Perdonándonos Unos a Otros
Los Alcances del Perdón • Sermon • Submitted • Presented
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Buenos días, me da mucho gusto estar con ustedes en esta mañana.
Para mi es una bendición venir al Campus CDMX porque cada vez que mi familia y yo venimos nos sentimos acogidos amorosamente.
Yo se que muchos de ustedes estuvieron orando por mi, y quiero agradecerle a Dios por la salud que me ha dado, y a ustedes por sostenernos en oración durante este tiempo.
Mi familia y yo les agradecemos su cariño y bueno, hoy me siento bendecido porque además tengo el privilegio y la bendición de compartir el mensaje en esta mañana.
La semana pasada vimos, lo que el pastor Gary llamó, un caso de estudio, o un caso prácticos, de como Pablo le pide a Filemón que perdone a su esclavo fugitivo Onésimo, porque como ustedes saben estamos en la serie de predicaciones titulada: Los alcances del perdón, y bueno hoy vamos a tener un mensaje muy práctico: perdonarnos los unos a los otros.
El gran apologista, teólogo y escritor del s. XX, famoso ahora por las Crónicas de Narnia, CS Lewis decía:
Todo el mundo piensa que el perdón es una idea bonita hasta que tienen algo que perdonar"
Y creo que todos hemos estado en ese punto, cuando hablamos con alguien que ha sido lastimado lo que le recomendamos es: perdona, déjalo ir, no guardes rencor; sin embargo, cuando nosotros somos los agraviados, esto se vuelve más difícil.
Por eso el día de hoy vamos a meditar en esto, el perdonarnos los unos a los otros.
Fíjense que es interesante que en cuando Jesús le enseñó a orar a sus discípulos, en lo que comúnmente conocemos como el Padre Nuestro, Él dice:
Lucas 11:4a "»Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben…»."
Jesús da por sentado que sus discípulos perdonan, no es algo que recomiende, o que espera, es algo que Jesús da por hecho, ¿cómo es esto? bueno, hoy lo vamos a analizar.
Así que les pido por favor que abran sus biblias en el evangelio según Mateo, y vamos a dar lectura al capítulo 18, de los versículos 21 al 35, Mateo 18, 21 al 35.
Nueva Versión Internacional Capítulo 18
21
Dios añada bendición a la meditación de Su Palabra.
Introducción:
Ya decíamos que Jesús, en su modelo de oración, daba por sentado que sus discípulos perdonarían a los que los ofendieran.
Es impensable que un cristiano decida voluntariamente no perdonar. Los que hemos sido perdonados por Dios mismo, no tenemos el derecho de negarle el perdón a nuestros semejantes, pecadores como nosotros.
Pablo escribiéndole a los efesios nos da el porque.
Pablo escribe en Efesios, 4, 32:
“Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” (Efesios 4:32)
Dios no nos perdona porque perdonamos a otros, sino por su gran misericordia. Y al entender su misericordia, anhelaremos ser como Él. Ya que hemos sido perdonados, actuaremos de igual modo con los que nos han ofendido.
Los que no están dispuestos a perdonar no llegan a ser uno con Cristo, porque Él estuvo dispuesto a perdonar aun a los que lo crucificaron (Lucas 23.34).
Hemos visto en los domingos pasados, que el perdón refleja el carácter de Dios. La falta de perdón, por lo tanto, es algo que nos aleja del carácter de Dios.
Un cristiano que no perdona es una contradicción de términos. Cuando ves una persona que batalla para perdonar a los demás, es una buena razón para poner en duda que la fe de esa persona sea genuina.
Es claro para cada uno de nosotros que el perdón no llega fácilmente, aún siendo cristianos. Siendo honestos, muchas veces no perdonamos tan rápida y generosamente como debiéramos. Somos muy propensos a acumular ofensas.
El perdón requiere que pongamos a un lado nuestro egoísmo, que aceptemos con gracia las ofensas que otros hayan cometido contra nosotros, y que no exijamos lo que creemos que se nos debe.
Si vemos este asunto con calma, notaremos que todo esto va en contra de nuestras inclinaciones naturales y pecaminosas. Aún como nuevas criaturas, aun como hijos de Dios, conservamos unos residuos del pecado en nuestra carne.
Ken Sande dice que:
El perdón no es un sentimiento. Es un acto de la voluntad. El perdón involucra una serie de decisiones, la primera de las cuales es recurrir a Dios para que cambie nuestro corazón.
