UNA VISIÓN BORROSA DEL REY
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Lectura: Marcos 8:22-33
Oración
Adorno: ¿Alguna vez te has hecho un examen de la vista? De esos en los que el optometrista coloca delante de tus ojos un instrumento con diferentes lentes que va cambiando para determinar si tienes miopía, astigmatismo o hipermetropía.
Lo interesante de este instrumento es que permite al optometrista encontrar la combinación exacta de lentes que te permite ver con mayor claridad. Por eso te va preguntando continuamente: ¿con cuál ves mejor, con el 1 o con el 2?
Y así sigue probando diferentes lentes hasta que finalmente encuentra la graduación correcta. En ese momento, lo que antes se veía borroso comienza a verse con claridad.
Cuando alguien se hace un examen de la vista, normalmente no lo hace porque esté completamente ciego, sino porque —aunque puede ver— su visión no es del todo clara. Y esa falta de claridad puede traer consecuencias importantes, especialmente si estás conduciendo y todo lo ves de forma borrosa.
Puedes ver los coches, puedes distinguir una silueta, puedes reconocer que hay algo delante de ti, pero no puedes ver con claridad qué tan cerca está, qué tan grande es, o incluso si está en movimiento o detenido.
El problema, por lo tanto, no es una falta total de visión, sino una visión borrosa.
Y ese es precisamente el problema que encontramos en Marcos 8. No se trata tanto de una ceguera absoluta -como vimos la semana pasada-, sino de una falta de visión clara —no tanto sobre quién es el Rey, sino sobre cuál es el propósito de su venida—.
En el sermón anterior sobre la primera parte de Marcos 8 aprendimos que, a pesar de la revelación clara que el Rey da de su poder y de su compasión, ni los fariseos ni tampoco los discípulos fueron capaces de ver realmente quién es el Rey.
Marcos continúa desarrollando su tema central a lo largo de todo el capítulo 8: la falta de visión espiritual. Sin embargo, en esta segunda parte del capítulo aparece un matiz ligeramente distinto.
Aquí Marcos nos muestra que los problemas de visión espiritual no solo se deben a una ceguera total, sino también a una visión borrosa.
En esta porción del texto encontramos dos escenas que, en realidad, nos enseñan un mismo principio: reconocer a Jesús no siempre significa verlo con claridad.
En primer lugar, vamos a ver un milagro donde Jesús restaura la visión de un hombre ciego, y en segundo lugar, cómo este hombre ciego es en realidad una parábola viviente de la visión espiritual de lo discípulos.
Así que te invito a leer conmigo el texto de Marcos 8:22-26.
UNA VISIÓN POCO CLARA (Marcos 8:22-26)
UNA VISIÓN POCO CLARA (Marcos 8:22-26)
Jesús y los discípulos llegan a Betsaida, una región que está hacia el noreste del mar de Galilea. El Maestro y los doce venían de recorrer las regiones gentiles de Tiró, Sidón y Decápolis, pasando brevemente por Dalmanuta, que no se sabe exactamente dónde está pero sabemos que era una región donde los judíos entraban.
Luego de confrontar a los fariseos con la dureza de su corazón al rechazar las suficientes señales que Cristo ha dado, se embarcan nuevamente y llegan a Betsaida.
Inmediatamente llegó, le trajeron a un hombre ciego. Ésta es la primera vez que se menciona en Marcos la sanación de un ciego. Pero lo llamativo no es solo esto, sino la forma en cómo ocurre el milagro.
Jesús llega a Betsaida, le traen un ciego, y de la misma forma que lo ha hecho antes, lo saca fuera de la aldea, tal como había hecho con el sordo y tartamudo al alejarlo de la multitud.
Luego, escupe en los ojos del ciego, algo que ya ha hecho en otros milagros cuando sanó al hombre en decápolis. Y es aquí donde algo que nunca había ocurrido antes ocurre.
