Rasgos de una vida cristiana saludable
1 Tesalonicenses • Sermon • Submitted • Presented
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1 Tesalonicenses 5:16–22 "16 Estad siempre gozosos.17 Orad sin cesar.18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.19 No apaguéis al Espíritu.20 No menospreciéis las profecías.21 Examinadlo todo; retened lo bueno.22 Absteneos de toda especie de mal."
Introducción
Introducción
Hermanos, permítanme comenzar con una pregunta.
¿Cómo se ve realmente una vida cristiana saludable?
Cuando pensamos en un creyente maduro, en alguien que realmente camina con Dios, ¿qué cosas deberían caracterizar su vida?
¿Es simplemente alguien que conoce mucha doctrina?
¿Alguien que asiste fielmente a la iglesia?
¿Alguien que participa activamente en las actividades de la iglesia?
La Biblia nos muestra que la vida cristiana saludable es algo más profundo que eso.
Tiene que ver con el corazón.
Tiene que ver con la manera en que vivimos delante de Dios cada día.
Y precisamente eso es lo que el apóstol Pablo nos muestra en el pasaje que estudiaremos hoy.
Hermanos, hemos llegado al final de esta carta.
Durante las últimas semanas hemos estado estudiando la primera carta de Pablo a los Tesalonicenses, una carta dirigida a una iglesia joven que estaba aprendiendo a vivir la fe cristiana en medio de un mundo hostil.
A lo largo de la carta, Pablo ha tratado muchos temas importantes.
Ha hablado de la conversión de los tesalonicenses.
Ha hablado de su crecimiento espiritual
Ha hablado de su testimonio delante del mundo.
Y también les ha recordado repetidas veces una verdad que atraviesa toda la carta:
la esperanza en la venida del Señor Jesucristo.
En los versículos inmediatamente anteriores, Pablo habló de la vida congregacional.
Habló del trato hacia los pastores.
Habló de cómo los creyentes deben tratarse unos a otros.
Habló de cómo deben cuidarse dentro de la iglesia.
Pero ahora, al llegar al final de la carta, Pablo presenta una serie de exhortaciones breves, directas y profundamente prácticas.
No son reflexiones abstractas
No son ideas teológicas complicadas.
Son mandatos claros que describen cómo luce la vida diaria de un creyente que camina con Dios.
Podríamos decirlo de esta manera:
En estos versículos Pablo nos muestra los rasgos de una vida cristiana saludable.
Primero veremos que una vida cristiana saludable se caracteriza por una disposición constante delante de Dios.
Y segundo veremos que una vida cristiana saludable se caracteriza por sensibilidad y discernimiento espiritual.
Y Pablo comienza precisamente con lo más interior.Con lo que ocurre en el corazón del creyente delante de Dios
Antes de hablar del discernimiento frente a lo que sucede alrededor, Pablo habla de la disposición espiritual que debe gobernar nuestra vida cada día.
1. Una vida cristiana saludable se caracteriza por una disposición constante delante de Dios
1. Una vida cristiana saludable se caracteriza por una disposición constante delante de Dios
1 Tesalonicenses 5:16–18 "16 Estad siempre gozosos.17 Orad sin cesar.18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús."
Pablo escribe:
“Estad siempre gozosos.
Orad sin cesar.
Dad gracias en todo; porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”
Estos tres mandatos describen la disposición interior del creyente delante de Dios.
No hablan de circunstancias externas.
Hablan de la actitud constante del corazón.
Una vida cristiana saludable se manifiesta aquí en tres realidades:
gozo constante,
oración constante,
y gratitud constante.
Observe que Pablo no está describiendo emociones pasajeras ni momentos excepcionales de fervor.
Está describiendo una manera de vivir.
Y la primera marca de esa disposición constante delante de Dios es el gozo.
A. Gozo constante
A. Gozo constante
“Estad siempre gozosos.”
Este mandamiento puede parecer sorprendente.
Porque todos sabemos que la vida está llena de dificultades.
Hay enfermedades.
Hay pérdidas.
Hay momentos de angustia.
Hay temporadas de profunda tristeza.
Entonces, ¿cómo puede Pablo decir: “estad siempre gozosos”?
La respuesta está en entender el gozo cristiano.
El gozo cristiano no significa ausencia de dolor.
No significa que el creyente nunca sufre ni que nunca llora.