Veamos en que consiste el perdón paternal y sus consecuencias, así como los efectos de no brindárselo a los demás.
Pero primero veamos que en general los seres humanos,
I. Tenemos expectativas limitadas.
I. Tenemos expectativas limitadas.
¿Qué es lo primero que te dice la comadre? No mana, ese desdichado no merece tu perdón. No mana, ya lo perdonaste muchas veces.
Y estoy seguro que así es, pero lo que nos dice la Biblia es completamente diferente.
En el versículo 21 del pasaje que acabamos de leer vemos que:
Mateo 18:21 "Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces?"
Pedro se creía que estaba siendo muy generoso. Le preguntó a Jesús hasta cuándo tenía que perdonarle a su hermano el que le ofendiera, respondiendo a su propia pregunta con la sugerencia de que podría llegar hasta siete veces.
Pedro no estaba tan despistado con su pregunta. La enseñanza rabínica era que uno debía perdonar a su prójimo tres veces. El Rabí Yosé ben decía: «Si uno comete una ofensa una vez, se le perdona; si comete una ofensa una segunda vez, se le perdona; si comete una ofensa una tercera vez, se le perdona; pero la cuarta vez, ya no se le perdona».
La prueba bíblica de que eso era lo correcto se tomaba de Amós. En los primeros capítulos de este libro hay una serie de condenaciones de las diferentes naciones por tres transgresiones (Amós 1:3, 6, 9, 11, 13; 2:1, 4, 6), pensaban que dado que Dios había perdonado tres veces a los enemigos de Israel, resultaba presuntuoso e innecesario perdonar a alguien más de tres veces.
Amós 1:3 "“Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Damasco, y por el cuarto, no revocaré su castigo…”
De ahí se deducía que el perdón de Dios se extendía hasta tres ofensas, y una persona no podía ser más tolerante que Dios, así que el perdón se limitaba a tres veces.
Pedro creía que llegaba demasiado lejos, porque tomaba las tres veces de los rabinos, las multiplicaba por dos y les añadía su pilón, como en el mercado; y sugería, convencido de su generosidad, que sería suficiente si perdonara siete veces.
Pedro esperaba que se le alabara; pero la respuesta de Jesús fue que el cristiano debe perdonar setenta veces siete. Dicho en otras palabras: que el perdón no tiene un límite computable.
Warren Wiersbe dice:
Pedro estaba buscando la norma en cuanto al perdón; Jesús le dijo que practicara el perdón y olvidarse de las reglas.
Esto me lleva al segundo punto, y es que:
II. Dios siempre espera mucho más de nosotros.
II. Dios siempre espera mucho más de nosotros.
Mateo 18:22 "Jesús le dijo*: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete."
Jesús no ofrece una fórmula matemática o legalista, Él alude a un perdón ilimitado.
Un ejemplo de un hombre que no quiere perdonar, y que quiere vengarse por cada agravio, está en la vida de Lamec (no el Lamec que fue padre de Noé sino en uno que fue anterior a él).
Las Escrituras dicen muy poco de él, pero lo que está registrado nos habla de que Lamec era un hombre furioso a quien le encantaba vengarse. El mato a una persona, aparentemente en defensa propia.
Sabiendo que Dios había jurado vengar a Caín siete veces, Lamec creyó en su arrogancia que él merecía setenta veces siete más venganzas personales:
Génesis 4:23–24 "Y Lamec dijo a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, prestad oído a mis palabras, pues he dado muerte a un hombre por haberme herido, y a un muchacho por haberme pegado. Si siete veces es vengado Caín, entonces Lamec lo será setenta veces siete."
La actitud arrogante y vengativa de Lamec es un ejemplo de como podemos ser los seres humanos; cuando una persona alejada de Dios es agraviada, busca cobrar venganza pero de una manera que sea mucho mayor que el agravio recibido.
Vuelco con la comadre, ¿que te dice? No manda, pero te vas a desquitar, y vas a ver que la va a ir peor a ese desgraciado, lo vas a dejar como santocristo.
El apóstol Pablo le escribe a los Cortintiuos, y en su primera epístola, en el capítulo 13, que se le conoce como el capítulo del amor, Pablo le dice a la iglesia de Corinto que el amor no guarda rencor.
Jesús le dice a sus discípulos, ahí en Lucas 17:3 y 4:
Nueva Versión Internacional Capítulo 17
3
Esto es, sin importar cuántas veces peque y se arrepienta. Cristo quiso dar a entender que el perdón debería concederse de forma ilimitada.