Verás, Marcos nos ha mostrado que el poder de Jesús es tan eficaz que cada vez que Él ordenada algo, esto sucedía. Lo vimos en la tormenta, tan pronto Él le dijo al mar y al viento: ¡Cállense! Inmediatamente sobrevino una clama. Cuando la mujer del flujo toco su mando, inmediatamente el flujo de sangre paró. La mujer sirofenicia, Jesús no tuvo que hablar, con el simple hecho de desear en sí mismo que ese demonio dejara a la niña, así fue.
Su gran poder y autoridad son tan evidentes y eficaces que con solo hablar se cumple lo que el Señor ha ordenado.
Se ha enfrentado a
Esto es lo que hemos visto desde el endemoniado en Marcos 1 hasta el hombre sordo y tartamudo de Marcos 7. Eficacia, poder y autoridad sin igual.
Pero llegamos a Marcos 8:23 y entonces encontramos algo muy raro. Después de sanarlo, Jesús le pregunta al hombre si ve algo. Casi como dudando de si lo que acaba de hacer ha tenido algún resultado. Jesús nunca había preguntado a nadie si el milagro había funcionado.
De hecho, cuando resucitó a la hija de Jairo, incluso, antes de revivirla Él dijo que no estaba muerta sino dormida, y no porque no estuviese muerta en realidad sino porque sabía que Él la iba a despertar de la muerte.
¿Por qué entonces el Señor le pregunta a este ciego si ve algo? ¿Acaso se está quedando sin poder y necesita confirmar que sí ha logrado sanar al ciego? ¿Acaso el primer toque del Señor no fue suficiente para sanar de una vez a este hombre?
¿Quizás -como es la primera vez que se enfrenta a la ceguera- no está muy seguro de cómo lo debe sanar?
Una cosa es enfrentarse a la tormenta, al viento, al mar, a la enfermedad, a la lepra, a la inmundicia, a la sordera, a la mudez, a la muerte, a la parálisis, a un demonio, a muchos demonios, al pecado, pero jamás a un ciego. Quizás era su falta de experiencia en este campo sanar a un ciego.
De hecho, si seguimos leyendo, veremos que -en efecto- el primer toque parece no ser suficiente. Jesús lo sana, luego le pregunta si ve algo, y el hombre responde lo siguiente: “veo, pero no veo nada claramente” Marcos 8:24.
Ahora, no es solo la actitud de Cristo la que nos parece extraña, sino que de hecho el milagro no fue cumplido a la primera.
Quiero que sintamos un poco esta tensión que Marcos está generando aquí. Compara conmigo Marcos 6:56 "Dondequiera que Él entraba en aldeas, ciudades o campos, ponían a los enfermos en las plazas, y le rogaban que les permitiera tocar siquiera el borde de Su manto; y todos los que lo tocaban quedaban curados."
Excepto, este ciego. Jesús escupió y puso sus manos sobre él, pero aún así no veía claramente.
¿Por qué? ¿Por qué el primer toque del Señor parece no ser suficiente? Jesús tuvo que tocar nuevamente a esta hombre, y entonces, su vista fue restaurada.
Bueno, ya que Marcos nos ha mostrado sin lugar a dudas que Jesús tiene todo poder y autoridad, lo que vemos en este milagro es un acto deliberado por parte del Señor. Esta pregunta que Jesús le hace al ciego, casi como para confirmar que el milagro ha funcionado, es intencional por parte del Señor.
Porque lo que estamos leyendo es mucho más que una simple curación de un ciego. Este evangelio nos muestra es que el problema del ciego no era el único problema de visión en esta escena. Mientras él veía hombres como árboles que andaban, los discípulos también estaban viendo a Jesús… pero sin entender realmente por qué había venido.
Este milagro progresivo y por partes, es un reflejo físico del entendimiento espiritual de los doce, quienes ven a Jesús, pero con una compresión muy borrosa de su venida.
UNA COMPRESIÓN MUY BORROSA (Marcos 8:23-33)
UNA COMPRESIÓN MUY BORROSA (Marcos 8:23-33)
Lee conmigo: Marcos 8:23-33.
Jesús deja Betsaida y se dirige a una región mucho más al norte llamada Cesarea de Filipos, que estaba ubicada al pie del Monte Hermón.
