Una deuda que no se termina de pagar

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Romanos 13:8-10

En la sección práctica de la carta a los romanos, hemos visto que Pablo trata primero la relación correcta del creyente con Dios (12:1), luego su relación correcta con el mundo (v. 1), con los hermanos en la fe (vv. 3-8), con todos los demás (vv. 9-21), y con el gobierno humano (13:1-7). Ahora el apóstol se enfoca de nuevo en nuestra relación con otros, una relación que se debe resumir en una palabra: amor (vv. 8-10). Más aun, el apóstol enseña que el amor es la clave de toda obediencia piadosa porque el amor cumple a perfección la ley de Dios (vv. 8b, 10b).
La deuda de amor (v.8)
No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
Pablo acaba de hablar del pago de impuestos (vv. 6.7), y la admonición No debáis a nadie nada mantiene la continuidad de su enfoque en las obligaciones financieras del cristiano.
La frase se interpreta algunas veces como si implicara que los cristianos no están en libertad de contraer deudas de cualquier tipo. Sin embargo, no existen en el Antiguo y Nuevo Testamentos prohibiciones categóricas a la prestación de dinero o al endeudamiento en general.
La ley mosaica sí requería lo siguiente: "Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura" (Éx. 22:25; cp. Sal. 15:5). Resulta obvio a partir de ese versículo que si se permitía prestar también era permitido pedir prestado. El aspecto moral del asunto tenía que ver con el cobro de intereses (o "usura") a los pobres.
El principio del cobro de intereses se expresa en detalle en Levítico: "Y cuando tu hermano empobreciere y se acogiere a ti, tú lo ampararás; como forastero y extranjero vivirá contigo. No tomarás de él usura ni ganancia, sino tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá contigo"(Lv. 25:35-36)
Dios también hizo advertencias a su pueblo en contra de rehusar el préstamo a un compatriota cuando se acercaba la llegada de un año sabático, en el cual todas las deudas eran canceladas (Dt. 15:7-9). El Señor prometió a los prestamistas desinteresados y generosos "que por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas" (v. 10). Él declaró que "el impío toma prestado, y no paga; mas el justo tiene misericordia, y da ... en todo tiempo tiene misericordia, y presta; y su descendencia es para bendición"(Sal. 37:21, 26); también que "a Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar" (Pr. 19:17). Bien sea que un prestamista generoso reciba el pago completo de su adeudado, es incuestionable que será recompensado por el Señor.
En esos pasajes y muchos otros resulta obvio que la entrega y solicitud de préstamos eran prácticas corrientes y legítimas en el Israel antiguo. La ley tenía regulaciones precisas sobre los préstamos y prohibía el cobro de intereses a los desvalidos, pero no prohibía el préstamo en general con intereses sinceros y razonables.
En el sermón del monte, Jesús aprueba de manera tácita la solicitud de préstamos y manda a los prestamistas potenciales: "Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehuses" (Mt. 5:42)
Como una expansión de la verdad mencionada antes con relación a la bendición divina para aquellos que dan con generosidad y desprendimiento, Jesús dijo: "Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo" (Lc. 6:35). Aquí recibimos de nuevo la promesa de que, cuando damos a otros con bondad genuina a quienes lo necesitan, el Señor mismo nos recompensará en la medida de su gracia.
Por ende, la Biblia en los dos testamentos justifica la solicitud de préstamos por parte de aquellos que tengan una necesidad real y no cuenten con otro recurso, y también "manda a los creyentes que estén en capacidad de hacerlo, que presten esos recursos a sus hermanos necesitados sin aprovecharse de ellos.
En seguida el apóstol hace lo que a primera vista parecería una transición radical, cuando declara que todos los cristianos tienen cierto tipo de endeudamiento perpetuo. Aparte por completo de todas las consideraciones o situaciones económicas, todos los creyentes tenemos la obligación constante de amarnos unos a otros.
Esta es una deuda que siempre debemos estar pagando pero nunca terminamos de pagar. Orígenes, uno de los padres de la iglesia primitiva, dijo: "La deuda de amor se queda con nosotros de manera permanente y nunca nos abandona. Es una deuda que pagamos todos los días y quedamos debiendo por siempre".
Además, por la provisión del Señor en su gracia, es una deuda para cuyo pago continuo siempre tendremos recursos en abundancia, y cuanto más paguemos para cubrirla, más dispuestos y gozosos estaremos de hacerlo.
Nuestro amor de unos a otros se aplica ante todo a todos los hermanos en la fe, nuestros hermanos y hermanas en Cristo. "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros" Un. 13:34-35). Servir a otros cristianos es servir a Cristo. "Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí... De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Mt. 25:35-36, 40). El servicio “a los santos" no solo demuestra nuestro amor por ellos sino también nuestro amor por Dios (He. 6:10).
El amor es el tema de la primera carta de Juan. El discípulo amado nos cuenta que "El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo" (1 Jn. 2:10). También nos recuerda el mandamiento de Dios: "Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado" (3:23). Nos exhorta diciendo: "Amados, amémonos unos a otro; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios" (4:7), y que "nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano" (4:21).
En su carta a las iglesias de Galacia el apóstol exhorta: "Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe" (Gá. 6:10). El amor justo tiene una importancia tan grande que el que ama al prójimo, ha cumplido la ley, una verdad que Pablo reitera en el versículo.
Es claro que el amor piadoso y justo es mucho más que emoción o sentimientos. Como puede verse en el pasaje de Gálatas citado, el amor empieza con un corazón dispuesto a la compasión, la bondad, la humildad, la mansedumbre y la paciencia.
