Hechos 25
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· 2 viewsEsteban puede unir la historia con los eventos presentes y dar visión para el futuro.
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Hecho 7.9-16
Hecho 7.9-16
INTRO
Esteban continúa dando su respuesta al concilio, narra la historia que todos ellos saben, pero que hasta ahora no han podido darle forma o continuidad, están tan cerca de los árboles que no pueden ver el bosque, algo que sí puede hacer quien ha estado desde afuera y observa el bosque, alguien de contexto helénico como Esteban.
Dirá la parte en que Israel rechaza a los representantes que tienen el favor de Dios. El primer ejemplo es el hijo número 11 de Jacob: José. Sus hermanos, los antepasados de esos judíos, lo odiaron e hicieron lo que no debían hacer para deshacerse de él, pero Dios encaminó esos actos malvados para algo bueno, para llevar adelante SUS propósitos de Gracia.
Las inclusiones y omisiones que hace en su recuento histórico reflejan su deseo de mostrar al concilio, no una historia detallada, sino que Dios cuidó de los patriarcas en tierra extraña.
“»Estos patriarcas tuvieron envidia de su hermano José y lo vendieron para que fuera esclavo en Egipto; pero Dios estaba con él y lo rescató de todas sus dificultades; y Dios le mostró su favor ante el faraón, el rey de Egipto. Dios también le dio a José una sabiduría fuera de lo común, de manera que el faraón lo nombró gobernador de todo Egipto y lo puso a cargo del palacio.” (Hechos de los Apóstoles 7:9–10, NTV)
Esteban da su primer ejemplo de la oposición de Israel a los propósitos de Dios. Los patriarcas, ancestros de la mayoría de los que están ahí presentes, se opusieron a José. Esteban da el énfasis en su defensa: ustedes se opusieron a los líderes que Dios les dio.
Jacob considera a José su primogénito porque fue el primer hijo con Raquel la mujer a quién amó, en su opinión Raquel era su primera esposa y no Lea, por eso José recibe regalos, lo que hizo que sus hermanos, hijos de Lea lo despreciaran. Más tarde José recibió doble porción de herencia, pues Jacob los recibe a Manases y Efraín como si fueran sus hijos y les da doble porción de la tierra en Canaán.
“»Ahora reclamo como hijos míos a estos dos muchachos tuyos, Efraín y Manasés, quienes nacieron aquí en la tierra de Egipto antes de que yo llegara. Ellos serán mis hijos, como lo son Rubén y Simeón.” (Génesis 48:5, NTV)
“Aunque los descendientes de Judá llegaron a ser la tribu más poderosa y dieron un gobernante para la nación, los derechos del hijo mayor le pertenecieron a José.” (1º Crónicas 5:2, NTV)
El término patriarca a los hijos de Jacob, era de uso normal en el período inter testamentario, pero esos hijos no demostraron dignidad de patriarcas cuando decidieron echar a su hermano al pozo y después venderlo por 20 piezas de plata como esclavo a los Ismaelitas que lo llevaron a Egipto. Después tomaron su túnica de colores, la mancharon de sangre y se lo presentaron a Jacob.
Podemos ver un paralelo entre la venta de José y la traición de Jesús. Los patriarcas vendieron a su propio hermano a extranjeros, los judíos entregaron a Jesús a los romanos.
Esteban no dice muchos detalles, -ellos conocen la historia- pero se concentra en lo positivo: Dios estaba con él y lo libró de todas sus tribulaciones. Dios cuidó de José en tierra extraña
Después narra un poco la historia de lo que sucedió en Egipto un país lejano. La presencia de Dios en ese país fue real. José pudo testificar que Dios lo bendijo al librarlo de la tentación en casa de Potifar y aun estando en la cárcel. Dios le hizo ganar el favor del Faraón y le dio sabiduría para interpretar sueños y dar solución a la hambruna que venía.
Sabiduría en este contexto es ver las cosas como Dios las ve
Dios puso a José como gobernador sobre Egipto y en el palacio del Faraón. Esteban dice que Dios hizo de José el 2o en poder en Egipto, sólo después de Faraón. Fue el oficial más alto del palacio y su principal consejero.
