EL CUARTO OSCURO.
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La Navidad pasada mi familia me regaló un libro que se llama “La historio de tu padre”. Es, básicamente, un libro en blanco con preguntas que yo debo responder para que, cuando esté completo, mis hijas puedan leerlo y conocerme mejor. Me pareció un detalle muy bonito.
Debo confesar que hay muchas cosas que no conozco de mi papá. Quizá use ese libro para hacerle esas mismas preguntas y conocerlo más.
Una de las cosas que sí sé es que mi papá es aficionado a la fotografía, aunque nunca pudo desarrollar ese pasatiempo por falta de tiempo y recursos. Recuerdo que me contaba que la fotografía digital jamás se comparará con la fotografía de revelado. Antes pensaba que era un “viejito anticuado”, pero hoy creo que tiene toda la razón.
Hay procesos en la fotografía tradicional que hacen de tomar una foto algo muy especial: la composición, el enfoque, el estilo y la intención con la que se captura la imagen convierten la fotografía en todo un arte. ¡Y ni hablar del proceso de revelado!
Estudiando para esta predicación, investigué que para que una fotografía tradicional llegue a las manos del consumidor o pueda exhibirse en un cuadro, después de tomar la foto el rollo debe revelarse en un lugar muy particular. Ese lugar se conoce como “cuarto oscuro”.
El rollo que usan las cámaras reacciona a la luz blanca. Por eso, cuando tomamos una fotografía, lo que sucede es que la cámara abre una pequeña compuerta que permite que la luz entre por un instante. En ese momento, la cinta del rollo se impregna de la luz que se refleja en los objetos, y así la imagen queda registrada en el material. Inmediatamente después, la compuerta se cierra. Desde ese momento, a ese pedazo de película ya no le puede volver a dar la luz blanca, porque la quemaría y borraría lo que ya quedó impreso en él.
Por esa razón, cuando el rollo va a revelarse, se lleva a un cuarto oscuro, ligeramente iluminado con luz roja o naranja, ya que el papel fotográfico y la película no reaccionan a esos colores.
En ese cuarto comienza el proceso de revelado. Primero, la película se saca del rollo y se coloca cuidadosamente en unos soportes especiales. Luego se introduce en una serie de líquidos químicos (líquidos de revelado) que permiten que la imagen latente —esa imagen invisible que quedó registrada cuando se tomó la foto— empiece a aparecer poco a poco. Después pasa por un baño de paro, que detiene la reacción química, y luego por un fijador, que estabiliza la imagen para que ya no se borre con la luz. Finalmente, la película se lava y se deja secar.
Solo después de todo ese proceso se pueden obtener las copias finales que llegarán a las manos de las personas o que podrán colocarse en un marco para ser exhibidas.
Todo este proceso de revelado nos servirá hoy como una alegoría para comprender y aplicar a nuestra vida el proceso y las realidades que se revelan cuando cada discípulo camina con Cristo en “el camino a la cruz”.
Vayamos a Marcos 9:14-29
When they returned to the other disciples, they saw a large crowd surrounding them, and some teachers of religious law were arguing with them. When the crowd saw Jesus, they were overwhelmed with awe, and they ran to greet him.
“What is all this arguing about?” Jesus asked.
One of the men in the crowd spoke up and said, “Teacher, I brought my son so you could heal him. He is possessed by an evil spirit that won’t let him talk. And whenever this spirit seizes him, it throws him violently to the ground. Then he foams at the mouth and grinds his teeth and becomes rigid.* So I asked your disciples to cast out the evil spirit, but they couldn’t do it.”
Jesus said to them,* “You faithless people! How long must I be with you? How long must I put up with you? Bring the boy to me.”
So they brought the boy. But when the evil spirit saw Jesus, it threw the child into a violent convulsion, and he fell to the ground, writhing and foaming at the mouth.
“How long has this been happening?” Jesus asked the boy’s father.
He replied, “Since he was a little boy. The spirit often throws him into the fire or into water, trying to kill him. Have mercy on us and help us, if you can.”
“What do you mean, ‘If I can’?” Jesus asked. “Anything is possible if a person believes.”
The father instantly cried out, “I do believe, but help me overcome my unbelief!”
When Jesus saw that the crowd of onlookers was growing, he rebuked the evil* spirit. “Listen, you spirit that makes this boy unable to hear and speak,” he said. “I command you to come out of this child and never enter him again!”
