Gocémonos en ver la gracia de Dios
El ADN de la consolación • Sermon • Submitted • Presented
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Hechos 11:19-30
Hechos 11:19-30
Esta historia narra de dónde surge la palabra «cristiano» (v. 26). Aquí, Lucas nos da el contexto. Esta es la historia. Se nos da la razón por la que a los primeros creyentes se les llama cristianos, por lo que pasó en Antioquía. En esta ciudad se planta una iglesia que empieza a crecer y a tener ciertas características, y la cultura, la gente que los rodea, comienza a reconocer a este grupo que va creciendo y así es como los llaman. Entonces, ahora vamos a ver cuál es la característica de un cristiano; o sea, qué es lo que hizo que los llamaran cristianos. Y creo que el énfasis está en mi versículo favorito de todo este pasaje, que es el versículo 23, porque allí se narra la reacción de Bernabé cuando llega y conoce a esta iglesia que se ha formado. Su reacción es ver la gracia de Dios. ¿Qué hace Bernabé? Se goza. Entonces, creo que la vida de cualquier cristiano debería causar esa misma reacción en los demás, que nos vean y digan: Ahí está la gracia de Dios, y los llene de gozo ver eso.
La pregunta es: ¿Es así como se caracteriza nuestra iglesia? ¿Somos una iglesia en la que la gente ve la gracia de Dios manifestada en cómo vivimos y que produce gozo cuando la notan?
El contexto del pasaje
Veamos qué pasó en esta historia. El contexto, en realidad, viene del capítulo 8 de Hechos, versículo 1. Hay un paréntesis que surgió desde el capítulo 8 hasta el capítulo 11, desde que Lucas nos narró cuando Esteban fue martirizado, cuando lo mataron los líderes religiosos en Jerusalén.
Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. (Hechos 8:1)
Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos. (Hechos 11:19)
Cuando el cristianismo llegó a Antioquía a mediados de los años 40 d. C., el Imperio romano llevaba un siglo de dominación sobre esa ciudad y sus alrededores. En ese entonces, Antioquía era una típica ciudad helenística, capital de la provincia romana de Siria y sede de su gobernador, contada junto con Roma y Alejandría entre las tres ciudades más importantes del imperio. Antioquía era la metrópolis de una vasta zona que va desde las costas del Mediterráneo en Asia Menor hasta las riberas de la Mesopotamia, y desde el Ponto hasta la Arabá. Los numerosos y variados pueblos que habitaron estas tierras se encontraban en Antioquía para el comercio, la ciencia y la política. El idioma griego y la cultura helenista facilitaban este encuentro y permitían el intercambio de todo conocimiento y opinión.
Era una ciudad moderna, sofisticada y políticamente correcta. Había tanta mezcla de culturas y de religiones que tenían la tendencia a aceptar lo que fuera. Eran muy tolerantes. Entonces, la gente podía ir y hacer cosas y nadie la juzgaba. Y una de las características principales de Antioquía era su inmoralidad sexual. Vivían constantemente un estilo de vida inmoral. Tenían un templo, y en ese templo había una diosa que se llamaba Dafne.
Dafne representaba la inmoralidad sexual y la prostitución del templo. Y, en general, Antioquía era conocida como una ciudad muy liberal, de decadencia moral. En las afueras de la ciudad tenían un burdel al aire libre. Entonces, todos podían ir y hacer lo que quisieran. Ese era el tipo de gente que había allí. Era una mezcla de culturas, de religiones y de toda clase de prácticas.
Entonces, imagínense a los cristianos que llegan allí. ¿Creen ustedes que se sentían cómodos? Probablemente decían: ¿En dónde nos metimos? Bueno, por lo menos, aquí no nos están matando como en Jerusalén. Entonces, llegan allí los judíos creyentes de la dispersión, pero se enfrentan con mucha oposición, moral y culturalmente hablando. Son judíos creyentes en Cristo, y Lucas nos narra cómo sucedió todo. Llegan a Antioquía y, ¿a quién le predican? A otros judíos (v. 19).
Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. 21Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor (Hechos 11:20-21)
¿Qué comienza a pasar? Gran número creyó y se convirtió al Señor. Estos griegos empiezan a escuchar el evangelio por primera vez y lo aceptan. De pronto esta gente tan pagana, que no tiene nada que ver con la religión judía, de repente empieza a aceptar el evangelio y dicen: Sí, yo creo eso. Yo creo que Jesús murió por mí. Yo creo que soy pecador y que necesito reconciliación con Dios.
