En momentos de angustia, el creyente en Cristo puede clamar con confianza a Dios, sabiendo que Él escucha, responde y rescata. El Salmo 18, especialmente el versículo 6, nos recuerda que cuando llamamos al Señor desde nuestra aflicción, Su oído no es sordo ni Su poder limitado: Él actúa poderosa y personalmente en favor de quienes le buscan.