Ramas y raíces

Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 1 view
Notes
Transcript
Rut 1:16–17 "16 Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. 17 Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos."
INTRODUCCIÓN
Todas quedamos asombradas frente a un árbol cargado de frutos. La vida explota por cada rama, el aroma lo dice todo, y quien lo ha visto sabe bien el deleite que produce al alma percibir tanta vitalidad de manera tan fresca. En cambio, cuando vemos las raíces nos cuesta saber si están vivas o muertas. No brillan, no muestran fruto, van escondidas. Pero sabemos bien que la una sin la otra no hacen nada. Las ramas, las hojas, los frutos — son cosa de una sola estación sin las raíces. Sin embargo, las raíces, aunque parecieran dormidas, retienen la vida, la guardan, la esconden en la época peligrosa de los fríos invernales, y con sabiduría inexplicable, en su tiempo oportuno, liberan la savia que vuelve a subir por las ramas casi muertas — y toda esa vida escondida se expresa una temporada más. (Eclesiastés 3:1)
De esto nos habla esta historia bíblica. Porque en la Biblia también hay una raíz y una rama verde llena de vida.
PUNTO 1: Lo que juntas lograron
Lo más profundo no está en lo que cada una era por separado, sino en lo que juntas lograron. Dos generaciones distintas: una anciana, una joven; una creyente de toda la vida, la otra una moabita que recién comenzaba a ver los destellos de un Dios verdadero a través de la vida de su suegra. Ambas con el mismo deber: sobrevivir, permanecer. (Rut 1:16-17) Ellas no lo sabían, pero un par de generaciones más adelante saldría el rey David — y ese linaje avanzaría hasta el mismo Jesús, nuestro Rey. Estaban unidas por el amor y por el propósito de Dios.
Y la pregunta es inevitable: ¿qué planes tiene Dios para nuestros hijos, para nuestros nietos, para esta iglesia en el futuro? No lo sabemos. Pero sí sabemos algo: tenemos propósito, y tenemos el deber de amarnos como estas mujeres se amaron. (Jeremías 29:11)
PUNTO 2: La sabiduría que conduce y el amor que enseña
Ambas estaban muriendo por desamparo — el hambre no estaba lejos. Y fue entonces cuando la sabiduría de la anciana tomó la mano de la joven y la encaminó hacia el amor de su vida, no de cualquier manera, sino con decoro, astucia y tino. Noemí no solo aconsejó: formó. Y Rut no solo escuchó: obedeció. Trabajó, preguntó, esperó, y respondió con obediencia a cada indicación de su suegra. El resultado fue que el pariente redentor abrazó a Rut y la cubrió con su manto de misericordia — y todo confluyó en una historia dichosa para ambas. (Rut 3:1-4)
Aquí aparece una figura hermosa de lo que siglos más tarde el apóstol Pablo pondría en palabras: que las ancianas enseñen a las más jóvenes a amar. No es una sugerencia — es un mandato. Y antes de ese mandato, Pablo define quién es la anciana capaz de enseñar: una mujer reverente en su porte, maestra del bien, espiritualmente formada. No simplemente mayor en edad, sino mayor en carácter. Una vida que modela con amor una conducta imitable. (Tito 2:3-5)
Noemí fue exactamente eso. Y Rut fue la prueba de que ese modelo funciona.
PUNTO 3: El llamado que tenemos hoy
En los tiempos modernos se ha instalado la idea de que una generación reemplaza a la otra — lo viejo se bota, lo nuevo se luce. Pero en el reino de Dios no es así. No hay reemplazo generacional; lo que hay es colaboración intergeneracional. (Joel 2:28) El deseo de Dios es que la iglesia sea una familia donde cada generación cumple su rol y colabora con la otra. La Escritura es clara: en los ancianos y las ancianas está el depósito de la sabiduría; en la juventud, el vigor y las fuerzas. (Proverbios 20:29) Qué combinación tan maravillosa cuando están juntas. Sabiduría sin fuerza es una muerte muda — nadie la oye, nadie la busca, nadie la entiende. Fuerza sin sabiduría es impulso imprudente, empuje desequilibrado, vigor desenfocado sin medida. Pero cuando ambas se unen, todo se vuelve virtuoso.
Hermanas, hoy enfrentamos un cambio que parece pequeño pero que tiene mucho valor. Abrimos nuestro grupo de Dorcas para recibir a las más pequeñas y jóvenes — mujeres como Rut, que desean conocer a Dios en medio de nosotras. Esto no es solo una bienvenida. Es un llamado a despertar. Especialmente las mayores: ellas han venido a vernos e imitarnos, y toda nuestra acción desde hoy debe ser intencional. Que aprendan con amor de nosotras. Y las más jóvenes deben despertar también a esta verdad: que este ámbito ordenado por Dios es el lugar donde deben echar raíces. La juventud es risa, belleza, libertad — y qué regalo es eso. Pero el bienestar de la familia que han comenzado no se sostendrá para siempre en los frutos abundantes de la época juvenil. Es ahora cuando las raíces deben ahondarse en la tierra de la sabiduría profunda de Dios. (Proverbios 4:7)
Nuestras hermanas mayores nos enseñarán a amar. Y cuando digo amar, digo lo esencial: no nos conducirán solo al romance — nos conducirán al Redentor. A Cristo, amadas. Y también a amar a nuestros esposos y a amar a nuestros hijos. Porque el amor verdadero no es solo novios, sonrisas y flores — el amor es sólido, firme y profundo. (1 Corintios 13:7)
CONCLUSIÓN
Es mi anhelo que entendamos la necesidad de caminar juntas. Porque en esa capacidad veremos florecer el propósito de Dios para nuestros hijos y nietos. La vida no se cortará por una generación irresponsable. Muchas iglesias quedan sin jóvenes y sin niños por la falta de sabiduría de los mayores — que no sea esa nuestra suerte. (Salmo 78:4)
Que como Rut y Noemí, Dios nos bendiga como una sola familia. Donde el árbol siempre esté verde — porque las raíces y las ramas se necesitan, se cuidan y caminan juntas.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.