“Por lo tanto, fue Dios quien me envió a este lugar, ¡y no ustedes! Y fue él quien me hizo consejero del faraón, administrador de todo su palacio y gobernador de todo Egipto.” (Génesis 45:8, NTV)
Todo esto indica que Dios estaba en control del gobierno en la tierra de Faraón. El lugar don de Dios exaltó y bendijo a José ¡fue Egipto y no Israel!
“»Entonces un hambre azotó a Egipto y a Canaán. Hubo mucho sufrimiento, y nuestros antepasados se quedaron sin alimento. Jacob oyó que aún había grano en Egipto, por lo que envió a sus hijos —nuestros antepasados— a comprar un poco.” (Hechos de los Apóstoles 7:11–12, NTV)
La hambruna predicha por José cuando interpretó el sueño llegó, afectando no sólo a Egipto sino a las naciones vecinas.
En SU providencia Dios envió a José a Egipto para salvar las vidas de sus padres, hermanos y familias.
“Dios me hizo llegar antes que ustedes para salvarles la vida a ustedes y a sus familias, y preservar la vida de muchos más.” (Génesis 45:7, NTV)
Cuando Estaban dice que hubo mucho sufrimiento se refiere al período de 7 años que no hubo cosecha y muchos murieron.
Los parientes de José no pudieron encontrar comida en Canaán ni para ellos ni para sus animales.
Egipto depende de las aguas del Nilo ¡no de las lluvias! Canaán, sí depende de las lluvias que traen las nubes del mar Mediterráneo. Una sequía como aquella rara vez ocurre en ambos países al mismo tiempo; pero en los días de José tanto Egipto como Canaán y naciones vecinas sufrieron la hambruna.
“Después comenzaron los siete años de hambre, tal como José había predicho. El hambre también azotó a todas las regiones vecinas, pero en todo Egipto había alimento de sobra.” (Génesis 41:54, NTV)
Fuentes egipcias narran varias veces que habitantes de otras naciones buscaron su ayuda en períodos de hambruna, dando respaldo histórico a esta hambruna de 7 años.
Gracias a la sabiduría que Dios dio a José, el trigo fue almacenado los 7 años de abundancia. Jacob se entera que allá hay alimento, por eso envía a sus hijos a comprar grano.
“Entonces, dada la gravedad del hambre en todas partes, José abrió los graneros y distribuyó grano a los egipcios, porque el hambre era intensa en toda la tierra de Egipto. Y llegaba a Egipto gente de todas partes para comprarle grano a José, porque el hambre era intensa en todo el mundo.” (Génesis 41:56–57, NTV)
Lo que Esteban dice es que Dios salvó a Su pueblo de la muerte al darles alimento desde Egipto.
“La segunda vez que fueron, José reveló su identidad a sus hermanos y se los presentó al faraón.” (Hechos de los Apóstoles 7:13, NTV)
Esteban omite todo detalle en cuanto a Benjamín su hermano menor. Solo menciona que se da a conocer a sus hermanos. Cuando fue vendido como esclavo, José tenía 17 años.
“Este es el relato de Jacob y su familia. Cuando José tenía diecisiete años de edad, a menudo cuidaba los rebaños de su padre...” (Génesis 37:2, NTV)
Trece años más tarde, empieza a servir a Faraón. Ahora tiene 30 años.
“Tenía treinta años cuando comenzó a servir en el palacio del faraón, rey de Egipto...” (Génesis 41:46, NTV)
“Finalmente acabaron los siete años de cosechas abundantes en toda la tierra de Egipto.” (Génesis 41:53, NTV)
Al terminar los años de abundancia, ahora tiene 37 años. Empiezan los años de sequía, de hambruna, pasan 2 años más y es cuando aparecen los hermanos de José.
“El hambre que ha azotado la tierra estos dos últimos años durará otros cinco años más, y no habrá ni siembra ni siega.” (Génesis 45:6, NTV)
José tiene 39 años, sus hermanos no lo reconocen, vestía ropa egipcia, habla a través de un intérprete, rapado como los egipcios y maquillado como tal.
Se les revela y por su nivel de autoridad y cercanía con el Faraón los puede presentar con él, quién los invita junto con su padre a establecerse en Egipto. La hambruna duró 5 años más y Jacob y su familia pudieron instalarse en el fértil delta del Nilo.
