La gracia que pagó el precio completo
La gracia que transforma • Sermon • Submitted • Presented
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Introducción
Introducción
La vez pasada vimos que Jesús primero nos mostró su gracia al quedarse en vez de mostrar indiferencia hacia la humanidad. Hoy veremos como la gracia de Jesús se mostrará en nuestras vidas. Vivimos en un mundo donde hay una gran obsesión con la justicia. Cuando a alguien se le hace un mal se espera a que el ofensor sea el que pague las consecuencias, pero eso es lo interesante de este caso: la víctima pagó las consecuencias, no el ofensor—y por decisión propia. Veremos en qué conllevó este gran sacrificio.
Cuerpo
Cuerpo
Jesús nos muestra su gracia porque:
Él cargó lo que nosotros provocamos (Isaiah 53:6)
La realidad del caso es que Jesús tomó el castigo que nos tocaba a nosotros. En Rom 3:23 podemos ver que todos hemos pecado, todos hemos hecho el mal de alguna manera. Todo comenzó en el Edén cuando nuestros primeros padres: Adán y Eva desobedecieron a Dios. Ahora, no significa que todos heredamos la culpa del pecado de Adán (Ezekiel 18:20), sino que somos propensos al pecado ya que por medio de él entró el pecado. Por esta razón se le conoce a Jesús como el segundo Adán (1 Cor. 15:20-23). Cuando por Adán entró la muerte, por Jesús entró la vida, Jesús tomando la muerte que nos correspondía para sí, dándonos vida.
No tenemos que buscar expiar nuestros pecados, no hay que buscar cumplir con ciertos ritos para recibir salvación porque ya Cristo cargó nuestros pecados Él mismo; Él mismo nos ofrece Su gracia. Nuestra salvación no depende de mis obras, sino de las obras de Cristo. Mi obediencia no es requisito para ser salvo, sino que es la respuesta de recibir la salvación por medio de la gracia del Señor. ¿Por qué cargó lo que no le correspondía? Por amor.
Nos perdonó antes de nuestro arrepentimiento (Luke 23:34)
Cuando Jesús dijo estas palabras, fue ante un grupo de personas que lo menos que hacían era pedir perdón. Aún en medio de todo esto, Jesús los perdonó. Él perdonó en el mismo acto de la ofensa porque la gracia no responde al arrepentimiento, sino que lo provoca. El arrepentimiento es producido porque Dios es bondadoso (Rom. 2:4), la bondad de Dios no es producido por nuestro arrepentimiento. La parábola del hijo pródigo nos muestra un ejemplo. Dios es tan bondadoso con nosotros porque conoce nuestra ceguera, la cual es producida por el pecado (2 Cor. 4:4). Esta ceguera producida por el enemigo es espiritual (John 9:39).
Dado a que tenemos este dilema, Cristo no espera a que nosotros cambiemos todo, que tengamos que hacer diferentes ritos para “apaciguarlo”, sino que Él nos ve en nuestra condición y nos recibe en la misma condición… pero no para dejarte igual. Él nos invita a unirnos con Él en un proceso transformativo. Nos invita a crecer en Él. Primero gracia, luego arrepentimiento. Primero gracia, luego obediencia, no al revés.
La gracia del Señor es recibida por fe, no por obras (Eph. 2:8-9). La gracia es activada no por obras acumuladas, sino que por plena gracia del Señor. Lo único que hay que hacer es reconocer que necesitamos a Cristo como nuestro Salvador, confiar en Él y aceptar ese regalo que Él nos quiere hacer.
Derribó los muros que nos dividían (Eph. 2:14-16)
La cruz no solo nos otorgó perdón y la gracia de Jesús, sino que va más allá de lo personal. La cruz derribó los muros que dividían a la sociedad. La cruz destruyó las barreras del prejuicio, del odio y en su lugar produjo unidad.
