EL DIOS QUE ESTÁ PRESENTE
Notes
Transcript
INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Lectura: Éxodo 17.
Oración
Adorno: ¿Cuántos de ustedes se despertaron esta mañana diciendo algo como: “ojalá hoy tenga más ansiedad, más presión y más conflictos. Ojalá hoy tenga muchos problemas, oposición y escasez. Espero que hoy me ponga malo”?
Creo que puedo afirmar, sin temor a equivocarme que ninguno de nosotros se ha levantado deseando esto. A nadie le gustan los problemas y las dificultades e intentamos evitarlas a toda costa. Naturalmente buscamos una vida mejor, una vida más estable, más tranquila, más cómoda.
Por eso estudiamos.
Por eso trabajamos.
Por eso aprendemos idiomas.
Por eso ahorramos.
Por eso hacemos planes.
Por eso tomamos decisiones pensando en un futuro mejor.
Queremos una vida que funcione. Una vida donde las cosas salgan bien.
Y a veces me pregunto si muchos también se acercan a Dios con esa misma lógica. Pensando que seguir a Dios debería hacer la vida más fácil, después de todo, Él es el Dios Todopoderoso, el dueño del oro y la plata, el que abre puertas que nadie puede cerrar, el que provee, el que sana, el que gobierna sobre todas las cosas.
Y de forma inconsciente pensamos que si seguimos a Dios, nos debería ir bien. Si camino con Dios, las cosas deberían mejorar. Si soy fiel, la vida debería poder alcanzar todo aquello que desee.
Per aquí está el problema. Cuando esperamos que la presencia de Dios en nuestras vidas se traduzca en una vida cómoda, cualquier dificultad comienza a parecer evidencia de que Dios se ha alejado. De que Dios no está con nosotros o de que estamos haciendo las cosas mal.
Cuando medimos la cercanía de Dios por nuestras circunstancias, el sufrimiento siempre sacudirá nuestra fe.
Si creemos que Dios con nosotros significa menos problemas, entonces cuando llegan los problemas pensamos que Dios ya no está con nosotros.
Y la experiencia real del cristiano verdadero no suele ser una vida sin dificultades. La Biblia no promete ausencia de pruebas. De hecho, si algo aprendemos en el libro de Éxodo es lo contrario.
En Éxodo 2:23–25 "Pasado mucho tiempo, murió el rey de Egipto. Los israelitas gemían a causa de la servidumbre, y clamaron. Su clamor subió a Dios, a causa de su servidumbre. Dios oyó su gemido y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Dios miró a los israelitas y los tuvo en cuenta."
El pueblo de Israel estaba en una situación lamentable, de esclavitud, de opresión y sufrimiento, y clamaron a causa de esos sufrimientos. Este clamor llegó a los oídos de Dios, y el Señor recordó su pacto.
Sin embargo, los eventos no se desarrollaron como los judíos hubieran anticipado. Cuando Dios comenzó a actuar, lejos de mejorar, las circunstancias empeoraron. Cuando Moisés y Aaron se presentaron a Faraón para pedir que dejar ir al pueblo, la respuesta del rey de Egipto fue oprimir aún más a los judíos.
Éxodo 5:6–8 "Aquel mismo día, Faraón dio órdenes a los capataces que estaban sobre el pueblo, y a sus jefes y les dijo: «Ya no darán, como antes, paja al pueblo para hacer ladrillos. Que vayan ellos y recojan paja por sí mismos. »Pero exigirán de ellos la misma cantidad de ladrillos que hacían antes. No la disminuyan en lo más mínimo. Porque son perezosos, por eso claman y dicen: “Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios”
Los jefes de los hebreos cuestionaron a Moisés y a Aaron.
Éxodo 5:19–21 "Los jefes de los israelitas se dieron cuenta de que estaban en dificultades, cuando les dijeron: «No deben disminuir su cantidad diaria de ladrillos» Al salir de la presencia de Faraón, se encontraron con Moisés y Aarón, que los estaban esperando, y les dijeron: «Mire el Señor sobre ustedes y los juzgue, pues nos han hecho odiosos ante los ojos de Faraón y ante los ojos de sus siervos, poniéndoles una espada en la mano para que nos maten»."
La experiencia de los israelitas en el Éxodo -y también de muchos creyentes en la actualidad- incluye: Esperas largas, puertas cerradas, luchas internas, oposición externa, cansancio, dolor, confusión, temporadas secas.
Y es precisamente en esos momentos cuando somos tentados a pensar: ¿Dónde está Dios? ¿Realmente está conmigo? Si Dios me ama, ¿por qué estoy pasando por esto? Si Dios está presente, ¿por qué la vida se siente tan difícil?
Porque asociamos la presencia de Dios en nuestra vida con una vida tranquila, cómoda y libre de dificultades. Una vida donde todos nos aman y tenemos todo lo que deseamos.