En el camino allí, Jesús le hace la pregunta más importante que un ser humano puede hacerse. Y no, no me refiero a ¿Qué voy a estudiar? Ni, ¿con quién me voy a casa? Ni tampoco, ¿dónde voy a vivir? Todas estas son preguntas importantes que debemos responder con sabiduría, y que de seguro tendrán un gran impacto en nuestra vida, pero ninguna de éstas es la pregunta más importante.
Jesús les pregunta a sus discípulos: ¿Quién dicen lo hombres que soy Yo?
Y entre todos respondieron: “Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, uno de los profetas”
Había muchas opiniones sobre quién era Jesús en realidad. El mismo rey Herodes pensaba que era Juan el Bautista, mientras que la multitud decía lo que acaban de responder los discípulos. Escucha lo que dice en Marcos 6:14–16 "El rey Herodes se enteró de esto, pues el nombre de Jesús se había hecho célebre, y la gente decía: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, por eso es que estos poderes milagrosos actúan en él». Pero otros decían: «Es Elías». Y decían otros: «Es un profeta, como uno de los profetas antiguos». Al oír esto, Herodes decía: «Juan, a quien yo decapité, ha resucitado»"
De modo que, la gente reconocía a Jesús como alguien diferente pero no tenían claro quién era en realidad.
Y es aquí donde Jesús hace una segunda pregunta. Porque muchos podrán decir muchas cosas -buenas o malas- acerca de Jesús, pero lo importante es quien dices tú personalmente que es Jesús. En otras palabras, no es lo que la gente diga, sino qué visión tienes tú de Cristo.
Leer Marcos 8:29
Jesús no está interesado en la opinión popular, sino en el entendimiento que sus discípulos tienen acerca de quién es Él. No es que Jesús quiera saber las encuestas populares, sino que sus discípulos estén claros en cuanto a la revelación que Él ha hecho de sí mismo.
Pedro, como portavoz de los doce, dice: “Tú eres el Cristo”
Ésta es una declaración importante porque representa un momento fundamental en la revelación de quién es Jesús.
Es la primera vez que se menciona este título aparte de la introducción del evangelio. En Marcos 1:1 "Principio del evangelio de Jesucristo el Mesías, Hijo de Dios." Pero no es hasta nuestro texto de hoy que encontramos esta declaración de Pedro.
Esto tiene implicaciones muy importantes porque el Cristo era el Ungido de Dios que vendría a salvar a su pueblo. Aquel que vendría a restaurar y reinar con justicia y paz.
Por tanto, en los primeros 8 capítulos de su evangelio, Marcos ha estado argumentando y demostrando que Jesús es el Cristo, Él es en verdad el Ungido de Dios, Aquel Rey prometido a su pueblo. Y lo ha hecho al narrar todo aquello que Jesús es capaz de hacer.
Y tal demostración de poder y autoridad, no solo convence a los lectores, sino que principalmente ha convencido a aquellos que vivieron estas cosas de primera mano. Los discípulos. Fueron testigos de lo que solo el Maestro puede hacer, pero también fueron testigos de su gran compasión por las multitudes perdidas, tanto en Israel como entre los gentiles. Sin duda alguna, Jesús, tú eres el Cristo, dice Pedro.
Tú eres el Rey que tanto hemos esperado.
ANUNCIO DEL REY
A partir de este momento, Jesús enfocará su ministerio no en demostrar quién es sino en enseñar porqué ha venido.
No es su identidad sino el propósito de su venida lo que Jesús enfatizará a partir de este momento. Una vez que los discípulos entendía claramente que Jesús es el Rey que había sido anunciado, una vez que ya no había dudas en sus mentes sobre quién es este Rey, entonces, Jesús comienza a enseñar acerca porqué vino a este mundo.
Leer Marcos 8:31-33.
Este es un punto de inflexión en el ministerio de nuestro Señor. A partir de este momento, Él comenzará a enseñar acerca de su muerte, y comienza a dirigirse a hacia Jerusalén para cumplir su propósito.
