ECOS DE LA RESURRECCIÓN
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Oración
Adorno: Hay eventos que han marcado un antes y un después en la historia de la humanidad. Especialmente en el ámbito social, político y tecnológico. Desde la revolución industrial pasando por la Segunda Guerra Mundial hasta llegar a la caída del muro de Berlín en la historia contemporánea, vemos cómo todos estos eventos pasados afectaron la vida de las personas cambiándolas para siempre.
Sin embargo, a pesar de que todos estos eventos tuvieron un gran impacto en la vida de las personas en su momento, hoy en día son recuerdos históricos con muy poca trascendencia para nosotros. Es interesante estudiarlos, recordarlos, e incluso aprender de ellos para no repetir errores del pasado. Pero, en última instancia, no son más que recuerdos de la historia sin ningún efecto en nuestras vidas diarias.
Muchas veces tendemos a pensar acerca de la resurrección de Cristo en estos mismos términos. Para quienes no creen lo que la Biblia dice acerca de la resurrección de Jesús, esto es simplemente una fábula o leyenda.
Pero, para quiénes sí creemos que Jesús verdaderamente vivió, murió y resucitó, muchas veces vemos la resurrección como un evento histórico que acompañó al sacrificio de Jesús en la cruz. Es decir, nuestro enfoque suele estar en su muerte sacrificial en la cruz, a veces restándole importancia de la resurrección. No hacemos esto de forma consciente, ni tampoco minimizaríamos la resurrección de Cristo, pero estoy convencido de que en la práctica no vivimos a la luz de su resurrección.
Por esta razón, considerando las fechas en las que nos encontramos, he decidido abordar el tema de la resurrección y no seguir en esta mañana con la serie sobre el evangelio de Marcos.
Mientras reflexionaba, pensaba cuál sería el mejor ángulo para abordar este tema. Pensé en hacer desde el punto de vista apologético, mostrando las evidencias históricas que apoyan la resurrección de Cristo como un hecho. Pero en realidad, no creo que eso es lo que mis ovejas necesitan escuchar en esta mañana. Y sin duda alguna, no es lo que yo necesito apreciar en mi corazón tampoco.
La gran mayoría de los que estamos aquí estamos convencidos de que Cristo resucitó. Y si no lo estás, si no crees que Cristo no resucitó de los muertos en realidad, espero poder persuadirte de lo contrario en esta mañana.
Pero mi propósito principal, es que como creyentes, dejemos de ver la resurrección de Jesús como la caída del muro de Berlín. Es decir, como un evento histórico importante e interesante pero sin entender muy bien el impacto ni las implicaciones que tiene en nuestra vida diaria.
Por eso, he llamado a este sermón “Ecos de la resurrección”, porque veremos cómo la resurrección de Cristo sigue resonando e impactado las vidas de millones a lo largo de la historia. No solo por lo que significó en el pasado, sino también por lo que significa en nuestro presente y lo significará cuando vivamos para siempre con Él en la eternidad.
A diferencia de otros sermones, debo reconocer que éste no será un sermón expositivo. Es decir, no nos regiremos a un solo texto, pero comenzaremos nuestro camino desde el evangelio de Mateo 28:1-10.
Así que te pido que me acompañes al primer libro del Nuevo Testamento y juntos leamos esta porción de la Escritura.
PASADO
PASADO
VINDICADO CON GLORIA
Cristo había soportado todos los azotes, flagelaciones y castigos físicos con que los soldados romanos los habían afligido. Su piel había sido desgarrada y su sangre manchaba todo el suelo. También había soportado todo tipo de burla y vergüenza, exponiéndose al escarnio y vituperio público. También había soportado los clavos de la cruz y todo el dolor mientras sentía que poco a poco su cuerpo fallaba y que el latido de su corazón poco a poco se apagaba.
Y como si eso no hubiese sido suficiente, Aquel que era perfectamente Santo y sin mancha alguna, quien había sido completamente obediente a la Ley, puso sobre sí toda nuestro pecado para que nosotros fuésemos hechos limpios.
Esta semana, cuando le explicaba a mi hijo Bruno lo que esto significa le explicaba que es como si Cristo hubiese cambiado con nosotros su ropa completamente limpia y perfectamente blanca, y se pusiera nuestra ropa sucia y maloliente. Así Él se hizo sucio para que nosotros fuésemos limpios. Todos los consideraron a Él como si en verdad hubiese pecado. Esto quiere decir que el veredicto humano final sobre Jesús fue: CULPABLE. Por eso lo condenaron en una cruz.