Then the spirit screamed and threw the boy into another violent convulsion and left him. The boy appeared to be dead. A murmur ran through the crowd as people said, “He’s dead.” But Jesus took him by the hand and helped him to his feet, and he stood up.
Afterward, when Jesus was alone in the house with his disciples, they asked him, “Why couldn’t we cast out that evil spirit?”
Jesus replied, “This kind can be cast out only by prayer.*”
I. El cuarto oscuro revela… cuánto confío en Dios. (14-18)
I. El cuarto oscuro revela… cuánto confío en Dios. (14-18)
I. The dark room reveals… how much I trust God.
I. The dark room reveals… how much I trust God.
En el sermón de la semana pasada revisamos uno de los momentos más sublimes de los evangelios: la manifestación de la gloria de Dios en la naturaleza humana de Cristo. Fue como una pequeña probada de lo que veremos cuando Él regrese. Pero aquí, ¿con qué nos encontramos? Con una escena llena de caos, frustración, dolor, tragedia e incluso actividad demoníaca. Es decir, un día común y corriente en el planeta tierra.
Esta es una realidad a la que tenemos que acostumbrarnos: puedes pasar un tiempo de profundo deleite en Dios y, casi inmediatamente después, tendrás que convivir con las consecuencias de un mundo caído y roto. Sin embargo, aunque los noticieros, el sistema e incluso Satanás quisieran que pienses que todo está perdido, que no hay nada por delante, que no vale la pena seguir caminando con Cristo, que es demasiado difícil y que sería mejor renunciar, mi oración es que podamos aprender a ver estas circunstancias no como una roca que nos aplasta y destruye, sino como un escalón al que podemos subirnos para ver mejor.
¿Y qué es lo que podemos ver mejor? Que cuando estamos en medio de problemas, o incluso en medio de lo que llamamos “la vida normal”, esos momentos en los que todo se complica no son una roca que te destruye. En realidad, son el “cuarto oscuro” que Dios está usando para revelarte a ti mismo cuánto confías en Él o cuánto confías en ti mismo.
En los versículos 14 al 18 vemos claramente que los discípulos la están pasando mal. Están discutiendo con los líderes religiosos y han quedado como mentirosos o como inútiles. No han podido ayudar al pobre muchacho que ha sido atormentado por un demonio durante mucho tiempo.
Ahora quiero que prestemos atención a algo. En Marcos 6:7 ya vimos que Jesús los había enviado antes a expulsar demonios, y en esa ocasión sí pudieron hacerlo:
“Reunió a sus doce discípulos, comenzó a enviarlos de dos en dos y les dio autoridad para expulsar espíritus malignos”.
Entonces, ¿qué fue lo que pasó ahora?
El final del pasaje nos da la respuesta. Jesús les dice que ese tipo de demonios se expulsa con oración. ¿Y qué es la oración sino un acto y una manifestación de nuestra dependencia de Dios?
La cantidad de oración en la vida de una persona revela cuánto confía en Dios. La ausencia de oración en la vida de una persona revela cuánto confía en sí misma.
Por eso el cuarto oscuro es tan necesario. Porque si no fuera por los problemas, por los dolores y por la dureza de este mundo caído, no nos daríamos cuenta de que gran parte de nuestra vida la vivimos en nuestras propias fuerzas, en nuestras habilidades, centrados en nosotros mismos y dejando a Cristo de lado.
Si has creído en el Señor Jesucristo, entonces tú y yo, al igual que los doce discípulos que caminaban con Jesús, vamos a enfrentar momentos en los que tendremos que tomar una decisión: o confío en mi, o confío en Dios.
¿Cuando hay problemas en quién confías? ¿Quieres tener el control de todo? ¿Si no es “a tu manera” no quieres nada?…
La falta de fe, no es otra cosa más una muestra de desconfianza…
¿Confías en Dios?
II. El cuarto oscuro revela… lo que creo de Dios. (19-27)
II. El cuarto oscuro revela… lo que creo de Dios. (19-27)
II. The dark room reveals… what I believe about God. (19–27)
II. The dark room reveals… what I believe about God. (19–27)
Muchas veces nos cuesta creer porque no confiamos, y no confiamos porque, de alguna manera, hemos creído la mentira de que Dios se ha olvidado de nosotros, de que Dios no nos ama o de que está demasiado ocupado. Pero ¡eso no es cierto!
Sé que es difícil verlo cuando una persona está luchando con la enfermedad de un ser querido, o con su propia enfermedad. Sé que es difícil cuando alguien acaba de perder a un ser amado, o cuando vive en medio de necesidades y frustraciones. Pero necesitamos tener algo muy claro: Dios no se ha olvidado de ti. Eres amado.