Jesús se refiere a sí mismos como el Hijo del Hombre, un título que había usado para sí mismo al demostrar su autoridad para perdonar pecados. En Marcos 2:10 leemos "»Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados» dijo* al paralítico:"
El Señor, nuevamente, usa este término asociado a su autoridad de forma intencional al hablar de su sufrimiento.
Este Hijo de Hombre debe padecer muchas cosas. En otras palabras, Aquel que tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra debe padecer muchas cosas, y estos sufrimientos serán rechazo y muerte.
Los fariseos, escribas, ancianos y los principales de Israel son los que ejecutarían a este Rey que ellos estaban esperando.
Y es en este punto en el que Marcos nos muestra el porqué del milagro anterior.
El ciego tenía una visión poco clara, es decir, al ser tocado por Jesús comenzó a ver. De la ceguera pasó a la miopía. La razón por la que el Señor de forma intencional lo sana en dos partes, es porque el ciego es en realidad una especie de parábola viviente y real de lo que era el entendimiento de los discípulos. El ciego de no ver nada, de estar en oscuridad completa, pasó a ver cierta luz, pero veía a los hombres pero como árboles.
Asimismo, los discípulos podían ver ahora al Rey, pero no podía verlo como un Rey sufriente.
Así que Pedro, con su compresión muy borrosa, pixelada si se quiere, de quién es Jesús, lo lleva aparte y comienza a hacer algo que probablemente ninguno de nosotros se atrevería a hacer: reprender a Jesús. Reprender al Rey. Enseñarle al Maestro.
Pero, ¿quién mejor para instruir y corregir a Jesús que Pedro? Después de todo, él si tiene claro que Jesús es el Cristo. Pedro sabe y conoce quién es Jesús, por tanto, él sabe lo que Jesús debe hacer.
“¿No Señor, cómo vas padecer y a sufrir? ¿Acaso no me has escuchado cuando te dije que tú eres el Cristo? ¿Acaso no entiendes lo que eso significa? Bueno, si no lo entiendes, déjame que te lo explico, tú no puedes morir, eres el Rey”
Evidentemente nada de esto lo dice el texto, pero es lo que está ocurriendo. No sabemos las palabras textuales que Pedro le dijo a Jesús, al menos no según en el evangelio de Mateo 16:22 "Tomando aparte a Jesús, Pedro lo reprendió: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso nunca te acontecerá»"
Una reprensión por la falta de confianza de Jesús en Dios.
Y es así como la Escritura, de forma maravillosa nos muestra que lo que estaba ocurriendo en los ojos del ciego, también estaba ocurriendo en el corazón de los discípulos.
Ven, pero borroso. Sabes que el Rey, pero no entienden porqué vino.
En todo esto, Marcos nos muestra que es posible ver a Jesús y reconocerlo sin entender realmente su voluntad ni sus propósitos para nuestra vida.
Es posible decir: Tú eres el Cristo y aún así no tener claridad de las implicaciones de esta afirmación.
Es posible creer en Dios y estar lejos de Él. Es posible que pensemos que vemos claramente estando realmente confundidos.
Todos los que estamos en este lugar, probablemente creemos que Jesús es el Hijo de Dios encarnado. Es posible que todos los que estemos aquí presentes creamos que vendrá una segunda vez, y es posible que los que estamos aquí estemos seguros de que Jesús es quien dice ser, y a también es muy posible que algunos de ustedes no entiendan realmente cómo deberían.
¿Cuál es el resultado de esta corta visión?
Leer Marcos 8:33
Reprensión divina. Y una reprensión dura contra Pedro, aquel que acaba de declarar que Jesús es el Cristo. Aquel que acaba de reconocer que Jesús es el Rey prometido, el Mesías, el Ungido de Dios. Éste es reprendido duramente por el Señor.
“¡Apártate de mí, Satanás!” dice.
No es que Pedro haya sido poseído por Satanás o que Pedro era el representante de Satanás en ese momento. Lo que Jesús implica es que Pedro está viendo con ojos carnales de este mundo. Pedro tiene la misma perspectiva que tiene el príncipe de este mundo y con la que influencia a las personas de este mundo. Por eso aclara: “No pones la mirada en las cosas de Dios sino en la de los hombres”
La reprensión viene por ver la vida como la ve el mundo. Pensar como lo hacen los incrédulos, quienes están bajo el gobierno del príncipe de este mundo.
