Séptimo Mandamiento

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Exodo 20:14 El séptimo mandamiento (20:14) Este mandamiento se refiere a la pureza sexual

Introducción: Los dos capítulos de la ley. Se suele dividir el Decálogo en dos partes, ya que los mandamientos 1 al 4 enfatizan los deberes del hombre para con Dios, y los del 5 al 10 sus obligaciones para con su prójimo. El matrimonio es sagrado (20:14).
La fornicación es todo acto sexual entre dos personas que sale fuera del marco de su legítimo ejercicio dentro del matrimonio.
El adulterio es fornicación en la que uno o dos de los culpables es ya casado con otra persona en legítimo matrimonio.
Este acto criminal rompe la unicidad del lazo matrimonial tal como Dios lo había instituido y destroza la unión más sagrada que se conoce en el plano natural de la vida humana.
El adulterio se castigaba por la muerte bajo la legislación mosaica, si los dos culpables eran casados, bien que el hombre casado que pecara con una doncella podría hacer compensaciones.
Veremos que los grandes principios básicos del Decálogo habían de aplicarse dentro de una sociedad que ya tenía su jurisprudencia común, y no se trata aún ni de la sublimación de la ley señalada en el Sermón del Monte ni de las admoniciones y exhortaciones de las epístolas apostólicas.
Consta el gran principio: el matrimonio es sagrado y el adulterio es un crimen.
La Fidelidad en el Matrimonio 20:14
Introducción: En nuestro derredor vemos las consecuencias del libertinaje sexual: hogares deshechos, niños maltratados, niños callejeros sin hogar, enfermedades venéreas, SIDA. Dios dio los diez mandamientos para todo tiempo, y el séptimo es de una candente actualidad.
I. Este mandamiento guarda la castidad del matrimonio
1. El matrimonio es una institución de origen divino.
(1) Implica unidad esencial de la pareja (Gén. 2:20–24; Mat. 16:6). 20 El hombre puso nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a todo animal del campo, pero para Adán. no se encontró una ayuda que fuera adecuada para él 21 Entonces el Señor Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y este se durmió. Y Dios tomó una de sus costillas, y cerró la carne en ese lugar. 22 De la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre. 23 Y el hombre dijo: «Esta es ahora hueso de mis huesos, Y carne de mi carne. Ella será llamada mujer, Porque del hombre fue tomada». 24 Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
Mateo 16:6 “Entonces Jesús les dijo: «Estén atentos y cuídense de la levadura de los fariseos y saduceos».”
2. La infidelidad simboliza el rompimiento completo del contrato de matrimonio.
(1) La infidelidad es un sacrilegio.
(2) La infidelidad es destructiva.
II. Este mandamiento defiende la santidad del hogar
1. El hogar es la unidad básica de la sociedad, el baluarte de la democracia.
2. El hogar tiene un efecto profundo en los hijos.
3. La fidelidad santifica el hogar.
III. El séptimo mandamiento obra para la edificación de la humanidad
1. El énfasis sexual puede ser particularmente degradante. El cine y la televisión presentan una clase de "amor" que glorifica el sexo.
2. La tentación debe resistirse.
3. La aplicación correcta del mandamiento resultará en edificación para la humanidad.
(1) Énfasis en la actitud correcta (Mat. 5:27, 28). 27 »Ustedes han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. 28 »Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón.
(2) La prohibición viene por lo sagrado de la personalidad.
Conclusión: El adulterio no es una evidencia de una vida moderna. El adulterio es tan antiguo como la raza humana. Dios pone el remedio a muchos males sociales modernos con el séptimo mandamiento.

El propósito del mandamiento es promover, positivamente, la pureza del corazón, especialmente en lo que respecta a la relación matrimonial.