En los versículos 19–27, Jesús demuestra su frustración con los discípulos, con los líderes religiosos e incluso con el padre del muchacho: “¿Hasta cuándo tendré que soportar a esta gente sin fe?”
En este pasaje también se cumple lo que dice Santiago 2:19: “…Aun los demonios lo creen y tiemblan aterrorizados.”
El demonio reta a Jesús y ataca al muchacho. Jesús pregunta cuánto tiempo ha estado el muchacho (12-21) así, y el padre responde que desde que era niño.
Entonces el padre del muchacho le dice “si puedes ayudarlo…” ese “Si” condicional, es una forma de decir “en caso de que seas capaz” a lo que Jesús le dice: “¿Cómo que ‘si puedo’?”
El padre había perdido toda esperanza. A veces es más fácil resignarse y pensar que a Dios no le importamos que aprender a confiar en Él. Esto sucede porque hemos aprendido que las personas nos decepcionan, nos lastiman y nos abandonan. Pero hay algo que necesito decirte, algo que yo mismo me repito constantemente: Dios no es como los demás. Dios no se ha olvidado de ti.
¡Al que cree todo es posible! Pero esto no significa que recibirás un cheque en blanco porque creer es básicamente SOMETERSE a Dios, más no presentarle un la lista de deseos.
Por eso la petición del padre del muchacho es tan profunda y tan relevante:
—“¡Sí, creo; pero ayúdame a superar mi incredulidad!”
El cuarto oscuro revela lo que realmente creemos. ¿Creemos que Dios nos ama? ¿O creemos que nos abandona? ¿Creemos que a Dios no le importamos?
Pero si nos sometemos a Cristo, si delante de Él confesamos que sí creemos en Él en lo general, aunque en ciertas áreas particulares nos cueste confiar, entonces el cuarto oscuro también revela algo más: la bondad, el amor y el cuidado de Dios.
III. El cuarto oscuro revela… mi intimidad con Dios. (28-29)
III. El cuarto oscuro revela… mi intimidad con Dios. (28-29)
III. The dark room reveals… my intimacy with God. (28–29)
III. The dark room reveals… my intimacy with God. (28–29)
Más tarde, cuando Jesús quedó a solas en la casa con sus discípulos, ellos le hicieron una pregunta muy honesta: —¿Por qué nosotros no pudimos expulsar ese espíritu maligno?
La respuesta de Jesús es corta, pero profundamente reveladora: —Esa clase sólo puede ser expulsada con oración.
En otras palabras, el problema no era falta de técnica, ni falta de experiencia, ni siquiera falta de autoridad. El problema era falta de dependencia.
Los discípulos ya habían expulsado demonios antes. En Marcos 6 Jesús mismo los había enviado con autoridad, y lo habían hecho con éxito. Pero ahora parece que intentaron hacerlo en sus propias fuerzas, confiando en la experiencia pasada más que en una dependencia presente de Dios.
Jesús, en cambio, vivía de una manera completamente diferente. Si uno lee los evangelios con atención, descubre que la vida de Jesús estaba marcada por una vida de oración profunda y constante.
Jesús oraba temprano en la mañana (Marcos 1:35).
Jesús se apartaba para orar antes de tomar decisiones importantes (Lucas 6:12).
Jesús oraba antes de realizar milagros (Juan 11:41–42).
Jesús oraba incluso en los momentos más difíciles de su vida.
La oración no era un recurso de emergencia para Jesús. Era el ritmo normal de su vida.
Y esto se ve con mucha claridad cuando llegamos a otro momento del camino hacia la cruz: Getsemaní.
En ese jardín, horas antes de su arresto, Jesús les dice a sus discípulos: “Quédense aquí y velen conmigo”.
Jesús se aparta unos metros y comienza a orar con una intensidad impresionante. Está derramando su corazón delante del Padre. Está sometiendo su voluntad al Padre. Está preparándose espiritualmente para enfrentar la cruz.
Mientras tanto, ¿qué están haciendo los discípulos? Están dormidos. Jesús regresa y les dice: “¿No pudieron velar conmigo ni siquiera una hora?”
Ese contraste es muy fuerte. Jesús está orando. Los discípulos están durmiendo.
Jesús está dependiendo del Padre. Los discípulos están confiando en sus propias fuerzas.