Y digo veredicto humano, porque precisamente el primer eco de la resurrección que escucharemos en esta mañana es la voz del Padre declarando a Cristo como su Hijo por medio de la resurrección. El veredicto humano sobre nuestro Señor es que era un blasfemo pecador.
Pero escucha cómo inicia Pablo la carta a los Romanos cuando se refiere al mensaje del evangelio: Romanos 1:3–4 "Es el mensaje acerca de Su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne, y que fue declarado Hijo de Dios con un acto de poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos: nuestro Señor Jesucristo."
El veredicto final del Padre por medio de la resurrección es que Jesús es Su Hijo Eterno.
Lo que Mateo 28:1-10 nos narra es precisamente esta resurrección. Es la vindicación de Jesús como Hijo de Dios. Ésta es la razón por la que los judíos querían matar a Jesús, porque se hacía llamar el Hijo de Dios, haciéndose igual a Dios en naturaleza. Por eso lo consideraban un blasfemo, porque ningún humano puede hacerse igual a Dios.
Si Cristo hubiese permanecido en la tumba, ese veredicto habría permanecido hasta hoy. Pero la resurrección nos dice lo contrario. Por la resurrección de los muertos, Dios el Padre declaró que Jesús decía la verdad, Él es en verdad el Hijo de Dios.
A esto es a lo que se refiere 1 Timoteo 3:16 "E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Él fue manifestado en la carne, Vindicado en el Espíritu, Contemplado por ángeles, Proclamado entre las naciones, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria."
EFECTIVIDAD DE SU OBRA
Pero la resurrección es también la confirmación de que el sacrificio de Cristo fue en verdad efectivo.
Leer todo 1 Corintios 15:1-19.
Pablo fundamente la confianza en el perdón recibido en la resurrección. 1 Corintios 15:17 "y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es falsa; todavía están en sus pecados."
En Romanos 4:25 "que fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación."
La resurrección de Cristo es la prueba definitiva de que su sacrificio en verdad fue aceptado por Dios. Que en verdad hemos sido perdonados por Dios por todos nuestros pecados. La evidencia de eso es la resurrección.
Verás, el pecado de la humanidad ha ocasionado la justa ira de Dios. Dios ama la justicia, el derecho, la rectitud, y todo lo que es bueno. Por tanto, cuando hay maldad e injusticia, Dios de forma buena y correcta debe castigar a los culpables. Por tanto, la ira de Dios demanda que el culpable pague por el mal que ha cometido.
Así que, cuando Cristo tomó tu lugar en la cruz para cargar con tu culpa cumplir con la pena que la santa y justa ira divina demandaban, ese intercambio contigo fue aceptado. Y escucha bien, quien determina si acepta o no al sustituto es el agraviado, no el ofensor. El ofensor no puede demandar absolutamente nada, simplemente debe cumplir su condena.
Míralo de esta manera, imagina que me prestas tu coche y yo lo estrello contra un poste de luz. La reparación son 5000€. Ahora, tú estás en tu derecho de exigir que to pague la reparación. Es posible que Jhon venga y te diga, no te preocupes, déjame que yo lo pago, pero tú puedes decidir rechazar el pago de Jhon y demandarlo de mí.
En este caso, nuestro pecado ha sido un agravio contra el Dios de los cielos, y Él está en su derecho de demandar de nosotros el pago por nuestra maldad. Esto sería completamente justo. Pero, en su misericordia, decide aceptar un pago que suficientemente cubre y paga nuestra deuda. Y ¿cómo sabemos que lo aceptó? Porque resucitó a Jesús de entre los muertos. Al hacerlo, ha declarado que Jesús es completamente libre de toda culpa, y también es libre para justificar a aquellos que sí eran culpables.
Él en verdad pagó por nuestros pecados.
Es posible que estés luchando con la duda o la culpa, que no sepas si Dios realmente te perdonó o no. Quizás Dios al ver que sigues luchando con los mismos pecados de siempre haya retirado su perdón y aún tenga cargos en tu contra. Amado hermano, escúchame, si en verdad estás en Cristo, tu pecado ha sido quitado por completo, una vez y para siempre y la evidencia más firme de esto es la resurrección.
Ésta es la muestra de que Cristo verdaderamente pagó y ahora eres libre.
Cada vez que la duda se asome a tu mente, recuerda la tumba vacía. Cada vez que las acusaciones venga contra ti, recuerda la tumba vacía.