“Cuando ya estaban cerca de llegar, Jacob mandó que Judá se adelantara a fin de encontrarse con José y averiguar el camino a la región de Gosén. Cuando por fin llegaron,” (Génesis 46:28, NTV)
Sus rebaños tuvieron suficiente alimento para sobrevivir.
“Después José mandó a buscar a su padre, Jacob, y a todos sus parientes para que los llevaran a Egipto, setenta y cinco personas en total.” (Hechos de los Apóstoles 7:14, NTV)
Esteban cita la Septuaginta, la Biblia que se tradujo al griego. En esa versión dice 75 personas, pero en el hebreo dice que son 70. Una explicación es porque combina las 66 personas que llegaron de Canaán.
“Todos los descendientes directos de Jacob que partieron con él a Egipto, sin contar a las esposas de sus hijos, fueron sesenta y seis.” (Génesis 46:26, NTV)
Más Jacob y José y sus 2 hijos, son 70.
“Además, José tuvo dos hijos que nacieron en Egipto. Así que, en total, había setenta miembros de la familia de Jacob en la tierra de Egipto.” (Génesis 46:27, NTV)
La Septuaginta cuenta a todos los 9 descendientes de José que le nacieron en Egipto, más los 66, pero no tendrían que contar a José y a Jacob para llegar a la cifra de 75.
Esteban no está dando cátedra de la genealogía, sólo cita la traducción que él y otros judíos griegos usaban normalmente.
“De modo que Jacob fue a Egipto. Murió allí, al igual que nuestros antepasados. Sus cuerpos fueron llevados a Siquem, donde fueron enterrados en la tumba que Abraham les había comprado a los hijos de Hamor en Siquem a un determinado precio.” (Hechos de los Apóstoles 7:15–16, NTV)
Los judíos daban mucha importancia al hecho que Jacob y sus hijos fueron sepultados en Canaán, porque Jacob dio instrucciones a José que lo sepultaran en la tumba de Macpela, cerca de Mamre en Canaán.
“Llevaron su cuerpo a la tierra de Canaán y lo enterraron en la cueva que está en el campo de Macpela, cerca de Mamre...” (Génesis 50:13, NTV)
José le dijo a los descendientes de Jacob que sacaran sus huesos al salir:
“Entonces José hizo jurar a los hijos de Israel y les dijo: «Cuando Dios venga a ayudarlos y los lleve de regreso, deben llevarse mis huesos con ustedes».” (Génesis 50:25, NTV)
Y así lo hizo Moisés:
“Moisés llevó consigo los restos de José, porque José había hecho jurar a los hijos de Israel que así lo harían cuando dijo: «Pueden estar seguros de que Dios vendrá a ayudarlos. Cuando eso suceda, llévense de aquí mis restos con ustedes».” (Éxodo 13:19, NTV)
Siglos más tarde los israelitas lo enterraron en la tierra que Jacob había comprado a los hijos de Hamor:
“Los huesos de José —los cuales los israelitas llevaron consigo cuando salieron de Egipto— fueron enterrados en Siquem, en la porción de tierra que Jacob le había comprado a los hijos de Hamor por cien piezas de plata. Esa tierra estaba situada en el territorio asignado a los descendientes de José.” (Josué 24:32, NTV)
La Biblia no dice nada sobre la muerte de los hermanos de José, han de haber muerto alrededor de la misma fecha.
José fue sepultado en Siquem, porque esa tierra fue la que heredaron sus descendientes, por lo que en realidad José fue sepultado en la tierra que fue su herencia.
Hay una discrepancia en lo que dice Esteban:
“…Sus cuerpos fueron llevados a Siquem, donde fueron enterrados en la tumba que Abraham les había comprado a los hijos de Hamor en Siquem a un determinado precio.” (Hechos de los Apóstoles 7:15–16, NTV)
Abraham compró la cueva de Macpela a Efrón por 400 siclos de plata. No el terreno en Siquem.
“—Mi señor, por favor, escúcheme. El campo vale cuatrocientas monedas de plata, ¿pero qué es eso entre amigos? Vaya y entierre a su esposa.” (Génesis 23:15, NTV)
Es Jacob quién compró un pedazo de la tierra a los hijos de Hamor en Siquem por 100 piezas de plata.
