La Iglesia que Dios Soñó

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Sermon de motivacion misionera

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TEXTO BASE

Mateo 9:36–38 RVR60
Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

INTRODUCCIÓN

Hace unos meses atrás el Pr. Roberto Herrera narró una parábola que me impactó, él mencionaba:
Que un hombre humilde ganó un concurso organizado por una prestigiosa empresa de zapatos. El premio era sencillo, pero para él era muy importante: un par de zapatos completamente gratis.
El hombre, muy emocionado, viajó hasta la gran fábrica de la compañía para reclamar su premio. Cuando llegó, quedó impresionado. El edificio era enorme, elegante, impecable. Todo parecía funcionar perfectamente.
Al entrar, una recepcionista lo recibió con una sonrisa.
—¡Bienvenido! ¿En qué podemos servirle?
El hombre respondió con alegría:
—Vengo porque gané un par de zapatos.
La recepcionista miró su registro y dijo:
—¡Excelente! Pase a la siguiente sala, por favor.
El hombre entró a la primera sala. Allí otro empleado muy amable lo recibió.
—Señor, antes de entregarle sus zapatos, necesitamos saber algo:
¿Los desea negros o cafés?
El hombre pensó un momento y respondió:
—Negros, por favor.
—Perfecto —respondió el empleado—. Pase a la siguiente sala.
El hombre pasó a la segunda sala. Allí otra persona lo recibió con aún más cortesía.
—Señor, ahora necesitamos saber:
¿Los quiere con plataforma o sin plataforma?
El hombre respondió:
—Sin plataforma.
—Excelente decisión. Pase a la siguiente sala.
En la tercera sala le preguntaron:
—¿Los quiere de cordones o sin cordones?
Respondió.
En la cuarta sala:
—¿Punta redonda o punta cuadrada?
Respondió.
En la quinta sala:
—¿Suela gruesa o suela delgada?
Respondió.
Así continuó pasando de sala en sala, respondiendo preguntas, recibiendo sonrisas, siendo atendido con una amabilidad extraordinaria.
Todos eran educados.
Todos lo trataban con respeto.
Todo estaba perfectamente organizado.
Pero después de muchas salas, el hombre llegó al final del edificio y vio la salida.
Caminó unos pasos salió de la fábrica y se detuvo.
Miró sus pies.
No tenía zapatos.
Se quedó pensando y finalmente dijo:
—Bueno qué lástima que no obtuve los zapatos por los que vine pero qué buena atención tenían en esa empresa.
Una iglesia puede ofrecer un servicio extraordinario, pero si la gente sale igual que como entró, sin esperanza, sin salvación, sin Cristo no hemos cumplido nuestra misión.
Porque la gente no viene solo por el ambiente. La gente viene porque necesita zapatos para el alma. Y esos zapatos solo los da Jesús.
Y eso me llevó a una pregunta incómoda que quiero compartir hoy con ustedes.
¿Cuántas personas cerca de nosotros, amigos, familiares, vecinos, compañeros de trabajo o de universidad; están necesitando de Jesús de manera urgente y nos estamos conformando solamente con ser buenas personas pero no le hemos dado a Jesús?
Porque la verdad es esta: una iglesia puede tener hermosa música, un templo hermoso, buena teología y excelentes programas pero si las personas a su alrededor siguen sin conocer a Cristo, entonces el cielo todavía está esperando algo más de esa iglesia.

FRASE INTRODUCTORIA

La iglesia no fue creada para ser un refugio cómodo para los salvos, sino un hospital urgente para los perdidos.

