DOS REINOS SOLO UN VENCEDOR
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ENTRADA:
ENTRADA:
Vivimos en un mundo que podemos ver, tocar y medir.
Podemos ver edificios, escuchar sonidos, sentir el viento y caminar por calles llenas de personas.
Pero la Biblia nos enseña algo sorprendente: la realidad no se limita a lo que vemos.
15 Cristo es la imagen visible del Dios invisible. Él ya existía antes de que las cosas fueran creadas y es supremo sobre toda la creación
16 porque, por medio de él, Dios creó todo lo que existe en los lugares celestiales y en la tierra. Hizo las cosas que podemos ver y las que no podemos ver, tales como tronos, reinos, gobernantes y autoridades del mundo invisible. Todo fue creado por medio de él y para él.
El mundo espiritual es la realidad invisible creada por Dios donde operan dos reinos: el reino de Dios, caracterizado por la luz, la verdad y la vida; y el reino de las tinieblas, liderado por Satanás, que se opone a los propósitos de Dios, pero que ya ha sido derrotado por Cristo.
Estos dos reinos están en conflicto pero la victoria final ya fue ganada por Jesucristo.
Estos dos reinos están en conflicto pero la victoria final ya fue ganada por Jesucristo.
Hoy veremos tres verdades fundamentales:
El Reino de Dios avanza con fuerza
El reino de las tinieblas se opone.
Jesucristo ya aseguró la victoria.
DESARROLLO
DESARROLLO
1. El Reino de Dios avanza por medio de la proclamación del evangelio
1. El Reino de Dios avanza por medio de la proclamación del evangelio
12 Desde los días en que Juan el Bautista comenzó a predicar hasta ahora, el reino del cielo ha venido avanzando con fuerza, y gente violenta lo está atacando.
Jesús declara algo impactante: El Reino de Dios no está estancado. El Reino está avanzando.
Dios está obrando en el mundo.
Cada vez que alguien se arrepiente.
Cada vez que alguien nace de nuevo.
Cada vez que el evangelio es predicado.
El Reino de Dios avanza.
Pero Jesús también dice algo importante:
El Reino encuentra oposición.
Desde el inicio del ministerio de Jesús, el mensaje del Reino era claro.
1 En esos días, Juan el Bautista llegó al desierto de Judea y comenzó a predicar. Su mensaje era el siguiente:
2 «Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el reino del cielo está cerca».
El mensaje de Juan el Bautista fue:
“Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios.”
El mensaje del Reino siempre nos dirige a dos acciones claras:
1. Arrepentirnos de nuestros pecados es reconocer que hemos fallado a Dios.
1. Arrepentirnos de nuestros pecados es reconocer que hemos fallado a Dios.
2. Volvernos a Dios de todo corazón es decidir caminar en obediencia.
2. Volvernos a Dios de todo corazón es decidir caminar en obediencia.
Arrepentimiento no es solo sentir tristeza es cambiar de dirección.
Es dejar atrás una vida de pecado y comenzar una vida de obediencia.
7 Cuando Juan vio que muchos fariseos y saduceos venían a mirarlo bautizar, los enfrentó. «¡Camada de víboras! —exclamó—. ¿Quién les advirtió que huyeran de la ira divina que se acerca?
8 Demuestren con su forma de vivir que se han arrepentido de sus pecados y han vuelto a Dios.
Juan confronta a los religiosos y les dice algo fuerte:
El arrepentimiento verdadero produce cambios genuinos y visibles.
El arrepentimiento verdadero produce cambios genuinos y visibles.
Cada uno de nosotors debe preguntarse:
¿Estoy creciendo espiritualmente?
¿Estoy dejando atrás pecados que antes practicaba?
¿Mi vida refleja que pertenezco al Reino de Dios?
Pasos de acción
Pasos de acción
Examina tu corazón delante de Dios.
Confiesa pecados que el Espíritu Santo te esté mostrando.
Toma decisiones concretas para abandonar hábitos pecaminosos.
Comprométete a vivir como un ciudadano del Reino.
2. El reino de las tinieblas se opone al Reino de Dios
2. El reino de las tinieblas se opone al Reino de Dios
Jesús dijo que el Reino avanza pero es atacado.
Satanás siempre ha intentado frenar los propósitos de Dios desde el inicio de la historia humana.
15 Y pondré hostilidad entre tú y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia de ella. Su descendiente te golpeará la cabeza, y tú le golpearás el talón».
Aquí aparece la primera profecía del evangelio.
Dios anuncia que vendrá un descendiente de la mujer que aplastará la cabeza de la serpiente.
Ese descendiente es Jesucristo.
Por eso Satanás intentó detener el plan de Dios desde el nacimiento de Jesús.