Además de esto, también encuentra siempre maneras de "hacer bien" a quienes amamos sin importar si lo merecen o no. A causa de la distancia u otras circunstancias que se salen de nuestro control, en algunas ocasiones el único bien que podemos hacer es orar por esas personas o perdonarlas. Por supuesto, no existe algo más grande que podamos hacer por alguien que orar por esa persona y perdonarla, en especial si estamos orando por su salvación y si nuestro perdón puede llevarles a buscar el perdón de Dios.
No obstante, también tenemos el mandato de que "según tengamos oportunidad", demostremos nuestro amor de formas directas y prácticas. El amor piadoso incluye el ministrar a otros para satisfacer sus necesidades físicas y económicas, trátese de incrédulos o creyentes. Esa verdad es la enseñanza central de la parábola de Jesús acerca del buen samaritano (Lc. 10:25-37).
El amor piadoso es perdonador. Debemos ser "benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo" (Ef. 4:32). La promesa del Señor según la cual "si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial", es seguida por la seria advertencia: "mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas" (Mt. 6:14-15; cp. Lc. 6:36-37).
El amor piadoso se caracteriza por la humildad, la mansedumbre y la paciencia (Ef. 4:2). En su hermosa apelación a la iglesia de los corintios, la cual no se caracterizaba por el amor verdadero, Pablo dijo: "El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser" (1 Co. 13:4-8).
La prueba más grande del amor piadoso es su disposición voluntaria a sacrificar sus propias necesidades y bienestar por las necesidades y el bienestar de otros, llegando incluso al punto de ofrendar la vida si es necesario. "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Jn. 15:13). El ejemplo supremo de tal amor fue el Señor Jesucristo mismo: "el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil. 2:6-8). Debemos ser "imitadores de Dios como hijos amados. y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante" (Ef. 5:1-2).
Como Juan nos recuerda: "En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos" (1Jn. 3:16).
Lo más admirable de todo es que el Señor en su gracia infinita ha dispuesto que el amor justo sea un amor recíproco. Sabemos que somos capaces de amar a Dios solo "porque él nos amó primero" (1 Jn. 4:19). Por otro lado, lo maravilloso es que nuestro Señor promete que "el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él... y vendremos a él, y haremos morada con él" (Jn 14:21,23).
2. La descarga del amor (vv.9-10a)
9Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10El amor no hace mal al prójimo
Tras declarar que el amor cumple la ley (v. 8b), el apóstol ilustra el punto con cinco leyes específicas que cita del Antiguo Testamento. Las primeras cuatro son de los diez mandamientos, aunque no se encuentra en el mismo orden de Éxodo 20:13-17 y Deuteronomio 5:17-21. La quinta leyes de Levítico 19:18.
El amor piadoso cumple el mandamiento: No adulterarás, porque esa contaminación pecaminosa de una persona muestra una desconsideración absoluta por la pureza de otra persona. El amor tiene en muy alta estima la virtud de los demás y nunca está dispuesto a hacer algo que contamine a otros en su vida moral. Al igual que todas las demás formas de inmoralidad sexual, el adulterio proviene de la impureza y pecaminosidad de la lujuria, nunca del amor puro.
El mismo principio también tiene una aplicación obvia para la persona que llegara a estar dispuesta a matar o hurtar. El amor no arrebata a los demás sus vidas o sus pertenencias.
Puesto que la codicia no siempre se exterioriza en sus manifestaciones, es posible que aparte de nosotros solo el Señor sepa que hemos infringido su mandato de no codiciarás. Si en verdad amamos, no codiciaremos, porque el amor no se goza de la injusticia (1 Co. 13:6).
El cristiano que ama con el amor de Dios no necesita preocuparse por la transgresión de cualquier otro mandamiento, incluyendo los otros dos de los diez mandamientos que se aplican a nuestra relación con otras personas, es decir, honrar a los padres y no dar falso testimonio (Éx. 20:12, 16). La suma de todas las leyes de Dios pertinentes a relaciones humanas en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Si en verdad amamos a los demás como a nosotros mismos, no vamos a hacerles daño en ninguna forma. Esta ley que Pablo cita es tomada de Levítico 19: 18, y Jesús declaró que era segunda en importancia solo frente al mandamiento supremo de "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente" (Mt. 22:37-39), que es tomado de Deuteronomio 6:5.
3. El designio del amor (v.10b)
así que el cumplimiento de la ley es el amor
Contrario a lo que muchas personas piensan, vivir por amor y vivir por la ley no son cosas que se excluyan mutuamente. De hecho, se relacionan de una forma inseparable. La ley de Dios no puede ser obedecida en verdad aparte del amor, porque el amor, y solo el amor como ya explicó Pablo (v. 8b), es el cumplimiento de la ley.
Escuché una hermosa analogía del campo de la música que ayuda a comprender la grandeza y plenitud del amor. La escala musical se compone tan solo de siete notas básicas, las cuales muchos niños pueden aprender en una hora o menos. Sin embargo, grandes compositores como Handel y Beethoven, no pudieron agotar el uso de esas notas combinadas y sus infinitas variaciones durante el transcurso de sus vidas. Sucede lo mismo con el amor piadoso. Emplea las cosas básicas y que a veces parecen insignificantes de la vida, para producir las cosas más grandiosas. El amor controla el temperamento y guía la razón. Procura conquistar las malas cualidades y desarrollar las mejores. Bajo la guía y el poder del Espíritu Santo, transforma a hombres y mujeres redimidos para que sean cada vez más semejantes a Jesucristo. No existe grandeza de carácter a la que el amor no pueda elevar a una persona. De hecho, la grandeza de carácter es imposible sin él, porque el amor es el carácter sublime.
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