Esta es la lucha que encontramos en Éxodo 17. El pueblo de Israel había visto milagros, había salido de Egipto, habían cruzado el mar Rojo. Habían visto la provisión de Dios una y otra vez.
Pero en Éxodo 17 llegan al desierto y no hay agua.
Y después de eso aparece un enemigo dispuesto a atacarlos.
La escasez.
La oposición.
Y en medio de esa crisis hacen una pregunta que quizá algunos aquí también han hecho en su corazón: ¿Está Dios entre nosotros o no?
Esa es la gran pregunta del capítulo. Y quizá también es la gran pregunta de esta noche. ¿Cómo sabemos que Dios está con nosotros cuando la vida se pone difícil?
Éxodo 17 nos mostrará que la ausencia de comodidad no significa la ausencia de Dios, y que cuando su pueblo duda en medio de la necesidad y la oposición, Dios demuestra fielmente que Él sigue presente.
Así que quiero leas conmigo Éxodo 17:1-7.
CUANDO NOS FALTA TODO (Éxodo 17:1-7)
CUANDO NOS FALTA TODO (Éxodo 17:1-7)
El libro de Éxodo se desarrolla en 3 escenarios principales:
En Éxodo 1-13 encontramos al pueblo de Israel y todos los acontecimientos principalmente en Egipto.
Desde Éxodo 13-18 vemos al pueblo salir de Egipto y transitar por el desierto.
Y finalmente, la última sección del libro Éxodo 19-40 encontramos al pueblo de Israel en el monte Sinaí.
La sección en la que nos encontramos hoy ocurre mientras Israel va de Egipto al Sinaí. Hasta ahora han pasado por en medio del Mar Rojo, pasando por el desierto de Shur, las aguas de Mara, llegando a Elim, y finalmente, en Éxodo 17 pasando por el desierto de Sin, llegan a una región llamada Refidim. Y es aquí donde se desarrolla nuestra primera escena.
El texto nos dice que marcharon por el desierto de Sin conforme al mandato del Señor. Es decir, llegaron allí porque Dios les mandó a ir allí. Y acamparon en Refidim. Dios los había llevado a este punto, y estando en este lugar adonde Dios los había llevado, se encontraron con que no había agua. Y aquí surge el aparente problema de este pasaje. Y digo aparente, porque podríamos limitarnos a pensar que el problema central es la falta de agua.
Y es aquí donde el contexto nos puede ayudar. Porque ésta no es la primera vez que el pueblo enfrenta una situación como ésta. No es la primera vez que tienen sed. Dos capítulos atrás, Moisés nos muestra una escena similar.
Leer Éxodo 15:22–27 "Moisés hizo partir a Israel del Mar Rojo, y salieron hacia el desierto de Shur. Anduvieron tres días en el desierto y no encontraron agua. Cuando llegaron a Mara no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas. Por tanto al lugar le pusieron el nombre de Mara. El pueblo murmuró contra Moisés diciendo: «¿Qué beberemos?» Entonces Moisés clamó al Señor, y el Señor le mostró un árbol. Él lo echó en las aguas, y las aguas se volvieron dulces. Y Dios les dio allí un estatuto y una ordenanza, y allí los puso a prueba. Y Dios les dijo: «Si escuchas atentamente la voz del Señor tu Dios, y haces lo que es recto ante Sus ojos, y escuchas Sus mandamientos, y guardas todos Sus estatutos, no te enviaré ninguna de las enfermedades que envié sobre los egipcios. Porque Yo, el Señor, soy tu sanador». Entonces llegaron a Elim, donde había doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas."
Israel ya había enfrentado la escasez de agua, ya habían pasado por un desierto, ya habían experimentado la sed, y mucho más importante, ya habían visto cómo Dios había provisto de forma milagrosa en medio del desierto. El problema no era con lo que ya habían experimentado. El problema no era que ahora volvía a faltar agua. El problema es que su corazón seguía dudando de la presencia de Dios.
Y esto se evidencia en la respuesta que tuvieron ante la dificultad
LA MURMURACIÓN
En primer lugar, la murmuración (Éxodo 17:2-3). La murmuración es más que hablar de alguien, la murmuración es quejarse contra alguien dudando también de sus intenciones. Esto es lo que hicieron contra Moisés.
Exigen, demandan y ante la dificultad, se quejan.
El autor Jon Bloon describió la murmuración en un artículo para Coalición por el Evangelio de la siguiente manera:
Cuando gruñimos en quejas directas o indirectas, declaramos que Dios no es lo suficientemente bueno, fiel, amoroso, sabio, poderoso, o competente. De lo contrario, él nos trataría mejor o manejaría el universo de una manera más efectiva. Quejarse sin fe es pecaminoso porque acusa a Dios de hacer el mal.
