Firma de Autor

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Tenemos valor porque hemos sido creados y comprados por el Autor de la Vida.

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Firma de Autor

Buenos días, bienvenidos a Casa, qué gusto verles esta mañana familia.
Creo que todos los que estamos aquí nos levantamos cada mañana tratando de hacer bien las cosas. No creo que alguien se levante pensando: “a ver a cuántos les puedo hacer la vida miserable hoy”, o pensando: “hoy me quiero equivocar en todas las decisiones que voy a tomar”. Mucho menos pensando: “hoy seré la peor persona posible”.
Porque la mayoría queremos ser personas de “bien” o “buenas personas”. Es más, si te preguntan ¿te consideras una buena persona? la mayoría diría ¡claro que sí! y tienes razones o argumentos para decir eso: soy gente de trabajo, amo a mi familia, no le hago daño a nadie.
El asunto es el siguiente, y es en lo que vamos a meditar esta mañana: ¿quién o cómo se decide qué es lo bueno? o ¿cómo defines ser buena persona? Si voy por la calle en la moto y alguien se me cierra, mi definición de ser una buena persona ¡cambia drásticamente en 1 segundo! ¿no es cierto? el problema de ser “buenas personas” es que la vara siempre se va a mover a nuestro favor. Es verdad, hice mal en romperle el espejo de su coche, pero ¡él se me cerró!
Es verdad me quedé con el cambio que me dieron en ese negocio, pero ¿para qué no revisa bien el cambio que da? Es verdad me metí en su carril, pero ¿por qué no maneja bien? ¡maneja lento! Es verdad le dije cosas bien feas, pero ¿para qué me contradice? Me explico, vamos a buscar la forma de que lo que sea que hagamos, nosotros seamos los “bueno”.
El problema con eso de ser “buenos” de esta manera, es que usamos una escala de calificaciones dónde nosotros siempre pasamos con 10 y los demás con 5, máximo 7.
Vivimos bajo la presión de ser “buenas personas”, de demostrarlo, demostrar que somos valiosos o buenos. Y para eso intentamos acumular títulos, o una reputación de “buenas personas”, ¡qué educados! ¡qué decente! No le hago daño a nadie. Es verdad que de vez en cuando hablo mal de los demás, pero ¡se lo merecen! sólo hago una descripción de la realidad.
Hoy veremos un principio que surge de la Biblia, y que quizá nos puede abrir los ojos de manera distinta. Tu valor no tiene nada que ver con tu desempeño. No te tienes que calificar a ti mismo y no tienes que “aparentar” o hacer que los demás se vean mal, para que tú te veas bien.
Para eso vamos a responder la pregunta ¿de dónde surge o viene nuestro valor? Imagina que vas caminando por el andador turístico, te encuentras un pedazo de tela vieja, manchada, parece una tira de un tiliche que ya bailó sus 4 guelaguetzas ¿cuánto pagarías por ese trapo? Exacto ¡nada! directo al bote de la basura.
Pero ¿qué pasaría si al momento de depositarlo en la basura, en la esquina de esa tela vieja aparece una firma que dice: Francisco Toledo o Picaso. ¿Qué pasaría? De repente ese trapo que no valía nada se convierte en una pieza de museo con un valor incalculable, aun así y con todo lo sucio que pueda estar. Se le da un tratamiento y se va al mejor museo del mundo. La pregunta es ¿qué cambió? ¿qué pasó? ¿cambió la tela? ¡no! las manchas tampoco, lo que cambió fue que descubrimos La Firma del Autor.
El valor del objeto no lo determina el material del que está hecho, sino ¡quién lo hizo! Y cuánto está alguien dispuesto a pagar por él.
Aquí es donde muchos de nosotros, al vernos a nosotros mismos, ver las imperfecciones, roturas, manchas, pensamos que por eso “la tela ya no vale”. Cuando vemos las relaciones fracturadas, las vidas que hemos lastimado, el matrimonio que va mal, o el primer divorcio, o los amigos descubren o se enteran de algún secreto de nosotros, sentimos que nuestro valor cae al suelo, sentimos que somos como esa tela que nadie quiere.
