UN HOMBRE QUE SUPO ESPERAR

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LUCAS 2:25-32

“Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.”

SIMEON: “DIOS HA ESCUCHADO”
INTRODUCCION:
¡Qué historia de un hombre! ¡Cuán breve y sin embargo cuán completa!
Hoy día, es un hombre común, la casa en que nació, el lugar donde vive y para mortales de poca importancia.
Algún día verán carroza fúnebre, fue uno mas que vivió la ciudad Jerusalén.
La biografía cortas, que proporcionan un perfil conciso y macizo del hombre completo, son las mejores.
¿Qué nos importa lo que haya hecho Simeón: dónde nació, dónde se casó, por qué calle solía transitar, o como vestía? Tenemos un breve informe de su historia y eso es suficiente.
Él era “un hombre llamado Simeón.” Vivía en “Jerusalén.” “Y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él
Amados hermanos, esa es una biografía suficiente para cualquiera de nosotros.
Si cuando nos muramos se puede decir de nosotros algo así:
nuestro nombre, nuestra ocupación:
“esperaba la consolación de Israel;” nuestro carácter,
“justo y piadoso;”
nuestra compañía, tener el Espíritu Santo en nosotros, eso será suficiente para que perduremos no en el tiempo, sino en la eternidad
¿ QUIEN ERA Y QUE ESPERABA ESTE HOMBRE?
I.- ERA JUSTO Y PIADOSO.
ERA SU CARACTER
Y HOY ES POCA IMPORTANCIA PARA ESTE SIGLO.
MIRE LO DICE EL ESPIRITU SANTO DE EL
El Espíritu Santo lo consideró digno de ser notado pues puso un “y he aquí” en la frase. “Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón.
NO ERA UN REY, NO SACERDOTE, SOLO UN HOMBRE COMUN.
Su carácter está resumido en dos palabras: “justo y piadoso.”
“Justo: ese es su carácter ante los hombres.
“Piadoso”: ese es su carácter ante Dios
SER JUSTO Y PIADOSO, SON CARACTERISTICAS, INSEPARABLE.
II.- LA ESPERANZA DE SIMEON
Él “esperaba la consolación de Israel.” Ésta era la posición de todos los santos de Dios, desde la primera promesa, hasta el tiempo de Simeón.
El pobre anciano Simeón ya tenía sus cabellos canos. Pero, él no deseaba morir. Él esperaba “la consolación de Israel.”
Él no deseaba que su cuerpo descastara, hasta ver su esperanza cumplida.
Eva esperaba al Mesías Cuando nació su primer hijo, dijo: “Por voluntad de Jehová he adquirido varón, el Patriarca Abraham cuando sacrifico su hijo, “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío.” Jacob en el lecho de su muerte dijo a sus hijos “Hasta que venga Siloh” ( significa: "Aquel a quien pertenece") hablaba venida del Mesías.
David lo celebró a Él en muchos himnos proféticos, el Ungido de Dios, el Rey de Israel.
Ante quien todos los reyes se inclinarán y todas las naciones Le llamarán bendito. Cuán frecuentemente David en sus Salmos canta acerca de “mi Señor.” “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.”
EL RECORRIDO DE LOS PROFETAS ,ISAIAS JEREMIAS, MIQUEAS, HAGEO, MALAQUIAS.
TODOS ESPERABAN LA CONSOLACION DE ISRAEL.
CONCLUSION:
Ahora, el buen anciano Simeón, colocado al borde de sus días, que vendría Cristo,
Lo buscaba con ojos expectantes. Cada mañana subía al templo, diciéndose a sí mismo: “tal vez Él vendrá hoy.”
Cada noche, cuando regresaba a su hogar, doblaba su rodilla y decía: “oh Señor, ven en breve. Sí, ven en breve.”
Y sin embargo, esa mañana bajó al templo, sin pensar, tal vez, que la hora cuando vería a su Señor allí había llegado.
Pero allí estaba Él, cargado en los brazos de Su madre, un bebé pequeñito. Y Simeón lo reconoció: “ahora, Señor, despides a tu siervo en paz conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación.”
Los judíos, esperarán en vano ahora Su primera venida, que ya pasó. Esperar al Mesías era una virtud en los días de Simeón; ahora es la infidelidad de los judíos puesto que el Mesías ya ha venido.
Aún así hay un elevado sentido en el cual el cristiano debe estar todos los días esperando la consolación de Iglesia.
Me agrada ver que la doctrina de la segunda venida de Cristo está ganando terreno por todos lados. Yo encuentro que los hombres más espirituales de todos los lugares están “esperando,” así como “queriendo apresurar,” la venida de nuestro Señor y Salvador.
Hablo a algunos de ustedes, tal vez, que sienten que han perdido la luz de la faz del Señor últimamente. No han visto Su rostro bendito; no han oído Su voz. No han escuchado los tiernas palabras de Sus labios, y Lo están anhelando. Ustedes están, como Simeón, esperando la consolación de Iglesia. Él vendrá, aunque se demore, Él vendrá
YA NO ESPERO UN AVIVAMIENTO, LO ESPERO A EL.
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