El mandamiento aborda específicamente el adulterio, o la infidelidad matrimonial.
Como nos dijo Jesús, todo el que mira a una mujer con intención lujuriosa ya ha cometido adulterio con ella en su corazón (Mt 5:27–28). 27 »Ustedes han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. 28 »Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón.
De nuevo, el principio subyacente es un corazón puro.
¿Qué nos enseña este mandamiento sobre Dios? Nos recuerda la fidelidad y la santidad de Dios.
Dios es santo y ordena a su pueblo que sea santo (1 Pe 1:15–16). 15 sino que así como Aquel que los llamó es Santo, así también sean ustedes santos en toda su manera de vivir. 16 Porque escrito está: «Sean santos, porque Yo soy santo».
Dios espera que su pueblo siga fielmente su palabra en lo que respecta a las relaciones.
Otra nota: Dios no está tratando de arruinar su diversión. Dentro del pacto del matrimonio hay un gran disfrute e intimidad en una unión de una sola carne.
Los mandamientos de Dios son para su bien, así como para el bien de los demás.
El séptimo mandamiento se refiere a la castidad. Debemos temer tanto eso que contamina el cuerpo como aquello que lo destruye. Lo que tiende a contaminar la imaginación o a despertar pasiones, queda bajo esta ley, como son los retratos obscenos, libros o conversaciones impuros, o cualquiera otra materia afín.
El adulterio daña las relaciones puras y deja sus marcas sobre las personas comprometidas (ver Prov. 5:3–6).3 Porque los labios de la extraña destilan miel, Y su lengua es más suave que el aceite; 4 Pero al final es amarga como el ajenjo, Aguda como espada de dos filos. 5 Sus pies descienden a la muerte, Sus pasos solo logran el Seol. 6 No considera la senda de la vida; Sus senderos son inestables, y no lo sabe.”
Para el hebreo antiguo el adulterio era la relación sexual voluntaria de una mujer casada o desposada con un hombre que no era su esposo (ver Lev. 18:20; Job 31:9–12).
9 »Si mi corazón fue seducido por mujer, O he estado al acecho a la puerta de mi prójimo, 10 Que muela para otro mi mujer, Y otros se encorven sobre ella. 11 »Porque eso sería una terrible ofensa, Y una iniquidad castigada por los jueces; 12 Porque sería fuego que consume hasta el Abadón, Y arrancaría toda mi ganancia. Job 31:9–12.
La pena por el adulterio era la muerte para los dos participantes: Si un hombre comete adulterio con una mujer casada, si comete adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera morirán irremisiblemente (Lev. 20:10; ver Deut. 22:22–24; Juan 8:5).
El adulterio no incluía relaciones sexuales de un hombre con mujeres no casadas, aunque había penalidades para casos así (ver 22:16; Deut. 22:28, 29).
En suma, el adulterio era considerado una violación de la santidad del matrimonio, y era una ofensa contra el esposo, quien tenía el derecho exclusivo a los favores sexuales de su esposa. Otra palabra bíblica que también se refiere a la perversión sexual es "fornicación".
En el AT significa "prostitución", o "hacerse ramera" (ver Eze. 16:26–30), y en el NT se refiere a toda relación sexual fuera del matrimonio (ver 1 Cor. 5:1; Gál. 5:19).
La enseñanza de Cristo ensancha la interpretación del adulterio (Mat. 5:27–32), y el NT no limita la aplicación del séptimo mandamiento únicamente a una relación ilícita con una mujer casada; se refiere a una relación sexual de una persona casada, sea hombre o mujer, con una persona que no es su cónyuge.
En Oseas 1:2 leemos: "El Señor le dijo: Ve, toma para ti a una mujer ramera y ten con ella hijos de prostitución" (NBLA). Oseas obedeció y se casó con una mujer llamada Gomer, quien le fue infiel. ¿Por qué Dios le dio esa orden a Oseas?
Para empezar, es importante entender que este mandato se puede interpretar de dos formas. La primera, y probablemente la más acertada, es que la orden fue dada en anticipación: es decir, Dios le pidió a Oseas que se casara con una mujer que más adelante le sería infiel. La otra posibilidad es que la mujer ya era conocida por su vida de prostitución antes del matrimonio.
En cualquiera de los dos casos, la razón de esta instrucción tan inusual se encuentra en la segunda parte del versículo: "porque la tierra se prostituye gravemente, abandonando al Señor" (NBLA). Dios quería dar una ilustración vívida de Su relación con el pueblo de Israel, que le había sido infiel al volverse a la idolatría. Esta imagen continúa desarrollándose en el resto del capítulo 1 y en la denuncia de la infidelidad de Israel en el capítulo 2.
En Oseas 3:1, después de que Gomer abandonara a Oseas y viviera en inmoralidad, el Señor le ordena que la busque y la recupere. Con esto, Dios continúa la ilustración, pero ahora quiere mostrar la grandeza de Su gracia: "Así como el Señor ama a los israelitas a pesar de que ellos se vuelven a otros dioses" (NBLA). El amor fiel de Oseas hacia Gomer era una representación del amor fiel de Dios hacia el Israel rebelde. Así como Gomer necesitaba ser rescatada por su esposo, Israel necesitaba que Dios tomara la iniciativa para restaurar la relación.
Dios le pidió al profeta Oseas que se casara con una mujer infiel, y eso sirvió como símbolo del estado roto de la relación entre Dios e Israel. Israel había sido escogido y amado por Dios, pero le había sido infiel al adorar ídolos. Así como Oseas redimió a su esposa y quiso seguir con ella, Dios prometió redimir a Israel y renovar Su pacto con su pueblo.
La historia de Oseas y Gomer es una imagen poderosa e inolvidable del amor firme y duradero de Dios por aquellos con quienes ha hecho un pacto.
La Biblia afirma la pureza de la capacidad sexual dentro del matrimonio. Es un don de Dios, y el casamiento es divinamente ordenado. El amor entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio es sagrado. Los dos deben guardar celosamente la pureza de su unión y no permitir que el adulterio entre para lastimar la relación. La palabra es categórica: No cometerás adulterio (v. 14).
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