Veremos un texto en la Biblia que rompe toda lógica religiosa, aclara esa frase de “pórtate bien para que Dios te ame”; está en una carta que el apóstol Pablo escribe a la iglesia de Éfeso.
“Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas…” (Efesios 2:10, NTV)
La palabra que se traduce como “Obra Maestra” en el original griego es: “-ποίημα-, Poiema”, ¿a qué les suena? ¡exacto a Poema! viene del verbo Poieo, que significa “hacer, fabricar o construir”, pero no es cualquier tipo de construcción, se refiere a la obra terminada, al producto final del esfuerzo del artesano. Es la diferencia entre el “proceso de construcción” y el “resultado final”.
Cuando Pablo dice que somos su Poiema, el Poema de Dios, está diciendo que somos el resultado de un diseño específico; pero eso no es todo, te preguntarás y ¿por qué se traduce como Poema? ¡qué va de construcción a poema!
El verbo es Poieo, que es hacer o fabricar. Un Poietes (el poeta) era cualquier artesano, escultor y el Poiema era el objeto terminado, una estatua, un muro.
Con el tiempo los griegos empezaron a aplicar este término a la literatura, se dieron cuenta de que escribir no era solo “soltar palabras”, sino construir una estructura. Así, el término pasó de describir una construcción de piedra a describir una construcción de lenguaje, el poema se convirtió en la obra maestra de la comunicación. Y la palabra usada para describir una construcción quedó en Ktisis.
El poema es una estructura donde cada sílaba, cada rima, cada pausa, silencio, tiene una intención.
Si tu vida es un poema de Dios, entonces, cada rima, cada pausa cumple un propósito, o sea que nada de lo que te ha sucedido, de lo que te ha pasado, es un “error de ortografía”, todo es parte de una métrica que el Autor perfecciona.
Desde tu nacimiento, así como cada día de tu vida está en ese proceso de Obra Maestra:
“Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre. ¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien. Tú me observabas mientras iba cobrando forma en secreto, mientras se entretejían mis partes en la oscuridad de la matriz. Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara.” (Salmo 139:13–16, NTV)
Lo que la Biblia nos dice, y es lo que deseo que te lleves grabado en tu mente y corazón es que tú no eres un accidente, no fuiste un error, no te colaste, no eres el resultado de una coincidencia cósmica, sino que ¡eres una obra de arte planificada!
Dios nos dice que hubo intención al mínimo detalle, de forma artesanal, por eso cuando Dios te mira, no ve alguien que “intenta ser una obra”, Él ve Su Poiema, ve Su Obra Maestra.
“Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.” (Filipenses 1:6, NTV)
Algunas enseñanzas o religiones dicen que tú tienes que limpiar tus manchas para que el Autor te pueda poner Su Firma; el cristianismo nos dice que el Autor ¡ya te firmó! Y vivir con ese conocimiento en contexto, te da el poder para vivir una vida limpia, tu valor no está en la tela sino en la firma.
Ahora, quizá alguien piensa: “pastor, no me conoces, no conoces a mi amigo, ha cometido muchos errores, su tela está lo que le sigue de manchada! Recuerda lo que dijimos al principio: El valor lo determina quién te hizo, pero además el valor que te otorgó por cuánto estuvo dispuesto a pagar por ti. Pagó todas las consecuencias eternas de tu pecado.
“porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo.” (1 Corintios 6:20, NTV)
Si quieres saber tu valor, cuánto vales para Dios, no mires tu cuenta del banco, no mires tus errores del pasado ¡mira la Cruz! Porque ahí, en esa Cruz dijo: “Tú vales tanto para mí, tanto que estoy dispuesto a pagar con la vida de mi propio Hijo para recuperarte”. Te he creado, pero, además, pago por todos tus pecados.
Ese es el precio de tu rescate, no hay nada que puedas hacer para que Dios te ame más y no hay nada que hayas hecho que haga que Dios te ame menos, porque SU Firma es imborrable.
