Jacob te dice: Debes Comprometerte con Dios

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Introducción

Hoy queremos mirar a la nube de testigos para inspirarnos, y entre tantos triunfadores, hoy vamos a escuchar a Jacob.
La historia de Jacob tiene que conocerla y estudiarla toda persona que esté interesada en completar la carrera hacia el reino, pues Jacob es el ejemplo de alguien que comenzó muy mal y terminó muy bien por la gracia de Dios.
Él es un cuadro viviente de lo que ocurre cuando tratamos de avanzar por nuestras propias fuerzas, en comparación de cuando nos rendimos y dejamos que Dios tome el control.
Hebreos 11 resume la experiencia de fe de Jacob en el final de sus días con estas palabras:
Hebreos 11:21 RVR60
Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón.
Pero para llegar a ser ese hombre adorador, Jacob tuvo que aprender una gran lección sobre el compromiso.

En el desierto descubres que no estás solo

Recordemos de dónde viene Jacob. Había engañado a su hermano, robado la bendición y ahora huía por su vida. Se encontraba en un desierto solitario, a medianoche, exiliado de su hogar, apoyando su cabeza sobre una piedra. Estaba solo, cansado y con un futuro incierto.
Pero a veces necesitamos quedarnos solos con nosotros mismos para entender nuestra realidad. Y en esa noche oscura, Jacob tuvo un sueño maravilloso con una escalera que conectaba el cielo y la tierra.
Allí, en la soledad, Jacob descubrió que no estaba solo, descubrió que él no era el centro del universo y que la vida no consistía en conseguir las cosas a cualquier precio.
En el momento en que más abatido se sentía, Dios lo llama, le da promesas inmerecidas y le asegura un futuro. Jacob despertó impactado y declaró:
Génesis 28:16–17 RVR60
Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.
En ese lugar, al que llamó Betel, Jacob hizo un voto sagrado de fidelidad, de servicio a Dios y de entregarle sus diezmos si el Señor lo guardaba en su camino.
Génesis 28:20–22 RVR60
E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.

El peligro de acomodarse en "Siquem"

Avanzamos casi 30 años en la historia hasta llegar a Génesis 35. ¿Qué observamos en este punto? Dos cosas muy claras: Dios había cumplido todo lo que le prometió a Jacob, pero Jacob todavía no había cumplido lo que le prometió a Dios.
Jacob había prosperado, se había vuelto muy rico, tenía una gran familia y se había establecido cómodamente en una ciudad llamada Siquem.
Siempre es fácil olvidar los votos y las promesas que le hicimos a Dios en algún "Betel" cuando ya estamos viviendo cómodos en algún "Siquem"; cuando ya pasó el susto y la necesidad.
Hermanos, cuántas veces nosotros hacemos lo mismo. En el momento de apuro prometemos entregarnos por completo, pero cuando la tormenta pasa, cuando conseguimos el trabajo o la sanidad, olvidamos nuestros compromisos.

El sacudón de Dios: Hay que volver a Betel

Aunque a nosotros nos falle la memoria, a Dios no se le olvida. Dios viene a Jacob y le da un mandato directo:
Génesis 35:1 RVR60
Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.
Era como si Dios le dijera: "¿Se te olvidó quién te resolvió el problema en el desierto? Levántate y ve a cumplir lo que prometiste". Jacob reaccionó de inmediato y le dio esta orden a toda su familia:
Génesis 35:3 RVR60
Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado.
Aquí descubrimos una triste realidad: Jacob no solo había olvidado a Dios, sino que había dejado que la idolatría entrara a su hogar.
Un Betel olvidado y un voto olvidado pueden terminar en un Dios olvidado; y cuando no apartamos el primer lugar para Dios, dejamos el espacio para que entren dioses extraños y cosas que nos alejan de nuestra fe.

Regresa hoy a tu Betel

Hermanos queridos, algunos de nosotros nos hemos sentido demasiado cómodos. Es hora de recordar el Betel de nuestra vida. Ese momento en que le prometiste a Dios que si te sanaba, serías diferente. Ese momento en que prometiste ser fiel con tu familia, con tu iglesia, con tu mayordomía.
No creas que Dios te ha bendecido para que te alejes de Él; es tiempo de quitar los ídolos, de sacudirnos, de levantarnos y de volver a comprometernos con el Señor.
Si reaccionas hoy, Dios se volverá a encontrar contigo y te seguirá cumpliendo sus promesas, tal como lo hizo con Jacob para transformarlo en Israel.
¡Que de aquí en adelante nuestro compromiso sea con Dios y podamos llegar al final de nuestros días adorándole! Que Dios les bendiga.
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