¡LA GLORIA DEL REY!
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Lectura: Marcos 9:2-13
Adorno: Uno de los fenómenos naturales más impresionantes del mundo ocurre en Venezuela, específicamente, en la orilla sur del Lago de Maracaibo, donde desemboca el río Catatumbo. En el año 2014, el World Guinness Record otorgó a esa región el record mundial como el área con mayor actividad eléctrica del planeta.
Quienes lo han presenciado describen la experiencia de una forma increíble. Un cielo completamente oscuro que es iluminado de forma repentina por una gran cantidad de relámpagos. Imagina la escena por un momento, no puedes ver nada, tu visión es limitada por la densa oscuridad y de pronto una gran luz ilumina todo el cielo revelando así un paisaje majestuoso, solo por un breve instante. Densa oscuridad, luz incandescente, y de nuevo oscuridad.
El episodio de la transfiguración que encontramos en Marcos 9 es similar -aunque infinitamente mayor y mucho más majestuoso que lo que acabo de describir. En la transfiguración de Jesús, por un momento breve, Dios revela la gloria del Hijo y los discípulos pueden ver lo que normalmente está oculto a sus ojos. Velado por su encarnación.
Esto es lo Marcos quiere mostrarnos en la transfiguración:
En primer lugar, veremos una gloria revelada. Un esplendor de gloria que nos muestra quien es Jesús en realidad.
Pero, en segundo lugar, veremos que esta gloria revelada es al mismo tiempo una gloria inesperada, pues deja a los discípulos más confundidos que antes al no entender realmente lo que han visto.
Para los discípulos es como estar en una tormenta eléctrica sin realmente saber lo que está sucediendo, ven destellos de luz pero no saben cómo ni porqué. Tendrán una revelación de la gloria del Hijo pero no sabrán qué hacer con ella.
Así que, estos son nuestros dos puntos de esta mañana. La gloria revelada y la gloria inesperada.
Quiero invitarte a que leas conmigo nuevamente Marcos 9:2-8.
LA GLORIA REVELADA (Marcos 9:2-8)
LA GLORIA REVELADA (Marcos 9:2-8)
Nuestro pasaje de hoy ocurre en las aldeas de Cesarea de Filipos. Después de haber reprendido a los fariseos en Dalmanuta en Marcos 8, y pasar brevemente por Betsaida, Jesús y los doce llegan a esta región gentil que estaba ubicada al pie del monte Hermón. En el camino a este lugar, el Señor le había preguntado a los apóstoles quién creían ellos que era Él. Pedro, en Marcos 8:29 declaró con gran precisión: “Tú eres el Cristo”. Esto representa un punto de inflexión en el ministerio de Jesús. Hasta este punto, el propósito de Marcos era mostrarnos que Jesús es en realidad el Hijo de Dios, el Mesías prometido a Israel. El Rey que vendría a gobernar eternamente, estableciendo el reino de Dios.
Todas las pruebas hasta este punto en el evangelio de Marcos nos muestran de forma irrefutable que Jesús es el Cristo. A tal punto, que los discípulos están convencidos.
¿Quién sino el Cristo tiene autoridad para perdonar pecados? ¿Quién sino el Cristo tiene autoridad sobre la creación y las fuerzas de la naturaleza? ¿Quién sino el Cristo tiene el poder para someter a Satanás y sus demonios? ¿Quién sino el Cristo puede revertir los efectos de la caída al sanar enfermos y resucitar a los muertos? ¿Quién sino el Cristo podría alimentar a judíos y gentiles de forma milagrosa?
La declaración de Pedro en representación de los doce nos muestra que ellos habían entendido quién era Jesús, o al menos, eso parece.
Pero a partir de este momento, Jesús comienza a anunciar algo inesperado. Su muerte y su resurrección. Jesús anuncia por primera vez su muerte en el evangelio de Marcos en el capítulo 8, después de que sus discípulos están convencidos de que Él es el Mesías. El Rey prometido a Israel.
Y es en este contexto que Pedro es reprendido por Jesús por intentar convencerlo de no ir a la cruz.
Seis después de toda esta conversación de Jesús y los doce, el Maestro toma a Pedro, Jacobo y Juan, y los lleva a un monte, probablemente el monte Hermón, que era el más alto en Cesarea de Filipos. Y estando allí ocurre algo impresionante. Jesús se transfigura.
