Cuatro Versículos que Recordar Cuando Pases por Pruebas
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Cuatro Versículos que Recordar en Momentos de Prueba
Cuatro Versículos que Recordar en Momentos de Prueba
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S1
Buenas noches, bienvenidos a este nuevo Tiempo con Dios del viernes 27 de febrero de 2026.
Me da mucho gusto saludarlos, yo soy Hector Viruega, y soy el responsable de los grupos pequeños de nuestra iglesia. Y para mi es un gusto el poder estar con ustedes en esta noche.
Antes de comenzar, quiero dar unos breves anuncios:
En este mes arrancamos un nuevo ciclo de enseñanza bíblica. Aun estás a tiempo de inscribirte.
Recuerda que hay una nueva fecha para otro retiro matrimonial que será en noviembre, así que aprovecha y apúntate desde ahora.
Siguiente domingo comenzamos una nueva serie: Los Alcances del Perdón
Bautismo.
SALUDOS
ORACIÓN
El día de hoy vamos a meditar en cuatro versículos que son una bendición recordar cuando pases por pruebas.
S2
Las pruebas ayudan al creyente a conocer más acerca de Dios.
John Owen (puritano y estadista)
S3
Nada vivifica tanto la oración como la prueba. Es la prueba la que nos pone inmediatamente de rodillas y cierra tras nosotros la puerta de nuestro aposento.
Horacio Bonar (Ministro escocés y escritor de himnos)
Las pruebas surgen de muchos lados, y aunque no nos gusten, Dios las permite porque cumplen propósitos fundamentales en la vida cristiana.
Es más, podríamos decir que la Biblia presenta la vida entera como un período de prueba[1], lo que refleja un principio teológico profundo: la santidad no se otorga por decreto divino, sino que surge de decisiones deliberadas ante la posibilidad de elegir entre lo bueno y lo malo[1].
Las pruebas pueden originarse del sufrimiento general inherente a vivir en un mundo caído, del pecado mismo, o específicamente, y por paradójico que parezca, de ser cristiano[2].
Cada origen tiene implicaciones distintas.
En el Antiguo Testamento, la tribulación se entiende como consecuencia de desobedecer a Dios y como un llamado divino al arrepentimiento[2], mientras que el Nuevo Testamento presenta la aflicción como parte integral de la vida del creyente, y no solo eso, sino que además la muestra como un instrumento para conformarnos a la imagen de Cristo[2].
Más allá de su origen, las pruebas cumplen propósitos transformadores. Dios permite que las pruebas lleguen para iniciar un proceso de crecimiento espiritual cuando estamos dispuestos a morir al yo[3].
Cuando las pruebas y sufrimientos nos sobrevienen, es entonces cuando más nos damos cuenta de nuestra necesidad de la sabiduría de Dios[4]. Algunas personas son atraídas a Dios mientras buscan respuestas a sus pruebas, mientras que otras son moldeadas y fortalecidas espiritualmente en el horno de la aflicción[2].
La perspectiva bíblica sugiere que las pruebas no son anomalías sino componentes esenciales del desarrollo espiritual. Esta vida constituye el período de prueba, después del cual sigue el juicio divino[1], lo que confiere a las dificultades presentes un significado eterno.
El libro de Job nos ayuda a entender ciertas cosas acerca del sufrimiento humano.
1. No todo sufrimiento es una consecuencia directa de algún pecado del que sufre.
2. El sufrimiento no debe separar el creyente de Dios. Dios es la única persona que realmente entiende la naturaleza y la causa del sufrimiento del creyente.
En Job, ni los amigos, ni la esposa, ni Job mismo, pudieron entender por qué estaba pasando por tanta desgracia. El hecho de que Job pudo expresar a Dios con sinceridad y vehemencia sus sentimientos y dolor es una lección que todos necesitamos aprender.
Es más, cuando Dios le responde a Job, no le dice las causas de su sufrimiento, y Jon se da por servido, él se quedó satisfecho no por entender la situación, sino por saberse escucado por Dios.
Y eso me lleva al primer punto de esta noche:
S4
1.- No trates de entender la situación.
1.- No trates de entender la situación.
En Eclesiastés 11:5 leemos:
S5
Como no sabes cuál es el camino del viento, o cómo se forman los huesos en el vientre de la mujer encinta, tampoco conoces la obra de Dios que hace todas las cosas.
