Jesús es…
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Salmo de David.
Jehová es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.
Salmo de David.
El Señor es mi pastor;
tengo todo lo que necesito.
En verdes prados me deja descansar;
me conduce junto a arroyos tranquilos.
Él renueva mis fuerzas.
Me guía por sendas correctas,
y así da honra a su nombre.
Aun cuando yo pase
por el valle más oscuro,
no temeré,
porque tú estás a mi lado.
Tu vara y tu cayado
me protegen y me confortan.
Me preparas un banquete
en presencia de mis enemigos.
Me honras ungiendo mi cabeza con aceite.
Mi copa se desborda de bendiciones.
Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán
todos los días de mi vida,
y en la casa del Señor viviré
por siempre.
Todos tenemos la necesidad de sentirnos seguros. Cuando por alguna circunstancia tenemos que transitar por algún camino que no conocemos o que no sabemos adónde lleva, nos sentimos inseguros, se multiplican nuestros temores y aumenta nuestra ansiedad. Así que, sería bueno que nos aseguráramos del camino por el que vamos transitando, ¿verdad?
¿Adónde te lleva tu vida? ¿Qué resultados va a tener el estilo de vida que has escogido, el camino por el que vas transitando? ¿Adónde te llevan tus decisiones, tus valores, los principios que has escogido para ti?
En Jesús tenemos la oportunidad de asegurar que transitamos por el buen Camino y que llegaremos al mejor lugar.
1. Jesús sana la ceguera
1. Jesús sana la ceguera
Empecemos por reconocer que Jesús tiene la capacidad de producir en nosotros algo tan poderoso como sacarnos de la absoluta oscuridad para colocarnos en la posición de verlo todo con claridad.
A lo largo de su ministerio, el Maestro hizo esto en la vida de varias personas, inclusive sobre quienes habían nacido ciegos. ¿Te imaginas el cambio que habrá representado para ellos pasar de la oscuridad a la luz?
En Juan 9, Jesús hace literalmente esto en la vida de un hombre que nunca había visto, había nacido ciego. ¡Qué tremendo milagro! Ahora, hubiera sido de esperarse que ante semejante manifestación del poder de Dios y ante un cambio tan radical en la vida de una persona, todos hubieran celebrado. Pues no sucedió así.
Los religiosos de la época, los fariseos, empezaron a cuestionar el milagro. Entrevistaron al hombre y al principio no creyeron que hubiera sido ciego, considerando que todo aquello habría sido falso. Luego cuestionaron el momento en que se hizo el milagro, que había sido un sábado, día de reposo. ¿Cómo alguien se atrevería a hacer “semejante cosa” en el día sagrado? Consideraron más importante el cumplimiento del requisito que la restauración de una vida.
Cuando el ciego sanado le dijo a los judíos que creía que el que le había sanado venía de Dios, le expulsaron de la sinagoga, lo cual implicaba ser avergonzado públicamente.
Entonces Jesús volvió a acercarse al hombre.
Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos?Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.
Jesús se acercó al hombre para hablar con él. Estoy seguro de que aunque antes no le había visto, en seguida reconoció su voz, como la de Aquel que le había sanado. Por eso le llama “Señor”.
Jesús quiso confirmar la salvación del hombre. De nada hubiera servido su sanidad si luego se perdiera en la condenación eterna. Por eso le preguntó si creía en el Hijo de Dios.
El diálogo es sencillo y hermoso. El hombre le preguntó quién es el Hijo de Dios, para que creyera en Él, y Jesús le confirmó que lo tenía ante sus propios ojos.
La escena es conmovedora.
Reina Valera Revisada (1960) Capítulo 9
38Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.
A continuación, Jesús va a utilizar aquella situación para enseñar acerca de lo que hace en las vidas de las personas, y lo que sucede con los que le rechazan.
Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos?Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.
Entendamos esto: Jesús vino a abrir los ojos de los ciegos espirituales. Pero al mismo tiempo, aquellos que sin tenerle a Él creen que ven o entienden algo, van a permanecer en su ceguera y serán condenados.
Para recibir lo que Jesús tiene para dar, hace falta reconocer que sin Él estamos en tinieblas.
¿Reconoces tu ceguera?
Sin Jesús no entiendo nada bien.
Sin Jesús no tengo nada claro.
Los fariseos se dieron por aludidos, preguntando si hablaba de ellos, y Jesús les reafirma que por creer que veían sin tenerle, permanecían siendo culpables y condenados.
Entonces el Maestro va a introducir lo que va a declarar a continuación, con estas palabras:
De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
»Les digo la verdad, el que trepa por la pared de un redil a escondidas en lugar de entrar por la puerta, ¡con toda seguridad es un ladrón y un bandido! Pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El portero le abre la puerta, y las ovejas reconocen la voz del pastor y se le acercan. Él llama a cada una de sus ovejas por su nombre y las lleva fuera del redil. Una vez reunido su propio rebaño, camina delante de las ovejas, y ellas lo siguen porque conocen su voz. Nunca seguirán a un desconocido; al contrario, huirán de él porque no conocen su voz.
