Domingo de Ramos 2026
Domingo Ramos 2026 • Sermon • Submitted • Presented
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· 5 viewsFalsas Expectativas, cuando anhelamos recibir a Jesús, pero por un beneficio personal.
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Semana Santa 2026
Semana Santa 2026
Buenos días ¿cómo llegamos a esta fecha? si apenas ayer era año nuevo.
Vamos a empezar con una pregunta que quizá todos nos hemos hecho, aunque no lo digamos en voz alta: ¿Alguna vez te has decepcionado de Dios? Sé que suena fuerte o medio raro decirlo así, y más en la iglesia, pero siendo honestos, creo que todos hemos tenido un momento en el que pensamos: “Dios, no sé qué pasa, pero esto que me está pasando ¡no está bien! Si me amas ¿por qué me pasa esto?”. Otras veces decimos: “Señor, tú sabes que le estoy echando ganas, estoy haciendo mi mejor esfuerzo ¿por qué parece que no quieres cooperar?”
Creo que la mayoría sabemos que Dios no falla, el asunto es que la mayoría tenemos una versión de ¡cómo debe ser Dios! Solemos pensar así, cuando estamos con el agua hasta el cuello, o cuando emocionalmente estamos inestables. Porque en el fondo sabemos que Dios no está obligado a cumplir nuestros deseos, pero en ocasiones creemos que ¡sí los debe cumplir!
La mayoría tenemos una lista de expectativas, y cuando la situación es grave, muchas veces nuestra fe entra en crisis.
Hoy es el día que conocemos como “Domingo de Ramos,”, recordando un evento histórico que inicia la semana de la Pasión o Semana Santa. Es una semana que, cuando sucedió, estaban las emociones al límite, cada uno tenía una expectativa diferente, hay miles de personas emocionadas, gritando, celebrando...y, sin embargo, la mayoría estaban alegres recibiendo a un Jesús que ¡no existía! Estaban emocionados de su propia expectativa, de lo que ellos habían entendido, o querían entender de lo que debería ser el Mesías. No estaban emocionados de recibir al Salvador del mundo que tenían enfrente. ¡Cuidado! No vayamos a ser uno de los que da la bienvenida a Jesús, pero con la expectativa equivocada.
Veamos un poco el contexto para entender la euforia de la gente y poder conocer la tensión del momento.
Estamos en Jerusalén, es la Pascua que es una de las 3 celebraciones anuales que todo varón estaba obligado a ir:
“»Cada año, todo hombre de Israel deberá celebrar estos tres festivales: el Festival de los Panes sin Levadura, el Festival de la Cosecha y el Festival de las Enramadas. En cada una de esas ocasiones, todos los varones tendrán que presentarse ante el SEÑOR tu Dios en el lugar que él elija, pero no se presentarán ante el SEÑOR sin una ofrenda.” (Deuteronomio 16:16, NTV)
Todo varón adulto, mayor de 13 años, que viviera en un radio aproximado de 25 a 30 km de Jerusalén estaba obligado a asistir. Los que vivían muy lejos, en Roma, Egipto o Babilonia, tenían el deber moral de cuando menos ir 1 vez en su vida. Las mujeres no estaban técnicamente obligadas por la ley, pero la costumbre era que las familias viajaban juntas como un acto de devoción.
“Cada año, los padres de Jesús iban a Jerusalén para el festival de la Pascua.” (Lucas 2:41, NTV)
Jerusalén está lleno de gente, algunas 200 mil personas se apretujan en Jerusalén, hay algarabía, reencuentros familiares, los negocios a lo que dan, pero hay un detalle que nubla la escena: son una ciudad que está bajo ocupación.
Los soldados romanos están en cada esquina, vigilan por toda la que no surja una revuelta. Imagina que vas caminando con tu familia y de pronto un soldado romano te obliga a que le cargues su equipo, por lo menos 1 km, sólo porque se le antojó. No puedes negociar, negarte, sólo obedecer ¡es algo humillante! Injusto. La gente está harta, hay situaciones que llevan al límite, es entendible que estén esperando el momento de librarse de ellos. En lo que menos piensan es en tener una paz espiritual. Creen que tienen resuelto el tema espiritual con los sacrificios que presentan en el templo.
Lo que más anhelan es sacar a los romanos de su país, anhelan tener una vez más los días de gloria que tuvieron con Salomón, con David.