Cuando nos enfrentamos a problemas, tendemos a buscar explicaciones que nos permitan encajar lo inesperado dentro de nuestros marcos lógicos, esperando que esto nos ayude a encontrar propósito, conectar con el pasado y prepararnos para el futuro—un tipo de comprensión que solo Dios posee[1].
Debemos abandonar la búsqueda de explicaciones causales inmediatas—por qué sucedió esto específicamente—y reorientar nuestra búsqueda hacia explicaciones teleológicas: qué propósitos divinos operan a través de nuestras dificultades.
La Biblia nos invita no a pensar en términos de lógica humana, sino a identificarnos con los propósitos de Dios y confiar en su sabiduría que ha ordenado cada giro de nuestras vidas[1].
Dios está presente en nuestro dolor, aunque no causa estas cosas para castigar; permite que el hombre actúe libremente, a veces en formas que lo perjudican[3].
Cuando analizamos la historia de Job, vemos que Dios estaba presente, observando, no se había olvidado de este hombre, pero además estaba poniendo límites a las pruebas presentadas por Satanás.
La pregunta “¿por qué?” merece respuesta, pero no la que buscamos instintivamente.
En el pasaje que leímos, de Ec. 5:11 vemos que al observar el viento, el granjero no tiene idea alguna de cual es el camino (dirección) que tomará, así como no puede ver el cuerpecito de un bebé formándose en el vientre de su madre. El hombre no puede conocer el futuro o la obra de Dios que ha hecho y que controla todas las cosas.
El predicador, Eclesiastés, también dice:
S6
Porque el hombre tampoco conoce su tiempo: como peces atrapados en la red traicionera, y como aves apresadas en la trampa, así son atrapados los hijos de los hombres en el tiempo malo cuando cae de repente sobre ellos.
Todas las personas en algún momento llegamos a ser víctimas de tiempos adversos, los cuales nadie puede predecir.
Una diagnóstico médico, un despido laboral, una ruptura familiar, una muerte inesperada.
Aquí, Salomón compara la desgracia con una red y un lazo por los cuales se atrapan los peces y las aves y dice que el tiempo malo llega de repente, sin previo aviso.
En esos momentos en que la fe es puesta a prueba y el corazón se siente cansado, en medio de esta tormenta, cuando uno no entiende por lo que está pasando, lo que hay que hacer es decirle a Dios: “Aunque no lo entienda, sigo confiando en Ti”.
La Biblia dice que Dios está cerca de quienes claman a Él desde lo más profundo. Dios nunca prometió una vida sin dificultades, pero sí prometió estar con nosotros todos los días, incluso en los días difíciles.
Dios tiene el poder para transformar situaciones, pero en ocasiones decide no hacerlo, o al menos por algún tiempo, pero lo que muchas veces hace, no es cambiar las circunstancias, sino cambiarnos a nosotros.
El puede cambiar frustración, tristeza y desánimo; porque la confianza en Dios vence el miedo cuando le decimos a Dios: “No importa lo que pase, y aunque no lo entiendo, lo que si sé es que Tú sigues siendo bueno”.
Dios es bueno todo el tiempo.
Y es en esa certeza, en esa confianza probada por el fuego, donde nuestra fe se fortalece y aprendemos que, incluso en el momento más difícil, Dios sigue siendo fiel. En medio del dolor, la espera o la incertidumbre, podemos recordar: Él es nuestro Padre Celestial, y podemos descansar en su tierno amor.
Ahora quiero que vayamos al segundo punto y es que:
S7
2.- Recuerda que Dios está contigo y te fortalece
2.- Recuerda que Dios está contigo y te fortalece
S8
No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia.
Si analizamos el momento histórico de este pasaje, vemos que Dios se dirige a los judíos cautivos con palabras de aliento.
En ese momento los judíos estaban cautivos en Babilonia. Eran pobres y necesitados. Estaban rodeados de enemigos fuertes y astutos, contra los cuales eran tan impotentes como un gusano.
Pero ninguna altura, por precipitada que fuera, ni profundidad, por profunda que fuera, podía separarlos del amor de Dios.
El corazón y la carne podrían fallar, pero él los fortalecería; las dificultades podrían parecer insuperables, pero él los ayudaría. Él hace más. Toma a su pueblo, débil como un gusano, y lo convierte, si se somete a él, en afilados instrumentos de trilla con dientes ante los que los poderes del mal se convierten en paja. Oh hombre, escucha a Dios decir: “Yo haré”.