Los que oyeron a Jesús usar este ejemplo no entendieron lo que quiso decir,
Jesús introduce así su enseñanza. Habla de un corral en que se encuentran las ovejas, y de un pastor que las saca a pastar.
2. Jesús es la Puerta del corral
2. Jesús es la Puerta del corral
Uno de los detalles importantes que señala el Maestro es el hecho de que hay dos maneras de entrar en el corral: por la puerta o saltando la valla.
Está haciendo una declaración acerca de lo que nos hace bien y lo que no, lo que nos conduce por el buen camino y lo que no. ¿Qué enseñanza seguiremos? ¿La buena o la mala? Todos nos dejamos dirigir de alguna manera: ¿Quién te dirige a ti?
En este pasaje, lo ideal, lo que necesitamos es ser las ovejas que no siguen al cualquiera, sino al pastor que entra por la puerta.
Entonces Jesús va a aclarar quien es la puerta:
Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
entonces les dio la explicación: «Les digo la verdad, yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes que yo eran ladrones y bandidos, pero las verdaderas ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta; los que entren a través de mí serán salvos. Entrarán y saldrán libremente y encontrarán buenos pastos. El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Hay una sola puerta. ¿Cuál es la puerta? ¡JESÚS! Y no hay otra.
Han venido, vienen y vendrán otros que procuran enseñar principios espirituales y mostrar el camino sin contar con Jesús. Te van a querer enseñar que hagas ciertas cosas, que vayas a determinados lugares, que escuches a tales maestros y más. Pero sin Jesús no hay verdadera salvación ni vida eterna.
Es CON JESÚS o SIN JESÚS.
No te conformes con ninguna enseñanza espiritual que no pase por esa Puerta, que es nuestro Salvador.
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
Pero hay más.
3. Jesús es el Buen Pastor
3. Jesús es el Buen Pastor
Esto es lo que podríamos considerar la fresa sobre el pastel, lo que le termina de conceder belleza a la enseñanza del Señor.
Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.
»Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida en sacrificio por las ovejas. El que trabaja a sueldo sale corriendo cuando ve que se acerca un lobo; abandona las ovejas, porque no son suyas y él no es su pastor. Entonces el lobo ataca el rebaño y lo dispersa. El cuidador contratado sale corriendo porque trabaja sólo por el dinero y, en realidad, no le importan las ovejas.
»Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí, como también mi Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre. Así que sacrifico mi vida por las ovejas. Además, tengo otras ovejas que no están en este redil, también las debo traer. Ellas escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño con un solo pastor.
»El Padre me ama, porque sacrifico mi vida para poder tomarla de nuevo. Nadie puede quitarme la vida sino que yo la entrego voluntariamente en sacrificio. Pues tengo la autoridad para entregarla cuando quiera y también para volver a tomarla. Esto es lo que ordenó mi Padre».
Anda, pregúntate, y asegúrate: ¿Es Jesús tu Buen Pastor?
¿Qué pasa en la vida de aquellos que son ovejas del Buen Pastor?
Le conocen
Son conocidos por Él
Escuchan su voz
Le siguen
Están bajo su protección
Reciben su provisión y cuidado
Están bajo el refugio de su amor
Se saben amados
Jesús puso su vida por nosotros. Nadie se la quitó: Él la entregó voluntariamente para que tú y yo fuésemos salvos, para que contemos con la seguridad y la transformación que vienen de Él.
A aquellos religiosos no les alcanzó con lo que Jesús había dicho, y buscaron más, y lo recibieron.
Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno,y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí;pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.Yo y el Padre uno somos.
Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.
Ya era invierno, y Jesús estaba en Jerusalén durante el tiempo de Januká, el Festival de la Dedicación. Se encontraba en el templo, caminando por la parte conocida como el pórtico de Salomón. Algunas personas lo rodearon y le preguntaron:
—¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo sin rodeos.
Jesús les contestó:
—Yo ya les dije, y ustedes no me creen. La prueba es la obra que hago en nombre de mi Padre, pero ustedes no me creen porque no son mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen. Les doy vida eterna, y nunca perecerán. Nadie puede quitármelas, porque mi Padre me las ha dado, y él es más poderoso que todos. Nadie puede quitarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno.
Una vez más, las personas tomaron piedras para matarlo.
Entiende, por favor, por qué necesitas asegurarte de tener a Jesús en tu vida. No te conformes con “creer en Dios” o “ir a la iglesia”. Asegúrate de estar siguiendo a Jesús.
Las ovejas de Jesús oyen su voz y le siguen.
Nada se compara con la seguridad ETERNA que solamente se encuentra en Jesús.
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
¿Tienes esta seguridad?
Conclusión:
Conclusión:
Acércate a Jesús para que te saque de la oscuridad y recibas la vista.
Confirma que has entrado por la única puerta que de verdad lleva a la seguridad eterna, que es Jesús.
Asegúrate de ser una de las ovejas del Buen Pastor, el Único capaz de otorgar seguridad eterna.