De pronto corre el rumor de que ha llegado un profeta de Galilea. No sería el primero, pero éste es diferente, ha sanado leprosos, ha dado vista a los ciegos, multilplica el pan y más de 5 mil personas comieron, el mar y el viento le obedece, es más, hace pocos días, Lázaro que había muerto ¡este profeta le devolvió la vida!
En sus mentes la lógica es sencilla: Si puede alimentar a miles de personas con solo 5 panes ¡puede alimentar un ejército del tamaño que sea! Si puede resucitar muertos ¡nuestro ejército será invencible! ¿con qué otro propósito ha hecho todos esos milagros? si no es para que sepamos que por fin vamos a ser liberados, que no hay ejército que se pueda oponer.
La multitud quería que Jesús usara su poder para servir a la nación, mientras que Jesús quería usar SU vida para servir a la humanidad.
Los mismos discípulos no habían entendido, porque poco antes que Jesús entrara, hubo esta conversación.
“Entonces Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron y dijeron: —Maestro, queremos que nos hagas un favor. —¿Cuál es la petición? —preguntó él. Ellos contestaron: —Cuando te sientes en tu trono glorioso, nosotros queremos sentarnos en lugares de honor a tu lado, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.” (Marcos 10:35–37, NTV)
Ellos pensaban que sería un liberador político, que por fin se ha decidido a iniciar la conquista y ellos no se quieren quedar fuera de su reino.
Esto sigue sucediendo, muchas personas han escuchado de Jesús, han visto SU poder en alguna persona, escuchan el testimonio de sanidad, relaciones restauradas y de pronto creen que el único propósito de Dios es lograr que su vida mejore aquí, y piensan: “por fin voy a encontrar la manera de que Dios haga lo que yo necesito”.
Lo buscan, quieren tener una relación con Dios, pero para que les cumpla su pliego petitorio.
Ese día en Jerusalén, se enteran de que va a llegar y eso genera expectativa; cada uno de ellos se imagina la forma cómo debe presentarse el caudillo que les quite ese yugo romano.
El Señor Jesús sabe exactamente lo que están pensando, lo que sucede después es una de las declaraciones más brillantes y directas de la historia.
“Los dos discípulos hicieron tal como Jesús les había ordenado. Llevaron la burra y su cría, pusieron sus prendas sobre la cría, y Jesús se sentó allí.” (Mateo 21:6–7, NTV)
En el mundo antiguo si un rey quería demostrar poder, supremacía, montaba un semental, un caballo de guerra, alto, fuerte; así daba el mensaje: “Vengo a conquistar”, no vengo a ver si puedo, sino porque puedo vengo.
Pero si un rey venía en son de paz, de humildad, montaba ¡un asno! Así Jesús está escenificando la profecía de Zacarías.
“¡Alégrate, oh pueblo de Sión! ¡Grita de triunfo, oh pueblo de Jerusalén! Mira, tu rey viene hacia ti. Él es justo y victorioso, pero es humilde, montado en un burro: montado en la cría de una burra.” (Zacarías 9:9, NTV)
Con su entrada está enviando un mensaje visual a la gente: “vengo como REY, pero no el tipo de rey que ustedes quieren”.
Evidentemente la multitud no captó la indirecta o decidieron ignorarla, porque cortan ramas de palmas que en ese entonces eran símbolo de victoria nacionalista. Así lo entendían porque unos 160 años ante, Simón Macabeo liberó a Jerusalén de los sirios, entró a la ciudad con cantos y ramas de palma; después acuñaron una moneda con la imagen de una palmera para simbolizar la independencia de Israel. El hecho que la multitud corte ramas, no solo están diciendo: “Bienvenido a Jerusalén”, están diciendo:"¡haz lo que hicieron los Macabeos! Echa fuera a los invasores romanos”.
La gente grita:
“Jesús estaba en el centro de la procesión, y toda la gente que lo rodeaba gritaba: «¡Alaben a Dios por el Hijo de David! ¡Bendiciones al que viene en el nombre del SEÑOR! ¡Alaben a Dios en el cielo más alto!».” (Mateo 21:9, NTV)
Es verdad lo que dicen, pero lo que piensan es diferente. Esas palabras son ciertas, pero lo que ellos esperan que esas palabras signifiquen ¡es otra cosa!