No debemos temer porque:
La presencia de Dios está con nosotros («Yo estoy contigo»),
Dios ha establecido una relación con nosotros («Yo soy tu Dios»), y
Dios nos da la seguridad de fortalecernos y sostenernos en los momentos de prueba
¿Te has dado cuenta de todas las maneras en que Dios le ha ayudado?
Yo nunca he corrido un maratón y la verdad dudo mucho que un día lo haga; pero tengo varios amigos que lo han hecho y algo muy importante para ellos, al momento de estar en una carrera, sobre todo arriba del kilómetro 25 que es cuando más se siente la presión emocional, física del momento y las dudas se apoderan del corredor:
¿Qué estoy haciendo aquí? ¿para qué me metí a esto? ya tengo acalambradas las pantorrillas, ya debería renunciar, etc. etc.
Es ahí cuando necesitan la voz de su entrenador, de sus compañeros de carrera, de su familia, que les digan: "Confía en lo que has entrenado; no temas, estoy aquí contigo".
Bueno, algo así es la voz de Dios en medio de las pruebas, esa es la voz de Dios en nuestra vida. Nos habla en momentos de incertidumbre, recordándonos primero que está con nosotros, segundo que es nuestro Dios, que nos ama como hijos suyos, y tercero que nos dará fuerzas a pesar de nuestras debilidades porque Su ayuda y Su guía siempre están a nuestro lado.
Antes de pasar al siguiente punto, quiero confesarles algo. Soy muy desesperado. Soy poco paciente. Y en ocasiones, Dios nos dice: tranquilo, espera, esto me toca a mi.
Y por ello quiero que vayamos al siguiente punto que es:
S9
3.- Espera en Dios
3.- Espera en Dios
S10
Espera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al Señor.
Espera en el SEÑOR es demostrar una expectativa confiada.
Mira, cuando yo tenía unos 25 años, de repente, de un día para otro, me quedé sin trabajo.
Pasaron 5 meses hasta que pude tener un nuevo trabajo.
Fue un largo tiempo de espera, y mira, gracias a Dios no estaba en una situación apremiante. Estaba soltero, vivía en casa de mis papás, me habían dado una buena liquidación, pero he de confesarles que me sentía frustrado, desanimado, triste.
Tuve que esperar cinco meses.
Pero no me la pasé en mi casa sentado a que me llegaran ofertas. En una época donde el internet estaba en pañales, me tocó salir a la calle a dejar al menos un CV al día en promedio.
Y a lo que voy es que cuando te digo que hay que esperar en Dios, no se trata de sentarte en el sofá viendo Netflix a que Dios te saqué del problema.
La espera en Dios no es una espera pasiva, sino una actitud activa de fe que transforma nuestro carácter mientras aguardamos Su respuesta.
Acepta el "todavía no": A veces Dios no dice "no", sino "no ahora", porque Su visión panorámica sabe cuándo es el momento ideal.
En la Biblia vemos historias de personas que tuvieron que esperar un largo periodo hasta tener la respuesta de Dios
Abraham: Esperó 25 años el cumplimiento de la promesa de un hijo.
José: Pasó 13 años en un proceso de formación antes de convertirse en gobernante en Egipto.
El pueblo de Israel esperó 400 años para su liberación de Egipto, y después 40 años para llegar a la tierra prometida.
Elizabeth y Zacarías tuvieron que esperar hasta su vejez para tener un hijo, que fue Juan el bautista.
Pero por otro lado, la Biblia presenta múltiples relatos de personas que no pudieron esperar la respuesta de Dios, enfrentando consecuencias significativas por su impaciencia.
Ya hablamos de la paciencia de Abraham y Sara que durante años esperaron el hijo prometido, pero antes de eso, acelerados por la incredulidad, generaron a Ismael con Agar, lo que resultó en aflicción en lugar de satisfacción.[1]
Esaú, por su parte, permitió que la impaciencia le costara su primogenitura[2], mientras que el hijo menor de la parábola del hijo pródigo no pudo esperar por su herencia y la pidió por adelantado derrochándola.[2]
Saúl representa otro ejemplo dramático: se negó a esperar el cumplimiento del programa de Dios y perdió su reino.[1] Específicamente, hizo ofrendas sin esperar por Samuel[2], y su prisa lo llevó a desobediencia directa.
En contraste, David, esperó pacientemente a que el Señor cumpliera su plan, rehusando tomar las cosas en sus propias manos.[1]
La diferencia fundamental radicaba en la fe.
