Si Él vive, todo estará bien

CRISTO NUESTRA ESPERANZA  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Si Él vive, como dice nuestra idea central: todo estará bien.

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1 Pedro 1:3–4 NBLA
3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, 4para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para ustedes.
INTRO
¿Alguna vez has sentido que llegaste a un callejón sin salida?
Es ese momento en el que se cierra una puerta y el silencio que sigue es tan pesado que te aplasta.
Tal vez fue cuando te entregaron los papeles del divorcio, o cuando el médico te dijo:
«No hay nada más que hacer»,
o simplemente ese lunes en el que te diste cuenta de que, por más que te esfuerces, no puedes arreglar el desorden que hay en tu vida.
Para los amigos de Jesús, el viernes por la tarde fue ese punto final. Pero el sábado fue todavía peor. Fue el día del silencio absoluto.
Juan nos cuenta en su Evangelio que los discípulos estaban encerrados, con las puertas trancadas por puro miedo (Juan 20:19).
No estaban preparando un festejo; estaban escondidos en un rincón, esperando que en cualquier momento la guardia viniera por ellos también.
Su fe estaba hecha pedazos.
Pedro, el tipo que siempre tenía algo que decir, ahora no podía ni sostener la mirada, masticando la amargura de haber negado a su mejor amigo tres veces.
Para ellos, la muerte había ganado y se habían quedado con las manos vacías.
Incluso las mujeres que fueron al sepulcro el domingo no iban buscando un milagro.
Marcos nos dice que llevaban especias para ungir un cadáver (Marcos 16:1).
Iban a despedirse de un muerto, no a encontrarse con un Salvador.
Pero hoy estamos aquí porque ese silencio no duró para siempre.
Hoy celebramos que Dios movió la piedra. Y no la movió para que Jesús pudiera salir —Él ya había vencido—, la movió para que nosotros pudiéramos ver hacia adentro.
Cuando María Magdalena les dio el aviso, Pedro y Juan salieron disparados. Juan 20:4 nos cuenta ESTE DETALLE: los dos corrían juntos, pero Juan corrió más rápido que Pedro y llegó primero.
Estaban ansiosos, desesperados por saber si lo que decían las mujeres era verdad.
Juan llegó primero, pero fue Pedro el que, fiel a su estilo impulsivo, se metió de cabeza al sepulcro.
Y lo que vio le cambió la vida: no encontró un cuerpo robado ni un relajo; vio las sábanas de lino ahí puestas y el sudario de la cabeza doblado con calma en un lugar aparte (Juan 20:6-7).
Un ladrón de tumbas no se detiene a doblar la ropa. Era la firma de Dios diciendo: «Misión cumplida».
Por eso, años después, Pedro empieza su carta con un estallido de alegría:
«¡Bendito sea Dios!».
Pedro estaba hundido en la culpa,
con el corazón destrozado,
y que fue rescatado por un Cristo que vive.
Pedro es el mejor ejemplo de que, si Cristo resucitó, no importa qué tan profundo hayas caído o qué tan trancada parezca tu situación hoy: todo va a estar bien.
Ese evento es el que sostiene todo lo que vamos a hablar hoy.
La resurrección es el eje de nuestra vida.
Si Él vive, el mundo es un lugar distinto.
Si Él vive, tu dolor de hoy tiene fecha de vencimiento.
Si Él vive, como dice nuestra idea central: todo estará bien.
¿Que beneficios nos trae ahora que el viva? ¿porque todo estará bien?
MAPA:
Misericordia = Nuevo comienzo.
Misericordia = Nuevo comienzo.
Pedro dice que Dios nos hizo nacer de nuevo «según su gran misericordia».
Fíjate que no dice que nos dio una «segunda oportunidad».
Una segunda oportunidad es lo que te dan cuando repruebas un examen: tienes que volver a estudiar y esforzarte más para pasarlo.
Pero el nuevo nacimiento es distinto.
Es Dios diciendo: «Tú no puedes arreglar lo que rompiste, así que voy a darte una vida completamente nueva»…
Es como cuando de niño rompiste ese jarrón que tu abuela tanto quería. Te quedaste ahí, con las manos temblando, tratando de encajar las piezas, usando todo el pegamento del mundo.
Pero por más que te esfuerces, las grietas están ahí. El jarrón ya no es el mismo; cada vez que lo miras, solo ves tu error.
O cuando le rompiste el corazón a alguien que te amaba, o traicionaste la confianza de un amigo. Por más que pidas perdón, sientes que «lo rompiste» y que ya no hay forma de que vuelva a ser como antes.
Nos pasamos la vida tratando de pegar los pedazos de nuestra dignidad, de nuestro matrimonio o de nuestra moralidad, pero siempre se nota que esta cuarteado….
E incluso veces nos levantamos por la mañana y lo primero que sentimos es el peso de nuestros errores.