Una palabra que pocas veces usaremos en nuestras conversaciones diarias, pero que nos habla de una transformación que nos muestra de forma clara y majestuosa la gloria de Jesús. Vemos a Jesús sin velo ni filtros. Hoy en día es muy difícil ver una foto que no tenga filtros, cada vez que queremos subir una foto a las redes sociales aparecen un montón de opciones con filtro para mejorar la foto. En el caso de Jesús es todo lo contrario. Él quita todos los filtros que su encarnación puso sobre su gloria y se muestra tal cual es en verdad. El texto nos describe una visión verdaderamente gloriosa del Rey en el versículo 3:
Sus vestiduras se volvieron resplandecientes.
Muy blancas.
Como ningún lavadero en la tierra las puede blanquear.
Jesús es transformado, y ahora sus vestiduras brillan más que el mismísimo sol.
Hasta este punto, los apóstoles han estado con Jesús, han escuchado sus enseñanzas, han visto sus milagros… pero no habían visto su gloria de una forma tan clara como en este momento. Y de pronto, por un instante, todo se ilumina.
Ahora, no es que Jesús cambie. Es que, por un momento corto, el velo es quitado… y ellos ven la gloria del Rey.
Esta luz resplandeciente un reflejo de su Santidad y pureza. Él es el Dios Santo, Santo, Santo. Perfectamente puro. Sin ninguna mancha.
Es lo que el autor de Hebreos dice acerca del Hijo: Hebreos 1:3 "Él es el resplandor de Su gloria y la expresión exacta de Su naturaleza…” Esto vemos en la transfiguración. Como diría Pablo en Colosenses 1:19 "Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud,"
Lo que vemos en la transfiguración, es precisamente esta gloriosa plenitud de deidad que posee Jesús.
EL NUEVO SINAÍ
Y junto a Él aparecen dos figuras muy importantes para el pueblo de Israel: Elías y Moisés. En ambos se ve representado por completo el Antiguo Pacto y la promesa de esperanza para el pueblo de Dios. La Ley y los Profetas.
Sin duda, la aparición de Elías junto a Moisés nos lleva a recordar lo dicho por el profeta Malaquías cuando anunciaba la venida del Día del Señor Malaquías 4:4–5 "«Acuérdense de la ley de Mi siervo Moisés, de los estatutos y las ordenanzas que Yo le di en Horeb para todo Israel. »Yo les envío al profeta Elías antes que venga el día del Señor, día grande y terrible."
Pedro, Jacobo y Juan están sorprendidos por la gloriosa revelación de Jesús. Pero de nuevo, se hace evidente la falta de entendimiento por parte de los discípulos. Pedro, movido por los nervios y el miedo, dice algo completamente inapropiado. Hacer una enramada, es decir, una tienda para Jesús, Elías y Moisés.
A simple vista, esto no parece tener mayor trascendencia, sin embargo, Pedro está erróneamente, poniendo a Jesús al mismos nivel que Elías y Moisés, sin terminar de comprender que Jesús es mucho mayor a Elías y Moisés.
No sabemos exactamente porqué Pedro quería hacer esto. Pero sí sabemos que lo dijo por temor.
Y justo aquí que vemos una de las declaraciones acerca del Hijo.
Marcos 9:7 "Entonces se formó una nube que los cubrió, y una voz salió de la nube: «Este es Mi Hijo amado; oigan a Él»"
La voz que escuchan, sin duda, es la del Padre: “Éste es mi Hijo amado” declara. El Padre ratifica, confirma la identidad del Hijo. No es la primera vez que se escucha esa voz en el Evangelio de Marcos. Un episodio muy similar a éste tuvo lugar al inicio del ministerio del Señor. Cuando Jesús fue bautizado en Marcos 1:11 "y vino una voz de los cielos, que decía: «Tú eres Mi Hijo amado, en Ti me he complacido»"
Ambos hacen referencia Salmo 2:7 "«Ciertamente anunciaré el decreto del Señor Que me dijo: “Mi Hijo eres Tú, Yo te he engendrado hoy." Un Salmo mesiánico que anticipa la venida del Hijo de Dios.