¿Es que eran muy buenos evangelistas? Más bien, la mano de Dios estaba con ellos. La iglesia empieza a crecer de una manera increíble, de tal modo que le llega el informe a la iglesia de Jerusalén. Oye, algo está pasando en Antioquía. La iglesia está creciendo rapidísimo allá. Y no sé cuántos habrán sido, pero viendo los números que Lucas nos ha dado antes, probablemente miles, miles y miles estaban convirtiéndose.
Y la iglesia empieza a crecer y a crecer. Les llega la noticia a los de Jerusalén. Y entonces, ¿qué hacen? Ahí es donde están los apóstoles. Ahí es donde está el grupo original. Les llega este rumor de que está creciendo la iglesia de Antioquía. Y entonces, envían a Bernabé. Lo envían no como espía, sino más bien como representante de la iglesia de Jerusalén
22Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía. 23Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor. (Hechos 11:22-23)
Cuando llega Bernabé ve la gracia de Dios y se regocija (v. 23). Ya hemos estado estudiando mucho sobre él en este libro. Si vamos a Hechos 4 versículo 36, vemos que en la primera iglesia de Jerusalén habían estado proveyendo para las necesidades unos de otros. Y en ese pasaje se describe más acerca de Bernabé, pues es la primera vez que aparece en el libro de Hechos. José es un nombre judío. Pero los apóstoles le ponen otro nombre: Bernabé, que significa «hijo de consolación». Era levita, natural de Chipre.
Es judío, pero nacido en Chipre. Chipre era una ciudad helenista, con influencia griega. Entonces, probablemente conocía algo de toda la cultura griega. Y tenía una heredad, la cual vendió y trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles. Eso es lo primero que escuchamos acerca de Bernabé, quien era famoso por una cosa. ¿Cuál? Él sabía animar a la gente. Si hay algo que hacía bien era animar. No sé si se podría decir eso de nosotros.
Tenemos la tendencia a ser críticos. Y, por lo general, desanimamos a los demás porque nos gusta más ver lo que les falta que lo que Dios ya ha hecho en sus vidas. Bernabé es el tipo de persona al que le dicen: Ese es un mentiroso. Y él contesta: Sí, pero lo hubieras visto antes. Dios está haciendo algo. Dios está transformando su vida. Va en camino de santificación. Algo milagroso está pasando aquí. Entonces Bernabé es el tipo de personas que sabe consolar, sabe ver la obra de la gracia de Dios en la vida de la gente y sabe animarlos en el camino.
¿Por qué se gozó Bernabé al ver la obra que estaba sucediendo en Antioquía? ¿De dónde surgió la iglesia allí? De la persecución. ¡Surgió de que estaban matando cristianos! Eso es lo que generó que se fueran a Antioquía. Dios ya estaba preparando todo el camino de lo que quería hacer en la vida de los gentiles. Y, de pronto, está surgiendo una iglesia en una ciudad prácticamente gentil. Y en primer lugar, cuando Bernabé lo ve, se regocija porque dice: La persecución los llevó a esto. La persecución está haciendo que la palabra de Dios y el evangelio salgan de Jerusalén.
Esto no es fácil. Piensa en cómo llegó Bernabé de la iglesia de Jerusalén, que era una iglesia judía, a Antioquía, una iglesia predominantemente gentil. ¿Crees que hacían las cosas igual? Yo creo que era muy diferente a como lo hacían en Jerusalén. La situación hubiera sido diferente si hubieran enviado a otro, a lo mejor más judío y celoso de las leyes. Del tipo de los que criticaron a Pedro cuando regresó. Alguien así habría dicho: ¿A qué hora están teniendo su servicio? No es así como se debe hacer. ¿Qué instrumentos están usando? No son los instrumentos que usamos en Jerusalén. ¿Cómo se visten ustedes? Así no nos vestimos nosotros.
Pero él ve la gracia de Dios. Esto me confrontó a mí, porque es más fácil que nos dé gusto cuando Dios trabaja con nosotros. Si es nuestra iglesia, eso sí nos da mucho gusto. Si vemos cómo crece nuestra iglesia, eso sí nos llena de gozo. Si vemos nuestra denominación crecer, entonces sí estamos felices. Pero si empezamos a ver a otra gente, que es un poco diferente a nosotros, y vemos que Dios está haciendo algo en ellos, entonces no nos alegramos, porque es cosa de ellos. Es más difícil que te dé gusto por alguien en lo que tú no tuviste nada que ver. Cuando eres tú, entonces sí nos alegramos: ¡Vean nuestra iglesia!