Recordamos esa discusión de ayer,
ese hábito que juramos soltar y volvimos a abrazar,
esa mentira que nos tiene atrapados
o esa oportunidad que desperdiciamos por orgullo.
Sentimos que estamos «muertos» por dentro, como un reloj al que se le acabó la batería pero que aunque no sirve para loq eu debería servir lo sigues trayendo en tu muñeca…
o una planta que se secó porque nadie la regó.
Estamos vivos por fuera, pero por dentro nos sentimos como esa tumba el sábado por la noche: fríos, oscuros y sellados.
Pero fíjate en lo que hace la resurrección.
Jesús no murió solo por «pecados en general».
Él entró en la tumba cargando tu suciedad específica, tu culpa real y tu muerte.
Él se llevó al sepulcro todo aquello que te quita el sueño.
Pero cuando la tierra tembló el domingo por la mañana,
Él salió de allí limpio,
victorioso
y vivo.
Y lo más increíble es que no salió solo; la Biblia dice que cuando Él resucitó, nuestra esperanza resucitó con Él.
¿Qué tiene que ver esto contigo hoy?
Que Dios no te pide que tú te «fabriques» una vida nueva a base de fuerza de voluntad.
Él te la regala.
El nuevo nacimiento es como cuando dejas un vaso de leche fuera del refrigerador y se echa a perder; por más que la batas o le pongas azúcar, no puedes volver a hacerla fresca.
La única solución es cambiarla por una nueva.
Dios hace eso con nosotros.
Él toma nuestra vida arruinada…la mira y dice..querido Jorge te amo tanto que me duele verte en esa condicion…por esa razón mande a mi hijo y, por el poder de la resurrección, nos da una identidad que no depende de lo que hicimos ayer, sino de lo que Jesús hizo hace dos mil años.
Si te sientes estancado, si sientes que ya arruinaste tu reputación o tu familia demasiado, mira la tumba vacía.
Piensa en Pedro. Él estaba ahí cuando Jesús resucitó.
Pedro, el que lo negó,
El que dijo… JAMÁS te negare… es como cuando tienes un novio o novia de secundaria y decían… nos vamos a casar de grandes… algunos si cumplieron…otros no…
Pedro..el que falló cuando más se le necesitaba.
Si la resurrección fue suficiente para borrar la traición de Pedro
y convertirlo en el líder de la iglesia,
¿no crees que es suficiente para tu situación?
Si Dios pudo sacar vida de una cueva sellada con una piedra gigante, puede sacar vida de tu crisis hoy.
Su misericordia no es un "curita" para una herida pequeña; es una explosión de vida que destruye la muerte. No importa lo que hayas hecho; Su misericordia es más grande que tu pecado y es nueva cada mañana (Lamentaciones 3)…porque el que la garantiza no está en una tumba, ¡está en el trono!
AMADOS… ¡CRISTO HA RESUCITADO!… ¡VERDADERAMENTE HA RESUCITADO!… Y SI ÉL RESUCITÓ, TU PASADO YA NO TIENE PODER SOBRE TI…
y si él vive ¡TODO VA A ESTAR BIEN!
2. La Esperanza
Fíjate bien en el adjetivo que usa Pedro.
Él no dice simplemente que tenemos una «esperanza».
En el mundo, la palabra «esperanza» suele ser sinónimo de un deseo incierto, de un "ojalá".
Es lo que yo llamo una esperanza muerta.
La mayoría de nosotros despertamos cada día aferrados a cosas que no tienen pulso…NO ESTÁN VIVAS…NO SON SEGURAS.
Decimos:
«Espero que mi jefe por fin note mi esfuerzo»,
«espero que mi matrimonio se arregle por arte de magia»,
o «espero que esta racha de mala suerte termine».
Pero, amados, esos son solo deseos proyectados al vacío. Son esperanzas que dependen de circunstancias que tú no controlas.
Y cuando la circunstancia falla, la esperanza muere, y tú te quedas hundido en el cinismo o la desesperación.
Pero el evangelio nos ofrece algo radicalmente distinto: una esperanza viva.
¿Por qué es «viva»?
Porque no es un concepto abstracto, ni un optimismo ciego, ni una filosofía de autoayuda…COMO ÉCHALE GANAS…O TÚ PUEDES CAMPEÓN O CAMPEONA… ERES UN GUERRERO O GUERRERA….
Nuestra esperanza es una Persona.
Nuestra esperanza es el Cristo que caminó entre nosotros, que fue colgado en un madero por nuestras rebeliones, pero que al tercer día se levantó de entre los muertos con poder.
Como Jesús está vivo, nuestra esperanza tiene pulso.
Respira.
Tiene autoridad.
