¿Como restaurar nuestra iglesia?

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Introducción

Queridos hermanos, les saludo en el nombre del Señor. Estoy agradecido a Dios y a ustedes por darme nuevamente el privilegio y la oportunidad de compartir la Palabra de Dios en este dia del Señor y aunque desconozco los detalles de la situación que están experimentando, se que es mi obligación y deber animarles con la Palabra de Dios a levantarse y seguir adelante con el llamado que tienen como iglesia, seguir orando y confiando en Dios, orando por un nuevo pastor que les presida y guie, evangelizando y discipulando nuevos creyentes para seguir adelante en el camino que Dios les ha trazado. Se que en pocos minutos que esté aqui con ustedes no se puede tocar todos los temas que deben considerarse en este proceso que les ha tocado vivir; pero trataremos de considerar los mas importantes a la luz de lo que considero es la Palabra que Dios tiene para nosotros en esta mañana.
Recordar lo que sucedió en el pasado puede ser doloroso y desesperanzador. Hubo un tiempo en el que la iglesia avanzaba bien, en que Dios obraba y todo aparentemente iba bien. Sin embargo, la prueba vino y la crisis llegó. Decisiones se tomaron que causaron dolor, verguenza y desánimo. No es bonito recordar lo que sucedió ni tampoco mirar tal vez como ahora hay desánimo, dolor e incertidumbre. Sin embargo, dejeme decirle hermano que la Palabra de Dios nos da esperanza y un llamado a no quedarnos en la tristeza y la desazón, sino a levantarnos y empezar un proceso de restauración que nos lleve a sanar, a levantarnos y a continuar en el camino que nuestro buen Dios ha trazado para nosotros.
En la Palabra de Dios podemos ver una situación semejante. Imagine caminar de noche por su propia ciudad y no reconocerla. Las calles que antes estaban llenas de vida ahora son montones de escombros tan altos que ni siquiera puedes pasar. Esa era la realidad de Jerusalén en el 445 a.C. Habían pasado más de 140 años desde la destrucción babilónica. La ciudad sagrada era una "ciudad fantasma". En el mundo antiguo, una ciudad sin muros era una señal de debilidad absoluta y un oprobio (una burla) que sugería que su Dios era incapaz de protegerlos.
Pero Dios tenía un remanente. Y cuando Dios quiere restaurar una nueva iglesia, plantar una nueva iglesia o enviar misioneros para alcanzar a los perdidos, siempre comienza con una carga en el corazón de un líder. Nehemías, el copero del rey persa Artajerjes I, deja la comodidad del palacio para ensuciarse las manos. En este pasaje, Nehemías nos enseña que el llamado de Dios a restaurar no es un impulso místico y desordenado, sino un llamado de levantarse, tomar acción y buscar la gloria de Dios en medio de las circunstancias difíciles.
Para ello, leamos por favor Nehemías capítulo 2, versos 11 en adelante y oremos al Señor.

La restauración empieza en lo privado

Nehemías 2:11–16 RVR60
Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días,me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba.Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego.Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba.Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví.Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra.
Lo primero que tenemos que entender es que Dios puso en su siervo Nehemías una carga por la ciudad de Jerusalen que se encontraba destruida a fuego. Este hombre oró al Señor y planificó lo que podría hacer y como podría hacer para cumplir la carga que Dios había puesto en su corazón. Sabemos que aproximadamente oró por 4 meses antes de encontrarse frente a su señor el rey Artajerjes y cuando este le preguntó por la tristeza de su rostro, Nehemías aprovechó y presentó ante el rey su deseo y petición de ir a Jerusalén para restaurar las puertas y las murallas.
Nehemías halló gracia ante el rey y se le concedió los permisos, recursos y disposición para ir a Jerusalén a restaurar las murallas, aunque se levantó oposición de parte de Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, quienes constantemente buscaron desanimar a Nehemías de ejecutar su proyecto para el bienestar de Israel. Ahora, Nehemías logró llegar a Jerusalen; sin embargo, no fue inmediatamente que comunicó su visión y planes, así como tampoco empezó operaciones, sino que procesó todo lo que estaba sucediendo y quiso comprobar in situ la realidad de lo que estaba pasando en Jerusalén antes de tomar acciones.
