Pecado de muerte

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intercepcion en la oracion.

1 Juan 5:16–17 "Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida.Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte."
1 Corintios 3:12–15 "Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego."
introduccion:
Sin embargo, hay perdón para toda irreverencia desafiante menos para una, como es claro del hecho de que Jesús diga: “Quienquiera que hable una palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado”. Si esto no fuera así, ¿cómo podría haber sido perdonado Pedro por su pecado (Mr. 14:71), y cómo podría haber sido restaurado (Jn. 21:15–17)? ¿Cómo podría haber sido perdonado Saulo (= Pablo) de Tarso (1 Ti. 1:12–17)? Por otra parte, se dice que para la “blasfemia contra el Espíritu”, esto es, “hablar contra el Espíritu Santo” no hay perdón ni ahora ni “en la era venidera”.
William Hendriksen
Las cartas de Juan Las Certidumbres Cristianas

El problema básico aquí es el de las dos clases de pecado mencionadas por Juan. Obviamente podía dar por sentado que sus lectores sabían de qué se trataba, y por tanto no tenía necesidad de explicar lo que quería decir. Es probable, entonces, que no se refiera a algo particularmente recóndito. Podemos empezar notando que la terminología empleada aquí, «pecado que lleva a la muerte» (VP; VE), se encuentra en algunos escritos judíos, pero allí se refiere a pecados que llevan a la muerte física del pecador. Aunque el Nuevo Testamento conoce casos de personas que sufrieron la muerte física por sus pecados, es improbable que esto sea lo que se tiene en mente aquí.21 Es de presumir que en tales casos se reconocería el pecado de esta clase solamente por la grave enfermedad o la muerte real de la persona en cuestión. Pero no hay indicación de que Juan estuviera pensando en la muerte en este sentido. Resulta más provechoso observar que en el Antiguo Testamento y en el judaísmo había una reconocida diferencia entre dos clases de pecado: los pecados inconscientes o no deliberados, para los cuales se proveía el perdón por medio del sacrificio anual del Día de la Expiación; y los pecados deliberados o conscientes, para los cuales el ritual de los sacrificios no proveía perdón. Estos últimos sólo podían ser expiados por medio de la muerte del pecador. Esta distinción entre los pecados que podían ser perdonados y los que llevaban a la muerte del pecador bien podría ser parte de la solución del problema.

Pero, ¿qué clases de pecado pertenecen a estas dos categorías? Aquí enfocamos la atención en la evidencia de la epístola misma. Es claro que el autor está más interesado en los pecados que son incompatibles con la condición de hijo de Dios, y éstos se concentran en la negación de que Jesús es el Hijo de Dios, el rehusarse a obedecer los mandamientos de Dios, amar el mundo, y el odio a los hermanos. Tales pecados son característicos de la persona que pertenece a la esfera de la oscuridad y no a la esfera de la luz. Esto nos llevaría a la conclusión de que por el pecado que lleva a la muerte Juan quiere decir los pecados que son incompatibles con la condición de hijo de Dios. La persona que consciente y deliberadamente escoge el camino que lleva a la muerte ciertamente morirá. El pecado que lleva a la muerte es el rehusar deliberadamente creer en Jesucristo, seguir los mandamientos de Dios y amar a los hermanos. Esto conduce a la muerte porque incluye el negarse deliberadamente a creer en el único que puede dar vida, Jesucristo el Hijo de Dios. Por el contrario, los pecados que no llevan a la muerte son aquéllos cometidos impensadamente y que no implican el rechazo de Dios y su medio de salvación. El pecador es vencido por la tentación contra su voluntad: todavía quiere amar a Dios y a su semejante, todavía cree en Jesucristo, todavía anhela ser libre del pecado.

Esta explicación de las dos clases de pecado que tiene en mente Juan da un sentido satisfactorio al pasaje; pero todavía deja algunos puntos que necesitan aclaración.