Significa que, incluso en medio del dolor, el creyente sigue teniendo en Cristo una esperanza firme.
El gozo del creyente no depende de circunstancias cambiantes.
Depende del carácter inmutable de Dios y de la seguridad que tenemos en Cristo.
Las circunstancias cambian.
Las emociones fluctúan.
Pero Dios no cambia.
Y por eso el creyente puede tener gozo aun en medio de las pruebas, porque sabe que Dios sigue siendo bueno, sigue siendo soberano y sigue obrando en su vida.
Transicion. Pero Pablo no solo habla de una vida marcada por el gozo.
Transicion. Pero Pablo no solo habla de una vida marcada por el gozo.
También habla de una vida que permanece en comunión constante con Dios.
Por eso añade inmediatamente:
“Orad sin cesar.”
B. Oración constante
B. Oración constante
Este mandato no significa que el creyente deba estar pronunciando oraciones todo el día sin parar.
La idea es vivir en dependencia continua de Dios.
Es la actitud de un corazón que constantemente vuelve al Señor.
Cuando hay necesidad, el creyente ora.
Cuando hay decisiones, busca la dirección de Dios.
Cuando hay luchas, clama al Señor.
Cuando hay bendiciones, reconoce al Señor.
La oración deja de ser simplemente un momento ocasional.
Se convierte en un estilo de vida.
El creyente aprende a vivir con una conciencia constante de la presencia de Dios y con una dependencia continua de su gracia.
Transición Y esa comunión constante con Dios produce otro rasgo indispensable de una vida cristiana saludable:
Transición Y esa comunión constante con Dios produce otro rasgo indispensable de una vida cristiana saludable:
un corazón agradecido.
un corazón agradecido.
Por eso Pablo continúa diciendo:
“Dad gracias en todo.”
C. Gratitud constante
C. Gratitud constante
Notemos cuidadosamente lo que Pablo dice.
No dice que demos gracias por todo.
Dice que demos gracias en todo.
Esto significa que incluso en medio de circunstancias difíciles el creyente puede mantener un corazón agradecido.
¿Por qué?
Porque sabe que Dios sigue siendo soberano.
Sabe que Dios sigue siendo sabio.
Sabe que Dios sigue siendo bueno.
Sabe que Dios sigue obrando, aun cuando no entiende plenamente lo que está sucediendo.
Por eso Pablo añade:
“Porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”
Muchos creyentes pasan mucho tiempo preguntándose cuál es la voluntad de Dios para su vida.
Aquí Pablo nos muestra con claridad una parte de esa voluntad.
Dios quiere que sus hijos vivan con gozo en el Señor, con dependencia constante de Él y con gratitud en toda circunstancia.
Así luce una vida que vive mirando a Dios con gozo, dependiendo de Dios en oración y reconociendo a Dios con gratitud.
Transición Hasta aquí Pablo nos ha mostrado cómo luce la disposición interior del creyente delante de Dios:
Transición Hasta aquí Pablo nos ha mostrado cómo luce la disposición interior del creyente delante de Dios:
gozo, oración y gratitud.
Pero la vida cristiana saludable no solo se ve en la relación personal con Dios.
También se ve en la manera en que respondemos a la obra espiritual en medio de la iglesia.
Por eso, a partir del versículo 19, Pablo pasa de la disposición interior a la sensibilidad y al discernimiento espiritual.
2. Una vida cristiana saludable se caracteriza por sensibilidad y discernimiento espiritual
2. Una vida cristiana saludable se caracteriza por sensibilidad y discernimiento espiritual
1 Tesalonicenses 5:19–22 "19 No apaguéis al Espíritu.20 No menospreciéis las profecías.21 Examinadlo todo; retened lo bueno.22 Absteneos de toda especie de mal."
Pablo dice:
“No apaguéis al Espíritu.
No menospreciéis las profecías.
Examinadlo todo; retened lo bueno.
Absteneos de toda especie de mal.”
Aquí Pablo muestra que la espiritualidad verdadera no consiste ni en apagar todo ni en aceptar todo.
La vida cristiana saludable sabe responder correctamente a la obra del Espíritu.
Por eso el primer mandato en esta sección es:
“No apaguéis al Espíritu.”
A. No resistiendo la obra del Espíritu
A. No resistiendo la obra del Espíritu
La figura es la de apagar un fuego.
Pablo advierte contra toda actitud que sofoca o resiste la obra del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo obra en medio de su pueblo.