De modo que, ambas declaraciones confirman la identidad de Jesús, Él es sin duda el Hijo de Dios.
Pero la declaración del Padre no es exactamente igual en ambos eventos. En el momento de la transfiguración, Dios añade un imperativo junto con la afirmación de la identidad del Hijo: “Éste es mi Hijo amado, a Él oíd”. No solo es la confirmación de su identidad sino también de su ministerio y su enseñanza. Lo que el Hijo ha revelado de sí mismo es exactamente lo que el Padre quiere dar a conocer.
Jesús no es presentado como otro de los profetas. Él es el Hijo de Dios.
Jesús no está en una ranking de los personajes bíblicos más importantes de la historia, no comparte categoría con los profetas del Antiguo Testamento, no. Él está en una categoría que solo es aplicable a Él.
De hecho, la transfiguración tiene grandes conexiones con el Éxodo. Todo este evento nos lleva a recordar cómo Dios también llevó a Moisés a un monte y allí mostró su gloria. De la misma forma, Jesús lleva a estos discípulos a un monte, y esta vez, es su gloria como la del Hijo de Dios la que llena el monte.
El paralelismo con Éxodo 24:15-16 es evidente, ahí leemos: Entonces Moisés subió al monte, y la nube cubrió el monte. Y la gloria del Señor reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días. Al séptimo día, Dios llamó a Moisés de en medio de la nube."
Ahora, uno mayor que Moisés está presente. Uno mayor que Moisés y que Elías habla. En un sentido, el monte Hermón es una especie de nuevo Sinaí. Aquí el Hijo está revelando su gloria y se preparar para obrar la redención para liberar a su pueblo.
El imperativo tiene una fuerza tremenda en toda esta escena. La voz del cielo no solo ha confirmado su identidad sino también su ministerio. Cuando el Hijo del Hombre habla, mejor será que prestemos atención. Cuando Él hable, será mejor que le creamos. Cuando Él de un mandato, mejor será que lo obedezcamos.
Este mandato a oír a Jesús incluye todo lo que Él enseñó y enseñaría después de esta visión. Estoy convencido de que ésta es una indirecta muy directa a Pedro, quien intentó corregir a Jesús cuando comenzó a anunciar su muerte.
Transición al punto 2
Hasta aquí amados hermanos, todo es impresionante. Los discípulos han visto la gloria de Jesús. Han oído la voz del Padre. Han tenido una experiencia única e irrepetible. Ellos estaban pensando: “Este es el momento. Aquí empieza el reino visible. Aquí viene la manifestación del Rey.”
El Rey establecerá su reino con autoridad y poder. Ahora sí, debemos anunciar a todos que el Cristo está aquí, y que ha llegado con poder. Es hora de comenzar a compartir con todos esta buena noticia. Pero lo que ocurre es lo opuesto. Lo que acontece está muy lejos de ser una coronación tal como los discípulos esperaban.
LA GLORIA INESPERADA (Marcos 9:9-13)
LA GLORIA INESPERADA (Marcos 9:9-13)
Lee conmigo la segunda escena Marcos 9:9-13
Jesús y sus discípulos descienden del monte. Y mientras bajan, en lugar de hablar de coronación, de triunfo o de poder… Jesús empieza a hablar de sufrimiento, de rechazo y de muerte.
Y eso nos introduce en la segunda parte del pasaje: No solo vemos la gloria revelada… ahora vamos a ver una gloria que no esperaban.
Y no la esperaban porque ven esto como una contradicción, como algo que es incompatible, cómo es que el Rey morirá. Pero este pasaje nos muestra que “La gloria del Rey no evita la cruz… se revela en ella.”
Lejos de proclamar al Rey, Jesús les pide que guarden silencio. Que no prediquen, que no hablen de Jesús a las personas, que no digan nada de lo que han visto hasta después de que Jesús resucitara. De la misma forma que ocurrió en Marcos 8:30 “Y Jesús les advirtió severamente que no hablaran de Él a nadie."