No es una idea guardada en un libro QUE AVIENTAS EN EL CAJÓN PORQUE NO SIRVE PARA NADA…
es el Rey del universo caminando a tu lado.
Imagina que estás en medio de un callejón oscuro, rodeado de peligros, y alguien desde una ventana te grita: «¡Ánimo, ten esperanza, todo va a estar bien!». Eso es una esperanza muerta. Son palabras que no pueden protegerte.
Pero la esperanza viva es cuando alguien que ya venció a los enemigos de ese callejón, alguien que es más fuerte que cualquier amenaza,
baja,
te toma de la mano
y te dice: «Yo estoy aquí. Camina conmigo. Yo soy el camino».
La resurrección significa que Jesús no es un personaje de la historia antigua. Significa que Él es el Señor del presente.
Significa que mañana, cuando llegues a ese trabajo donde te sientes invisible, el Rey de la gloria está contigo.
Significa que cuando recibas ese diagnóstico que te hiela la sangre, el que tiene las llaves de la muerte y del Hades está sentado en la orilla de tu cama.
Significa que cuando el pecado te susurre que no vales nada, el Cristo resucitado te recuerda que Su victoria es tu victoria.
Porque Él vive,
Él no está limitado por el tiempo ni el espacio.
Él es el Sumo Sacerdote que intercede por ti ahora mismo a la diestra del Padre.
Nuestra esperanza no se marchita porque Aquel que la sostiene es el Autor de la vida.
La tumba vacía es la garantía de que ninguna de las promesas de Dios puede fallar.
IGLESIA, ¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡VERDADERAMENTE HA RESUCITADO!
Y porque tenemos una esperanza que respira, una esperanza que venció a la muerte… ¡TODO ESTARÁ BIEN!
Aunque el camino sea estrecho y la noche sea larga, no vas solo. Vas con el Vencedor.
Pero el pasaje no termina ahí.
3. La Herencia
Pedro nos lleva ahora a mirar hacia adelante, hacia aquello que nos espera.
Él nos habla de una herencia que define con tres adjetivos que son como muros de concreto para nuestra alma:
«incorruptible, incontaminada e inmarcesible» (1 Pedro 1:4, NBLA).
En nuestra vida cotidiana, tú y yo vivimos obsesionados con la seguridad.
Tratamos de asegurar absolutamente todo porque sabemos, en el fondo, que este mundo es frágil.
• Aseguras tu auto por si chocas.
Aseguras tu casa por si ocurre un incendio.
Ahorras un poco de dinero en el banco por si te quedas sin trabajo.
Pero seamos sinceros: nada de eso es seguro al cien por ciento.
Los bancos pueden quebrar, la moneda se devalúa de la noche a la mañana y las cosas, por naturaleza, se rompen.
Vivimos en un mundo donde el óxido y la polilla siempre tienen la última palabra…dice la biblia..el oxido y la polilla destruyen todo…
Pero fíjate en la herencia que Cristo te ha ganado.
Pedro usa estas tres palabras para decirte que lo que Dios te ha dado es «a prueba de todo»:
Es incorruptible: No se puede pudrir. El tiempo, que es el enemigo de todo lo que posees aquí abajo, no tiene poder sobre lo que Dios te ha dado.
Es incontaminada: El pecado, que ensucia tus mejores intenciones y mancha tus relaciones más puras, no puede tocar tu lugar en la gloria. Es una herencia perfectamente limpia.
Es inmarcesible: No pierde su brillo. ¿Te has fijado que cuando compras algo nuevo, a los pocos meses ya no te emociona igual? Esa herencia nunca perderá su valor ni su belleza.
Y aquí está lo más asombroso: Pedro dice que esta herencia está «reservada en los cielos para ti».
Piénsalo de esta manera:
imagínate que después de años de mucho esfuerzo, por fin logras comprar un pequeño terreno o una casa para tu familia.
Tienes los papeles en la mano, pero siempre vives con ese miedo de que alguien más poderoso venga, use sus influencias, te mueva los linderos o te diga que tus escrituras no valen.
En este mundo, los que tienen poder a veces le quitan lo poco que tiene al que no lo tiene. Vivimos con la angustia de que lo que es nuestro nos sea arrebatado por una injusticia o un descuido.
Con Dios, eso es imposible. Tu «escritura» no es un papel que se puede perder o que un juez corrupto puede anular.
Tu nombre no está anotado en un sistema que se puede borrar.
Tu lugar en la presencia de Dios está guardado bajo llave por el mismo Rey del universo.
Nadie puede "moverte la cerca", nadie puede quitarte lo que el Padre ha decidido entregarte.
Tu reserva no depende de tus méritos ni de la suerte; está garantizada por el carácter inmutable de Dios.
¿Y por qué podemos estar tan seguros de algo tan grande? Por la resurrección.
