Cuando las diferencias no dividen
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Romanos 14:1-12
Romanos 14:1-12
Aunque no sean pecados en sí mismas, ciertas actitudes y conductas pueden destruir el compañerismo y la rendición de frutos espirituales, así como entorpecer la obra, el testimonio y la unidad de incontables congregaciones como ha sucedido a lo largo de toda la historia de la iglesia.
Estos problemas son ocasionados por diferencias entre los cristianos sobre cuestiones que no son mandadas ni prohibidas en las Escrituras. Son cuestiones de preferencia personal y tradición histórica que al imponerse a otros, de manera inevitable generan confusión, antagonismo, amargura, abuso de la conciencia y falta de armonía.
Ningún grupo social es tan heterogéneo como la iglesia. Su membresía incluye personas de todos los estratos y grupos étnicos, religiosos y lingüísticos de la sociedad: ricos y pobres, poderosos y marginados, ancianos y jóvenes, adultos y niños, los bien educados y los no tan bien educados, conservadores y radicales. La convivencia de grupos tan diferentes crea tensiones y la discusión en este pasaje de los principios para la buena convivencia tiene siempre mucha pertinencia.
El interés tesonero de Pablo era que cada cristiano tuviese un deseo profundo de preservar "la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz" (Ef. 4:3), y que estuviese revestido "de amor, que es el vínculo perfecto" (Col. 3:14).
Nuestro Señor expresó ese mismo deseo en su "mandamiento nuevo... Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Jn 13:34-35). Es el desvelo que manifestó en su oración como sumo sacerdote delante de su Padre en favor de quienes le pertenecen por la fe: "para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste" (Jn 17:20-21).
El peligro en particular para la unidad de los cristianos que es tratado por Pablo en Romanos 14:1-15:13, es el conflicto que surge fácilmente entre personas a quienes se refiere aquí como creyentes fuertes y débiles, entre aquellos que son maduros en la fe y los que son inmaduros, entre los que entienden y disfrutan de la libertad en Cristo, y los que todavía se sienten sujetos o amenazados por ciertos tabúes y prácticas de tipo religioso y cultural que se habían arraigado con firmeza como parte de sus vidas antes de venir a Cristo.
En el pasaje presente (Ro. 14:1-12), el apóstol habla a ambos tipos de creyentes y actitudes, pero su primera instrucción está dirigida a los creyentes fuertes por la misma razón de que son más fuertes en la fe. De los dos grupos, ellos están mejor equipados tanto para entender como para ser comprensivos. Por ende el apóstol les dice: Recibid al débil en la fe.
Pablo no estaba hablando de diferencias doctrinales o morales. Por ejemplo, al decir débil en la fe el apóstol no se estaba refiriendo a los judaizantes, aquellos judíos que se habían infiltrado en la iglesia para insistir en que un gentil no podía venir a Cristo sin estar circuncidado y que los creyentes tanto judíos como gentiles debían observar la ley mosaica (véase Hch. 15:5). Estaba hablando de creyentes,judíos o gentiles, que fueran débiles en su entendimiento de fe y la manera de vivir su fe verdadera en Jesucristo
Tales creyentes deben ser recibidos y aceptados en plenitud de amor por aquellos que son maduros en su vida espiritual. No es que la libertad del creyente en Cristo nunca deba discutirse con cristianos que aún se encuentran bajo el yugo de alguna compulsión o restricción religiosa, sino que esa discusión nunca debe hacerse para contender y emitir juicios sobre opiniones incoherentes pero sinceras.
Una de las advertencias más graves que Jesús hizo estuvo dirigida en contra de cualquiera que se atreviera a "hacer tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí". El Señor dijo: "mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!" (Mt. 18:6-7).
Porque Dios los recibe (vv.1-3)
Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. 2Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. 3El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido
La primera razón por la que todos los creyentes deben recibir a todos los demás creyentes es que Dios les recibe.
Aquel uno que cree que se ha de comer de todo es una referencia obvia al cristiano más fuerte y maduro que aprecia y ejerce su libertad en Cristo. El primer ejemplo de libertad se da con relación al derecho que todo cristiano tiene de comer de todo.