Pero, ¿acaso no se supone que los cristianos debemos predicar y compartir el evangelio con los perdidos? ¿Con los que no conocen al Rey? ¿Por qué Jesús prohibiría a sus apóstoles que predicasen? Ellos ya sabían que Él era el Cristo, y no solo lo sabían, ahora habían visto su gloria y escuchado la voz del Padre mismo. Esta convicción era aún más fuerte. El Cristo está aquí.
El problema es que aún no entendían lo que esto significaba.
Y esto se hace evidente en el versículo 10. Marcos 9:10 "Y se guardaron para sí lo que fue dicho, discutiendo entre sí qué significaría eso de resucitar de entre los muertos."
Pedro, Jacobo y Juan estaban completamente confundidos pero no por falta de información. El Señor ya les había dicho que iba a morir y resucitar. Vamos al capítulo anterior: Marcos 8:29–31 "Él les preguntó de nuevo: «Pero ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?». «Tú eres el Cristo», el respondió* Pedro. Y Jesús les advirtió severamente que no hablaran de Él a nadie. Jesús comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y después de tres días resucitar."
Este es el gran problema de los discípulos, reciben información que no están dispuestos a aceptar. Bien por dureza de corazón, bien por falta de entendimiento, pero en cualquier caso, no pueden concebir que su Rey vaya a morir. Por tanto, intentan buscar otra explicación a esto que Jesús está diciendo.
¿A qué se referirá Jesús con la resurrección? Ciertamente no puede morir, es el Rey. El Rey debe triunfar y gobernar, debe conquistar y derrotar a sus enemigos.
Es aquí donde el mandato de oír a Jesús cobra mayor fuerza. Verás, el momento glorioso que acababan de presenciar no es el destino final del relato. No se trataba solamente de entender quién era Jesús sino también qué vino a hacer. Y ésta es la parte que ellos no habían comprendido, y es lo que Jesús quería enseñarles a continuación.
Inmediatamente después de la gloria revelada, Jesús comienza a hablarles de su sufrimiento, de su rechazo, de su muerte… y de su resurrección otra vez. Por segunda vez les advierte y les enseña lo que va a sufrir.
Pero es difícil que los discípulos lo entiendan porque esto no encaja con lo que ellos esperan del Mesías. Y sinceramente, esto tampoco tiene sentido para nosotros, porque tendemos a asociar la gloria como poder, como victoria, como triunfo visible, con fuerza y con ser invencible.
Pero Jesús redefine la gloria al mostrarla no solo se en el resplandor del monte… sino también en el camino hacia la cruz. Esto es clave, porque ver la gloria de Cristo no es solo contemplarla… es escucharle, incluso cuando lo que dice no encaja con nuestras expectativas.
La gran verdad que este texto nos muestra que es: “La gloria del Rey no evita la cruz… se revela en ella.”
EXPECTATIVAS
Así que estos pobres hombres lo intentan de nuevo, en su deseo de poder comprender lo que han visto y escuchado, le preguntan a Jesús sobre la venida de Elías.
Marcos 9:11 "Le preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?»" Sin duda alguna esta pregunta viene motivada por la visión que acaban de tener con Elías y Moisés presente.
Malaquías 4:4–6 resuena en sus mentes: “«Acuérdense de la ley de Mi siervo Moisés, de los estatutos y las ordenanzas que Yo le di en Horeb para todo Israel. »Yo les envío al profeta Elías antes que venga el día del Señor, día grande y terrible. »Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que Yo venga y hiera la tierra con maldición»". En la mente de Pedro, Jacobo y Juan resonaba este texto. No podían dejar de pensar en que la visión que acababan de ver era el cumplimiento de esta promesa. Hemos visto a Moisés y Elías, ¿acaso no es ésta la señal de la venida del día del Señor?
¿Acaso después de esta visión no se supone que debemos esperar la coronación? ¿Jesús cómo es que después de esto Tú hablas de muerte y no de victoria? Ellos esperaban una gloria diferente a la que Jesús estaba revelando de sí mismo. Por eso es una gloria inesperada, porque no se ajusta a las expectativas de los discípulos.
Así que Jesús responde a sus dudas, afirmando que Elías ya ha venido. La venida de Elías se cumple en el ministerio de Juan el Bautista. De hecho, de una forma más clara el evangelio de Lucas conecta la profecía de Malaquías 4:5-6 con la venida de Juan el Bautista. En Lucas 1:17 "»Él irá delante del Señor en el espíritu y poder de Elías para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los desobedientes a la actitud de los justos, a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto»."