Y de hecho, eso es lo que está ocurriendo en este pasaje. Ellos están quejándose de Moisés, pero en realidad su queja es contra el Señor. Esto es algo que los seres humanos hacemos muy a menudo, cuando la dificultad viene a nuestra vida tendemos a responsabilizar a otros en vez de ver que Dios está en control de todo.
Cuando Adán fue confrontando por Dios con su pecado en Génesis 3, el hombre le dijo: “La mujer que Tú mediste” En otras palabras, Dios, debiste haberme dado una mejor compañera.
Es lo mismo que está ocurriendo en este pasaje. Moisés tú nos has traído a este desierto a morir.
Pero Moisés entiende lo que está pasando. La murmuración no es en su contra sino contra el Señor. Ya en Éxodo 16:7 los había confrontado con esta actitud, cuando ellos pedían comida y se quejaban anhelando regresar a Egipto, Moisés les contestó: “Por la mañana verán la gloria del Señor, pues Él ha oído sus murmuraciones contra el Señor. ¿Qué somos nosotros para que ustedes murmuren contra nosotros?»."
De modo que ellos respondieron quejándose contra el Señor en medio de su necesidad, y esta queja estaba disfrazada de una murmuración contra el representante humano que Dios había puesto sobre el pueblo.
Amados jóvenes, cuando las cosas no salen como tú esperas, ¿cuántos de nosotros disfrazamos nuestra queja contra Dios murmurando contra nuestros padres, o nuestros hermanos, o nuestros pastores, o nuestros jefes en el trabajo, nuestros maestros o profesores; y si estás casado, en contra de nuestros cónyuges?
Las situaciones difíciles vienen a nuestra vida para probar lo que hay en nuestro corazón. Y la forma en cómo respondemos revela lo que hay dentro. La murmuración y la queja es el fruto de un corazón que ante la dificultad duda de la bondad de Dios.
LA FALTA DE FE
Y esto es lo que revelaba la murmuración, la falta de fe de Israel.
Presta atención a la preguntan que hacen en Éxodo 17:3 «¿Por qué nos has hecho subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?»"
Ahora bien, cuando leemos todo el libro de Éxodo, vemos que el propósito con el cual Dios los sacó de Egipto fue para llevarlos a tierra prometida. Éxodo 3:7–8 "Y el Señor dijo: «Ciertamente he visto la aflicción de Mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos. »Así que he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al lugar de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los ferezeos, de los heveos y de los jebuseos."
Dios les había dicho claramente cuáles eran sus intenciones. Él les había dicho que iba a cumplir el pacto.
Pero en medio de las dificultades, ellos olvidaron las promesas y el pacto de Dios. Dudaron de su fidelidad y bondad, y en lugar de eso, acusaron a Dios de tener malas intenciones. Lo acusaron de querer hacerles daño, en vez de querer bendecirlos.
En vez de decir: “Nos ha traído al desierto para llevarnos a la tierra prometida”, ellos dijeron: “Nos has traído al desierto para matarnos de sed”
Pero no solo olvidaron las promesas de Dios, sino que olvidaron la forma en cómo Dios ya había provisto para ellos antes. En Éxodo 15:22-27 Dios ya les calmó la sed. Y en este pasaje Él vuelve a proveer. Dios les da agua, satisface su sed.
Éxodo 17:4–6 "Y clamó Moisés al Señor y dijo: «¿Qué haré con este pueblo? Un poco más y me apedrearán». Entonces el Señor dijo a Moisés: «Pasa delante del pueblo y toma contigo a algunos de los ancianos de Israel, y toma en tu mano la vara con la cual golpeaste el Nilo, y ve. »Yo estaré allí delante de ti sobre la peña en Horeb. Golpearás la peña, y saldrá agua de ella para que beba el pueblo». Y así lo hizo Moisés en presencia de los ancianos de Israel."
Dios satisfizo su necesidad a pesar de su incredulidad. La fe de ellos no fue lo que hizo que Dios respondiera de esa forma, Él proveyó porque su deseo era cuidar de ellos.
Pero es aquí cuando se evidencia el verdadero problema. Por eso decía que no debemos fijar nuestra mirada de la circunstancia, porque lo que el texto nos está mostrando es el dudoso y quejumbroso corazón de los israelitas. Y es aquí donde llegamos al clímax de su queja. Llegamos a la expresión de incredulidad más grande por parte del pueblo.
Éxodo 17:7 "Y puso a aquel lugar el nombre de Masah y Meriba, por la contienda de los israelitas, y porque tentaron al Señor, diciendo: «¿Está el Señor entre nosotros o no?»."
¿Me ama Dios o no?
¿Dios está a mi favor o no?
¿Dios está conmigo o no?
¿Cumplirá sus promesas el Señor o no?