DESARROLLO TEMÁTICO

1. Cuando Jesús miraba multitudes, veía algo que nosotros ya no vemos
La Biblia dice que cuando Jesús miraba a las multitudes “tuvo compasión de ellas”. La palabra griega utilizada allí es profundamente poderosa. Es la palabra σπλαγχνίζομαι — splagchnízomai.
Es un verbo que está en Aoristo, es decir, una especie de tiempo pasado simple o también conocido como pretérito indefinido, y se utiliza para expresar una acción que no va en proceso o que es algo del todo; sino que demuestra que ya pasó y se hizo de manera completa y desbordante. Los estudiosos de griego Koiné no ven esto como una película que comenzó y sigue moviéndose, sino como una fotografía que se hizo y ya no hay manera de cambiarlo porque fue pasado.
Jesús no tuvo algo de compasión, o sintió pesar, sino que literalmente significa “ser conmovido en las entrañas”, sentir un dolor visceral que nace desde lo más profundo del ser. De hecho la raíz a de la palabra splagchnízomai es entrañas o vísceras. No era una lástima superficial, no era un gesto religioso, era un dolor interno que le partía el corazón.
Jesús no veía simplemente gente caminando por las calles. Jesús veía historias rotas, matrimonios quebrados, jóvenes confundidos, personas atrapadas en el pecado, gente que estaba caminando hacia una eternidad sin Dios.
Lo impresionante es que las multitudes ya existían antes de Jesús. Pero nadie parecía verlas como Él las veía. Los líderes religiosos veían pecadores. Los fariseos veían gente indigna. Los poderosos veían masas manipulables.
Pero Jesús veía almas rescatables.
El problema de muchas iglesias no es falta de conocimiento bíblico, ni siquiera falta de recursos; el problema muchas veces es que dejamos de ver a las personas como Jesús las veía.
Cuando dejamos de sentir compasión, la misión deja de ser urgente.
2. La tragedia silenciosa de las iglesias acomodadas
Hace algunos años en Estados Unidos se hizo un estudio sobre iglesias que dejaron de crecer espiritualmente. No se trataba de iglesias pobres ni perseguidas; muchas de ellas tenían edificios hermosos, miembros educados y buena estabilidad económica.
Sin embargo, los investigadores encontraron algo que se repetía constantemente: la iglesia comenzó a enfocarse más en cuidar lo que ya tenía que en buscar a quienes estaban afuera.
Es una tragedia silenciosa.
Cuando una iglesia alcanza cierto nivel de comodidad, inconscientemente comienza a proteger su ambiente interno. Ya no quiere incomodarse demasiado. Ya no quiere arriesgar demasiado. Ya no quiere involucrarse demasiado.
Pero hay algo que Jesús dijo que rompe completamente ese esquema. En Lucas 15, Jesús contó tres parábolas seguidas: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo.
Y en las tres historias ocurre algo fascinante: alguien sale a buscar lo perdido.
El pastor deja las noventa y nueve.
La mujer enciende la lámpara y barre la casa.
El padre corre hacia el hijo que vuelve.
El evangelio nunca es pasivo. Siempre implica movimiento hacia el perdido.
Por eso es imposible seguir verdaderamente a Cristo y permanecer indiferente ante la gente que aún no lo conoce.
3. El enemigo invisible de la misión: la ilusión de que siempre habrá tiempo
Hace un tiempo un periodista contó una historia que ocurrió en Japón. Un hombre estaba limpiando el apartamento de su padre que había fallecido. Mientras revisaba una vieja caja encontró una pila de cartas sin abrir.
Cuando las abrió, descubrió que eran cartas que su madre le había enviado a su padre años atrás cuando ella estaba enferma en el hospital. Pero el hombre nunca las había leído.
No era porque no las amara. Simplemente siempre decía: “Después las leeré”.
Pero el “después” nunca llegó.
A veces pienso que algo parecido ocurre con la misión; muchos creyentes aman a Dios sinceramente. Aman a la iglesia. Aman su fe. Pero piensan: “Algún día compartiré el evangelio cuando tenga más tiempo, cuando me sienta más preparado, cuando tenga la oportunidad perfecta”.
Pero la misión, las almas, la ciudad de Pereira y el tiempo de gracia no espera las condiciones perfectas.
Cada día miles de personas viven su vida sin saber que hay un Dios que los ama profundamente. Personas exitosas, educadas, profesionales, empresarios gente que tiene casi todo en la vida excepto esperanza eterna.
Y ahí es donde entra el papel de la iglesia.
4. El cielo celebra algo que a veces la iglesia olvida celebrar
Jesús dijo algo extraordinario
Lucas 15:7 RVR60
Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.
Esto es impresionante porque dice que el cielo tiene fiestas, no son por templos nuevos ni tampoco son por presupuestos ni siquiera son por programas. El cielo celebra personas que regresan a Dios.
Imagínate por un momento esa escena celestial. Ángeles celebrando, el universo entero regocijándose porque alguien que estaba perdido ahora fue encontrado.
Pero aquí viene una pregunta incómoda.
¿Con qué frecuencia estamos provocando esas celebraciones en el cielo?
Porque cuando una iglesia vive en misión, el cielo está constantemente celebrando.
Hay lágrimas de arrepentimiento.
Hay historias de transformación.
Hay vidas restauradas.
Pero cuando la misión desaparece, la iglesia sigue reuniéndose pero el cielo ya no tiene tantas razones para celebrar.
5. La estrategia de Dios siempre fue simple
Hay algo en el texto de Mateo que la mayoría pasa por alto; Jesús dice que la mies es mucha, pero los obreros son pocos. Luego dice: “Rogad al Señor de la mies que envíe obreros”. Pero lo fascinante ocurre en el siguiente capítulo.
En Mateo 10, inmediatamente después de pedir que oren por obreros Jesús envía a los mismos que estaban escuchando.
Esto es profundamente revelador. Muchas veces la iglesia ora: “Señor, envía misioneros”.
Pero el cielo responde: “Precisamente por eso los traje aquí”.
El plan de Dios para alcanzar al mundo nunca fue depender de unos pocos especialistas espirituales. El plan de Dios siempre fue una iglesia entera viviendo en misión.
Personas comunes. Profesionales. Empresarios. Estudiantes. Madres. Jóvenes.
Personas que deciden que su fe no será solo una experiencia del sábado sino una misión diaria.
Muchas personas piensan que la misión requiere programas complicados o talentos extraordinarios; pero cuando observamos el ministerio de Jesús, descubrimos algo sorprendente: Él trabajó principalmente a través de relaciones personales.
Andrés encontró a su hermano Pedro.
Felipe habló con Natanael.
La mujer samaritana corrió al pueblo para contar lo que había vivido.
La expansión del evangelio comenzó de persona a persona. Y aquí es donde aparece algo profundamente alineado con el corazón de Dios: la estrategia Viviendo la Misión 7-70. La idea es sencilla, pero espiritualmente poderosa.
Cada creyente decide orar por personas cercanas, cultivar relaciones genuinas, interesarse por sus vidas, acompañarlas espiritualmente y guiarlas hacia Cristo.
No es presión.
No es manipulación.
Es vivir con conciencia misionera.
Es entender que Dios ya puso personas cerca de nosotros que necesitan esperanza.
Vecinos. Amigos. Familiares. Compañeros de trabajo.
Como Asociación estamos implementando de manera creativa un Anagrama, conocido como el P.A.V.O. que hace referencia a: Parientes
Amigos
Vecinos
Otros
La misión no siempre comienza en otro continente; muchas veces comienza al otro lado de la mesa.