Una de las mayores evidencias de no ver claramente es cuando sabemos quién es Cristo pero nuestra mirada y nuestra mente están en las cosas de este mundo. Evaluamos la vida como lo hacen los demás, lo valores que tenemos son los de este mundo y la forma en cómo resolvemos las cosas es como este mundo. Los objetivos que tenemos y las cosas que perseguimos son las de este mundo.
Vemos a Cristo como el Rey pero lo queremos solo por las bendiciones que me puede dar y no por el verdadero propósito que Él quiere cumplir en mí.
Vengo a Cristo con mi propia agenda y no dispuesto a aceptar la suya. Entonces, le digo a Cristo, al igual que Pedro, qué debe hacer. Dispuesto, incluso a reprenderlo, si no se amolda a mis expectativas.
Esto debe llevarnos a la reflexión profunda.
CONEXIÓN CON EL EVANGELIO: Para todos los amigos que nos visitan en esta mañana, es posible que tú conozcas quién es Jesús y digas como Pedro: “Jesús es el Rey”, pero usas al Rey para tus propósitos en vez de entender lo que Él vino a hacer. No es suficiente con saber quién es, sino porqué vino. Esto puede sorprenderte, pero creer que Jesús es el hijo de Dios, el Cristo, no es realmente entender qué es el evangelio. Por eso Jesús aclara realmente el propósito de su venida: ser rechazado, padecer, morir y resucitar. Pero, ¿por qué? ¿por qué el Hijo de Dios tuvo que sufrir todo eso? Porque lo que Jesús quiere darte no es principalmente un empleo ni salud ni comodidad, sino libertad del pecado y la condenación eterna.
El mal que mas te aqueja no es tu situación migratoria, ni tu situación financiera, ni tu situación sentimental, ni los problemas que puedas tener en esta vida sino tu condición delante de Dios. Me temo que busquemos al Señor por las razones equivocadas. Como quien toma una medicación para una enfermedad que realmente no conoce. Se automedica pensando que sabe lo que está haciendo en vez de escuchar el diagnóstico de quien realmente sabe lo que le está pasando.
Jesús no vino a lograr para nosotros bienestar en esta vida, sino a morir, a ser rechazado, torturado, crucificado, vino a morir, pero ¿por qué? Pedro no lo sabía, y muchos hoy en día tampoco. Lo hizo porque vino a tomar nuestro lugar en la cruz. Todo ser humano, cuando nace, nace con el pecado original, esto es caído y desaprobado delante de Dios por nuestra inclinación al mal. Amamos el pecado y somos esclavos de nuestros propios deseos que nos apartan de Dios.
Por eso somos orgullosos, vivimos para nosotros mismos, somos airados, mentirosos, lujuriosos, ingratos, chismosos, etc. Vivimos para nosotros mismos. Y la condena por esta inclinación al mal es la muerte. Es un crimen tan grave delante del Dios Santo que la única sentencia que verdaderamente haría justicia es que Dios nos matara y nos condenara eternamente. Ésta es la verdad. Y por eso, Cristo tuvo que morir, porque la paga del pecado es la muerte.
Por esto, Jesús vino a sufrir la muerte y el castigo que nosotros merecemos para que nosotros podamos ser declarados libres.
Amado amigo, esto es lo que el Rey vino a hacer. Ésta es tu mayor necesidad. Esto es lo que Cristo quiere hacer tu vida. Puedes tener trabajo en este mundo, pero si tu alma se pierde en la eternidad, de nada sirve. No quiero decir que lo otro no sea importante, lo es, pero nuestra mayor necesidad es el perdón y la reconciliación con Dios, a quién hemos ofendido de forma tan grotesca con nuestro pecado.
Si el Señor te permite ver esto, y te da una visión clara de Cristo y sus propósitos, si además de ver a Cristo el Rey, entiendes también porqué vino a este mundo y quieres beneficiarte de aquello que Cristo da de forma gratuita y sin mezquindad al pecador, entonces ven a Él en oración, confesando tu pecado delante de Cristo y rogando su perdón.