Al llegar a Jerusalen vemos a Nehemías tomar decisiones que nos muestran como se va gestando la visión de Dios en su corazón y como la supo comunicar de tal manera que los demas se pudieran unir. Es interesante comprender que para esta gran obra de Dios, como para todo lo demas, no podemos esperar que todos se contagien de entusiasmo, sino que debe empezar por uno. Uno que le cree a Dios. Uno que se atreve a cambiar el curso de los acontecimientos. Uno que empieza a buscar a Dios y se carga con lo que le interesa al Señor. Veamos entonces estos aspectos importantes:
Nehemías llega a Jerusalén y pasa tres días en silencio. No convoca reuniones inmediatas ni lanza discursos prematuros. La visión primero se gesta en la intimidad con Dios y en la observación cuidadosa. A veces el corazón es impetuoso y toma decisiones sin ponderar adecuadamente las consecuencias de los actos. También es necesario entender correctamente que es lo que está sucediendo para orar adecuadamente y considerar los pasos que se deben dar para la solución.
Nehemías se levantó de noche despues de este tiempo de espera para salir a inspeccionar el mismo, acompañado de unos pocos, la ciudad completa de Jerusalén. Lo hizo de noche para evitar miradas imprudentes. Sabemos que habian algunos que habian manifestado disgusto por una supuesta obra de bien a favor de Israel. Nehemias quería examinar todo con cuidado sin miradas extrañas que interfirieran ni el bullicio del dia. Además, fue prudente pues salió con ayuda por seguridad, dado que el aun no habia comentado aun a nadie lo que Dios habia puesto en su corazón.
Efectivamente, al salir Nehemías pudo ver por si mismo los muros de Jerusalén derribados y las puertas consumidas a fuego, aun por partes del camino, cerca a la entrada del Rey los caminos estaban llenos de escombros de tal manera que la cabalgadura de Nehemías no podia pasar por ahi. Todo este desorden y ruinas era recuerdos del caos que sucedió allí años atrás, el sitio, conquista y destruccion de la ciudad de Dios por manos de los babilonios. Esto no era solo una situación de logistica urbana, eran el recuerdo del juicio de Dios a su pueblo por su pecado y lo dañino que es el pecado cuando le damos cabida en nuestro corazón.
Una vez mas Nehemías aclara que nadie mas sabia lo que habia hecho ni porque lo habia hecho. El queria asegurarse en su corazon de la certeza de la carga que el sentía de parte de Dios. Quería tambien asegurarse de la magnitud de lo que la labor de reconstruccion significaba. Recordemos que Nehemías ya habia dado un tiempo y recursos estimados al rey; pero todo era una estimación. En esa noche, Nehemías pudo corroborar si lo que habia pensado era correcto y cuanto se necesitaba para empezar y terminar.
Esta primera sección nos deja una lección sumamente importante: antes de que el trabajo de Dios empiece, el hombre de Dios debe ser llamado, apasionado y conmovido a la acción. Antes de la restauración, se necesita de uno, uno que tome la carga en su corazon y la haga suya, uno que no se conforme con lo que sucedió, sino que doble sus rodillas, llore y clame a Dios por un cambio, por una restauración. La Biblia nos dice que Nehemías se esperó 3 días, se levantó, caminó y observó detenidamente el daño causado y volvió a su lugar. Ahora estaba mucho mas convencido de la necesidad de restaurar, cuanto le tomaría y a quienes necesitaba para este trabajo.
Si bien es cierto, el trabajo de restauración requiere del esfuerzo de todos como lo vamos a ver mas adelante, empieza con el sacrificio y la iniciativa de uno. ¿Quien será ese valiente que se levantará y dirá: Señor, heme aquí? ¿Quien en su corazón dirá: Si, fuimos heridos; pero no estamos destruidos. Es hora de levantarse y empezar a reconstruir lo que el pecado dañó? Solo hace falta uno que quiera escuchar la voz de Dios y se comprometa en su corazón a no parar hasta ver la obra de Dios tal como Dios la quiere ver, fructífera, saludable, esforzada y prosperando.