Pero aquí, Bernabé llega a algo que él no empezó. Él vio algo que ya llevaba vuelo, ya llevaba una inercia, pero le da gusto porque ve la gracia de Dios. Dice: Definitivamente, la gracia de Dios se está manifestando aquí. Esta gente es gente transformada por el evangelio, están viviendo sus vidas de una manera que hace que sea evidente que es la mano de Dios. A tal grado que la gente de afuera, para burlarse de ellos, les pone por sobrenombre «cristianos», como diciéndoles: A ver, estos son mini cristos.
Lo que quiero que pensemos juntos es, ¿qué significa ser cristiano? ¿Qué es lo que se estaba viendo aquí? ¿Qué causa que Bernabé se llene de gozo al ver la gracia de Dios? En otras palabras, ¿cómo se manifiesta la gracia de Dios? ¿Y qué es lo que debería significar cuando nos llamamos a nosotros mismos «cristianos»? Porque la gente pregunta: Tú ¿qué eres? Y, ¿qué decimos? Cristiano. Pero hoy en día, ¿significa mucho eso? Ya no es lo mismo. Creo que, en la mente de la gente, no significa necesariamente «esos que son como Cristo». Más bien, lo asocian con una iglesia, con un grupo, con cierto club social. Nos ven como religiosos que se juntan y les gusta cantar y hacer convivencias. A lo mejor piensan en toda la lista de reglas de cosas que no podemos hacer. Pero en este tiempo, en Antioquía, ser «cristiano» significaba algo diferente. Había algo más profundo que estaba pasando aquí, que manifestaba claramente la gracia de Dios.
Llegó la noticia de estas cosas y enviaron a Bernabé. Y cuando llega Bernabé, exhorta a todos a que, con propósito de corazón, permaneciesen fieles al Señor. Bernabé les dice: Van bien, sigan como van. Se trata de Jesús. Y la descripción que hace Lucas de Bernabé es muy interesante porque dice: «Es varón bueno». ¿Te gustaría que esa fuera tu descripción? ¿Somos alguien así?
Al leer esta descripción de Bernabé pensamos que debió haber sido alguien con una personalidad muy agradable. Una de esas personas que te cae bien porque es muy positiva y optimista y solo le gusta decir cosas bonitas. Aquí Lucas está mostrándonos algo más. Dice: «era un hombre bueno» (v. 24). Pero la clave de todo esto no es su personalidad. Es que estaba lleno del Espíritu Santo y de fe. Esa es la clave. No es que era una persona agradable, es que tenía el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo se manifestaba en la fe que poseía, en la capacidad que tenía para ver la gracia de Dios obrando en la vida de otros y animarlos en ese camino. De tal manera que los anima en tres cosas, como veremos a continuación.
Veamos ahora qué es lo que le causaba gozo en la gracia de Dios.
El evangelismo universal
En primer lugar, su manera de evangelizar. Bernabé dice: Creo que van bien en su forma de evangelizar. Porque evangelizan indiscriminadamente, o sea, es un evangelismo universal. No les importa a quién evangelizan, evangelizan a todos. Y Dios está bendiciendo eso en esta iglesia. Pero el éxito no se debe al método que estaban usando. A veces nos preocupamos demasiado sobre cómo presentamos el evangelio, que suene interesante, que suene atractivo. ¿Qué método uso? ¿Le hago dibujitos? ¿Me pinto de mimo y hago una obra para que se entienda qué es lo que está pasando? No, no es eso. No se trata del método. Era el Espíritu Santo el que trabajaba a través de ellos. Lucas es el único que usa esta expresión: «la mano del Señor estaba con ellos». Creo que esto se refiere a que el Dios invisible está haciendo visible y tangible Su poder. Entonces, ¿quién está haciendo la obra? Dios. ¿Pero a través de quién la hace? De nosotros. ¿Por qué medio Dios va a salvar a la gente? De la predicación del evangelio. Pero es Dios, no nosotros. Entonces, no tenemos que frustrarnos cuando la gente rechaza el evangelio, porque nosotros hemos cumplido con nuestra parte. Sí, con seguridad, nos van a rechazar. Mucha gente va a decir: No quiero tener nada que ver con eso. No me importa. Pero también va a haber gente que lo acepte y que Dios transforme. Pero ese es trabajo de Dios, no nuestro. Nuestro trabajo es hablar, compartir el mensaje de salvación
2. La humildad y unidad para trabajar juntos
En segundo lugar, la iglesia empieza a crecer. Bernabé ve la obra de Dios, la mano de Dios trabajando en estos nuevos creyentes que están llegando. Cientos y cientos y cientos y cientos y cientos. De pronto se siente un poco abrumado y se da cuenta de que necesita ayuda y que no puede guiar solo a esta nueva y creciente congregación.