La razón por la tenemos esta confianza en el perdón que Cristo nos otorgó una vez y para siempre, es porque la tumba está vacía y Cristo resucitó.
PRESENTE
PRESENTE
Pero amados, la resurrección no es solo un eco pasado que nos recuerda que Jesús fue vindicado y que hemos sido perdonados. Aunque esto ya es suficiente para cambiar nuestra vida para siempre, la resurrección tiene un eco presente y constante en tanto que nos da una nueva vida caracterizada por una búsqueda constante y presente de las cosas del Reino de Dios.
NUEVA VIDA
Esto es exactamente lo que nos dice Colosenses 3:1–4 "Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con Él en gloria."
Cuando Pablo escribe a la iglesia en Colosas, está corrigiendo falsas enseñanzas que promovían la necesidad de visiones y experiencias espirituales asociadas al ascetismo, prácticas que promovían el trato duro del cuerpo así como una visión negativa de lo físico. Y llegado a este punto, Pablo les dice a los creyentes en Colosas que si ellos han resucitado con Cristo, ahora poseen una nueva y verdadera vida espiritual.
Ahora, ¿cómo pueden estos haber resucitado con Cristo estos que ni siquiera eran judíos su mayoría, y tampoco estaban en Jerusalén? Pablo no está hablando en términos físicos. Está hablando en términos espirituales. Si una persona tiene fe en Jesús, inmediatamente está unida a Jesús en su muerte y resurrección.
De modo que, cuando Cristo murió en la cruz, es como si nosotros hubiésemos estado en la cruz con Él colgados. Y cuando Cristo resucitó, es como si nosotros hubiésemos vuelto a la vida con Él.
¿Cuál es el resultado de esta unión con Cristo en su muerte y resurrección? La nueva vida de la que Pablo habla a los Colosenses.
La resurrección es la base para la nueva vida del creyente. De hecho, por eso los cristianos hablamos de un nuevo nacimiento. Por eso nos bautizamos no como bebés sino como creyentes porque el bautismo refleja precisamente esta realidad espiritual de una forma visible. Es decir, cuando el creyente es sumergido en las aguas, esto representa su con Jesús en su muerte y sepultura, y cuando sale de las aguas, esto representa su resurrección junto con Cristo de los muertos.
El Nuevo Testamento está lleno de textos que nos hablan de la nueva vida del creyente. De que somos una nueva criatura. De que estamos muertos para el pecado pero vivos para con Dios. Toda esta nueva vida es una realidad en nosotros gracias a que estamos unidos a Cristo en su resurrección por medio de la fe.
Y esto es lo que Pablo corrige en la iglesia de Colosas, no son las prácticas ni los rituales religiosos los que te hacen una nueva persona, sino que es la resurrección de Cristo. Porque Cristo vive, nosotros ahora podemos disfrutar de una vida nueva (que por cierto, por eso el nombre de nuestra iglesia es éste: vida nueva en Cristo).
Amados hermanos, esta vida nueva de la que disfrutamos aquellos que estamos a Cristo en su resurrección se caracteriza por buscar las cosas de arriba.
Esto quiere decir que nuestros objetivos de vida no son los mismos de este mundo. Es decir, nuestro mayor gozo no es tener una carrera, una familia y un trabajo estable. Lo que el mundo considera progreso no es lo que nosotros consideramos progreso. Ahora, el progreso para nosotros es crecer en la obediencia a Dios y la piedad.
Lo que a las personas de este mundo les trae felicidad no es lo que nos hace felices a nosotros. Tener estabilidad no es lo que más buscamos ni perseguimos en nuestra vida, sino ser obedientes a Dios. No buscamos construir nuestro propio reino sino el reino de Dios. Ahora, quiero que entiendas esto muy bien, porque si estás unido a Cristo en su muerte y resurrección, tú no vives tu vida diariamente buscando tu propio bienestar y comodidad. Lo haces buscando ser obediente a Cristo creciendo en piedad.
Yo quiero preguntarte si tu vives tu vida a la luz de la resurrección de Cristo. Porque este texto nos muestra que la resurrección de Cristo debe afectar aquello que nosotros perseguimos en nuestra vida. Aquello que nosotros buscamos en nuestra vida. Hacia dónde se orienta nuestra vida.
Pensando en esto, ¿realmente vives a la luz de la resurrección de Cristo o simplemente recuerdas la resurrección como un evento histórico que poco tiene que ver contigo hoy?
Quiero que reflexiones en esa pregunta y que medites en ella en los próximos días.