Pero, y este es un PERO grande. Hay un giro importante, Dios, como todo un caballero, ÉL puso Su firma en tu vida, pero ¡Dios no te obliga a amarlo! Te dio la libertad de decisión, el libre albedrío y ese es el regalo más precioso que nos pudo dar, pero también el más peligroso, porque es la capacidad de decirle ¡NO! A nuestro propio Creador.
Imagina un hermoso Poema que decide que no quiere ser poema, quiere ser manual de instrucciones de una lavadora, quiere ser una nota del supermercado; ese poema se va a sentir frustrado, incompleto, porque no fue diseñado para eso; muchos sienten esa frustración, no porque les falte trabajo, o éxitos, sino porque están viviendo fuera de su propósito.
El Señor Jesús no vino a obligarte a ser un poema ¡eso es lo que eres! Pero no te va a obligar, vino a ofrecerte la oportunidad de volver al escritorio del Autor; el cristianismo no es una imposición, es una invitación a la reconciliación con Dios. ÉL tiene el propósito para tu vida, pero eres tú quien tienen que decidir, si quieres ser parte del elenco.
“Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron; pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.” (Juan 1:11–12, NTV)
Dios escribió una obra maestra en cada uno de nosotros, pero no nos obliga a actuarla. El pecado no es solo portarse mal ¡es plagio! Es intentar escribir nuestra propia historia ignorando al Autor original. Somos un poema que ha decidido cambiar SUS propias palabras y por eso termina sin ritmo, sin rima, sin sentido.
Reconocer y vivir en el propósito de tu vida, es tu decisión. Ser un poema ¡ya es tu posición! Nadie te puede quitar que fuiste creado, diseñado por Dios ¡eso te da valor intrínseco!
Vivir el poema es tu decisión. El verso de Efesios nos dice que fuimos “Creados para buenas obras”, las obras son el destino, pero nosotros elegimos el Camino.
Puedes ser una Obra Maestra viviendo en el bote de tus propias decisiones, sigues teniendo la Firma del Autor, pero estás fuera de la Galería.
La pregunta lógica es ¿En manos de quién está tu valor? Si tu valor depende de la opinión de la gente, hoy vales mucho, mañana poco o nada. Si tu valor depende de tu comportamiento, vivirás angustiado.
Pero si decides aceptar que eres el Poema de Dios, que fuiste creado con propósito y que el precio de tu vida ya fue pagado por Jesús en la Cruz, entonces, puedes empezar a caminar con una libertad que nunca has conocido. Y lo único que haces es, hablar con Dios y reconocerlo como tu Dios, es decirle a Su Hijo Jesús: reconozco y acepto tu sacrificio hecho en esa Cruz para restáurame a una relación con mi Padre Celestial.
Esto no es una invitación a una religión de reglas, sino a una relación con el Autor de tu vida. Basta con que le digas: Señor, acepto el valor que tú me das, acepto el pago que hiciste por mí, pagaste por todos mis errores, mis pecados; ahora quiero que seas tú quien dirija mi vida.
La ciencia dice que somos polvo de estrellas, la sociedad nos dice que somos lo que producimos por nuestras fuerzas, pero la Biblia nos dice que somos un Poema en Manos del Creador, un poema que sólo cobra sentido cuando es leído por su Autor.
“…Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara.” (Salmo 139:16, NTV)
Palabra de Dios
HASTA AQUÍ EN LA REUNIÓN DE LAS 10
PARA LA REUNIÓN DE LAS 12 SIGUE
Aprovechando que hoy Manuel y Belén han presentado a Esdras, sabemos que él hoy no puede decidir, por eso son los padres quienes lo presentan ante Dios, pero tú que estás aquí y no eres un bebé, tienes el pincel en la mano. ¿Vas a seguir tachando la firma de Dios con tus propios planes? ¿o vas a dejar que el Autor termine SU Obra Maestra en ti?
Hoy presentamos a Esdras, él no ha hecho nada “bueno” todavía, no trabaja, de hecho, sólo llora y pide comida, pero para sus padres y para nosotros, su valor es infinito ¿por qué? por de quién viene, por su origen, por la firma que tiene, todo él está lleno de las huellas del Autor, de Dios. Y en Dios tenemos una vida con propósito y destino.
Palabra de Dios
Oremos
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