Poniendo en práctica la unidad
El ADN de la consolación • Sermon • Submitted • Presented
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Hechos 4:32-37
Hechos 4:32-37
La lección anterior vimos de dónde viene la unidad a través de la aparición de Bernabé en la iglesia primitiva. En esa oportunidad vimos que:
i. La unidad viene de una convicción de la cerdad
ii. La unidad viene de experimentar la gracia de Dios
iii. La unidad viene de la libertad del dinero
iv. La unidad viene de encontrar nuestra identidad en Dios
Después de haber meditado en algunas implicaciones iniciales sobre lo que significa la consolación al necesitado, quiero que ahora pienses junto conmigo en la raíz de la razón por la que descuidamos nuestro enfoque e iniciativa en suplir las necesidades de otros. En otras palabras, a continuación me gustaría que analizáramos varias implicaciones prácticas de lo que hemos aprendido, para ponerlo en práctica en nuestra vida
El problema del individualismo (Hechos 5:1-4)
El individualismo nos afecta a todos. Es la inclinación natural que todos tenemos. Es natural que mis problemas y preocupaciones sean el centro y enfoque de mi vida. Si yo te pidiera hacer una lista de los problemas y desafíos que tienes, probablemente dirías: deudas, relaciones, trabajo y salud. No es difícil saber qué tribulaciones enfrentamos personalmente. Pero si yo te preguntara sobre lo que está enfrentando alguien más en tu iglesia, podría ser todo un reto para ti.
La Biblia describe a la iglesia como «un cuerpo» en 1 Corintios 12. Esta imagen implica que nunca debemos pensar en nuestro cristianismo como algo a nivel individual solamente. Siempre debemos tener en mente que «somos miembros los unos de los otros» y que nos necesitamos unos a otros. Esa es una manera de pensar que va en contra de todo lo que escuchamos en una sociedad individualista, en la que nos vemos forzados a luchar por nuestros propios derechos y donde nuestra privacidad y libertad de expresión son derechos prioritarios.
Pero en la Biblia no existe el concepto de cristiano aislado de la comunidad cristiana. Si eres un creyente transformado por la fe en el Hijo de Dios, perteneces a la familia de Dios, y Él te usará ahora para que reflejes Su gracia y Su misericordia en tu interacción con los demás miembros, con quienes estarás en comunión y adoración comunitaria del Creador por toda la eternidad.
Los domingos vemos a la gente entrar en las iglesias, cantar alabanzas, tomar apuntes durante el sermón y despedirse después de un breve tiempo de convivencia. Esa es la experiencia común de los que pertenecemos a la membresía de una iglesia local. Pero ¿qué sabemos realmente de la vida personal de otros a nivel de sus necesidades? Todos fallamos en estar suficientemente involucrados en las vidas de otros. Como pastor, intento saber lo que está pasando con la congregación, pero es imposible estar involucrado profundamente en la vida de todos.
Pero ¿qué de las personas de las que sí estoy cerca? Hay muchos que sí puedo conocer y amar de una manera más profunda e intencional. Hay muchos que Dios pone en mi camino para aconsejar individualmente. La Palabra de Dios me llama a preocuparme de mis hermanos como me preocupo de mis propios problemas. Ese es el corazón de «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt. 22:39).
¿Cómo se ve el amor para mi prójimo? El amor se experimenta en emociones tangibles compartidas. Pablo nos da el imperativo de ser «afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, dándose preferencia unos a otros» (Ro. 12:10). Y más adelante en el versículo 15 nos manda a sentir empatía con las experiencias de otros como una manera de expresar ese amor: «Gócense con los que se gozan y lloren con los que lloran». Esto significa que las cosas que traen alegría a mi hermano no deben provocar celos en mí, sino el mismo gozo que veo en él. También significa que los problemas y las tribulaciones que vive mi prójimo deberían de ser mis tribulaciones y problemas. Debemos priorizar los problemas y necesidades de otros. Eso es parte de lo que significa «dándose preferencia unos a otros».
Pero si somos honestos, casi nunca hacemos eso. Nuestros propios problemas siempre toman prioridad. La manera de comprobarlo es evaluando cómo usamos nuestros recursos materiales, espirituales y de tiempo. Utilizamos la mayor parte de nuestro dinero, oración y tiempo en nosotros mismos y en nuestra familia, y eso está bien. Tenemos la principal responsabilidad de cuidar de los nuestros. Pero… ¿qué porcentaje es para otros? Si la manera de amar a otros es buscando suplir necesidades, entonces el uso de nuestros recursos debería reflejar eso.