EL PODER QUE ACTUA EN EL CREYENTE
La resurrección no solo es la base de nuestra nueva vida en Cristo, sino que además es evidencia del gran poder de Dios que obra en nosotros diariamente.
Efesios 1:15–23 "Por esta razón también yo, habiendo oído de la fe en el Señor Jesús que hay entre ustedes, y de su amor por todos los santos, no ceso de dar gracias por ustedes, mencionándolos en mis oraciones, pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él. Mi oración es que los ojos de su corazón les sean iluminados, para que sepan cuál es la esperanza de Su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de Su poder. Ese poder obró en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a Su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no solo en este siglo sino también en el venidero. Y todo lo sometió bajo Sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo."
Tan grande es el poder de Dios que tuvo la fuerza suficiente para vencer la muerte y poner bajo el dominio de Cristo todo poder y autoridad.
Escucha bien lo que te voy a decir, nosotros estamos siendo testigos de muchos conflictos bélicos entre naciones. En todos estos conflictos hay autoridades y naciones que se enfrentan y el ganador será el que tiene mayor poder militar. El más fuerte vencerá. Aquel que tiene las armas más letales, las tropas más grandes, etc.
Ahora, cuando hablamos del Dios del cielo, su poder es tan grande que no se enfrentó a un presidente ni a una nación, se enfrentó a Satanás mismo y la muerte misma. No hay poder militar que pueda vencer a estos enemigos. No hay poder humano que pueda superar a estos enemigos, ninguno.
Pero Pablo quería que la iglesia en Éfesos supiera que sí había alguien lo suficientemente poderoso como para vencer a toda autoridad existente. Tú y yo no tenemos que vencer la muerte ni a Satanás. Cristo ya lo hizo. El poder de Dios fue tan fuerte que lo resucitó de los muertos.
Y escucha bien, ese mismo poder que levantó a Jesús de los muertos es el que ahora opera en la iglesia, porque Cristo es la cabeza de la iglesia. Lo bueno de esto es que tú y yo no tenemos que ser fuertes en nosotros mismos. No tenemos que pelear las batallas de la vida cristiana con nuestro poder.
De hecho, más adelante, Pablo mismo en Efesios 6 nos va a decir cómo debemos vivir la vida cristiana a la luz del poder de Dios mostrado en la resurrección. Efesios 6:10 "Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza." ¿De qué poder está hablando? De aquel que describió en el capítulo 1. Ese poder tan eficaz que se mostró en la resurrección es el poder que obra en ti diariamente para fortalecerte en la vida cristiana.
¿Cómo puedes vencer la tentación y tu lucha contra el pecado? Con el poder de Dios.
¿Cómo pude sobreponerte al desánimo y al desaliento? Con el poder de Dios.
¿Cómo puedes soportar las aflicciones y vencer el temor? Con el poder de Dios.
¿Cómo puedes ser luz y sal en el trabajo? Con el poder de Dios.
¿Cómo puedes vivir con gozo en medio de tus circunstancias? Con el poder de Dios.
Ahora, si quieres saber cómo puedes ser fortalecido en ese poder, entonces tienes que seguir leyendo Efesios 6, donde Pablo describe esa armadura de Dios.
PARA SIEMPRE
PARA SIEMPRE
NUESTRA ESPERANZA
Hasta ahora hemos visto que la resurrección resuena con un eco en el pasado, habiendo vindicado a Cristo como verdadero Hijo Eterno de Dios, y siendo la evidencia de que nuestros pecados verdaderamente han sido perdonados. Hemos visto también cómo resuena con un eco presente y constante dándonos una nueva vida caracterizada por la búsqueda del reino de Dios y por el poder de su fuerza.
Pero no solo resuenan en el pasado y el presente, sino que su eco se escuchará para siempre. Por la eternidad. En el futuro.
1 Pedro 1:3–4 "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para ustedes."
La resurrección de Cristo es el medio por el cual nosotros podemos obtener una herencia eterna. No es una herencia económica como en este mundo, sino la herencia de la vida eterna.
Es una herencia que nunca se va a corromper, nunca se va a manchar y nunca se va a marchitar, ¿a quién no le gustaría tener una herencia así? Especialmente en un mundo donde reina la decadencia y la muerte, la resurrección hace posible que nuestra herencia no se vea afecta por estos males, porque Cristo demostró que tiene poder sobre ellos. Él es el Rey que nos da una esperanza futura.
