Mirando a Jesús #2
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Hermanos, la semana pasada estuvimos mirando a Jesús en sus primeros años. Lo vimos en el templo a los 12 años, lleno de entendimiento y sabiduría, sometiéndose al Padre celestial y luego regresando a la pequeña Nazaret para sujetarse a sus padres terrenales, forjando la obediencia perfecta que un día nos salvaría.
Han pasado unos 18 años desde ese evento. El tiempo del anonimato, de la rutina en el taller de carpintería y del trabajo duro ha terminado. El reloj profético de Dios ha marcado la hora para que el Mesías inicie su ministerio público. Y como toda obra de Dios, no comienza en los palacios de los reyes ni en los templos de los religiosos, sino en el desierto, con un llamado al arrepentimiento.
En esta oportunidad, vamos a mirar al Señor Jesucristo en uno de los momentos más trascendentales de su vida terrenal: Su bautismo. Mi objetivo en esta mañana es que, al mirar la asombrosa humillación de nuestro Salvador, nuestro orgullo sea quebrantado, abracemos nuestra verdadera identidad en Él y aprendamos a depender absolutamente del Espíritu Santo.
Para ello, leamos por favor el evangelio de Mateo, capítulo 3, versos 13 al 17.
Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.
Oremos al Señor.
Cumplimos toda justicia cuando nos humillamos
Cumplimos toda justicia cuando nos humillamos
Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.
El relato de Mateo inicia mostrándonos el esfuerzo intencional de Jesús. Nos dice que vino "de Galilea al Jordán". Al igual que vimos a José y María viajando 140 kilómetros para adorar en Jerusalén, Jesús camina aproximadamente 100 kilómetros desde su región hasta donde Juan estaba bautizando. Él no hace esto por casualidad; va con un propósito divino inquebrantable.
Para entender la reacción de asombro y la oposición de Juan el Bautista, tenemos que recordar la cultura judía. En aquel entonces, existían los mikva'ot . Estos eran baños de purificación ritual donde un judío se sumergía a sí mismo repetidas veces para estar ceremonialmente limpio. Pero el bautismo de Juan era un escándalo para la religiosidad de la época: era administrado por otra persona, se hacía una sola vez, y exigía un arrepentimiento moral profundo para escapar de la ira venidera. Era, literalmente, un bautismo para pecadores confesos.
Por eso Juan se escandaliza. Juan conocía quién era su primo. Sabía que era el Cordero de Dios sin mancha. Culturalmente, el mayor bendice e instruye al menor. Por eso le dice: "Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?".
Pero miren la respuesta de Cristo en el verso 15: "Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia".
La palabra griega que Mateo usa aquí para "justicia" es dikaiosynē. No se refiere simplemente a portarse bien o cumplir una regla ética. Se refiere a cumplir a la perfección las demandas del pacto redentor de Dios. Jesús no tenía pecado del cual arrepentirse. Él no bajó a las aguas del Jordán por sus pecados, Él bajó por los nuestros.
Al meterse en esas aguas, simbólicamente sucias por los pecados del pueblo, el Hijo de Dios se estaba formando en la fila de los quebrantados. Se estaba identificando plenamente con nuestra miseria. Esta es la obediencia activa de Cristo.
Hermanos, vivimos en una cultura evangélica que a menudo premia el orgullo disfrazado de espiritualidad. Queremos los primeros lugares, queremos que nos sirvan, y a menudo miramos con desdén a los perdidos desde la comodidad de nuestras bancas. Pero Jesús nos enseña que el camino de la verdadera justicia es el camino de la humillación.
Aquí queremos dejar algunos principios bíblicos prácticos:
Destierre el orgullo religioso de su vida. Si el Dios Santo se humilló para meterse al agua con los pecadores, usted no es demasiado importante o demasiado "santo" para ensuciarse las manos sirviendo a los más necesitados de la iglesia.
Identifíquese con el quebranto. No se quede en la orilla criticando el pecado del mundo; baje y lleve la gracia del Evangelio a su familia inconversa, a sus compañeros de trabajo, a los arruinados.
Avanzamos cuando dependemos del Espíritu Santo
Avanzamos cuando dependemos del Espíritu Santo
Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.
Geográfica y teológicamente, el Río Jordán no es un lugar cualquiera . En el Antiguo Testamento, fue el lugar donde Josué lideró a Israel para dejar atrás el desierto y entrar a la Tierra Prometida. Y ahora, Jesús (cuyo nombre hebreo, Yeshua, es exactamente el mismo que el de Josué) está en el mismo lugar inaugurando un Nuevo Éxodo. Pero Él no viene a librarnos de la opresión de Roma, sino de la esclavitud del pecado y la muerte.
Al salir del agua, ocurre un evento cósmico: "los cielos le fueron abiertos". El profeta Isaías había clamado: "¡Oh, si rompieras los cielos, y descendieras!" (Isaías 64:1). Durante siglos hubo silencio. Pero ahora, por la obediencia del Hijo, el cielo se abre para la tierra.