Ellos quieren una solución inmediata para un problema temporal (la ocupación romana); Jesús traía una solución eterna para un problema de fondo, de estructura: El Pecado.
Aquí es donde esto se vuelve personal para cada uno de nosotros. Muchos venimos a Jesús con nuestra propia versión de palmas y de decir: Bendiciones al que viene en el Nombre del Señor. Lo que muchas veces queremos significar con esas palabras es:
Bendiciones al que viene en el nombre del Señor para salvarme de esta deuda que me ahoga.
Bendiciones al que viene en el nombre del Señor para salvarme de la enfermedad.
Bendiciones al que viene en el nombre del Señor para salvarme para cambiar a mi esposo ¡ahora!
Bendiciones al que viene en el nombre del Señor para hacer algo con mi hijo que anda desatado.
Y cuando Jesús NO monta ese caballo, eso que quiero, para pelear como yo quiero ¡nos desanimamos! Pero escucha: Jesús prefiere decepcionarte con la verdad que satisfacerte con una mentira. La Biblia dice:
“«Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos —dice el SEÑOR—. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse. Pues así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos.” (Isaías 55:8–9, NTV)
Si Dios actuara siempre como nosotros esperamos ¡ÉL no sería Dios! sería nuestro empleado; la brecha entre SU plan y nuestra expectativa es dónde se prueba nuestra confianza.
La religiosidad muchas veces engaña para tenerte contento. Camina descalzo a ese lugar y tu problema se resolverá, pon ese ramo de ajos tras la puerta; hay tantas cosas religiosas, otras pseudo religiosas y otras netamente paganas.
El Señor Jesús te ama demasiado como para darte solo lo que pides; Si Jesús hubiera cumplido la expectativa de la multitud, habría sido un héroe político por ¿qué te gusta? unos 30 años y luego habría muerto, ¡pero! Porque no cumplió esa expectativa, se convirtió en el Salvador del mundo por la eternidad.
Al acercarse a la ciudad, el Señor Jesús llora, porque sabe que lo van a entender mal, sabe que tú y yo muchas veces tenemos expectativas equivocadas.
“Al acercarse a Jerusalén, Jesús vio la ciudad delante de él y comenzó a llorar, diciendo: «¡Cómo quisiera que hoy tú, entre todos los pueblos, entendieras el camino de la paz! Pero ahora es demasiado tarde, y la paz está oculta a tus ojos.” (Lucas 19:41–42, NTV)
Sabe que muchos de ellos buscan la paz a través de la guerra con Roma y no a través de la reconciliación con Dios, la paz que ellos querían era externa, la paz de Dios empieza en el interior.
Esto nos enseña de que, muchas veces tu decepción, frustración, tu molestia con Dios, suele ser el resultado de una expectativa que ÉL ¡nunca prometió cumplir!
Imagina que vas a correr por las montañas, ves el mapa, trazas tu ruta en línea recta, el más corto posible, según tu lógica ¡es el mejor camino! Llegas al punto de partida, le dices al guía tu ruta y él te dice: ¡no es por ahí! Vamos a rodear esa entrada, cruzaremos el río y después una pequeña zona pedregosa. Tú te enojas, te decepcionas del guía ¡este guía no sabe lo que hace! ¡yo vi el mapa! Con él me voy a tardar 3 horas y no los 40 minutos que yo pensé.
Pero el guía sabe algo que tú no, el camino recto está bloqueado por un abismo que no ves en el mapa. Dios es el guía, tu expectativa es el mapa. Cuando el guía se desvía de tu mapa, no es porque esté perdido, es porque te está salvando de un abismo que tú no alcanzas a ver.
Ahora bien ¿qué haces cuando Dios no hace lo que tú crees que debería hacer? De eso se trata del domingo de Ramos, no se trata de agitar palmas, o venir cada semana santa, para que Jesús haga lo que tú quieres que haga; la invitación es a soltar las palmas y decir: “Señor, no entiendo tu camino, pero confío en tu carácter”.
La fe del cristiano no es la que die: “Dios lo hará, porque yo se lo pido”; la fe madura es la que dice: “Dios puede hacerlo, pero si no lo hace ¡ÉL sigue siendo Dios y yo sigo confiando en ÉL!
No permitas que lo que quieres de Jesús te impida ver lo que Jesús ya hizo por ti.
Palabra de Dios
Oremos
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