Jonás era el problema
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Esta historia no aparece en la Biblia.
La Biblia no menciona su nombre.
Pero imaginemos que se llamaba José.
José era un marinero experimentado. Había pasado más años en el mar que en tierra firme. Tenía una familia hermosa: una esposa que lo esperaba cada vez que regresaba y unos hijos que corrían hacia el muelle cuando el barco aparecía en el horizonte.
José no creía en el Dios de Israel.
Tenía otros dioses, otros pensamientos, otras creencias. Como muchos marineros de su tiempo, creía que el mar estaba lleno de divinidades caprichosas que había que respetar.
Aquella mañana se levantó antes de que saliera el sol.
El puerto de Jope apenas comenzaba a despertar cuando José llegó. El olor a sal, madera húmeda y redes mojadas llenaba el aire. Para él, ese olor era el olor del sustento de su casa.
Ese viaje era importante.
Había trabajado durante meses para reunir aquella carga. Era mercancía valiosa que iba rumbo a un lugar muy lejano. Tan lejano que muchos lo llamaban el fin del mundo.
Una ciudad llamada Tarsis.
Era el viaje que podía cambiar el año entero para su familia.
Con manos expertas supervisó cómo subían la carga al barco. Cada caja, cada saco, cada pieza representaba meses de esfuerzo. Cuando todo estuvo listo, el barco soltó amarras y comenzó a alejarse lentamente del puerto.
El mar estaba tranquilo.
José se sentía confiado.
Había enfrentado tormentas antes. Había visto olas que parecían montañas. Había sobrevivido a vientos que quebraban mástiles.
El mar no lo asustaba.
Pero aquel día, algo era diferente.
De repente, sin aviso, el cielo cambió. El viento comenzó a rugir como si hubiera sido soltado de una prisión invisible. Las olas empezaron a golpear el barco con una fuerza que ninguno de ellos había visto antes.
No era una tormenta normal.
Era como si hubiera caído directamente del cielo sobre ellos.
El barco crujía.
Las tablas se quejaban.
El mástil temblaba como si estuviera a punto de partirse.
José gritaba órdenes mientras luchaban contra el viento y contra el mar. Pero por primera vez en muchos años, sintió algo que creía haber perdido en el mar:
miedo.
Las olas golpeaban con tanta fuerza que el barco parecía que iba a romperse en dos.
Entonces tomaron la decisión que ningún marinero quiere tomar.
Comenzaron a lanzar la carga al mar.
Caja tras caja.
Saco tras saco.
Toda la mercancía que José había reunido durante meses comenzó a desaparecer en las profundidades del océano.
Cada objeto que caía al agua era dinero perdido.
Era alimento que no llegaría a su casa.
Era el esfuerzo de meses hundiéndose en segundos.
Pero algo extraño sucedía en medio del caos.
Mientras todos luchaban contra la tormenta…
un hombre dormía.
Dormía profundamente.
José no podía creerlo.
¿Cómo podía alguien dormir cuando el barco estaba a punto de romperse? Cuando las olas estaban tragándose el mar entero.
Ese hombre tenía un nombre.
Se llamaba Jonás.
Nadie lo conocía.
Era un pasajero más.
Pero algo en aquella escena era demasiado extraño para ignorarlo.
Entonces José gritó entre el ruido del viento:
—¡Esto no es normal! ¡Algo está pasando!
Los marineros de aquella época creían que cuando sucedía algo inexplicable, algún dios estaba airado.
Así que decidieron hacer lo que muchos hacían en aquellos tiempos.
Echar suertes.
Querían saber quién era el responsable de aquella tormenta.
La suerte cayó.
Y cayó sobre el hombre que dormía.
Sobre Jonás.
Fue entonces cuando José entendió algo terrible.
La tormenta no había venido por ellos.
Había venido por él.
Jonás era el problema
A veces olvidamos que nuestras acciones personales nunca son personales.,
A veces olvidamos que nuestras acciones personales nunca son personales.,
Quise traer esta historia por que siempre vemos la historia de Jonás desde el punto de vista de como Dios lo llama, el huye, se lo traga un pez y lo vomita en su destino profético.