Muchos piensan: Cuando todos estemos listos empezaremos. Muchos otros se desaniman porque ven a algunos que se han rendido y no quieren luchar por la bendición de Dios. Mira a Jacob peleando con el angel hasta el amanecer. “No te soltaré sino me bendices” dijo este hombre, dispuesto a darlo todo en el esfuerzo de conseguir la bendición de Dios y cambiar su destino. Y así fue, cambió de ser el engañador a ser el padre del pueblo de Dios. Mira a Isaías, viviendo en medio de un pueblo corrupto, pero el ve al Señor en su gloria. Dios le invita y dice: “¿A quien enviaré y quien irá por nosotros?”. Isaías dice: “Heme aquí, enviame a mí”. Mira a Israel atemorizado por el gigante Goliath que los avergonzaba e intimidaba. Sin embargo, uno se levanta, un jovencito que no teme, sino que está confiado en el Señor. “Tu vienes contra mi con lanza y jabalina, yo vengo contra ti en el nombre del Señor de los Ejercitos a quien tu has blasfemado”. ¿Ves mi hermano? No esperes multitudes para empezar. Solo hace falta uno que sea lo suficiente sensible a Dios para saber que aunque el pecado nos haya dañado, Dios puede y quiere restaurarnos. El diablo vino para robar, matar y destruir; pero el Señor Jesucristo vino para darnos vida dice y vida en abundancia.
Mira el mundo, perdido, dañado, roto, condenado el infierno. Y sin embargo, uno se levantó. Uno que tomó la naturaleza humana sobre si pero sin pecado. Uno que vivió una vida perfecta. Uno que amó y sirvió en medio de contradicciones. Uno que se entregó a la muerte por nosotros, para cargar y pagar por nuestros pecados. Uno que se levantó de entre los muertos para salvarnos. La iglesia ahora avanza, predica, vive gracias a Uno, a Jesucristo, quien pagó el precio por nosotros. La iglesia existe y es edificada porque Jesucristo lo prometió: “Yo edificaré mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Iglesia del Señor, a ti te hablo en esta mañana. Tu sabes lo que ha pasado, Dios sabe lo que ha pasado, el diablo sabe lo que ha pasado. Satanás quiere que se hundan en la auto conmiseración, la verguenza, la culpa y el dolor. Dios quiere que se levanten, oren, clamen, perdonen, escojan a un nuevo pastor y sigan adelante cumpliendo la Gran Comisión. ¿Que van a decidir ustedes? ¿A que voz van a escuchar? ¿Quien será ese que se levante como Nehemías, observe la situación, pondere el costo y de el primer paso?
No podemos restaurar vidas, familias ni levantar obras si primero no tenemos el valor de mirar de frente la magnitud del escombro (el pecado, la apatía, la necesidad espiritual). El liderazgo real llora y evalúa en lo secreto antes de hablar en lo público.

La restauración se hace posible en equipo

Nehemías 2:17–20 RVR60
Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien. Pero cuando lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey? Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.
Ahora vemos como la visión que se había gestado en el corazón de un solo hombre pasa a ser comunicada e impacta en otros. La obra de restauración se origina en uno, pero no debe quedarse en uno, se debe involucrar y comunicar a todos para trabajar juntos en lo que Dios quiere que hagamos. Miremos entonces lo que Nehemías hizo pues es un gran ejemplo para nosotros:
Nehemías no acusa: "Vosotros tenéis la ciudad destruida". Él se incluye: "Vosotros veis el mal en que nosotros estamos". Se gana el derecho a liderar asumiendo la carga de la congregación como propia. Da un analisis preciso de la situación: Jerusalén está desierta pues muchos al ver la ciudad destruida prefirieron irse a otras ciudades y dejar este lugar asolado. Las puertas están quemadas a fuego, no hay seguridad en la ciudad. Es interesante como una misma situación puede causar reacciones diferentes. Ante el daño y la condición en la que se encontraba Jerusalén muchos prefirieron irse, buscando su comodidad. Nunca surgió en ellos el deseo de restaurar. Nadie pensó en tomar ese desafío. Fue un foráneo, Nehemías, quien a pesar de vivir muy lejos sintió esa carga y llamado y no se detuvo sino hasta que sus pies tocaron la tierra de Jerusalén y viendo el desafío no se amilanó, sino que se convenció de que era lo que tenia que hacer, hizo suyo el problema y ahora estaba comunicando la visión a otros para que se unan al trabajo.