El perdón de Dios no conoce límites para con el hombre arrepentido, y nuestro perdón hacia los demás debe ser también sin límite.
Jesús contó entonces la historia del siervo al que se había perdonado una gran deuda, y que, tan pronto como se vio libre, trató despiadadamente a un consiervo que le debía una deuda que era una fracción infinitesimal de lo que él le había debido a su amo, y que fue totalmente condenado sin remedio por su actitud.
Y esto me lleva al punto número 3 del mensaje del día de hoy:
III. El maravilloso perdón del Rey.
III. El maravilloso perdón del Rey.
Los versículos 23 al 27 que acabamos de leer dicen:
Nueva Versión Internacional Capítulo 18
23
Es muy posible que este deudor fuese un hombre de alto rango, aunque se haga referencia a él como un siervo.
Los reyes de la antigüedad empleaban a gobernadores provinciales llamados sátrapas.
Una de las responsabilidades del sátrapa era la recolección de impuestos.
Este siervo endeudado, pudo haber sido uno de los gobernadores provinciales al que el rey le pidió que hicieran cuentas, que seguramente tenía que ver con pago de los impuestos que él había recogido.
Este hombre tenía una gran deuda, producto seguramente de algún desfalco o negligencia en sus deberes como siervo.
Además, al parecer, se había gastado todo el dinero, ya que las palabras de Jesús dicen que “…no tenía con qué pagar…”
En la NVI se nos dice que el siervo le debía al rey miles y miles de monedas, pero si nos vamos a la tradicional Reina Valera, esta traducción dice que la deuda era de diez mil talentos, los cuales eran equivalentes a sesenta millones de denarios.
El denario era el salario de un día de trabajo. Entonces ese monto equivale a ciento sesenta y cuatro mil años de trabajo.
Si lo pusiéramos en cifras actuales, estaríamos pensando aproximadamente en 18 mil novecientos millones de pesos.
Como dirían por ahí, hay quincenas que no los gano. ¡Claro que no! es una suma estratosférica.
Créanme que mi deuda con la tarjeta de crédito en BBVA es infinitamente inferior, pero si me llamaran, y me dijeran que me la perdonan me harían inmensamente feliz.
Imagínense como se habrá sentido esta persona al que le perdonaron el equivalente a mil millones de dólares.
Este siervo no tenía manera de pagar, y su situación era completamente desesperanzadora. Su única esperanza reposaba en la BONDAD DEL REY.
Así que comenzó a implorar misericordia. Jesús dijo que el hombre estaba postrado ante el rey. Dando a entender la absoluta humillación del hombre. Literalmente se estaba abatiendo frente al rey.
Además, no presentó defensa, porque no la tenía. Admitió su culpa, y simplemente imploró piedad: "Tenga paciencia conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo."
Lo que es cierto, es que este siervo no merecía ser perdonado. Y también, lo cierto, es que no tenía manera de pagarle al rey.
Y si somos sinceros, es la misma posición que nosotros teníamos o tenemos ante Dios, antes de recibir su misericordia y perdón.
Piénsalo así, el flagrante abuso de su posición, el desperdicio de una fortuna, la magnitud del déficit, combinados con la insensata promesa del siervo de pagar la deuda, es una mezcla de circunstancias que exasperaría a cualquier rey.
Pero en este caso, la historia no nos habla de un rey cualquiera o un rey típico.
En un increíble gesto de indulgencia, el perdonó gratuitamente la deuda del hombre. Algo similar a lo que hizo Dios con nosotros.
No se fijó ningún plan de indemnización, el rey estuvo dispuesto a asumir la pérdida, simplemente por mostrar misericordia a un siervo sin esperanza.
Esta es una compasión sorprendente y nada terrenal.
Es la imagen misma de lo que Dios hace a favor de cada pecador que se arrepiente. El perdón de este rey es increíblemente generoso.
Y lo que el evangelista nos narra a continuación en los siguientes dos versículos es:
IV. El problema de la falta de perdón.
IV. El problema de la falta de perdón.
Dicen los versículos 18 al 30:
Nueva Versión Internacional Capítulo 18
28
Cualquiera de nosotros podría pensar que una persona que ha sido perdonada de una manera tan generosa podría apreciar la importancia de mostrar compasión a otras personas. No obstante, la conducta de este siervo perdonado es aterradora.