Primero está la cuestión de por qué un cristiano debe interceder por otro cristiano sí su pecado no lleva a la muerte. Si su pecado no lleva a la muerte, ¿por qué necesita su hermano orar para que tenga vida? Juan no responde a esta pregunta, y cualquier respuesta sería una conjetura. La clave la da el versículo 17, donde Juan recuerda a sus lectores que toda injusticia es pecado, y sin embargo hay pecado que no lleva a la muerte. El pecado sigue siendo pecado, y el pecado es peligroso porque es la característica de la vida separada de Dios. El pecado sigue siendo una mancha en la vida de los hijos de Dios. Además no hemos podido aislar tipos particulares de pecado que entren en estas dos categorías. Los pecados de los creyentes incluyen el no creer en Jesucristo, no guardar los mandamientos de Dios, y falta de amor a los hermanos. En realidad, no hay más pecados que estos. La línea divisoria entre pecados conscientes y pecados inconscientes, por tanto, es difícil de definir. Hay que decir claramente que si no hubiera perdón para los pecados deliberados, entonces todos estaríamos bajo la condenación de Dios, porque ¿quién de nosotros no ha pecado deliberadamente desde nuestra conversión y nuevo nacimiento? De ahí que siempre existe el peligro de que una persona que peca inconscientemente o sin saberlo pueda pasar al punto de pecar en forma deliberada y luego dar la espalda completamente a Dios y su medio de perdón. Debido a este peligro, es esencial que los cristianos oren unos por otros para que ninguno de ellos cruce la línea que conduce al rechazo abierto y deliberado del camino de vida. Ningún pecado es de la clase que impida el perdón, siempre y cuando nos arrepintamos de él. Debemos orar por los hermanos para que ellos se arrepientan de todo pecado. Cuando hacemos esto, tenemos la promesa de Dios de que él oirá nuestras oraciones. Tenemos también el ejemplo de Jesús mismo que intercedió por Pedro cuando éste cayó en la negación de su Señor (

Intercediendo en Tiempos de Crisis: El Pecado de Muerte y la Responsabilidad del Creyente

1 Juan 5:16–17, Génesis 4:7, 1 Corintios 3:10–17, Levítico 4:13–21, Números 5:6–7

Esta predicacion aborda el concepto del pecado de muerte, la responsabilidad de los creyentes en la obra de Dios y la importancia de la intercesión. A través de la biblia podemos mirar consecuencias graves del pecado, se exploran las consecuencias del pecado y la obra que cada creyente debe manifestar en su vida.
nosotros como creyentes podremos aplicar este mensaje reflexionando sobre nuestro papel como intercesores, especialmente cuando nos enfrentamos a situaciones de pecado en la iglesia familia o con amigos. tenemos que actuar con mucho amor y sabiduria y gracia, buscando restaurar a los que han caído y construyendo una relacion sólida basada en la verdad.
En esta predicacion aprenderemos que, aunque hay pecados que llevan a la muerte, cada creyente tiene la responsabilidad de edificar sobre el fundamento de Cristo, intercediendo por aquellos en necesidad y manifestando la obra de Dios en sus vidas.
Cristo es el fundamento sobre el cual construimos nuestras vidas. Su sacrificio es el medio por el cual encontramos perdón y salvación, y su obra en nosotros nos impulsa a interceder por otros. En el Antiguo Testamento, las leyes sobre el pecado y la expiación reflejan la necesidad de un Salvador, que se cumple en Jesús.
La intercesión del creyente puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte espiritual, y es esencial que respondamos con fe y acción en momentos de crisis.
¿Qué bien te hará el dar a Dios una cosa cuando te pide otra? Considera cuál es la voluntad de Dios y cúmplela, porque haciendo así satisfarás mejor tu corazón que haciéndolo de la manera en que estás inclinado a llevarlo a cabo.
Juan de la Cruz
La expresión “pecado de muerte” en 1 Juan 5:16 no aparece directamente en Levítico 4:7-17, pero el contexto ritual de estos pasajes ilumina la distinción bíblica entre pecados que pueden ser expiados y aquellos que resultan en muerte espiritual.
El Sistema de Expiación en Levítico
La ofrenda por el pecado o la culpa incluía el derramamiento de sangre animal como una provisión por el pecado involuntario—bien de parte del sacerdote, de toda la comunidad israelita, de un jefe de la comunidad o de un miembro de la comunidad1. Esta distinción es crucial: el pecado involuntario1 era susceptible de expiación mediante el ritual prescrito.
El sacerdote manchaba los cuernos del altar con la sangre del animal sacrificado y derramaba el resto de la sangre al pie del altar. En el caso del pecado involuntario del sacerdote ungido o de la comunidad israelita en su conjunto, todo el procedimiento iba precedido de un acto en el que el sacerdote ungido mojaba sus dedos en la sangre y la rociaba siete veces delante de Yahvé, frente al velo del santuario1.
Implicaciones para el Pecado de Muerte
La estructura ritual de Levítico 4 revela un principio fundamental: la Torá se centra en los medios de expiación, describiendo los pasos específicos y necesarios para alcanzar la reconciliación2. Sin embargo, esta provisión expiatoria se limitaba a transgresiones involuntarias. Los pecados deliberados—particularmente el rechazo persistente a Dios—caían fuera del alcance de estos rituales.
El “pecado de muerte” mencionado en 1 Juan contrasta con estos pecados expiables. Mientras que Levítico proporciona un camino de restauración para quienes pecan inadvertidamente, el pecado de muerte representa una ruptura irreversible: el rechazo consciente y persistente de Cristo como Hijo de Dios, que ningún ritual puede remediar. La diferencia es fundamental—entre una transgresión que puede ser cubierta mediante sangre derramada y un rechazo que coloca al pecador fuera del alcance de toda expiación.