Él convence, guía, transforma y edifica.
Pero nota… es posible endurecer el corazón y responder con indiferencia a su obra.
Cuando la congregación se vuelve fría, resistente o cerrada a lo que Dios está haciendo, está apagando al Espíritu.
Y ese mismo principio también confronta la vida personal del creyente.
Cada vez que endurecemos el corazón, cada vez que ignoramos la convicción de Dios, cada vez que conocemos lo que el Señor demanda y decidimos no obedecer, estamos actuando en contra de la obra del Espíritu.
Por eso Pablo advierte: no apaguéis al Espíritu.
Y Pablo inmediatamente muestra una manera concreta en que esa obra podía ser apagada en la congregación.
Por eso añade:
“No menospreciéis las profecías.”
B. No despreciando lo que debe ser considerado
B. No despreciando lo que debe ser considerado
En el contexto de la iglesia primitiva, esto se refería a expresiones proféticas dentro de la vida de la iglesia. En aquellos primeros años, antes de que el Nuevo Testamento estuviera completamente escrito y circulando entre las iglesias, Dios usaba distintos medios para edificar y exhortar a su pueblo. A veces el Señor levantaba personas que traían exhortaciones, advertencias o palabras de edificación para la congregación. Pablo explica en 1 Corintios 14:3 que “el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.”
Pero Pablo no dice que todo debía aceptarse automáticamente. Tampoco dice que todo debía rechazarse de inmediato. Lo que prohíbe es una actitud de desprecio, de cerrar el oído antes de escuchar. La iglesia no debía reaccionar con orgullo ni con indiferencia frente a aquello que podía traer edificación espiritual.
Ahora, ¿cómo aplicamos esto hoy en la vida de la iglesia
Hoy Dios ya nos ha dado su Palabra completa, y ella es la autoridad final para la vida del creyente y de la iglesia. Como dice 2 Timoteo 3:16–17: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia.”
Pero aun así, Dios sigue usando medios dentro de la iglesia para exhortar y edificar a su pueblo. Pensemos en tres situaciones muy comunes.
Primero, cuando la Palabra de Dios es predicada. Cada vez que la Escritura es abierta y explicada fielmente, Dios está hablando a su pueblo. En esos momentos la tentación puede ser escuchar con indiferencia o pensar que el mensaje es para otros. Pero una iglesia saludable no menosprecia la Palabra predicada; la escucha con reverencia y con un corazón dispuesto a obedecer.
Segundo, cuando un hermano o hermana nos exhorta con amor. A veces Dios usa a otro creyente para advertirnos, animarnos o corregirnos. Proverbios 27:6 dice: “Fieles son las heridas del que ama.” En esos momentos la reacción natural puede ser molestarnos o cerrarnos. Pero Pablo nos recuerda que no debemos despreciar la exhortación espiritual que puede traer edificación a nuestra vida.
Y tercero, cuando la misma Palabra de Dios nos confronta. Hay momentos en que leemos la Escritura o escuchamos una enseñanza y sentimos que el Señor está señalando algo en nuestro corazón. En lugar de endurecernos o ignorarlo, debemos responder con humildad.
Por eso Pablo inmediatamente añade el equilibrio en el siguiente versículo: “Examinadlo todo; retened lo bueno.”
Es decir, no despreciamos la exhortación espiritual, pero tampoco aceptamos todo sin discernimiento. Escuchamos con humildad y examinamos todo a la luz de la Escritura, como hacían los creyentes de Berea. Dice Hechos 17:11: “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.”
Ese es el modelo para la iglesia: un corazón dispuesto a escuchar, pero también un corazón cuidadoso que evalúa todo según la Palabra de Dios. Una iglesia saludable no cierra el oído con orgullo, pero tampoco pierde el discernimiento. Escucha con humildad, examina con la Escritura y retiene aquello que es verdadero y edificante.
C. Examinando con cuidado
C. Examinando con cuidado
“Absteneos de toda especie de mal.”
La iglesia debía examinar.
La iglesia debía examinar, probar y discernir. Todo lo que se escuchaba debía evaluarse a la luz de la verdad de Dios. Pablo no promueve una credulidad ingenua que acepta todo sin pensar, pero tampoco aprueba un rechazo cínico que descarta todo de inmediato.
La vida cristiana saludable sabe discernir. Escucha con atención, pone a prueba lo que oye y lo compara con la enseñanza de la Palabra de Dios.
