La gracia: un nuevo comienzo
La gracia que transforma • Sermon • Submitted • Presented
0 ratings
· 2 viewsNotes
Transcript
Introducción
Introducción
Las veces pasadas hemos visto como la gracia decidió quedarse aunque no lo merecíamos y vimos como decidió cargar lo que no le correspondía, pero ahora nos muestra algo nuevo: un nuevo comienzo. ¿Cuantos han hecho una fogata en algún momento o ha participado de una fogata? Podemos ver que hubo un personaje que también participó de una, pero para este personaje, esta fogata no fue una buena experiencia. Les hablo de Pedro. En John 18 podemos ver que Pedro en esa fogata negó a Jesús tres veces. Luego de esta experiencia que él tuvo, donde fue consumido por el remordimiento, en John 21:3, podemos ver que Pedro decidió volver a lo que era cómodo, a su “lugar seguro”. La realidad es que Dios lo llamó para grandes cosas y aunque cometió un error, los planes de Dios para Su vida no cambiaron, sino que le mostró Su gracia. Veamos.
Cuerpo
Cuerpo
La gracia que te mira (Jn. 18:27)
Pedro le había prometido a Jesús que le seguiría hasta la muerte, pero Jesús le dijo que antes de que el gallo cantara, él le negaría tres veces. Así mismo fue: Pedro negó al Salvador aunque dijo que así no iba a ser. En el momento sintió miedo y vergüenza y calló. En Lu. 22:61 podemos ver que luego de que haya cantando el gallo, Pedro y Jesús cruzaron miradas. Al Pedro ver que Jesús lo miró, se dio cuenta de su error y lloró amargamente; se dio cuenta de su error.
Todos hemos sido como Pedro. Todos hemos fracasado de alguna manera en nuestras vidas. Todos les hemos prometido a Dios que vamos a cambiar y hacer las cosas diferentes, pero fallamos. Todos hemos sido llamados de diferentes maneras, pero al cometer un error pensamos que nuestro llamado ha sido revocado y el enemigo nos hace sentir que no valemos nada y que Dios ya no quiere nada que ver con nosotros.
Pero la mirada de Jesús hacia Pedro no fue de condenación, sino de gracia, de amor. El texto no dice que Jesús reprendió a Pedro con la mirada, sino que Pedro lo miró y se fue llorando. Esto es porque la mirada de Jesús no lo condenó, sino que hizo que se diera cuenta de su condición. La mirada de Jesús no nos aleja de Él, sino que nos hace llorar hacia Él. Nos recuerda que necesitamos de Él. El darse cuenta de su error, fue el primer paso hacia la restauración. De la misma manera Dios nos mira a nosotros, no con ojos de ira, sino con ojos de amor y nos invita a volver a Él.
La gracia que abre un nuevo comienzo (John 21:3)
Luego de que Pedro huyó, él decide volver a lo que le era más fácil, a donde estaba antes. Jesús le había llamado no a ser pescador—de ahí lo sacó—sino que le llamó a ser pescador de hombres. Vemos como Pedro deja atrás su llamado por el error que cometió ya que la culpa le hizo olvidar lo que Dios hizo por él y de donde lo sacó, pero Dios tenía otros planes con él ya que Rom. 11:29 nos muestra que los llamados de Dios son para siempre. Dios permitió que Pedro pasara por ese proceso de confusión y de culpa, pero no lo abandonó en él. Pedro pensaba que Dios ya había terminado con él, pero Dios aún seguía trabajando en él.
De la misma manera, Dios no se ha olvidado de ti. De la misma manera nosotros hacemos como Pedro: volvemos a nuestras viejas costumbres porque pensamos que Dios no quiere nada que ver con nosotros, pero la realidad es que eso no es así. Dios quiere mostrarte que puedes comenzar de nuevo porque la gracia no depende de lo que yo haga; si yo cometí un error, la gracia de Dios no es retirada de mi vida, sino que por los méritos de Jesús en la cruz recibimos la gracia. Dios no se sorprende por nuestras caídas, porque Él ya conoce nuestras debilidades, pero aún así Él te restaura porque te ama, no porque lo merecemos. De la misma manera que Pedro fue a las redes y Jesús lo encontró allí, de la misma manera Dios nos busca donde nos escondimos.
La gracia que restaura (Jn. 21:15-17)
Cuando salieron a pescar, pasó algo extraordinario: de la misma manera antes de conocer a Jesús, pescaban, pero no llegaba nada a la red. Luego llegó Jesús y hubo la pesca milagrosa. De la misma manera aquí también lo hubo. De la misma manera en que Jesús encontró a Pedro por primera vez, así lo hizo la segunda vez por igual. Luego llegan a la orilla donde habían unas brasas. Esto es de gran importancia porque nos muestra que Jesús lo quería restaurar, ahora no en la fogata donde fracaso, sino que en la fogata de nuevos comienzos. Aquí, Jesús le pregunta tres veces si lo amaba y Pedro le contesta tres veces que sí. Jesús trajo a Pedro donde comenzó el dolor no para condenarlo, sino para sanar lo que ocurrió en el pasado.
De la misma manera nosotros tenemos nuestra fogata en la cual fracasamos, pero Jesús nos quiere traer ahí de vuelta para sanarnos y convertirla en la fogata de restauración. No sé que hay pasado en tu vida, no sé tus luchas pero el Señor quiere encontrarte donde estás y donde comenzó el dolor, ahí te quiere restaurar. Si alguna vez le fallaste al Señor, abandonaste sus caminos, Él quiere sanarte; Él quiere restaurarte. Si hay alguno que no se ha entregado a Jesús, este es el momento. Jesús te quiere restaurar. Si estuviste en los caminos del Señor, pero por las cosas de la vida tomaste otro rumbo y quieres volver a sus caminos, Jesús quiere restaurarte.
Conclusión
Conclusión
Jesús nos muestra Su gracia que:
nos mira,
nos abre un nuevo comienzo,
nos restaura.
¡Les invito a que aceptemos la gracia del Señor!