Pero no desde el punto de vista de aquellos que se afectaron por una mala decisión.
y es que perdemos de vista que
Nuestra desobediencia afecta toda la barca.
Nuestra desobediencia afecta toda la barca.
nuestras decisiones y respuesta delante de Dios puede hacer que nuestra barca se estremezca y otros paguen por nuestros errores.
Todos sabemos que Dios llamó a Jonas y que este decide irse en dirección contraria a lo que Dios lo llamó a hacer.
Es interesante que Tarsis, al lugar donde quiere huir Jonás se consideraba en ese tiempo “EL fin de la tierra” o lo más lejos que se podía llegar. Incluso Tarsis era simbólico de que Jonás quería abandonar lo que conocía por algo desconocido.
El no quería solo huir de la asignación de Dios, sino que quería ir lejos de su cultura.
Ir a Tarsis era dejar el llamado y entrar a un mundo de pecado.
Ir a Tarsis era dejar el llamado y entrar a un mundo de pecado.
Hay quienes sus pasos lo están alejando de la asignación de Dios y van camino a Tarsis.
El problema es que no van solos, hay más gente en el barco.
En tu barco va tu familia, tus hijos, amigos, hermanos en la fe, y cómo tu te dirijas en tu relación con Dios les va a afectar a ellos.
3 Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.
4 Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave.
5 Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir.
La tormenta vino a causa de Jonás, estos marineros no sabían lo que estaba pasando. Pero Jonás sí sabía.
Nosotros sabemos que nuestras decisiones tienen consecuencias. Pero a veces queremos simplemente ignorar la situación y echarnos a dormir.
Jonás había expuesto a estos marineros a la muerte. No solo a la muerte sino que puso en riesgo la situación económica de ellos.
Nuestra huida a Tarsis puede poner en riesgo la seguridad, la economía, la vida emocional y la vida espiritual de nuestra barca.
Nuestra huida a Tarsis puede poner en riesgo la seguridad, la economía, la vida emocional y la vida espiritual de nuestra barca.
No podemos responder al llamado de Dios con la mirada puesta en Tarsis.
No podemos responder al llamado de Dios con la mirada puesta en Tarsis.
Es interesante por que mientras estaba la tormenta los marineros oraban a sus dioses mientras Jonás dormía.
La irresponsabilidad de Jonás lo llevó a aislarse, no participar de la situación y dormirse espiritualmente.
Muchas veces somos como Jonás no queremos asumir responsabilidad, preferimos no participar de lo que nosotros mismos provocamos.
Hay tormentas que llegan a nuestra vida por las decisiones de otros, pero hay otras que llegan por nuestras decisiones. Asume tu responsabilidad.
Hay tormentas que llegan a nuestra vida por las decisiones de otros, pero hay otras que llegan por nuestras decisiones. Asume tu responsabilidad.
Esta gente identificó que aquella tormenta no era causada por el mal tiempo sino que venía de manera espiritual.
Entonces identificaron que era Jonás. La solución?
12 —Échenme al mar —contestó Jonás— y volverá la calma. Yo sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta.
Jonás asumió su responsabilidad. El primer paso para estabilizar tu barca es aceptar tu responsabilidad. “Soy el único culpable de esta terrible tormenta”
Nadie puede tomar decisiones por ti.
Nadie puede tomar decisiones por ti.
Deja de echarle la culpa a los demás.
Lo que comenzó con huir de Dios terminó convirtiéndose en un caos.
Lo que comenzó con huir de Dios terminó convirtiéndose en un caos.
Cuando lo echaron al mar, inmediatamente la tormenta se detuvo.
El soltar la mercancía y los enseres al mar no calmaron la tormenta, solo cuando Jonás tocó el agua todo cambió.
Tal vez has lanzado de tu barca todo pero quizás seas tu quien te tengas que lanzar.
Lanzar al agua lo que representa a Jonás:
desobediencia
No asumir responsabilidad
actitud autodestructiva
Egoísmo
Huir de Dios pone en tormenta todo el barco.
Huir de Dios pone en tormenta todo el barco.