1. Identificar y Interceder

1 John 5:16–17 "Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida.Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte."
Tal vez al enfrentar un pecado que parece llevar a la muerte, podrías recordar que la intercesión es una herramienta poderosa en manos del creyente. Cuando ves a alguien tropezar, podrías orar fervientemente por ellos, pidiendo a Dios su misericordia y dirección para restaurarlos, entendiendo que algunas transgresiones requieren una intervención divina especial. Al comprender las complejidades del pecado, podrías estar mejor preparado para decidir cuándo y cómo orar.

2. Dominar el Depredador

Genesis 4:7 "Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él."
Podrías reflexionar sobre cómo el pecado es como un depredador, siempre acechante, listo para devorar. No obstante, quizás encuentres esperanza al saber que tú, con la ayuda de Dios, puedes dominarlo. Entender que el pecado desea dominarte puede cambiar tu perspectiva y empujarte a ser más intencional en tu vida espiritual, recordando que la victoria es posible a través de la gracia de Dios.

3. Construir sobre Cristo

1 Corintios 3:10–17
Quizás pienses en cómo cada creyente es llamado a construir sobre el fundamento de Cristo con materiales que perdurarán. Puede que te inspires a revisar la calidad de tu obra y a asegurar que es digna del fundamento eterno que es Jesús. Considerando la seriedad del juicio venidero, podrías ser motivado a invertir en una fe viva y una vida edificada en amor y verdad.

4. Expiar en Comunidad

Levítico 4:13 "Si toda la congregación de Israel hubiere errado, y el yerro estuviere oculto a los ojos del pueblo, y hubieren hecho algo contra alguno de los mandamientos de Jehová en cosas que no se han de hacer, y fueren culpables;"
Tal vez este pasaje te recuerde la importancia de la expiación por el pecado comunitario, una práctica que resalta la gravedad del pecado pero también la gracia de Dios disponible para la restauración. Podrías ser movido a considerar cómo tu comunidad de fe puede enfrentar el pecado colectivamente y buscar el perdón divino, asegurando la santidad y la unidad.

5. Confesar y Restituir

Numbers 5:6–7 "Di a los hijos de Israel: El hombre o la mujer que cometiere alguno de todos los pecados con que los hombres prevarican contra Jehová y delinquen,aquella persona confesará el pecado que cometió, y compensará enteramente el daño, y añadirá sobre ello la quinta parte, y lo dará a aquel contra quien pecó."
Quizás reconozcas aquí una llamada a la confesión abierta y a la restitución como pasos cruciales para la reconciliación. Podría ser un recordatorio de que no basta con sentir arrepentimiento, sino que también debes actuar de manera concreta para reparar relaciones y daños causados por el pecado. Esta sinceridad y transparencia pueden marcar una gran diferencia en la vida de los creyentes y en la comunidad.
conclusion:
hablar sobre cono se purifica la plata en un horno hasta que el joyero se refleja en ella queda como espejo.
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