Varios años después de haber empezado su ministerio apostólico, Pedro aún tenía reservas y hasta temor de comer animales declarados como impuros bajo la ley ceremonial del Antiguo Testamento. Fueron necesarias tres declaraciones repetidas por parte del Señor en una visión para convencer a Pedro que "Lo que Dios limpió, no lo llames tú común" (Hch. 10:15-16). La enseñanza más grande de la visión fue para Pedro, según Dios mismo le mostró, "que a ningún hombre [esto es, los gentiles] llame común o inmundo" (v. 28).
Algunos creyentes gentiles, al igual que algunos judíos, estaban azorados con respecto al consumo de ciertos alimentos, pero por razones diferentes. A causa de la idolatría y la inmoralidad asociadas con la práctica de sus antiguas religiones, ellos se sentían incapaces de comer carne o cualquier otro alimento que hubiera sido usado como una ofrenda a una deidad pagana.
Tal como Pedro, aún eran débiles espiritualmente en cuanto a esas cosas. En consecuencia, algunos cristianos judíos y gentiles se limitaban a comer solo legumbres para evitar cualquier riesgo de comer algo que ellos consideraban contaminado por los ídolos.
En el versículo 3 Pablo hace una interdicción doble. Primero se dirige a los fuertes, a quienes dice: El que come, no menosprecie al [débil] que no come.
Exouthene6 (menosprecie) es un término fuerte que alude a la idea de mirar a alguien como si careciera por completo de valor. No connota un simple fastidio o falta de respeto, sino desdén absoluto y aborrecimiento. Muchos judíos de aquel día trataban a todos los gentiles con menosprecio, y muchos griegos y romanos tenían un trato similar con pueblos a los que hacían referencia como bárbaros.
Parece improbable que muchos cristianos genuinos en la iglesia primitiva, fuese en Roma u otros lugares, menospreciaran a otros creyentes en este sentido extremo, pero lo cierto es que solo se necesita un extremista para hacer daño a una congregación entera. A través de los siglos, las iglesias han estado plagadas por aquellos que en su orgullo se consideran superiores a los demás en su vida espiritual.
Así como no menosprecie, el término usado en no juzgue es la traducción de un verbo griego fuerte (krino), que tiene el significado básico de separar y aislar. En un sentido legal se refiere a hallar a una persona acusada culpable de un crimen.
En este versículo, las expresiones no menosprecie y no juzgue son sinónimas en esencia. En ambos casos un tipo de persona desdeña a la otra, y ambos están en un error. El miembro fuerte que trata con menosprecio al miembro débil y le considera legalista y justo en su propia opinión, así como el miembro débil que juzga al miembro fuerte como irresponsable en el mejor de los casos y licencioso en el peor.
El punto de Pablo es que, si Dios mismo no considera esto como un asunto controvertible, ¿qué derecho tiene uno de sus hijos para hacerlo? Si los fuertes y los débiles gozan de la misma aceptación de y comunión con el Señor, es arrogante y pecaminoso que esas dos clases de creyentes no estén dispuestos a aceptarse unos a otros.
2. Porque el Señor los sostiene (v.4)
¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
Un creyente "fuerte" en cuestiones que no sean doctrinales o morales y que por ende no son ordenadas ni prohibidas en las Escrituras, tiene la misma necesidad de recibir la fortaleza de Dios que la de un creyente que es "débil". Todos somos débiles en el sentido de que todo lo bueno y justo que poseemos es un regalo de Dios, nunca el producto de nuestra propia sabiduría o esfuerzo
Muy al tanto de esas tendencias problemáticas, Pablo confronta ambos grupos con la aguda pregunta retórica: ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? ¿Qué derecho tiene cualquiera de ustedes, sea maduro o inmaduro, bien enseñado o con poca instrucción, para juzgar al criado ajeno, en especial cuando se trata de un hermano que también es criado y siervo de Jesucristo? La evaluación personal que un creyente haga de otros creyentes no afecta en lo más mínimo su posición delante del Señor.
Es para su propio señor, es decir, parajesucristo, que cada creyente está en pie, o cae. Además, en lo concerniente a asuntos de tradiciones y preferencias religiosas, todo creyente, bien sea fuerte o débil, será eximido del juicio divino porque el Señor no toma en cuenta esas cosas. Por lo tanto, cada creyente estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
Pablo ya había planteado antes en la carta una pregunta retórica similar. “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?", pregunta. "Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros" (Ro. 8:33-34). "Por lo cual estoy seguro", continúa algunos versículos más adelante, "de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (vv. 38-39).