La iglesia debe examinar, probar y discernir. Todo lo que escuchamos debe evaluarse a la luz de la verdad de Dios.
Por ejemplo, pensemos en una crisis matrimonial
Un esposo o una esposa puede estar pasando por un momento difícil en su matrimonio. Discusiones constantes, cansancio emocional, frustración. Y en ese momento comienza a escuchar muchas voces.
Un amigo puede decirle: “Ya no seas infeliz, si no funciona, sepárate.”
Otra persona puede decirle: “Piensa primero en tu felicidad.”
Tal vez incluso alguien cercano aconseja: “Si ya no hay amor, no tiene sentido seguir.
Pero el creyente no decide su vida basándose simplemente en lo que otros dicen o en lo que siente en ese momento
El creyente examina todo a la luz de la Palabra de Dios.
Entonces abre la Escritura y recuerda lo que Dios dice acerca del matrimonio:
Efesios 5:25: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia.”
Colosenses 3:13: “Soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros.”
De pronto entiende que no todos los consejos que escucha son buenos.
Entonces hace exactamente lo que Pablo enseña aquí
examina todo… y retiene lo bueno.
Retiene el consejo que le lleva a amar, a perdonar, a restaurar y a buscar la voluntad de Dios.
Y rechaza aquello que le empuja al orgullo, a la dureza o a decisiones contrarias a la Palabra.
Así funciona el discernimiento cristiano.
No vivimos reaccionando a las emociones del momento
Vivimos evaluando todo a la luz de la verdad de Dios.
D. Apartándose del mal
D. Apartándose del mal
Después de examinar y discernir, debía rechazarse aquello que era malo.
La vida cristiana saludable mantiene una separación clara del mal.
No juega con el pecado.
No lo tolera.
No negocia con él.
No busca qué tan cerca puede estar del mal sin comprometerse
Busca apartarse de aquello que ofende a Dios.
Ese es el fruto de un discernimiento espiritual verdadero.
Por eso Pablo usa una palabra fuerte: “absteneos.” La idea no es simplemente evitar ocasionalmente el mal, sino mantener distancia deliberada de todo aquello que tenga apariencia o forma de maldad.
Es la actitud de un corazón que desea honrar a Dios y que entiende que el pecado no es algo pequeño ni inofensivo.
La Escritura constantemente nos llama a vivir de esta manera.
Por ejemplo, Romanos 12:9 dice: “Aborreced lo malo, seguid lo bueno.”
También 1 Pedro 3:11 exhorta: “Apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala.
Y Proverbios 4:14–15 advierte con claridad: “No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos. Déjala, no pases por ella; apártate de ella, pasa.
Ese es el lenguaje de la Biblia: apártate, evita, aléjate.
Pensemos en algunos ejemplos muy prácticos.
Si una persona sabe que ciertas amistades constantemente lo empujan al pecado, a la crítica, a la inmoralidad o a una vida lejos de Dios, el discernimiento cristiano le dice que debe tomar distancia. No porque desprecie a esas personas, sino porque entiende que su alma es más importante. La Biblia dice en 1 Corintios 15:33: “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.”
Otro ejemplo puede verse en lo que consumimos cada día. Hay cosas que entran a nuestra vida a través de la pantalla, del teléfono, de las redes sociales o de lo que vemos y escuchamos. Si algo alimenta pensamientos impuros, violencia, amargura o tentación, el creyente maduro aprende a decir: “esto no me conviene, debo apartarme.
O pensemos también en decisiones donde sabemos que algo no es correcto delante de Dios. El discernimiento espiritual no pregunta: “¿qué tan cerca puedo estar del mal sin caer?” La pregunta correcta es: “¿qué decisión honra más a Dios?”
Por eso una vida cristiana saludable no solo abraza lo bueno; también aprende a alejarse de aquello que puede apartarnos del Señor.
Y aquí viene el llamado para nosotros como iglesia.
Hermanos, cada uno de nosotros debe preguntarse con honestidad delante de Dios:
¿Hay algo en mi vida de lo cual debo apartarme?
Tal vez una amistad que no está ayudando a tu vida espiritual.
Tal vez algo que estás consumiendo y sabes que no honra a Dios.
Tal vez una actitud, un hábito o una práctica que poco a poco ha ido enfriando tu corazón.