Si, Nehemías no blanqueó el asunto: el desafío era grande. La realidad era dura. Pero apeló a todos invitandolos a unirse al llamado de Dios: “Vengan amigos, edifiquemos juntos el muro de Jerusalén. Cambiemos la historia. Hagamos que la ciudad de Dios vuelva a resplandecer. Ya no estemos mas en oprobio, en verguenza”. Jerusalén era la ciudad escogida de Dios. Para los tiempos de Nehemías, el templo ya había sido reconstruido por Zorobabel. Esdras ya había llegado a Jerusalén para instruir y enseñar a los pobladores la Ley de Jehová. Sin embargo, muchos se habian ido a vivir fuera de Jerusalen, la ciudad estaba desolada, aun en ruinas. El poco pueblo que vivia alli y los pocos que venian al templo lo hacian rodeados de escombros y del recordatorio constante de lo que sucedió. Lo que antes fue un majestuoso templo, ahora era pequeño y rodeado de verguenza. Nehemía dice: “Basta, ya no vivamos mas en verguenza. Dios nos disciplinó; pero no nos ha desechado. Seguimos siendo el pueblo de Dios. Levantemos la cabeza y reconstruyamos para que podamos adorar a Dios con libertad, con gozo y confianza”.
Para dar confianza al pueblo, Nehemías compartió, ahora si, como el Señor habia sido bueno con el:
Poniendo hace varios meses atrás una carga en su corazón por Jerusalén
Dandole una oportunidad para hablar directamente con el rey, cosa que ningun otro judío podría haber tenido
Dandole gracia delante del rey para que se le otorgue a un humilde copero los recursos, el permiso y la dispensa para salir e ir a Jerusalén como gobernador para reconstruir la ciudad del Señor
Dandole su bendición para llegar con bien a Jerusalén para empezar el trabajo.
El Señor había hecho su parte haciendo lo que parecia imposible. Ahora es tiempo del pueblo. Ellos deben levantarse, reconocer que esto proviene de la mano bendita y misericordiosa de Dios y hacer su parte. Por ello, todos los que escucharon a Nehemías en esa reunión, los principales y pobladores dijeron a una sola voz: “Levantemonos y edifiquemos”. Dice la Biblia que esforzaron sus manos para bien. Les esperaba un arduo trabajo, el de la reconstrucción; pero era para un proposito bueno, para el bien de la ciudad del Señor, para la gloria de Dios, para la salud del pueblo.
Queridos hermanos, les espera un trabajo arduo. Buscar un nuevo pastor, definir el rumbo de trabajo de ahora en adelante. Levantar nuevamente los ministerios, edificar y consolar a los creyentes, seguir evangelizando, animar a los desanimados, compartir la visión a todos, orar al Señor. Pero es para un buen propósito, es para la edificación de la iglesia, es para que el nombre de Dios sea levantado, es para que todos alrededor sepan que aqui hay un pueblo, un remanente que no se va a rendir, que no se va a dejar vencer por el pecado, que no va a agachar la cabeza en verguenza, sino que se va a levantar, va a someterse a Dios y resistir al diablo para que huya delante de ustedes. ¿Acaso no vale la pena el esfuerzo hermanos? ¿Acaso la visión de una iglesia prospera, sana, fuerte, amorosa, generosa no vale la pena el esfuerzo? Dios ha hecho su parte mis amados, ahora levantense y empiecen. Este es el llamado de Dios que quiero compartirles en esta mañana: Dios quiere usarlos grandemente, el Señor quiere que la gloria de esta casa sea mayor que antes, pero los llama a tomar esa visión y esforzarse.
También se nos dice que, al enterarse Tobías, Sanbalat y Gesem, enemigos de Dios y de su obra, inmediatamente se burlaron y los despreciaron, con el objetivo de desanimarlos del compromiso que estaban tomando. Les acusaron de rebelión contra el rey Artajerjes, calumniandolos y difamandolos con el objetivo de que teman y no se levanten. Satanás no quiere que la iglesia del Señor se levante y si no puede distraer a los creyentes con el pecado, buscará atemorizarlos para que se aparten de los propositos de Dios.
Mira como les respondió Nehemías:
Nehemías 2:20 RVR60
Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.
Nehemías estaba seguro y confiado en el Señor y no en los hombres. Estaba seguro de que Dios prosperaría sus esfuerzos y ellos como sus siervos se levantarian y edificarian. Ellos, como enemigos de Dios no tenian parte ni suerte en los asuntos del Señor. Este es un tema de Dios y su pueblo y los demas no tienen parte en ello. Nehemías era un lider fuerte que no se iba a dejar amedrentar ni atemorizar. Estaba convencido de la mano de Dios en medio de esto y no iba a retroceder por ningun motivo.