Y Bernabé se acuerda de Saulo. Seguramente Saulo, un poco desalentado, estaba pensando algo así: Cuando me convertí, Dios me dijo que yo iba a ser usado para predicar el evangelio a los gentiles, que tendría un ministerio especial. Y aquí estoy, escondiéndome para que no me maten. Regresó a Tarso, de donde era, y permaneció escondido. Probablemente fue difícil encontrarlo. Una de las razones por las que asumo que fue difícil encontrarlo es porque provenía de una familia judía ortodoxa y, por el hecho de que él se hubiera convertido al cristianismo, probablemente ya lo habían desconocido.
25Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía. (Hechos 11.25)
Esto requirió mucha humildad y sensibilidad de parte de Bernabé. Porque, ¿quién fue enviado por la iglesia de Jerusalén? Bernabé. Él ya tenía más tiempo de haberse convertido en cristiano. Ya era reconocido por la iglesia. Llega él como el encargado, realmente. Pero él tiene la humildad para decir: No puedo solo, necesito ayuda. Probablemente Bernabé se encontró ante la duda: ¿A quién escojo? ¿Al que mató a mi buen amigo Esteban? ¿Creen que Bernabé conocía a Esteban? ¡Claro que conocía bien a Esteban! Bernabé razonaría: ¿Escojo a ese que mató a mi amigo? ¿O elijo a uno de los otros apóstoles? ¿O escojo a alguien que ya sea más reconocido en la iglesia de Jerusalén y al que apoyen un poco más? Yo me acuerdo cómo trataron a Saulo al principio.
Pero Bernabé tiene bien claro que la gracia de Dios había estado trabajando en la vida de Saulo. Y reconoce que Dios le ha dado un don especial, de tal manera que se va a ver beneficiado por incluirlo. Y ¿sabes qué es lo que va a empezar a suceder? ¿Sabes qué va a pasar cuando llegue Saulo? El enfoque comenzará a estar en Saulo. Pronto la gente dirá: «Pablo y Bernabé», no «Bernabé y Saulo». Pablo va a tener un rol más prioritario en el crecimiento de la iglesia, en las misiones, y en la expansión del evangelio. Pero Bernabé entiende eso. No se trata de que lo reconozcan a él. Se trata de lo que Dios quiere hacer. Entonces, él ve más allá de un hombre que mató a su amigo. Ve la evidencia de la gracia. Ve el potencial para la expansión del evangelio. Y se da cuenta de que nadie es indispensable
La iglesia no depende de mí. No depende de ti. No depende de ninguno de nosotros. Dios nos usa, pero no se trata de que me vean. No somos indispensables. Lo que tenemos que aprender es a trabajar juntos en unidad, buscando los dones y los talentos que Dios ha dado a cada uno para avanzar el reino de Dios. No es nuestro nombre. Es el reino de Dios. Es el evangelio.
Nos gusta sentirnos indispensables. Nos gusta sentir que si no somos nosotros, entonces, a lo mejor, las cosas no van a salir tan bien. Pero Bernabé tiene la humildad, la sensibilidad y la sabiduría para darse cuenta de que lo que Saulo puede aportar al ministerio es de vital importancia para lo que Dios quiere hacer en esta iglesia. Entonces, pone atrás su persona y su reconocimiento, y coloca la necesidad de la iglesia delante. Pone la centralidad y la importancia del evangelio delante.
3. La disposición para dar y suplir la necesidad
27En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. 28Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. 29Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; 30lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo. (Hechos 11.27-30)
La iglesia de Antioquía era una iglesia predominantemente gentil. La iglesia de Judea era una iglesia predominantemente judía. Y el pensamiento no fue: ¿Cuánto irán a necesitar? A veces, detrás de esa pregunta, lo que realmente se quiere decir es cuánto es lo mínimo que tengo que dar. O sea, no quiero dar más de lo que fuera necesario. No es esa la idea aquí. Ese no es el parámetro que usan. ¿Cuál es el parámetro para ellos? Cuanto tenían. Ese es el parámetro. «Cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea». A los judíos
¿Cómo reaccionaría Bernabé si él nos visitara a nosotros hoy en nuestras iglesias? ¿Se llenaría de gozo al ver la gracia de Dios, al ver la mano de Dios detrás de lo que estamos haciendo, al ver la manera en que estamos creciendo y nos relacionamos los unos con los otros?