El llamado de la Palabra hoy es claro: “absteneos de toda especie de mal.
No porque Dios quiera quitarnos la alegría, sino porque Él sabe que el pecado siempre termina destruyendo aquello que toca.
Por eso hoy el Señor nos llama a vivir con discernimiento: a examinar todo, a retener lo bueno y a apartarnos del mal.
De manera que Pablo ha trazado delante de nosotros el perfil de una vida cristiana saludable.
Primero, una vida que permanece delante de Dios con gozo, oración y gratitud
Y segundo, una vida que responde a la obra espiritual con sensibilidad, discernimiento y santidad.
A la luz de esto, la pregunta final ya no es solamente qué dice el texto.
La pregunta es si estos rasgos están presentes en nosotros.
Conclusión y aplicación final
Conclusión y aplicación final
Y esto es importante, hermanos, porque Pablo no está describiendo un ideal inalcanzable. Está describiendo la clase de vida que Dios demanda y produce en su pueblo
Así luce una vida que honra al Señor
Una vida marcada por gozo en Cristo, comunión constante con Dios, gratitud en toda circunstancia, sensibilidad a la obra del Espíritu, discernimiento espiritual y separación del mal.
Así vive un creyente que desea agradar al Señor
Así vive alguien que espera la venida de Cristo.
Porque toda esta carta nos ha recordado una verdad central:
Cristo viene.
Y mientras esperamos su regreso, somos llamados a vivir de una manera digna del Señor, con gozo, oración, gratitud, sensibilidad espiritual y discernimiento santo.
Pero después de escuchar este pasaje, no basta con admirar la belleza de estas exhortaciones.
Debemos preguntarnos con honestidad si estos rasgos están presentes en nuestra vida.
Porque es posible estar en la iglesia, escuchar la Palabra, conocer la doctrina correcta, y aun así descuidar el corazón.
Este texto nos llama a examinarnos.
¿Hay en nosotros ese gozo que descansa en Cristo, aun en medio de las dificultades?
¿O hemos permitido que las circunstancias gobiernen nuestro corazón?
¿Hay en nosotros una vida de oración constante?
¿O solo buscamos a Dios en los momentos de urgencia?
¿Hay en nosotros gratitud?
¿O nos hemos vuelto quejosos, insatisfechos y olvidadizos de la bondad de Dios
Y también debemos preguntarnos:
¿Estamos siendo sensibles a la obra del Espíritu?
¿O nos hemos endurecido?
¿Escuchamos con humildad la verdad de Dios?
¿Examinamos todo con discernimiento bíblico
¿Estamos reteniendo lo bueno y apartándonos del mal?
Este pasaje no solo describe al creyente fiel.
También confronta al creyente descuidado.
Nos recuerda que la vida cristiana saludable no ocurre por accidente.
Debe ser cultivada delante de Dios.
Por eso debemos volver nuestro corazón al Señor.
Debemos pedirle que produzca en nosotros lo que este pasaje demanda.
Que nos dé gozo en medio de la prueba.
Que nos enseñe a vivir en oración.
Que forme en nosotros un corazón agradecido.
Que nos haga sensibles a su obra.
Que nos dé discernimiento para abrazar lo bueno y rechazar lo malo
Y si al examinarnos descubrimos frialdad, dureza, indiferencia o pecado, este es el momento para arrepentirnos.
Este es el momento para volver al Señor con sinceridad.
Porque Cristo no solo viene por un pueblo que profesa su nombre.
Cristo viene por un pueblo que vive para su gloria.
Pero al terminar la carta, Pablo también nos recuerda algo lleno de esperanza.
La vida cristiana saludable no depende solamente de nuestra fuerza.
Depende de la obra de Dios en nosotros.
Por eso Pablo concluye diciendo en 1 Tesalonicenses 5:23–24:
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.”
Nuestra esperanza no está en nuestra constancia.
Nuestra esperanza está en la fidelidad de Dios.
El Dios que nos llamó es fiel.
El Dios que comenzó la obra en nosotros es el mismo Dios que la llevará hasta el final.
De manera que la pregunta final no es solamente si entendimos el texto.
La pregunta final es esta
¿Estamos viviendo los rasgos de una vida cristiana saludable?
Que el Señor nos conceda ser un pueblo gozoso, orante, agradecido, sensible a su obra y cuidadoso en apartarse del mal, mientras esperamos fielmente la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