16 Cuando Herodes se dio cuenta de que los sabios se habían burlado de él, se puso furioso. Entonces, basado en lo que dijeron los sabios sobre la primera aparición de la estrella, Herodes envió soldados para matar a todos los niños que vivieran en Belén y en sus alrededores y que tuvieran dos años o menos.
Herodes ordenó matar a los niños en Belén.
Detrás de esa decisión política había una influencia espiritual.
Era un intento del reino de las tinieblas de destruir al Salvador.
Pero el plan de Dios no pudo ser detenido.
Más adelante volvemos a ver a Satanás intentando desviar a Jesús, esta vez en el desierto.
Satanás tenía un objetivo estratégico:
Desviar a Jesús de su misión redentora y lo mismo hace con muchos de nosotros.
En la tentacieon del desierto intentó tres cosas:
Que Jesús usara su poder para satisfacer sus necesidades fuera de la voluntad del Padre.
Que manipulara a Dios para demostrar su poder.
Que evitara la cruz ofreciendo gloria sin sufrimiento.
En otras palabras, Satanás buscaba:
Que Jesús pecara
Que Jesús desobedeciera
Que Jesús abandonara su misión
Y estas mismas tentaciones siguen presentes hoy.
Las tentaciones de Jesús representan tres grandes tentaciones humanas:
Satisfacer deseos fuera de la voluntad de Dios.
Manipular a Dios para que haga lo que queremos.
Buscar gloria sin obediencia.
Jesús nos mostró algo glorioso: El diablo puede tentar, pero no puede obligar a pecar.
Jesús nos mostró algo glorioso: El diablo puede tentar, pero no puede obligar a pecar.
Y Jesús venció usando la Palabra de Dios.
Aplicación práctica
Aplicación práctica
Cuando el enemigo te tiente:
Recuerda la verdad de la Escritura, declara la Palabra de Dios, permanece en obediencia
La victoria espiritual no se logra con fuerza humana, sino con la verdad de Dios.
3. Jesús ganó la victoria que Adán perdió
3. Jesús ganó la victoria que Adán perdió
12 Cuando Adán pecó, el pecado entró en el mundo. El pecado de Adán introdujo la muerte, de modo que la muerte se extendió a todos, porque todos pecaron.
El pecado de Adán trajo muerte a toda la humanidad. Pero la historia no termina ahí.
17 Pues el pecado de un solo hombre, Adán, hizo que la muerte reinara sobre muchos; pero aún más grande es la gracia maravillosa de Dios y el regalo de su justicia, porque todos los que lo reciben vivirán en victoria sobre el pecado y la muerte por medio de un solo hombre, Jesucristo.
18 Así es, un solo pecado de Adán trae condenación para todos, pero un solo acto de justicia de Cristo trae una relación correcta con Dios y vida nueva para todos.
19 Por uno solo que desobedeció a Dios, muchos pasaron a ser pecadores; pero por uno solo que obedeció a Dios, muchos serán declarados justos.
Pablo nos muestra el contraste entre dos hombres:
Adán y Cristo.
Adán desobedeció y el pecado entró al mundo pero Cristo obedeció perfectamente.
Hay algo impresionante en esto:
Adán cayó en el ambiente más perfecto que existía. El Edén.
Jesús venció en el ambiente más duro posible. El desierto.
Adán cayó en el jardín, Jesús venció en el desierto.
Y la victoria de Jesús se convierte en nuestra victoria.
CIERRE INSPIRADOR
CIERRE INSPIRADOR
La gracia reina ahora
La gracia reina ahora
20 La ley de Dios fue entregada para que toda la gente se diera cuenta de la magnitud de su pecado, pero mientras más pecaba la gente, más abundaba la gracia maravillosa de Dios.
21 Entonces, así como el pecado reinó sobre todos y los llevó a la muerte, ahora reina en cambio la gracia maravillosa de Dios, la cual nos pone en la relación correcta con él y nos da como resultado la vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor.
La Biblia dice que donde abundó el pecado… sobreabundó la gracia.
Antes el pecado reinaba, antes la muerte dominaba, pero ahora algo nuevo ha sucedido:
La gracia de Dios reina.
Y cuando la gracia reina en una vida:
La culpa pierde su poder
El pecado pierde su dominio
El enemigo pierde su autoridad
Por eso el creyente no vive desde la derrota, vive desde la victoria de Cristo.
La gracia de Dios no es libertad para pecar es poder para vencer
La gracia de Dios no es libertad para pecar es poder para vencer
Tal vez alguien llegó hoy sintiendo: culpa, derrota, lucha espiritual, cansancio
Pero el evangelio nos recuerda algo glorioso: Jesús ya ganó la batalla.
Y todos los que están en Cristo participan de esa victoria.
Hoy podemos salir de este lugar: Perdonados, restaruados, reconciliados con Dios, disfrutando de su gracia y bendiciones
Porque donde reina la gracia de Dios… hay vida nueva, libertad y victoria en Jesucristo.