Jesús confirma esto en Marcos 9:12–13.
Pero lo hace de una forma que enfatiza su propia muerte y resurrección. Primero afirma que Elías vendrá y restaurará todas las cosas, pero ¿cómo es posible que se diga esto de Elías mientras que del Hijo del Hombre se dice que será despreciado y hasta el punto de sufrir la muerte?
¿Cómo es posible que el Hijo del Hombre tenga que sufrir todo padecimiento?
CONEXIÓN CON EL EVANGELIO: Jesús está haciendo referencia a Isaías 53:2–5 "Creció delante de Él como renuevo tierno, Como raíz de tierra seca. No tiene aspecto hermoso ni majestad Para que lo miremos, Ni apariencia para que lo deseemos. Fue despreciado y desechado de los hombres, Varón de dolores y experimentado en aflicción; Y como uno de quien los hombres esconden el rostro, Fue despreciado, y no lo estimamos. Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, Y cargó con nuestros dolores. Con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, Por herido de Dios y afligido. Pero Él fue herido por nuestras transgresiones, Molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, Y por Sus heridas hemos sido sanados."
¡Ésta es la paradoja! El majestuoso y glorioso Hijo de Dios vino en tal humillación que nadie lo estimó como alguien digno. El Rey vino a en forma tal que su majestad estuvo oculta a los ojos de los hombres, y en cierta forma, sigue oculta a los ojos de muchos en nuestros días.
Muchos hoy no ven a Jesús como quien es en verdad. Muchos hoy no entienden ni conocen porqué murió en esa cruz. Amado amigo, si este es tu caso, yo quiero decir que lo que la Biblia nos quiere enseñar en este pasaje del evangelio de Marcos es que Jesús vino como el Rey Eterno pero no vino a conquistar con un ejercito sino a conquistar por medio de su muerte. Esto es una locura, ¿cómo es que la muerte puede ser considerada una victoria? Verás, la respuesta está en la resurrección. Jesús muere en nuestra lugar para pagar Él por nuestros crímenes ante Dios, pero vence la muerte y el pecado por medio de la resurrección. La muerte no lo pudo retener y Él fue exaltado victorioso.
Amado amigo, Jesús hizo esto para que no tengas que enfrentar el justo juicio de Dios que mereces por tus pecados. Él lo hizo para liberarte de la culpa, la vergüenza y el castigo que corresponde a tu rechazo de Dios. Y aunque no parece tener mucho sentido humanamente hablando, la gloria de la cruz se revela en las vidas de aquellos que confían en Jesús para ser reconciliados con Dios.
Tú puedes disfrutar de esta misma gloria si vienes a Cristo en arrepentimiento y fe. Yo te animo a que no esperes un día más y vengas a Cristo para disfrutar de esta gloria eterna una vez y para siempre.
Esto es lo que los discípulos no entendieron. No comprendían que la cruz es compatible con la gloria de Jesús, o en otras palabras: “La gloria del Rey no evita la cruz… se revela en ella.”. No es lo que ellos esperaban pero es lo que Jesús vino a completar. La redención por medio de su muerte.
NOSOTROS
Y si somos honestos, nosotros no somos tan distintos a los discípulos. Es fácil ver a Pedro y decir que pocas luces tenía, ¿cómo es que no se daba cuenta después de tantas señales? Pero me temo que estamos en una situación igual a la de ellos.
Nos gusta la gloria… pero sin cruz.
Queremos un Cristo que nos salve… pero no uno que nos llame a morir.
Queremos seguirle… mientras encaje con nuestras expectativas. Pero en cuanto el camino se vuelve difícil empezamos a cuestionar.
Amados, la gran verdad que nos muestra este texto es que “La gloria del Rey no evita la cruz… se revela en ella.”
Esto es completamente contra cultura. De ahí que el llamado a seguir a Cristo implica que nosotros también tomemos nuestra cruz.
Así que la pregunta que este texto nos plantea hoy es esta: ¿Estamos dispuestos a reconocer la gloria de Cristo… incluso cuando pasa por el sufrimiento?
