisés: «Tendré misericordia del que Yo tenga misericordia, y tendré compasión del que Yo tenga compasión». 16Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.
Esto significa tres cosas para nosotros hoy:
1. Es de Su iniciativa: Dios planeó salvarte antes de que tú supieras que estabas perdido.
2. Es por Su poder: Jonás no podía abrir la boca del pez. Dios tuvo que dar la orden. Tú no puedes abrir tu propio corazón; Dios tiene que dar la orden por Su Espíritu.
3. Es para Su gloria: Si la salvación fuera 1% mía, yo me llevaría 1% de la gloria. Pero como es 100% de Dios, toda la alabanza es para Él.
Cuando Jonás finalmente entiende esto, cuando deja de negociar con Dios y simplemente celebra que Dios es el Salvador, entonces —y solo entonces— el texto dice que el Señor dio orden al pez y este lo vomitó en tierra firme.
a) La conexión con el Evangelio
No podemos terminar sin ver la sombra de la cruz en este pez.
Jesús mismo dijo que Él era el cumplimiento de la «señal de Jonás». Pero piensen en el contraste.
Jonás estuvo en el vientre del pez por su propia desobediencia;
Jesús fue a la tumba por la desobediencia de nosotros. Jonás clamó por su vida; Jesús entregó la Suya.
Jonás salió del pez para predicar arrepentimiento;
Jesús salió de la tumba para darnos una vida nueva.
Si hoy estás escuchando esto y no conoces a Jesús, o si eres un creyente que ha estado huyendo hacia Tarsis, escucha bien: no tienes que vivir en el abismo.
No tienes que seguir hundiéndote.
El Dios que ordenó al pez es el mismo Dios que hoy te ofrece tierra firme en Cristo.
La salvación no es un proceso de mejora personal; es un rescate de un cadáver espiritual.
Es Dios sacándote de la fosa.
Es Dios quitándote las algas de la cabeza y poniéndote un vestido de justicia.
Celebremos hoy que no servimos a un Dios que nos mira desde lejos para ver si logramos salir del problema.
Servimos a un Dios que se zambulle en nuestras tormentas, que recibe nuestras olas de juicio sobre Sí mismo y que nos lleva a la orilla de Su gracia.
La pregunta para ti hoy no es «¿qué tan profundo has caído?».
La pregunta es: «¿Vas a seguir confiando en tus ídolos vanos o vas a clamar al único que puede dar la orden para tu liberación?».
Porque, al final del día, después de toda nuestra teología y todas nuestras palabras, la única verdad que importa es esta:
La salvación es del Señor.
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