La versión Reina Valera, especifica que esas cien monedas de plata eran cien denarios, los cuales corresponden a cien días de trabajo, y equivalen aproximadamente en la actualidad a treinta y un mil quinientos pesos.
¿Qué va de 18 mil 900 millones de pesos a 31 mil quinientos pesos?
Según la historia de Jesús, este siervo perdonado, lo primero que hizo al salir fue buscar a otro siervo que le debía dinero.
Al encontrarlo empezó a exigir el pago inmediato de la deuda, puntualizando sus demandas y incluso con violencia física.
Piénsalo así, la deuda que el otro siervo le debía a este hombre era una deuda legítima. Desde el punto de vista legal, si tenía derecho a reclamar lo que se le debía.
Técnicamente estaba dentro de sus derechos de exigir la devolución de su dinero, ¿pero acaso nuestro sentido moral no se retuerce naturalmente y con razón por su conducta?
Vemos su acto como moralmente repugnante, y es que lo es.
El que el primer siervo estuviese libre había dependido de un acto incomprensible de misericordia que se le había mostrado a él. ¿No tenía por tanto un deber de mostrar la misma misericordia y también hacerla extensiva a otros?
El hermoso perdón que le había dado el rey debía hacerle profundamente agradecido y también profundamente misericordioso.
Esta es una clara descripción del terrible absurdo de un cristiano vengativo.
Pablo escribe a los Gálatas 6:7 "No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará."
Y el que alguien no perdone a otro traerá repercusiones, y por ello quiero que vayamos al punto:
V. Las consecuencias de la falta de perdón.
V. Las consecuencias de la falta de perdón.
Dicen los versículos 31 al 35:
Nueva Versión Internacional Capítulo 18
31
El hecho de recibir el perdón de Dios por nuestras ofensas a él nos compromete a perdonar a todos los hombres sus ofensas a nosotros.
En Cristo, hemos recibido gracia en abundancia.
Para usar la analogía de la deuda que tenía este siervo, no hay precio que tu o yo podamos poner a nuestra pecaminosidad ante un Dios infinitamente santo.
Cuando pensamos: “bueno, yo no he pecado tanto como esta o aquella persona”, demostramos que no tenemos ni idea de la magnitud de nuestro propio pecado.
Nuestra deuda es profunda, infinitamente profunda.
Pero Cristo la ha pagado. Por pura compasión, el Padre envió a su Hijo para que soportara la ira que merecemos sobre sí mismo, y ahora somos libres de la pena del pecado, no solo como siervos, sino que además como hijos.
Debido a que hemos recibido abundante gracia en Cristo, como cristianos, ahora debemos extender esa gracia en abundancia.
Qué duro es que este siervo, al que se le perdonó una gran fortuna, se dirija a un hombre que le debía una ínfima parte de esa cantidad y lo meta en la cárcel por no pagar. ¡Eso es descabellado!
Pero para un cristiano no perdonar es hacer exactamente lo mismo. La Biblia no dice que sea fácil perdonar o que sea natural; con todo, es cristiano perdonar. De hecho, no tenemos otra opción.
Perdonamos no porque tengamos que hacerlo, sino porque en el amor que hemos recibido de nuestro Padre Celestial, nos vemos obligados a hacerlo.
Nuestro perdón hacia los demás no obtendrá el perdón para nosotros, pero nuestra falta de perdón a los demás constituye una prueba de que no hemos sido perdonados.
John Owen (puritano y estadista)
Hay dos consecuencias ante la falta de perdón:
La indignación de los demás siervos.
Los más ofendidos de este cruel trato, fueron sus compañeros.
“Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido.” (vs.31)
Sin lugar a dudas que estos siervos tenían conocimiento de la inmensa deuda que se le había perdonado al primero hombre. Y con toda razón estaban indignados cuando vieron su reacción contra un hermano consiervo que estaba en apuros.
¿Sabes cuál es la gran verdad y la gravedad de esto? Que el siervo no perdonador, SE HABÍA COLOCADO ASÍ MISMO POR ENCIMA DEL REY.
Sus acciones daban a entender que él creía tener derecho a no tener misericordia en una situación similar a la que él enfrentó cuando tuvo que rogar pidiendo gracia al rey.
Esto era algo inconcebiblemente infame.
Claro que sus consiervos estaban furiosos. No era para menos.
2) La ira del rey.