En el trabajo de restauración, siempre habrá oposición del enemigo para que no hagamos lo que Dios quiere y nos ha llamado a hacer. Se requiere de un liderazgo fuerte, convencido de la mano de Dios y lleno de fe de que Señor hará lo que ha prometido cuando nos mantenemos en obediencia y convicción a lo que nos ha llamado.

La restauración requiere el compromiso de todos

Nehemías 3:1–12 RVR60
Entonces se levantó el sumo sacerdote Eliasib con sus hermanos los sacerdotes, y edificaron la puerta de las Ovejas. Ellos arreglaron y levantaron sus puertas hasta la torre de Hamea, y edificaron hasta la torre de Hananeel. Junto a ella edificaron los varones de Jericó, y luego edificó Zacur hijo de Imri. Los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado; ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y sus cerrojos. Junto a ellos restauró Meremot hijo de Urías, hijo de Cos, y al lado de ellos restauró Mesulam hijo de Berequías, hijo de Mesezabeel. Junto a ellos restauró Sadoc hijo de Baana. E inmediato a ellos restauraron los tecoítas; pero sus grandes no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor. La puerta Vieja fue restaurada por Joiada hijo de Paseah y Mesulam hijo de Besodías; ellos la enmaderaron, y levantaron sus puertas, con sus cerraduras y cerrojos. Junto a ellos restauró Melatías gabaonita, y Jadón meronotita, varones de Gabaón y de Mizpa, que estaban bajo el dominio del gobernador del otro lado del río. Junto a ellos restauró Uziel hijo de Harhaía, de los plateros; junto al cual restauró también Hananías, hijo de un perfumero. Así dejaron reparada a Jerusalén hasta el muro ancho. Junto a ellos restauró también Refaías hijo de Hur, gobernador de la mitad de la región de Jerusalén. Asimismo restauró junto a ellos, y frente a su casa, Jedaías hijo de Harumaf; y junto a él restauró Hatús hijo de Hasabnías. Malquías hijo de Harim y Hasub hijo de Pahat-moab restauraron otro tramo, y la torre de los Hornos. Junto a ellos restauró Salum hijo de Halohes, gobernador de la mitad de la región de Jerusalén, él con sus hijas.
En la economía de Dios, no hay espectadores; cada persona, oficio y familia tiene un lugar asignado en la construcción del Reino. En la restauración, todas las manos eran necesarias y en la distribución que hizo Nehemías vemos un hermoso ejemplo de sabiduría y liderazgo que debemos imitar:
El trabajo empieza y es interesante que inicia en la sección norte con el sumo sacerdote, el máximo lider del pueblo de Dios. Eliasib, cuyo nombre significa “Dios restaurará” se levantó primero junto a sus hermanos los sacerdotes y edificaron la puerta de las Ovejas. Vamos a ver un detalle aqui que no se ve en la version Reina Valera. Leamos por favor el mismo verso en la Biblia de las Americas:
“Entonces el sumo sacerdote Eliasib se levantó con sus hermanos los sacerdotes y edificaron la puerta de las Ovejas; la consagraron y asentaron sus hojas. Consagraron la muralla hasta la torre de los Cien y hasta la torre de Hananeel”
La Reina Valera 1960 traduce por “arreglaron” pero la palabra hebrea viene de la raiz qadash que significa “consagrar, santificar”. La Biblia de las Americas lo traduce de manera mas literal y adecuada, indicando que ellos no solo repararon sino que tambien dedicaron a Dios la puerta de las Ovejas. Es la unica puerta donde se hizo esto. ¿Por qué? Pues la puerta de las ovejas se llamaba así porque por ahi pasaban las ovejas que eran llevadas al templo para el sacrificio diario a Dios.
Vemos a los lideres espirituales tomando la iniciativa y santificando a Dios la obra de restauración, como un acto de obediencia y adoración al Señor. No solo se trataba de un asunto logístico, sino de un sentido espiritual.
En segundo lugar, vemos a los varones de Jericó y a Zacur hijo de Imri. Es curioso notar que Jericó se encontraba a varias decenas de kilometros de Jerusalen. Sin embargo, estos hombres se comprometieron con el Señor para hacer la obra de Dios.
En tercer lugar, vemos a varias familias cuyos nombres son conocidos o reaparecen luego en el relato de Nehemías, lo que implica que eran familias influyentes, prominentes y comprometidas con la obra de Dios. Lo curioso es que la frase “junto a ellos” o “al lado de ellos” se repite varias veces dando idea de compañerismo, unidad. Cada uno trabajaba su sección al lado de los demás, buscando todo el mismo objetivo.