CONCLUSIÓN

La misión no es una carga que Dios puso sobre la iglesia, sino que es un privilegio que Dios nos regaló. Es participar en la obra más grande del universo: rescatar personas para la eternidad.
Algún día, cuando estemos en el cielo, tal vez alguien se acercará y dirá:
“Gracias por haber hablado conmigo de Dios”. “Gracias por haber orado por mí”. “Gracias por no haber guardado tu fe solo para ti”.
Y en ese momento entenderemos que todas las cosas que parecían importantes en esta vida eran pequeñas comparadas con una sola cosa: haber ayudado a alguien a encontrar a Cristo.

Llamado

Esta mañana quiero hacer una invitación sencilla, no es un llamado para expertos en evangelismo, ni es un llamado para personas perfectas sino mas bien es un llamado para corazones dispuestos.
Tal vez Dios ha puesto personas cerca de ti que aún no lo conocen.
Personas que se ven exitosas por fuera pero que están luchando por dentro.
Personas que sonríen en público pero lloran en silencio.
Personas que necesitan esperanza eterna.
Hoy Dios está buscando algo más que asistentes a la iglesia. Dios está buscando obreros para su mies; por eso quiero invitarte a hacer algo sencillo. Decide hoy que tu fe no será solo algo que practicas el sábado. Decide que tu fe será una misión diaria.
Ora por personas cercanas.
Construye relaciones reales.
Comparte esperanza.
Invita a alguien a conocer a Cristo.
Porque cuando la iglesia de Maraya decide vivir en misión, la ciudad de Pereira empieza a cambiar, las vidas empiezan a transformarse y el cielo comienza a celebrar otra vez.
Y quizá mañana, gracias a tu decisión, alguien más descubrirá lo que tú ya descubriste: que conocer a Cristo cambia completamente el destino de una vida.
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