¿Qué haré con esto?
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Víctimas anónimas
Víctimas anónimas
Parece, según nuestros comportamientos, que muchos de nosotros actuamos como víctimas, aunque no lo admitimos, somos víctimas anónimos porque en el fondo es como nos sentimos.
Si quieres sentirte víctima encontrarás mil motivos.
Tenemos muchos motivos para sentirnos víctimas:
Económicamente vivimos en un mundo donde la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor. La riqueza no está repartida equitativamente y el esfuerzo en el trabajo no siempre se traduce en mejores ingresos.
Laboralmente somos dependientes de otros, las empresas y empleadores explotan a los trabajadores y los utilizan para sus beneficios sin considerar las necesidades reales y humanas.
Físicamente nos estamos muriendo, somos vulnerables a enfermedades y padecimientos que nos restan calidad de vida y consumen nuestros recursos.
Políticamente somos utilizados por los poderosos, quienes se aferran al poder y mueven al mundo a su conveniencia, sin importar el caos familiar que provoquen en las naciones.
Socialmente estamos rodeados de personas infieles, traicioneras, doble cara, desleales y embusteras que nos hacen daño y nos hieren el alma.
Espiritualmente somos un fracaso, estamos atados a un cuerpo que gusta del pecado y que no puede serle fiel a su creador.
Jonás 5
Jonás 5
Conocemos la historia de Jonás, es una de las más famosas, pero quiero que nos enfoquemos en el final de la historia.
Jonás se retira de Nínive y va a la montaña a esperar los resultados de su misión. Resultó en lo que temía: los ciudadanos se arrepintieron y Dios no la destruyó.
Esto enojó a Jonás al punto que quería morirse. Entonces Dios le preparó una lección que es también para nosotros.
6 Y el Señor Dios dispuso que una planta creciera sobre Jonás para que hiciera sombra sobre su cabeza y lo librara de su incomodidad. Y Jonás se alegró grandemente por la planta.
7 Pero al rayar el alba del día siguiente Dios dispuso que un gusano atacara la planta, y esta se secó.
8 Y sucedió que al salir el sol, Dios dispuso un sofocante viento del este, y el sol hirió la cabeza de Jonás, así que él desfallecía, y con toda su alma deseaba morir, y decía: «Mejor me es la muerte que la vida»
Solo eso le faltaba a Jonás: un miserable gusano que le hiciera la vida aún más miserable.
Cuando tienes mentalidad de víctima cualquier gusano te hace la vida miserable.
No amaba a los Ninivitas, pero después de estar tres días en el vientre del pez, se vio forzado a cumplir con su llamado. Quizás tenía motivos para no amarlos, habían sido malos e implacables contra su pueblo. No merecían el perdón.
Pero se arrepintieron y Jonás tenía que seguirles viendo la cara de felicidad por haber sido perdonados cuando él cargaba con los recuerdos de dolor que ellos le habían causado.
Con razón le parecía que la muerte era mejor. Era víctima de las circunstancias.
9 Entonces Dios le preguntó a Jonás: «¿Tienes acaso razón para enojarte por causa de la planta?». «Tengo mucha razón para enojarme hasta la muerte», le respondió.
10 Entonces el Señor le dijo: «Tú te apiadaste de la planta por la que no trabajaste ni hiciste crecer, que nació en una noche y en una noche pereció,
11 ¿y no he de apiadarme Yo de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de 120,000 personas que no saben distinguir entre su derecha y su izquierda, y también muchos animales?»
El enfoque de Dios es increíble, poderoso, certero y aplastante. Tanto así que el capítulo 5 de Jonás no está y parece que debiera haber uno.
Dios le dijo a Jonás: tú no ves lo que yo veo, tú te crees el centro de atención y no lo eres.
¿Qué pasó con Jonás después de esto? Parece que esta historia queda inconclusa. ¿Por qué?
La historia de Jonás termina en que Jonás no es el centro de esta historia.
Tu historia de víctima termina cuando entiendes que no eres el centro de la historia.
Lo que Dios hace es desenfocar a Jonás de sí mismo y enfocarlo en los demás. Es como si le hibiera dicho: seguramente tiene razones para sentirte como una víctima, pero estás desenfocado, no puedes medir la magnitud de las cosas, perdiste la objetividad y el sentido de misericordia. Quieres amor, pero no concedes perdón. Quieres justicia, pero no tienes misericordia.
El capítulo 5 ya no se trata de Jonás, se trata de ti. De lo que vas a hacer, de dónde te vas a enfocar.
La mentalidad de víctima te vuelve incapaz de otorgar misericordia, te hace perder la empatía y te convierte en el centro de atención.
¿Podemos no ser víctimas teniendo tantos argumentos para serlo?
¿Podemos no ser víctimas teniendo tantos argumentos para serlo?
La Biblia nos da una respuesta escatológica como recurso para afrontar la vida injusta en la tierra.
3 Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: «¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos.
4 Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más».
5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: «¡Miren, hago nuevas todas las cosas!». Entonces me dijo: «Escribe esto, porque lo que te digo es verdadero y digno de confianza».
6 También dijo: «¡Todo ha terminado! Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. A todo el que tenga sed, yo le daré a beber gratuitamente de los manantiales del agua de la vida.
7 Los que salgan vencedores heredarán todas esas bendiciones, y yo seré su Dios, y ellos serán mis hijos.
Dios no nos hace una promesa ilusoria o falsa de una vida en el presente en donde las circunstancias sean siempre favorables para nosotros, pero provee una promesa de restauración de todas las cosas.
Enfocarte en la esperanza transforma la manera en que interpretas tus circunstancias.
El enfoque en ese destino se convierte en una fuerza motivadora para afrontar la vida en la tierra, sabiendo que, aunque tenemos todos los motivos para ser víctimas, no adoptamos una mentalidad de víctimas.
¿Cómo es posible hacer esto?
¿Cómo vivimos en la tierra de la victimización sin ser víctimas?
¿Cómo vivimos en la tierra de la victimización sin ser víctimas?
Es el mismo argumento que Dios usó con Samuel cuando estaba lamentándose en exceso porque Saúl había sido desechado. Dios le dijo: mira hacia el frente, no hacia atrás, Saúl es el pasado, pero tengo un nuevo rey ya elegido para el futuro.
Centrarnos en la esperanza es centrarnos en el futuro, en lo que vendrá, en las promesas de Dios.
La metáfora del retrovisor:
Cuando te subes al vehículo para conducir tienes un parabrisas muy grande al frente y un retrovisor muy pequeño para mirar lo que está atrás. No puedes conducir mirando únicamente el retrovisor, conduces viendo el parabrisas.
La mentalidad de víctima te hace tratar de vivir viendo el retrovisor.
¿Cómo cambiamos de ver el retrovisor a ver el parabrisas?
Necesitamos aprender a pasar de: “por qué a mí” a “¿qué haré con esto?”
¿Por qué a mí?, nos limita a ser víctimas, a colocarnos en el centro y a ver todo lo malo que pasa.
¿Qué haré con esto?, nos propone mirar por el parabrisas, aprender que de los peores momentos pueden salir las mejores oportunidades.
Dios puede hacer de las tumbas, jardines. Debes poner la mirada en la esperanza, en Él.
