Pascua 2026

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Acto 1: Duelo

El problema del pecado en nuestras vidas es que produce dolor y destrucción. El texto dice “Se oye un grito en Ramá, lamentos y amargo llanto”. La persona a la que pertenece este llanto y lamento es Raquel. Raquel como esposa de Jacob sería la antepasada de Efraín que en este capitulo juega un papel relevante. Esta mujer está en duelo porque sus hijos ya no existen. El pecado tiene la capacidad para deformar y destruir hasta el punto en que la persona que amamos ya no se parece en nada a quien conocimos.
Una y otra vez somos testigos de este poder destructor. El día de la crucifixión del Señor hubo obscuridad ya que el hijo de Dios era asesinado por sus enemigos. Hay un silencio de parte de Dios y hay gritos y lamentos de parte de los seres humanos. El poder del pecado ha mostrado su lado fuerte y cruel. Le ha arrebatado la vida a una persona justa. No merecía morir pero ha muerto.
En el v.15 de nuestro texto Raquel como la figura materna de Israel está llorando. El pueblo ha sido desterrado en castigo por su rebeldía. Hay tal desfiguro de Israel que Raquel está desconsolada y no busca y tampoco quiere que nadie la consuele.
Pero también hay alguien mas que llora y este es su hijo: Efraín. Este se lamenta de que a causa de su pecado ha sido castigado y escarmentado. Efraín se ve asi mismo como un becerro a quien no le han podido poner un yugo.

Acto 2: Promesa

En este dialogo Dios tiene una respuesta para los que lloran. A Isaias el Señor le ha confiado algo “Por mucho tiempo he permanecido en silencio pero ahora me tocará gritar” (Isaias 42:14) Asi que esta respuesta energica de parte de Dios es “Reprime tus lágrimas”. La justificante a esta respuesta es: Ya no llores por tus hijos, vas a volver a verlos. Hay esperanza en tu futuro.
Las huellas del pecado en nuestras vidas en muchas ocasiones son cicatrices dolorosas. Nos quitan la esperanza de que algo vaya cambiar. Pero el Señor tiene otra visión de nuestras vidas y de nuestro futuro.
Ya no te quejes ni llores. Veo esperanza tu futuro, tus hijos volverán. El Señor Jesús percibió este silencio en la cruz, aunque sabía que su Padre estaba con Él siempre, durante una fracción de tiempo percibió lo que para nosotros como humanos es el silencio de Dios. Pero el domingo de resurrección Dios habla con firmeza, necesita gritar para ser escuchado. El reinado del pecado y de su aguijón que es la muerte, han terminado. Ya no estamos sin esperanza sino que se vislumbra una esperanza para nosotros a lo lejos.

Acto 3: Justificación de esta esperanza

La resurrección de Cristo no nace de la arbitrariedad. La victoria sobre la muerte nace del amor de Dios. El texto que leimos hoy inicia diciendo: En aquel dia, el pueblo que escapó de la espada, halló gracia en el desierto. Todo este dialogo es capaz de iniciar porque la palabra de Dios ha iniciado el dialogo. Y esta palabra se remonta hasta los inicios. Cuando Dios ha decidido crear al ser humano a su imagen y semejanza. Cada tarde Dios bajaba para estar con el humano pero la calamidad del pecado trajo separación. Sin embargo, esto no deja de brazos caídos a Dios, sino que pacientemente inicia nuevamente el dialogo con el humano ahora a través de la historia de Israel.
Sin embargo, Israel como nosotros constantemente están rechazando la protección de Dios. Por esto, muchos de nosotros hemos tenido que permanecer exiliados de Dios por temporadas a veces, temporadas muy largas. Pero Dios no se cansa porque está decidido a cumplir su proposito en nuestras vidas.
Jeremias como profeta de Dios dice que desde lejos (v.3) el Señor se le parece y le dice: Con amor eterno te he amado. Esta mañana esta palabra tiene que retumbar en nuestros oidos. No se trata de una promesa al aire. Se trata de algo que se ha gestado desde la eternidad. Es dificil para nosotros pensar en estos terminos puesto que tenemos ciclos. Sin embargo, alguna de nuestras relaciones cotidianas nos permiten imaginar de que se trata este amor eterno. Ya vimos la imagen de una madre que llora por sus hijos desaparecidos y se niega a que la consuelen pero también podemos vernos a nosotros mismos amando como padres a nuestros hijos.
Aun cuando nosotros pudieramos imaginarnos de que se trata este amor eterno lo cierto es que nunca terminaremos de entenderlo. Dice el Señor en el v.20 ¿Acaso no es Efrain mi hijo amado? ¿Acaso no es mi niño preferido? Esta idea nos trasmite parte de este amor eterno. Cada que Dios reprende a Efrain se vuelve a acordar de Él. Todas las veces que Efrain ha sido castigado por Dios no ha sido castigan los tiranos. Sino que, en cada momento de castigo el amor de Dios aparece en su memoria.
¿Qué tanto ama Dios a Efrain? La respuesta corta sería que lo ama eternamente. Dios matiza esto, su corazón (sus entrañas) se conmueven y siente mucha compasión. Para hablar con los seres humanos el Señor requiere usar lenguaje que podamos entender. Y en este momento especial no queda lugar a dudas de que existe un amor inmenso por nosotros. Parecería incluso que los sentimientos del Señor están desbordados por mostrarle compasión a su muy amado hijo Efraín, es cierto que lo reprende o castiga pero su corazón está desbordado por amarlo y ponerlo en sus rodillas para consolarlo.
Por tanto el texto tenemos que leerlo completo: Con amor eterno te he amado … por eso te he guardado en mi gracia.

Acto 4: Esperanza real

Estas inevitables muestras de amor de Dios van a tener consecuencias reales. Dios le ha dado solución al problema del pecado. Con la resurrección de Cristo, Dios ha cumplido con su estrategia final para mostrarnos su amor eterno. Le ha puesto fin a nuestro enemigo y a lo que nos separa de Él.
Por esta razón dice Dios: Vas a ser reedificado, vas a volver a ser alegre, vas a volver a ser prospero y vas a volver a tener una relacion conmigo. Los centinelas en las colinas eran señal de que la luna creciente estaba presente para que pudieran hacerse los preparativos para la luna nueva.
Dios no está esperando solo “perdonar pecados”. Esto es una visión simplista. El amor eterno de Dios se remonta hasta las palabras pronunciadas en el Edén. Y ahora Dios en la vida de su Hijo Jesucristo, está preparando este lugar para que nosotros tengamos una vida plena en Él y para Él.
Por esta razón hoy solo nos queda aceptar y decir lo que Efrain dice en su dialogo con Dios: Hazme volver y seré restaurado porque tu eres mi Dios, eres el Señor.
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