Tanto Abraham como Saúl se impacientaron por causa de su incredulidad en la fidelidad de Dios[1], pero Abraham eventualmente aprendió la lección, mientras que Saúl pagó el precio definitivo de su precipitación.
La palabra hebrea que se traduce esperar se puede traducir también como «esperanza». Tener esperanza en Dios es esperar por su momento y su acción.
Este es un salmo de David, y este rey de Israel sabía por experiencia lo que significaba esperar al Señor.
Había sido ungido rey a la edad de dieciséis años, pero no fue rey sino hasta que tuvo treinta.
Mientras tanto, el celoso rey Saúl lo estuvo persiguiendo por todo el desierto. David tuvo que esperar en Dios en cuanto al cumplimiento de su promesa de que algún día sería rey.
Más tarde, después de convertirse en rey, se vio perseguido por Absalón, su hijo rebelde.
Esperar en Dios no es fácil. A menudo parece que no está respondiendo a nuestras oraciones o que no comprende la urgencia de nuestra situación.
Esa clase de pensamiento implica que Dios no lleva las riendas de lo que está pasando o que no es justo.
Pero vale la pena esperar en Dios. Lamentaciones 3:24–26 dice "El Señor es mi porción—dice mi alma— por eso en Él espero. Bueno es el Señor para los que en Él esperan, para el alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor."
Dios nos hace un llamado a la esperanza y a esperar en el Señor ya que a menudo Dios utiliza la espera para refrescarnos, renovarnos y enseñarnos. Use esos momentos de espera para descubrir lo que Dios puede estar tratando de enseñarle en el proceso.
Si te sientes abrumado por las tensiones familiares, toma un tiempo cada mañana para orar y meditar en las promesas de Dios. Escribe tus preocupaciones en un diario y, al final de cada semana, revisa tus entradas para notar cómo Dios ha respondido. Esto no solo fortalecerá tu fe, sino que también te dará paz al saber que estás entregando tus preocupaciones a Dios y esperando Su dirección.
En medio del estrés laboral, podrás encontrar que tu paciencia es puesta a prueba. Establece un momento específico durante tu día para detenerte, respirar profundamente y orar por sabiduría y paciencia. Considera la posibilidad de compartir una breve cita bíblica con un compañero de trabajo en dificultades. Esto no solo te ayudará a enfocarte en Dios, sino que también puede ser un cambio inspirador para los que te rodean.
Y finalmente llegamos al último punto:
S11
4.- Cristo te fortalecerá para soportar cualquier prueba
4.- Cristo te fortalecerá para soportar cualquier prueba
Y para ello vamos a un versículo muy conocido:
S12
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Filipenses 4:13 enseña una lección fundamental sobre la fortaleza espiritual que trasciende las circunstancias materiales.
Frecuentemente se ha memorizado este versículo sin considerar su contexto, lo que lleva a interpretarlo como si nos permitiera lograr cualquier cosa que deseemos, como si tuviéramos poderes sobrenaturales[1]. Sin embargo, la realidad es más profunda.
La frase “todo esto” se refiere a cualquier situación que la vida presente, ya sea caracterizada por la necesidad o la abundancia, y Pablo afirma que mediante la fortaleza espiritual de Cristo puede enfrentar cualquiera de estas circunstancias[1].
El apóstol está respondiendo específicamente a la pregunta de cómo el cristiano debe comportarse ante diferentes situaciones[2].
Pablo, quien había experimentado arrestos, golpes, lapidaciones y naufragios, podía hablar con autoridad sobre cómo enfrentar tiempos difíciles[1].
La clave reside en la relación con Cristo. La expresión “en Cristo que me fortalece” literalmente significa “en unión con el Empoderador”[1], sugiriendo que nuestra capacidad para mantener la estabilidad emocional y espiritual no depende de circunstancias externas, sino de nuestra conexión continua con Jesucristo.
Pablo manejaba cualquier situación de la misma manera, centrándose en Cristo, lo que le permitía estar contento en cualquier circunstancia[1]. Esta es la verdadera fortaleza que el versículo promete.
¿Podemos en realidad hacer todo? El poder que recibimos en nuestra unión con Cristo es suficiente para hacer su voluntad y enfrentar los desafíos que surgen al comprometernos en realizarla.
Él no nos concede habilidades superhumanas para lograr cualquier cosa que podamos imaginar sin prestar atención a sus intereses. En la medida que contendamos por la fe, enfrentaremos problemas, presiones y pruebas. Cuando esto acontezca, pídale a Cristo que lo fortalezca.
ORACIÓN