¿Cómo consolar al necesitado?
En oración
El primer recurso que tenemos a nuestra disposición es la oración. Dios quiere que vayamos a Él en oración todo el tiempo. Pero nuestro tiempo de oración muchas veces se desarrolla en medio de la necesidad personal. Tenemos una situación difícil y le pedimos a Dios sabiduría y consuelo. Eso es bueno y necesario, pero no puede ser el todo del contenido de nuestro tiempo de oración. ¿Oramos por otros también? Creo que una de las razones por las que Dios desea que oremos por otros es porque quiere recordarnos que somos parte de un cuerpo más grande, la iglesia (1 Co. 12). Si no somos intencionales en tener una lista de peticiones de oración por otros, será muy inusual que oremos por alguien diferente al que vemos en el espejo todos los días.
Edifica tu congregación local. Ora por la vitalidad espiritual de tus pastores y ancianos y de sus familias. Ora por tu grupo pequeño, por los enfermos, por los misioneros asociados con tu iglesia alrededor del mundo y por el testimonio de tu iglesia en su comunidad. Ora que Dios obre en y a través de otras iglesias en tu comunidad.
Seamos intencionales en cumplir con la promesa de «voy a orar por ti», para que no sea algo amable —aunque sin verdadero significado— que nos decimos entre cristianos
2. Con dinero
La forma cómo usamos nuestro dinero es un reflejo de lo que valoramos en esta vida, «porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt. 6:21). El ejemplo de Bernabé en la historia de Hechos 4 nos muestra cómo Dios quiere usar los recursos que nos ha dado para ser de bendición a otros. Estar constantemente pensando en cómo podemos suplir alguna necesidad de otros es parte de entender nuestra identidad de iglesia como comunidad y no solo como salvación personal e individual (por ej.: «mi relación con Dios y nada más»).
El dinero es útil y necesario en la vida de todos y no tiene que ser un ídolo o piedra de tropiezo, sino un recurso que usamos para la gloria de Dios. Como dice John Piper en Dinero, sexo y poder:
El punto es mostrar (hablando de 2 Co. 8:2), a través de nuestro amor, que Dios nos satisface tanto que somos capaces de gozarnos más en dar que en recibir, que «más bienaventurado es dar que recibir» (Hch. 20:35). Nuestra esperanza es que los beneficiarios de nuestro gozo vean el verdadero regalo: es decir, una imagen de la gracia del Dios que todo lo satisface
Atesorar a Dios sobre todas las cosas hace que nuestro dinero sea una forma de expresar amor y adoración. El planeta del dinero pasa a la órbita que Dios le ha asignado, y al hacerlo, refleja más intensamente la belleza de Dios a través de nuestra generosidad
3. Con tiempo
A veces, la mejor manera de mostrar amor a mi hermano en necesidad es simplemente dedicándole tiempo.
La administración del tiempo es algo difícil y, para algunos de nosotros, también es difícil decir «no». Toda la vida cristiana consiste en un balance de cosas buenas que podemos descuidar o convertir en ídolos. El no administrar bien nuestro tiempo puede ser un descuido de un recurso valioso que Dios nos ha dado
El trabajo, el ministerio, la escuela y la familia pueden volverse el todo de nuestras vidas, y todo gira alrededor de nuestras necesidades. Pero Dios quiere que, sin descuidar la prioridad que tenemos de cuidar de nuestras propias familias (1 Ti. 5:8), también busquemos constantemente cómo dedicar tiempo a las necesidades de otros.
Después de todo, Pablo dice que la razón por la que Dios nos consuela a nosotros es para que nosotros podamos consolar a otros (2 Co. 1:4).
el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. (2 Corintios 1:4)
Piensa en eso seriamente. ¡Cada aflicción que vives, en la que Dios es tu consuelo, tiene el propósito de no quedarse en tu experiencia privada y personal sino transformarse en bendición al poder consolar a alguien más y así reflejar al mismo Dios que te consoló! Entre más sufras y seas afligido, más consuelo de Dios recibirás y más capacitado estarás para tener un ministerio de consolación hacia otros.