La resurrección fue el sello de Dios sobre la obra de Su Hijo. Fue la manera en que el Padre dijo: «Acepto el pago de Jesús por tus pecados; la deuda está cancelada».
Si Jesús hubiera seguido muerto en esa tumba, nuestro "seguro" de vida eterna no valdría nada; sería un cheque sin fondos.
Pero como Él se levantó, el documento está firmado con Su sangre y sellado con Su victoria.
Hoy, el Espíritu Santo en ti es el anticipo, la garantía de que esa herencia es real.
Por eso, pase lo que pase en la tierra —
aunque el banco te quite la casa,
aunque la enfermedad te quite la salud,
o aunque la economía te quite tus ahorros—,
tu tesoro real está intacto.
No te han quitado nada que sea eterno.
IGLESIA, ¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡VERDADERAMENTE HA RESUCITADO!
Y porque Él vive para cuidar tu herencia... ¡TODO ESTARÁ BIEN!
Tu futuro está más seguro que tu presente, porque Aquel que venció a la muerte es quien guarda tu lugar.
4. La resurrección en lo cotidiano
Amados, quiero que esta frase se te tatúe en el alma hoy:
No hay nada, absolutamente nada, que una resurrección no pueda arreglar.
A veces miramos nuestra vida y vemos cosas que parecen irreparables.
Miras ese diagnóstico médico y piensas: «esto no tiene vuelta atrás».
Miras esa relación rota de años y dices: «esto ya murió».
Miras el espejo y ves el paso del tiempo, el cansancio, las marcas de un pecado que te ha perseguido por décadas y susurras: «yo ya no tengo arreglo».
¡Pero mira la tumba vacía!
La resurrección es la declaración de guerra de Dios contra el "imposible".
Si Dios pudo tomar un cuerpo frío DE NUESTRO SALVADOR, torturado y muerto por tres días, y devolverle el aliento, la fuerza y la gloria, ¿qué te hace pensar que tu problema es demasiado difícil para Él?
No hay cáncer,
no hay depresión,
no hay quiebra económica,
ni siquiera hay una tumba de un ser querido que una resurrección no pueda arreglar.
La resurrección no es solo un evento del pasado; la resurrección amados…es la garantía de tu futuro.
Ahora quiero que imaginemos lo que nos espera.
Pedro dice que nuestra herencia es «inmarcesible», que no pierde su brillo.
¿Puedes imaginar el día en que despiertes y, por primera vez en tu vida, no sientas el peso de la ansiedad en el pecho?
Imagina el momento en que tus ojos vean a Jesús cara a cara.
Ese cuerpo tuyo que hoy te duele,
que se cansa,
que te falla... la Biblia dice que será transformado.
Tendrás manos que nunca más se soltarán de los que amas.
Tendrás un corazón que nunca más sentirá la inclinación de fallarle a Dios.
En la resurrección, Dios va a tomar cada lágrima que has derramado en secreto y la va a canjear por un peso eterno de gloria.
• Ese hijo que se fue... lo volverás a abrazar.
• Esa justicia que nunca llegó en la tierra... la verás brillar desde el trono.
Ese vacío que has tratado de llenar con mil cosas y nada funciona... será saciado por la presencia del Cordero.
¿No sientes ansias de estar ahí?
¿No te arde el corazón por el día en que ya no haya más "adiós", ni más "lo siento", ni más "ya no puedo más"?
La resurrección nos permite vivir hoy con un pie en la eternidad.
Podemos sufrir aquí con esperanza, porque sabemos que este mundo es solo la sala de espera para la verdadera fiesta.
CONCLUSION.
Quiero terminar con esto: si Cristo resucitó, todo estará bien para ti.
Esto tiene que quebrarnos.
Tiene que romper nuestra dureza.
Porque no merecíamos ni una gota de Su sangre, y mucho menos compartir Su victoria. Pero por Su gran misericordia, Él te llamó.
No salgas de aquí hoy pensando en lo que tienes que hacer para Dios.
Sal pensando en lo que Dios ya hizo por ti.
Deja que la seguridad de que Jesús está vivo te rompa el orgullo y te sane el miedo.
Si hoy sientes que tu vida es un caos,
mira hacia la tumba.
Si está vacía, es porque Dios puede hacer lo imposible contigo.
Cuando regreses a tu casa y veas tus problemas de frente, PIENSA: «ESTO ES SOLO TEMPORAL, pero mi Salvador es eterno».
Tu pasado está perdonado.
Tu presente está sostenido.
Tu futuro está garantizado.
La vida es breve, pero el evangelio responde con vida eterna.
La vida es incierta, pero Dios tiene el control.
La vida a veces parece vana,
pero Cristo es suficiente (Colosenses 2:10).
Iglesia, levanta tu voz y tu corazón:
¡Cristo ha resucitado! ¡Y porque Él vive, todo, absolutamente todo, estará bien!
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
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