3. Porque Jesucristo murió y resucitó por ellos (vv.5-9)
Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. 6El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. 7Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. 8Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. 9Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.
La tercera razón por la que todo cristiano debería aceptar a cualquier otro cristiano es que el Señor Jesucristo es soberano en la vida de cada creyente. Bien sea fuerte o débil, un creyente sincero se siente libre o no de hacer ciertas cosas motivado por una sola cosa: agradar a su Señor. Ninguno de los dos es más o menos espiritual o fiel a causa de sus convicciones con respecto a prácticas como las discutidas con anterioridad. Ser "fuerte" en este sentido no es sinónimo de ser espiritual, y ser "débil" no es sinónimo de ser carnal.
El problema en la iglesia de Roma, tal como sucede en muchas iglesias desde aquel tiempo, era que algunos creyentes de ambas persuasiones se creían más espirituales que los otros, a quienes consideraban más carnales. El propósito integral de Pablo en estos versículos y el contexto general de 14:1-15:13, era librar a los creyentes de esas nociones falsas que causaban división entre ellos y destruían su crecimiento espiritual.
El hermano débil y sincero que hace caso del día, lo hace para el Señor. El hermano fuerte y sincero que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; de la misma manera, el creyente débil que no come, para e Señor no come, y da gracias a Dios.
En cuestiones que no sean objeto de mandatos o prohibiciones específicas de las Escrituras, siempre es incorrecto ir en contra de la conciencia, porque nuestra conciencia representa lo que en realidad creemos que es correcto. Por lo tanto, ir en contra de nuestra conciencia es hacer lo que creemos es erróneo, y a pesar de que un acto o práctica en sí mismo no sea pecaminoso, es tratado como pecaminoso por aquellos que están convencidos en sus propias mentes de que es erróneo, razón por la cual produce culpa.
Pablo advierte con solemnidad al cristiano fuerte: “Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió. De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis" (1 Co. 8:9-12)
Ni el fuerte ni el débil vive para sí o muere para sí, y por la misma razón, los dos por igual vivimos para el Señor y morimos para el Señor. Lo que hagamos por otros creyentes no solo lo hacemos por ellos sino también por nuestro Señor, puesto que sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Cristo es nuestro mutuo Señor, nuestro mutuo soberano; por lo tanto todas las cosas que hacemos, incluso el acto de morir, deben agradar y glorificar a nuestro Salvador y Señor soberano.
4. Porque solo el Señor juzgará a cada creyente (vv.10-12)
Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. 11Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. 12De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.
Es una cosa terrible que los hombres se atrevan a "hacer el papel de Dios", como se dice, pero en particular es inexcusable para quienes pertenecen al pueblo de Dios que se atrevan a juzgar y menospreciar los unos a los otros.
El trabajo que corresponde a los cristianos es servir al Señor, no usurpar su señorío presumiendo de justos en su propia opinión y juzgando a sus hermanos en la fe. Nuestro interés y preocupación debería enfocarse más bien en el hecho de que nosotros mismos vamos a ser juzgados por el Señor, porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.
Nuestra responsabilidad no es juzgar, despreciar, criticar o menoscabar de cualquier manera a nuestros hermanos y hermanas en Cristo. No vamos a ser llamados por nuestro Señor a rendir cuentas por los pecados y fallas de otros, sino que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.
Una historia para terminar…
Dos de los creyentes más famosos durante la época de la Reina Victoria en Inglaterra fueron Charles Spurgeon y Joseph Parker; ambos fueron poderosos predicadores del evangelio. Al principio de sus ministerios tuvieron compañerismo e intercambiaban púlpitos. Después tuvieron un desacuerdo y aun los periódicos lo informaron. Spurgeon acusó a Parker de no ser espiritual porque éste frecuentaba el teatro. Sin embargo, Spurgeon fumaba cigarros, una práctica que muchos creyentes condenarían. ¿Quién estaba en lo correcto? ¿Quién estaba equivocado? Tal vez ambos estaban equivocados.