El rey también se indignó al escuchar la noticia.
Jesús había enseñado en:
Mateo 6:14–15 "Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras transgresiones."
¿Sabes lo interesante?
La enseñanza central de esta parábola era para Pedro y para el resto de los discípulos del Maestro.
El auditorio de Jesús ese día eran sus propios discípulos. No se trata de personas no creyentes sino del círculo más íntimo de seguidores de Jesús. Por lo tanto, el primer siervo representa a un creyente realmente nacido de nuevo, aunque no perdonador.
También la severidad del castigo del rey ilustra realmente la manera en que Dios va a disciplinar a los creyentes que no perdonan.
El perdón debe generar perdón en otros; aunque no constituye la base de nuestra salvación, funciona como evidencia genuina de haber sido perdonados. Sin embargo, Jesús deja implícita una advertencia solemne para quienes afirman conocerlo pero se rehúsan a perdonar a otros creyentes. Solo aquellos que perdonan a sus hermanos pueden esperar ser perdonados por Dios.
Algunas veces es necesario disciplinar con dureza a un hijo persistentemente rebelde; y Dios hará uso de medidas drásticas cuando sea necesario corregir a un cristiano desobediente.
La dureza de su disciplina es una medida de su amor por su pueblo y su gran interés en la pureza.
La forma en que el rey se dirige al siervo es por demás impactante: "¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. 33 ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?"
Por eso, Santiago el medio hermano de Jesús escribe:
Santiago 2:13 "Porque el juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia; la misericordia triunfa sobre el juicio."
Conclusión:
Conclusión:
Todos tenemos personas a quién perdonar. Yo no se cual sea tu caso, pero:
Ya no le hagas caso a la comadre.
Si en ti casa, en tu trabajo, en tu vecindario, e inclusive en la iglesia, hay alguien que te ha hecho una ofensa, no dejes que el silencio perpetúe el conflicto. Establece un tiempo para hablar sobre lo que sucedió. Comienza la conversación reconociendo tu propio papel en el conflicto. Aprovecha esta oportunidad para pedir perdón y planea una reunión que les ayude a reconectar, en un espacio de amor y comprensión. Pide disculpas si es necesario y trabaja juntos en oración. Recuerda que, como seguidores de Cristo, estamos llamados a vivir en unidad y a ser instrumentos de paz.
Si sientes amargura y resentimiento hacia esa persona que te ha ofendido, presenta esos sentimientos en oración a Dios. Esto te ayudará a liberar el peso del resentimiento y a buscar el camino del perdón.
Quisiera cerrar con algunas preguntas de reflexión, de manera personal:
¿En qué situaciones de tu vida has encontrado más difícil perdonar y qué pasos puedes tomar para enfrentar esas dificultades?
¿Estás seguro que tu corazón esté libre de resentimiento y rencor hacia aquellos que te han lastimado?
¿Has pedido la ayuda de Dios para que sea más fácil perdonar a otros en situaciones difíciles?
La lección es que nada que los hombres puedan hacernos se puede comparar ni remotamente con lo que nosotros hemos hecho a Dios; y si Dios nos ha perdonado la deuda que teníamos con Él, nosotros también debemos perdonar a nuestros semejantes las deudas que tengan con nosotros.
Insisto, nada que nosotros tengamos que perdonar se podría comparar ni remotamente con lo que se nos ha perdonado a nosotros.
Se nos ha perdonado una deuda que no podríamos haber pagado jamás —porque nuestros pecados causaron la muerte del Hijo de Dios—; y por eso, debemos perdonar a los demás como Dios nos ha perdonado a nosotros, o no podremos esperar ser tratados con misericordia.
Es realmente difícil dentro de la capacidad de la naturaleza humana caída perdonar de por sí tales cosas y de todo corazón. Pero si es ciertamente posible para personas redimidas, bajo la influencia del poder del Espíritu Santo, perdonar aún las ofensas más serias.
Solo Jesús puede hacer posible el tipo de corazón perdonador que pide este pasaje. Con gratitud, Él nos recuerda la abundante compasión que nos ha mostrado como los pecadores menos merecedores, y por su gracia, nos permite extender esa misma compasión en abundancia a aquellos que etiquetaríamos como los menos merecedores. Este tipo de perdón debería caracterizarnos como hijos de Dios.
La decisión es tuya: Perdonas de todo corazón o quedas expuesto a los verdugos.
Que Dios te bendiga.
Oremos.