Si quieres saber más acerca de esta gracia que tenemos en Jesús, entonces, por favor, no te vayas de este lugar sin hablar con Jhon, conmigo o con algún hermano de la iglesia.
Jesús reprende a Pedro porque su mente está en las cosas de este mundo.
Amado hermano y miembro de esta iglesia, te pregunto, ¿en qué está puesta tu mente y tu mirada? O siguiendo con la idea inicial, ¿es tu visión borrosa o clara? Escucha, amado, el problema no es que no ames o quieras seguir a Jesús. El problema es que sigues viendo las cosas con una perspectiva terrenal, intentando evitar la cruz a toda costa.
APLICACIONES
APLICACIONES
La primera forma en cómo podemos aplicar este texto es examinándonos para conocer si nuestra visión es borrosa o clara, y quiero hacerte algunas preguntas de diagnóstico:
¿Quieres a Jesús por las bendiciones terrenales que te pueda dar o por lo que Él vino a hacer?
¿Quiero que Jesús cumpla mi propio propósito en mi vida o el suyo?
¿Entiendes el propósito por el cuál Cristo te ha salvado y estás sujeto a la agenda y el propósito del Rey o al tuyo?
En segundo lugar, debemos esforzarnos en desarrollar una perspectiva bíblica e influenciada por la cruz. Romanos 12:1–2 "Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes. Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto." Esto no es simplemente leer la Biblia, sino tener convicciones bíblicas. Hace poco escuché a un pastor decir que una convicción no es algo que uno tiene, sino algo que lo tiene a uno. Es decir, convicción es cuando esa creencia determinar en verdad cómo piensas, reaccionas y actúas en esta vida. Madurar es que la Cruz determine nuestro pensar, sentir y actuar. No es solo tener conocimiento, sino juzgar las cosas a través de la cruz.
En tercer lugar, este texto debe llenarnos de profunda humildad y paciencia. Humildad porque no entendemos como deberíamos entender. No vemos con la claridad que se supone deberíamos ver. Por mucho que creas que conoces, tienes puntos ciegos en tu teología y debes ser humilde al reconocer eso. No es Pedro el único que ve borros, tú y yo también en muchas áreas. Y al mismo tiempo, debe llenarnos de paciencia con los demás. Especialmente, con quienes están comenzando en la vida cristiana. En muchas ocasiones, esperamos de quienes están comenzando en la fe que vean y entiendan el evangelio con toda claridad, cuando realmente, han pasado de ser ciegos espirituales a ser miopes, y seguirán creciendo hasta que el Señor les de -por medio de su Palabra y la iglesia- una visión clara de Cristo y el evangelio.
¿Cómo estás ayudando a otros a ver a Jesús más claramente?
En cuarto lugar, creo que este texto nos debe llevar a entender que no todos deben enseñar. Hay una razón por la que Jesús llama tanto al ciego como a los 12 a no hablar.
Marcos 8:26 "Y lo envió a su casa diciendo: «Ni aun en la aldea entres»."
Marcos 8:30 "Y Jesús les advirtió severamente que no hablaran de Él a nadie."
Porque un mal entendimiento de Cristo, aunque tenga buenas intenciones, puede confundir a quienes no saben quién es Él. Jesús no quería que quienes escucharan estos testimonios fuesen confundidos por la falta de entendimiento por parte de aquellos que han experimentado la gracia y la bendición del Señor. Debemos asegurarnos de que las personas entiendan bien quién es Cristo y cuál es su propósito en el evangelio. Es mejor no hablar que compartir una visión errada de Jesús.
Marcos 8 nos ha mostrado dos escenas que nos muestran una misma realidad:
Por una parte, un hombre que ve a los hombres caminar como árboles.
Un apóstol que ve al Rey pero borroso.
Nuestra oración es que el Señor haga con nosotros lo mismo que hizo con el ciego, darnos una visión clara del Rey, una que nos lleve a sufrir el costo de ser su discípulo, como veremos el próximo domingo.
¿Amén?
Oremos.