“Después de viajar todo el trayecto desde Padán-aram, Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquem, en la tierra de Canaán...La parcela donde acampó la compró a la familia de Hamor, el padre de Siquem, por cien monedas de plata.” (Génesis 33:18–19, NTV)
Esteban y su audiencia conocen las Escrituras como para que, al escuchar esa referencia les permite recordar el relato. Cuando Esteban dice que sus cuerpos fueron enterrados, el concilio sabe que tiene en mente a Jacob y José y que fueron sepultados en lugares diferentes. Jacob en la cueva de Macpela y José en la tierra de Siquem.
Otra explicación para el error es que un copista se equivocó y que en lugar de decir Abraham debería decir “Jacob” y eso resuelve todo.
Para cuando Esteban hace este recuento Siquem pertenece a Samaria, un lugar con el que la mayoría de los judíos no se lleva, pero con esto pone de relieve una vez más que Jerusalén no era el único lugar sagrado en la estimación de los antiguos.
Esa Tierra Santa que ellos tanto estiman, por siglos no fue la morada de sus antepasados, por lo que no les ha de extrañar el que, después de ser tan contaminada por el pecado, en especial por el derramamiento de La Sangre del Justo, vaya a ser destruida.
FINAL
Esteban les recuerda a esos judíos orgullosos de las glorias de su nación, que no siempre fue así, tuvieron un humilde comienzo.
Tanto Moisés como José no fueron reconocidos como héroes a la primera, pero sí los aceptan la segunda vez.
Los hermanos de José lo odiaron y lo vendieron, pero lo reconocen en la segunda oportunidad al verlo en Egipto.
Israel rechazó a Moisés cuando trató de librarlos de la esclavitud, tuvo que huir para salvar su vida, pero cuando llegó la segunda oportunidad, lo aceptaron y él los liberó.
Esto ilustra cómo Israel trató y rechazó a Jesús, su Mesías cuando vino la primera vez.
“Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron;” (Juan 1:11, NTV)
Pero cuando venga la segunda vez, le reconocerán y le recibirán:
“»Entonces derramaré un espíritu de gracia y oración sobre la familia de David y sobre los habitantes de Jerusalén. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, y harán duelo por él como por un hijo único. Se lamentarán amargamente como quien llora la muerte de un primer hijo varón.” (Zacarías 12:10, NTV)
“¡Miren! Él viene en las nubes del cielo. Y todos lo verán, incluso aquéllos que lo traspasaron. Y todas las naciones del mundo se lamentarán por él. ¡Sí! ¡Amén!” (Apocalipsis 1:7, NTV)
A pesar de lo que le hicieron a SU Hijo, Dios no había desechado a SU Pueblo.
“Entonces pregunto: ¿acaso Dios ha rechazado a su propio pueblo, la nación de Israel? ¡Por supuesto que no! Yo mismo soy israelita, descendiente de Abraham y miembro de la tribu de Benjamín.” (Romanos 11:1, NTV)
La parcial ceguera espiritual que ahora sufre Israel, un día le será quitada. Actualmente hay judíos siendo salvos, pero la nación en general está ciega a la verdad de Jesucristo.
El paralelismo que vemos con Moisés y José se completará cuando Jesús regrese con Poder y Gloria.
La Fe de los patriarcas al querer ser enterrados en la Tierra Prometida demuestra que creyeron que la poseerían.
“…«Pueden estar seguros de que Dios vendrá a ayudarlos...».” (Éxodo 13:19, NTV)
Los lentos pasos por los que se fue cumpliendo la promesa hecha a Abraham muestran que tenían un significado espiritual, ya que la tierra principalmente implicada en la promesa era una patria mejor, una Celestial.
“Es obvio que quienes se expresan así esperan tener su propio país. Si hubieran añorado el país del que salieron, bien podrían haber regresado. Sin embargo, buscaban un lugar mejor, una patria celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de ser llamado el Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad.” (Hebreos 11:14–16, NTV)
Siendo claros, no era blasfemia decir que Jesús había profetizado la destrucción de este lugar, cuando era ÉL precisamente quien nos había de guiar a la Canaán Celestial.
Para José, Egipto fue Tierra Santa, porque Dios estaba con ÉL. Donde quiera que tú estés es tierra Santa, porque Dios está contigo.
palabra de Dios
Oremos
