Mayordomia

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Lucas 16:1 "1 Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes."
Mayordomo: “Administrador, tesorero, curador, tambien viene de la raiz griega de la palabra Ley, que da a diferentes raices de palabras como heredar o recibir.”
El fundamento de la mayordomía. La tierra pertenece a Dios, y los cristianos también le pertenecen a Él. Esto significa que la mayordomía no se limita al dinero—abarca decisiones sobre recursos financieros, bienes raíces, tiempo, influencia y oportunidad
Dado que todas las cosas le pertenecen a Dios, corresponde que todo se utilice para Sus propósitos y Su gloria, incluyendo la responsabilidad de administrar la tierra y el fruto de ella.
Lucas 16:2-13
El Señor nos llama a cuenta de nuestra mayordomia el dia de hoy asi como le paso a este amo, el es nuestro amo, nosotros los mayordomos de lo que el nos permite administrar.
Lo que se dice en el versículo 8 de ninguna manera indica que el amo aprobaba el carácter o hechos del defraudador, sino que reconoce su astucia. El punto crucial es que Jesús presenta la historia de un hombre que utiliza los principios y filosofía del mundo para su beneficio, demostrando su egoísmo al buscar su comodidad, reflejando una filosofía mundana en sus relaciones interpersonales, negocios y vida en general. El amo lo elogia por su sagacidad, no por su moralidad.
Fidelidad en lo pequeño:
“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?” (Lucas 16:10–11)2 establece el principio de que la administración de recursos materiales refleja nuestra disposición espiritual.
Sobre “ganar amigos por medio de las riquezas injustas”
Aquí está la clave: Jesucristo usa la frase “riquezas injustas” para hacer hincapié en el carácter terrenal y temporal de los bienes, no para referirse a los bienes o dinero ganados por métodos incorrectos. Las riquezas injustas son llamadas así porque pertenecen a este mundo injusto y pasajero, y los creyentes deben usar su dinero para evangelizar y por tanto comprar amigos celestiales.
¿Prohíbe Jesús la abundancia?
No exactamente. Él no se opone a los bienes ni a que un creyente los tenga. No se dice que el dinero es malo, más bien, “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe”. La cuestión es el corazón hacia las riquezas, no la riqueza en sí. El creyente tiene que usar bien sus posesiones, reconociendo que lo que uno tiene aquí en la tierra es un “préstamo” de Dios, y para el hijo de Dios el dinero y los bienes tienen un carácter espiritual, obligándolo a invertir sabiamente.
Verdadero hombre, verdadero Dios (Lucas Tomo II) LA PARABOLA DEL MAYORDOMO INJUSTO 16:1–8

Es interesante notar que los casos del hijo pródigo y de este mayordomo tienen algo en común. Aunque en la traducción del griego al español se nota una diferencia de idea (“desperdiciar” en 15:13 y “disipar” en 16:1), en verdad, no había razón para hacer esa distinción, porque en griego es una misma palabra. La idea es que ambos, tanto el hijo como el administrador, derrocharon intencionalmente los bienes ajenos recibidos. En palabras bien sencillas, el administrador era un ladrón porque tomó lo que no era suyo para su uso personal.

¿Cómo está empleando lo que el Señor le ha prestado? Al fin y al cabo, lo que determina el valor del hombre no es la cantidad de bienes que posee, sino la forma en que dispone de ellos.

1 Corintios 4:1–2 "1 Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. 2 Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel."
1 Pedro 4:10 "10 Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios."
El tesoro en vasos de barro:
“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2 Corintios 4:7) subraya que somos portadores de algo que no nos pertenece, sino que administramos para gloria de Dios.
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