¿Qué te contamina?
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Marcos 7.14-23
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Solo Jesús puede purificar el corazón
Intro:
Los judíos ( Levítico 11) tiene una larga lista de animales que son inmundos, y por tanto no se pueden comer.
Hasta qué punto esto se tomaba en serio se puede ver en muchos de los incidentes de los tiempos de los Macabeos. En aquel tiempo, en rey sirio Antíoco Epífanes estaba decidido a erradicar la fe judía. Una de las cosas que les exigía a los judíos era que comieran cerdo; pero ellos estaban dispuestos a morir a centenares antes que hacer eso. «Sin embargo, muchos de Israel estaban plenamente decididos y firmes en sí mismos a no comer ninguna cosa inmunda. Por tanto, elegían antes morir que contaminarse con comidas, para no quebrantar el pacto santo; así es que morían» (1 Macabeos 1:62). 4 Macabeos 7 cuenta la historia de una viuda y sus siete hijos. Se les exigió que comieran carne de cerdo. Ellos se negaron. Al primero, le arrancaron la lengua, le cortaron los extremos de sus miembros, y luego le asaron vivo en una gran caldera; al segundo, le arrancaron el pelo y el cuero cabelludo; así los torturaron a todos uno tras otro hasta la muerte mientras su anciana madre los miraba y los animaba a ser fieles. Murieron antes que comer una carne que era para ellos inmunda.
La biblia nos habla para afectarnos o cambiar en distintas áreas de nuestras vidas y en esta ocasión el llamado de Jesús es una exhortación al cambio de mente.
Los fariseos discutían sobre manos sucias; Jesús habla de corazones sucios. Ellos se enfocaban en lo externo; Jesús expone lo interno. Este pasaje es un diagnóstico espiritual: revela la condición real del ser humano y la única solución posible.
PROPOSICIÓN: El corazón humano está sucio, y solo Jesús puede traer verdadera pureza.
I. JESÚS REVELA QUE LA IMPUREZA NO ES EXTERNA, SINO INTERNA
I. JESÚS REVELA QUE LA IMPUREZA NO ES EXTERNA, SINO INTERNA
(vv.14–15)
Exégesis
Jesús “llamó a toda la multitud” (v.14), indicando que esta enseñanza no es solo para fariseos o discípulos, sino para toda la humanidad. El verbo griego akouō (“oíd”) implica atención profunda, no solo oír, sino entender y obedecer.
En el v.15, Jesús declara:
“Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, le pueda contaminar…”
La palabra “contaminar” es koinóō, que significa hacer común, profanar, volver impuro delante de Dios. Jesús afirma que lo externo no puede tocar la esencia moral del ser humano.
23 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.
La impureza no viene de afuera; el problema está dentro del corazón.
II. JESÚS EXPLICA QUE EL CORAZÓN HUMANO ESTÁ SUCIO Y NO PUEDE LIMPIARSE A SÍ MISMO
II. JESÚS EXPLICA QUE EL CORAZÓN HUMANO ESTÁ SUCIO Y NO PUEDE LIMPIARSE A SÍ MISMO
(vv.17–19)
Exégesis
Los discípulos no entienden (v.17), mostrando que esta verdad no es intuitiva. Jesús explica que la comida “no entra en su corazón” (v.19). Aquí “corazón” es kardía, que en la Biblia incluye:
pensamientos
deseos
voluntad
afectos
decisiones
Marcos añade una nota editorial:
“Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos.”
Esto indica que Jesús trasciende las categorías ceremoniales del AT, no porque la ley fuera mala, sino porque apuntaba a una pureza más profunda (cf. Hebreos 10:1).
Referencia bíblica complementaria
9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
El corazón está sucio, y ninguna práctica externa puede limpiarlo.
III. JESÚS MUESTRA LA EVIDENCIA DE UN CORAZÓN SUCIO: EL PECADO QUE SALE DE ÉL
III. JESÚS MUESTRA LA EVIDENCIA DE UN CORAZÓN SUCIO: EL PECADO QUE SALE DE ÉL
(vv.20–23)
Exégesis
Jesús repite la idea para enfatizarla:
“Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre” (v.20).
Luego presenta una lista de 13 pecados. Observa que todos son acciones o actitudes que brotan del interior.
El v.21 comienza con:
“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen…”
El verbo ekporeuontai (“salen”) indica flujo constante, como una fuente contaminada.
La lista incluye:
malos pensamientos (dialogismoi kakoi) — razonamientos torcidos
adulterios, fornicaciones — corrupción sexual
homicidios, hurtos — violencia y deshonestidad
avaricias, maldades — deseos desordenados
engaño, lascivia — manipulación y descontrol
envidia, blasfemia — resentimiento y desprecio a Dios
soberbia, insensatez — orgullo y necedad moral
Jesús no dice que estas cosas entran al corazón, sino que salen de él.
14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.
15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.
34 ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
El pecado externo revela la suciedad interna del corazón.
IV. SI EL PROBLEMA ESTÁ EN EL CORAZÓN, SOLO JESÚS PUEDE TRAER VERDADERA PUREZA
IV. SI EL PROBLEMA ESTÁ EN EL CORAZÓN, SOLO JESÚS PUEDE TRAER VERDADERA PUREZA
Jesús no solo diagnostica; Él es la solución. Si la impureza está dentro, la limpieza debe venir de Dios.
El AT anticipa esta obra:
25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.
26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
El NT la confirma:
Tito 3:5 — “lavamiento de la regeneración…”
Hebreos 9:14 — la sangre de Cristo limpia la conciencia.
La palabra clave es katharizō — purificar profundamente, no solo externamente.
Jesús no vino a reformar hábitos, sino a regenerar corazones.
Solo Jesús puede hacer lo que ninguna tradición, esfuerzo o ritual puede lograr: limpiar el corazón.
Aplicaciones
1. Examina tu corazón, no solo tu conducta.
La raíz del pecado está en lo que amas, no solo en lo que haces.
2. Deja de culpar lo externo.
El ambiente influye, pero no determina. El pecado nace dentro.
3. Busca transformación, no apariencia.
La santidad no es cosmética; es profunda.
4. Corre a Cristo cada día.
Él no solo perdona; purifica. No solo limpia; transforma.
Conclusión
Jesús no vino a darnos una religión más estricta, sino un corazón más limpio. La verdadera contaminación no está en lo que tocamos o comemos, sino en lo que fluye del corazón. Pero la buena noticia es esta: El mismo Jesús que revela la suciedad del corazón es el que puede purificarlo.