Y el Espíritu de Dios desciende "como paloma". Para la mente judía instruida en las Escrituras, esto evoca inmediatamente a Génesis 1:2, cuando el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas en la creación original. Lo que la Trinidad nos está diciendo aquí es: ¡En Cristo, ha comenzado la Nueva Creación! Aquí hay una profunda verdad teológica. Jesús es Dios, pero en Su humanidad, Él no operó en sus propias fuerzas. Se despojó de sus prerrogativas divinas y decidió vivir, resistir la tentación y ministrar en total dependencia del Espíritu Santo.
Hermanos, si el mismísimo Hijo de Dios encarnado no dio un solo paso en su ministerio sin la llenura y la unción del Espíritu Santo, ¿qué nos hace pensar a nosotros que podemos criar a nuestros hijos, salvar nuestros matrimonios o servir en esta iglesia en nuestra propia fuerza y sabiduría humana? Tenemos cristianos agotados, frustrados y amargados porque intentan vivir la vida cristiana en la carne. Confían en sus talentos, en su intelecto, o en su experiencia. Arrepiéntase de su autosuficiencia. Usted no puede cambiar el corazón de su hijo rebelde, ni puede vencer esa adicción secreta si no clama por el poder del Espíritu Santo que hoy, gracias a Cristo, está disponible bajo un cielo abierto.
Descansamos cuando conocemos nuestra identidad
Descansamos cuando conocemos nuestra identidad
Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.
Esta es la culminación gloriosa del pasaje. El Padre rompe el silencio y habla. Su declaración une dos de los textos más importantes del Antiguo Testamento:
Salmo 2:7: "Mi Hijo eres tú". Este es el decreto real. Identifica a Jesús como el Rey Soberano que regirá las naciones con vara de hierro.
Isaías 42:1: "Mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento". Identifica a Jesús como el Siervo Sufriente, que traerá salvación a través de su propio sacrificio y dolor.
El Padre está declarando al universo: "Este es el Rey Supremo, pero conquistará a través de la cruz".
Pero preste mucha atención a cuándo sucede esto. El Padre le dice a Jesús que está complacido con Él antes de que Jesús hiciera un solo milagro, antes de que predicara un solo sermón, y antes de ir a la cruz. Jesús recibe la completa validación del Padre basado en quién Él es (Su identidad), no en lo que ha producido.
Esta es una verdad que debe confrontar a nuestra generación. Jóvenes, ustedes viven en una cultura estúpida y superficial que les dice que su valor se mide por cuántos "likes" tienen, por la ropa que usan, o por si son aceptados en su grupo de amigos. Buscan desesperadamente una identidad en las redes sociales, mendigando validación humana. Padres, muchos de ustedes buscan su identidad en el éxito académico de sus hijos, en su cuenta bancaria, o en su reputación dentro de la iglesia. Vivimos esclavizados al rendimiento.
Pero el Evangelio nos dice que, si estamos unidos a Cristo por la fe, esta misma declaración del Padre cae sobre nosotros. Dios te mira y te dice: "Eres mi hijo amado, en ti tengo complacencia". No porque seas muy bueno, sino porque estás escondido en la justicia de Cristo. Descansa. Ya no tienes que fingir. Ya no tienes que agotarte tratando de ganarte un amor que ya te fue dado por gracia.
Aplicaciones para la vida
Aplicaciones para la vida
Hermanos, al mirar hoy a Jesús en las aguas del Jordán, no estamos viendo simplemente un ejemplo a seguir; estamos contemplando al Sustituto perfecto tomando nuestro lugar. A la luz de esta gloriosa verdad, la Palabra nos llama a responder:
1. Un llamado al arrepentimiento en el hogar y en el corazón:
A los jóvenes: Arrepiéntanse de buscar su valor y su identidad en las cosas de este mundo, en las amistades inconversas y en las redes sociales. Tu valor fue comprado a precio de sangre. Comienza a vivir a la altura de tu llamado como hijo de Dios.
A los padres: Arrepintámonos si hemos enseñado a nuestros hijos, por nuestro propio ejemplo, a confiar más en sus capacidades intelectuales o económicas que en la dependencia total del Espíritu Santo.
A toda la iglesia: Arrepintámonos de nuestro orgullo espiritual. Hemos olvidado lo que significa la gracia. Nos creemos superiores a los demás cuando la realidad es que somos mendigos a los que Cristo, en su humillación, rescató del fango.
2. Un llamado a la fe y al evangelio:
La realidad, amada iglesia, es que nosotros merecíamos hundirnos bajo las aguas del juicio de Dios por nuestros pecados. Nuestra justicia es como trapo de inmundicia.
¡Pero alabado sea el Señor! Porque Cristo descendió a las aguas por ti. Él cumplió toda justicia en tu lugar. Hoy, te invito a rendir tus obras muertas y a poner tu fe exclusivamente en Jesucristo.
Si hoy vienes a Él arrepentido, Dios no te juzgará por tus fracasos de esta semana. Te mirará a través de la obediencia perfecta de Su Hijo y te declarará justo.
Que el Espíritu Santo nos dé el poder para vivir vidas humildes, llenas de su gracia, y firmemente arraigadas en nuestra identidad como hijos amados del Rey.
Oremos al Señor.
