Amor
Los 4 amores marca la diferencia entre el amor romántico eros en donde hay un mutuo deseo en una pareja del uno por el otro, el amor philos, distintivo de la amistad, donde se acompañan mutuamente, el amor storge, que corresponde al afecto natural hacia familiares o mascotas, y el amor agape, un amor divino caracterizado por el sacrificio de una persona que busca el bien del otro. Si bien el amor eros no figura en las Escritura como vocablo, no obstante porciones como El cantar de los cantares lo exhibe plenamente.
En la Biblia, vemos ambas clases de amor por parte de Dios. Dios se complace en su hijo (en su perfecta obediencia) y asimismo la benevolencia sacrificial de sacrificar a su hijo por nosotros.
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En la actualidad, las canciones, las películas y las novelas difunden el ideal del amor romántico, basado en la pasión y el sentimentalismo.
El amor, de cualquier forma que se vea (ya sea en una relación romántica, familiar o amistosa) trata de dar o entregar. Poner a la persona amada (sus necesidades, cuidado, etc.) por encima de las nuestras, a diferencia de la definición que proviene del mundo, en donde el amor trata de lo que podamos obtener del otro.
Es innegable que el Cantar de los cantares celebra la atracción, complacencia mutua y abundan los sentimientos. Dios por naturaleza ha incluido fuertes corrientes sentimentales en la etapa inicial de la relación romántica. No obstante, estos deben gobernarse con principios bíblicos y nunca deben regir la relación, pues estos son inestables cuando no volubles. El amor auténtico subsiste por siempre y persiste en amar aún cuando “las mariposas” se han ido.