Y cuando llegan los soldados a arrestar a Jesús, el resultado es evidente. Jesús está firme, sereno y decidido. Los discípulos están confundidos, temerosos… y terminan huyendo.
La diferencia no fue el talento. No fue la preparación. No fue la experiencia. La diferencia fue la intimidad con Dios.
Por eso Jesús dice en Marcos 9:29:
“Esta clase sólo puede salir con oración”.
Hay batallas en la vida cristiana que no se ganan con estrategias, ni con carisma, ni con experiencia ministerial.
Hay batallas que sólo se ganan en el cuarto oscuro de la oración.
Porque la oración no es simplemente hablar con Dios.
La oración es alinear nuestro corazón con Dios.
Es reconocer que no podemos hacerlo solos.
Es declarar con nuestras acciones que dependemos completamente de Él.
Así que el cuarto oscuro también revela algo muy personal: mi intimidad con Dios.
Revela si mi relación con Dios es superficial o profunda.
Revela si sólo busco a Dios cuando tengo problemas, o si camino con Él todos los días.
Revela si dependo realmente de Dios… o si simplemente confío en mis propias capacidades.
Porque cuando llega el momento de la crisis, cuando llega el momento difícil, cuando llega el momento del sufrimiento… lo que realmente sostiene nuestra vida no es lo que sabemos de Dios, sino cuán cerca caminamos con Él.
CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
Después de todo lo que hemos visto hoy, quiero que volvamos por un momento a la imagen con la que comenzamos.
Una fotografía no se revela en la luz.
Se revela en el cuarto oscuro. Es en ese lugar oscuro, silencioso y muchas veces incómodo donde la imagen empieza a aparecer. Donde lo que estaba oculto comienza a hacerse visible.
Y lo mismo sucede en nuestra vida espiritual.
Muchas veces Dios usa los cuartos oscuros de la vida —los problemas, las frustraciones, las pérdidas, las preguntas sin respuesta, las luchas internas— para revelar lo que realmente hay en nuestro corazón.
Ahí se revela cuánto confiamos en Dios.
Ahí se revela lo que realmente creemos acerca de Dios.
Ahí se revela qué tan cerca caminamos con Dios.
Quizá hoy estás viviendo un cuarto oscuro y si no, ten por seguro que lo vivirás.
Quizá estás viviendo un momento difícil.
Quizá estás cargando con una preocupación.
Quizá estás luchando con la enfermedad de alguien que amas.
Quizá estás cansado, frustrado o desanimado.
Y en medio de todo eso, tu corazón se parece mucho al del padre de ese muchacho. Un corazón que dice: “Señor, creo… pero ayúdame en mi incredulidad.”
Esa es una oración profundamente honesta.
No es una oración perfecta, pero es una oración real.
Y lo hermoso de este pasaje es que Jesús no rechazó a ese hombre por su fe imperfecta.
Jesús respondió a su clamor.
Porque la fe que Dios honra no es la fe perfecta.
Es la fe que corre hacia Cristo.
Tal vez hoy necesitas hacer exactamente eso.
Tal vez necesitas venir delante del Señor y decirle:
“Señor, he estado confiando demasiado en mí mismo.”
“Señor, he dejado de orar.”
“Señor, he creído mentiras acerca de ti.”
“Señor, he vivido como si todo dependiera de mí.”
Pero hoy quiero volver a depender de ti. La buena noticia es que los discípulos aprendieron esta lección.
Después de la cruz, después de la resurrección, cuando llegamos al libro de Hechos, encontramos a esos mismos hombres de una manera completamente diferente.
Hechos 1:14 dice que
They all met together and were constantly united in prayer, along with Mary the mother of Jesus, several other women, and the brothers of Jesus.
Y en Hechos 6:4 los apóstoles dicen algo que define su ministerio:
Then we apostles can spend our time in prayer and teaching the word.”
Los hombres que antes confiaban en sí mismos… se convirtieron en hombres dependientes de Dios.
Así que hoy la pregunta no es si alguna vez has fallado. La pregunta es: ¿dónde estás hoy? ¿Estás confiando en tus fuerzas? ¿O estás caminando en dependencia de Dios?
Quizá hoy necesitas venir al Señor y decirle: “Señor, creo… pero ayúdame a superar mi incredulidad.”
Si hoy necesitas rendirle algo al Señor…
si hoy necesitas volver a confiar en Él…
si hoy necesitas renovar tu vida de oración…
si hoy necesitas recordar que Dios no se ha olvidado de ti.
VEN.
ERES AMADO.