Los seres humanos nos pasamos la vida anhelando algún evento futuro. Cuando somos niños, pensamos cuando crezca quiero ser policía. O cuando me gradúe quiero trabajar en tal lugar, o cuando me case, o cuando tenga hijos, o cuando deje de compartir piso, o cuando salga de casa de mis padres, o cuando tenga la hipoteca, o cuando logre establecerme en este país y vivir dignamente, etc. Siempre anhelamos algo futuro.
Pero todas esas cosas que anhelamos, por buenas que sean, están afectadas por la muerte y al decadencia. Nuestros cuerpos mismos se van desgastando, los coches se rompen, las casas se deterioran, hay que hacerles mantenimiento constantemente. Todo. Las empresas cierran o te despiden.
Pero gracias a la resurrección de Cristo, nosotros podemos anhelar una esperanza viva que nunca se verá afectada por este desgaste ni decadencia. Una esperanza que permanece para siempre. Éste es el eco futuro de la resurrección: La vida eterna que disfrutaremos por siempre y para siempre con Cristo.
Escúchame, quiero que entiendas esto en lo más profundo de tu ser: Si estás unido a Cristo en su resurrección, esta vida no es lo mejor que te puede pasar sino la vida futura que tendremos en la eternidad con Él.
Amados hermanos, la resurrección no es una evento histórico sin más. Es la realidad que cambió nuestro pasado, presente y futuro. Es la realidad que determina cómo vivimos hoy y también hacia dónde vamos en el futuro.
EL CENTRO DE NUESTRA PREDICACIÓN
Así lo entendieron los primeros cristianos. De hecho, la resurrección forma parte integral de la predicación del evangelio. El evangelio no termina con la muerte sustitutoria de Jesús, sino en victoria con la resurrección de Cristo.
Cuando leemos la predicación de los apóstoles encontramos esto. En Hechos 2 el apóstol Pedro termina su predicación con la resurrección de Cristo, y llamando a los judíos al arrepentimiento. En Hechos 17:16-34, el apóstol Pablo termina su predicación a los gentiles también con la resurrección de Cristo.
La misma gran comisión es una consecuencia de la resurrección. Cristo mismo dijo que toda autoridad le era dada y por tanto debíamos ir a predicar y a hacer discípulos. Sin la resurrección, este mandamiento no tiene sentido alguno.
CONEXIÓN CON EL EVANGELIO: Pero es posible que los amigos que visitan estén pensando: “bueno, has basado todo tu sermón en algo que asumes pero que no se ha demostrado”, ¿cómo sabemos que Cristo verdaderamente resucitó? Ésta fue la misma pregunta que motivó la investigación de Lee Strobel, un periodista ateo que a finales de los años 70 se propuso exponer la supuesta falsedad de la fe cristiana al demostrar que Jesús no había resucitado de los muertos. El resultado, Lee Strobel terminó siendo pastor y apologista defensor de la fe al ser confrontado con la verdad y el peso de la evidencia histórica. Muchos han intentado desmentir la fe cristiana y han fallado. No lo ha conseguido ni lo conseguirán. Incluso, historiadores ateos están de acuerdo en tres puntos: 1) La tumba estaba vacía y el cuerpo había desaparecido; 2) Los discípulos de Jesús estaban convencidos de que lo habían visto vivo después de su muerte, y 3) Que los testimonios escritos acerca de la resurrección aparecieron a penas unos meses después de que Jesús resucitara. Ni aún los historiadores ateos pueden rebatir estos tres hechos aunque se resista a creer que Jesús sí resucitó.
La evidencia histórica es abrumadora. Como ningún otro evento en la historia de la humanidad. Y si es algo que te interesaría explorar, me encantaría estudiar este tema contigo juntos, y no solo desde la Biblia sino desde muchas otras fuentes.
Pero mi pregunta para ti es ésta, ¿Si Cristo en verdad resucitó, entonces, cómo debe esto afectar tu vida? ¿Si Él es en verdad el Hijo de Dios que perdona los pecados, acaso no vendrías a Él? Mi deseo es que así lo hagas. Y Dios te conceda esta gracia en esta mañana.
CONCLUSIÓN
La resurrección de Cristo es un evento histórico. Real, comprobado por testimonios de personas que presenciaron estos hechos. Pero también es más que un evento histórico del pasado. Es la realidad que determina todo en nuestra vida. Los ecos de la resurrección resuenan en el pasado, en el presente y resonarán para siempre. Lap pregunta es: ¿Estamos viviendo a la luz de la resurrección de Cristo?
Oremos.