En cuarto lugar, vemos un detalle interesante. En el verso 5 se nos dice que los tecoítas, pobladores del pueblo desertico de Tecoa, ciudad situada al sur de Jerusalén, pusieron sus manos al servicio del Señor para la reconstrucción de la muralla. Sin embargo, la Biblia dice que sus grandes, sus gobernadores, no quisieron “poner el cuello” (lit.) para servir a la obra de su Señor. Es decir, los que eran grandes en esa ciudad no se sometieron a la voluntad de Dios para hacer la obra de restauración. Es triste cuando vemos que a veces quienes deben dar el ejemplo de servicio al Señor y de compromiso con Dios, los lideres en la iglesia, no quieren someterse al Señor y servir en unidad junto a sus hermanos. Aun así, los pobladores de Tecoa si dieron un buen ejemplo de compromiso y servicio al Señor.
En quinto lugar, los versos 6 y 7 nos muestran a otros pobladores, incluso del otro lado del rio y bajo el dominio de otro gobernador que no era Nehemías, comprometidos con la labor de restauración.
En sexto lugar, vemos un detalle interesante en el verso 8: Uziel de los plateros y Hananías de los perfumeros, hombres acostumbrados a oficios mas delicados, ahora cargando pesados escombros, ensuciandose y trabajando duro por la obra de Dios. Y es que la obra de Dios requiere el esfuerzo comprometido de todos. Cada uno debe poner sus manos al servicio del Señor.
En setimo lugar, vemos la estrategia de Nehemías de que muchos de los pobladores en Jerusalen restauraran el muro que se encontraba delante de sus casas. Destaca en esto Jedaías, Hatus y Salum, gobernador quien restauró el muro junto a sus hijas. Aun mujeres, nobles, oficiales, pusieron sus manos y trabajaron hombro a hombro en la restauración del muro de Jerusalén. Aqui vemos como Nehemías vinculó el trabajo global con el esfuerzo y la responsabilidad familiar. Nadie va a construir una pared débil si esa pared es la que protege a sus propios hijos. La obra de restauración empieza en casa, con nuestra familia y continua en la iglesia del Señor
Es tiempo de levantarse y orar, discipular, enseñar y consagrar a Dios nuestras vidas, empezando por nuestros propios hijos, nuestro conyuge y nuestra iglesia. Familias fuertes en el Señor harán una iglesia fuerte en el Señor. No podemos pensar que la iglesia va a ser saludable si nuestras familias no lo son. Oremos tanto por que Dios bendiga la iglesia como porque bendiga a nuestros hogares. Trabajemos duramente en la reconstrucción de la mano del Señor, unos trabajando junto a otros, en unidad, con amor, con convicción y esfuerzo.
El Reino de Dios requiere obreros de toda clase. No importa tu trasfondo; si estás dispuesto a mancharte las manos, hay un lugar para ti en el muro. Además, la obra misional más importante que harás comienza en tu propia sala: si no proteges y discipulas "frente a tu casa", no puedes proteger la ciudad.

Aplicaciones para la vida

Hermanos, los muros de nuestra sociedad están caídos. Hay un oprobio allá afuera: familias destruidas, jóvenes en las universidades cautivos por ideologías vacías, y ciudades enteras que necesitan desesperadamente escuchar el evangelio y ver la gloria de Cristo.
Dios no está buscando a los "nobles de Tecoa" que se cruzan de brazos y esperan que otros hagan el trabajo sucio. Dios está buscando sumos sacerdotes, orfebres, perfumistas, padres y madres que digan: "Aquí están mis manos. Yo edificaré frente a mi casa".
Si queremos ver un avance global del evangelio, si queremos ver nuevas iglesias florecer llenas de familias que conocen el hilo rojo de la redención desde Génesis hasta Apocalipsis, no podemos ser meros espectadores. Te pregunto hoy: ¿Cuál es la sección del muro que Dios te está llamando a levantar? ¿Cuál es tu "frente a tu casa"? ¿Es tu matrimonio? ¿Es discipular a un nuevo creyente? ¿Es apoyar la plantación de una nueva obra?
No dejes que el escombro te intimide. El Dios de los cielos, Él nos prosperará. Nosotros sus siervos, nos levantaremos y edificaremos.
Oremos al Señor.
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