¿Verdaderamente cuidará de mí el Señor?
¿Proveerá para mí?
¿Cuidará de mi o me tengo que buscar la vida?
Si Dios me amara, no me habría dado los padres que tengo. Si Dios me amara, me iría mejor en el trabajo. Si Dios me amara, mis amigos no me traicionarían. Si Dios estuviera conmigo, ya me sentiría que estoy avanzando a la vida.
Si Dios me amara, no me sentiría de la forma en cómo me siento.
Nuestras dificultades presentes nos llevan a dudar de la presencia de Dios en nuestras vidas, y nos llevan a dudar de la bondad de Dios en nuestras vidas. Esta fue la pregunta de Israel: Éxodo 17:7 "«¿Está el Señor entre nosotros o no?»."
CUANDO ESTÁN EN NUESTRA CONTRA (Éxodo 17:8-16)
CUANDO ESTÁN EN NUESTRA CONTRA (Éxodo 17:8-16)
Dios responde a esta pregunta. No lo hace de forma verbal, sino práctica. Quiero que leas conmigo nuestra segunda escena.
Leer: Éxodo 17:8-16.
Nos encontramos en el mismo lugar donde tuvieron sed, en Refidim. Ellos no se habían movido. Pero de repente, la situación cambia. Ahora no es una necesidad interna. Ahora es un conflicto externo.
Ya no era un tema de escasez sino que se enfrentaban a una amenaza contra su propia vida.
Los amalecitas eran un pueblo más o menos nómada, se dedicaban a saquear a otros pueblos. En este caso, vieron en Israel una presa fácil. Acababan de salir de Egipto, tenían ejército ni soldados entrenados. Eran pastores y esclavos que acababan de ser liberados por la gracia de Dios. Iban con su ganado y sus familias. Eran una presa fácil y atractiva porque llevaban oro y ganado y no tenían forma cómo defenderse.
Moisés responde llamando a Josué y mandándole que buscara hombres con quienes hacer frente a esta amenaza. Y ya hemos leído la historia.
Moisés por su parte no iba a salir al frente de batalla, él iría a un monte y desde ahí levantaría la vara de Dios. Y el texto nos muestra que mientras la vara de Dios estaba en alto, Israel ganaba la batalla, pero lo contrario ocurría cuando Moisés bajaba los brazos.
Por eso, para evitar que la vara de Dios estuviera abajo, Aaron y Hur sostenían los brazos de Moisés.
Nuevamente, lo que está ocurriendo externamente nos puede desviar de lo que ocurre en realidad en la historia. Esta batalla y la forma en cómo Israel gana no se trata de que necesitamos amigos que sostengan nuestros brazos. El punto central aquí es responder a la pregunta hecha por Israel en medio de la dificultad. Está o no Dios con nosotros.
Dios responde mostrando que no solo es el Dios que provee sino el Dios que pelea por ellos en la batalla. En otras palabras, no solo está con ellos, sino que lucha por ellos.
De ahí que el texto no se centre en lo que está ocurriendo en el campo de batalla, donde está la acción, sino arriba en la montaña, donde está el símbolo del poder de Dios, la vara.
Ésta era la vara con la que Dios había traído las plagas a Egipto. Por tanto, cuando la vara era alzada, era un símbolo de que Dios estaba peleando, era su poder, no la destreza militar de Israel.
Por eso el énfasis sobre la vara otorgando la victoria en la batalla. La victoria dependía de que la vara de Dios estuviera en alto para demostrar que la victoria la otrogaba el Señor.
Y esta es la respuesta del Señor. De hecho, es raro que no haya mención de queja ni de murmuración en este caso, porque el texto representa la forma en cómo Dios responde a la incredulidad de Israel, tanto en la escasez como en la oposición.
Dios es el Dios que provee y lucha por su pueblo. Él es el Dios que está presente en medio de cualquier situación.
CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
Después de ver estas dos escenas, queda claro que Éxodo 17 no trata solo de agua ni de una batalla. Trata de una pregunta:
¿Está el Señor entre nosotros o no?
Y Dios responde de forma clara.
En la escasez, Él provee.
En la oposición, Él pelea por su pueblo.
Israel dudó de la presencia de Dios porque miró sus circunstancias. Pero Dios les mostró que su presencia no depende de que la vida sea fácil, sino de su fidelidad constante.
Y nosotros hacemos lo mismo muchas veces.
Cuando falta algo, dudamos.
Cuando la vida se complica, dudamos.
Cuando el futuro asusta, dudamos.
Por eso este texto no solo confronta a Israel. También nos confronta a nosotros.
Entonces, ¿cómo debemos responder hoy a esta verdad? Permíteme dejarte algunas aplicaciones.
APLICACIONES
APLICACIONES
Confía en la providencia y soberanía de Dios: Cuando no sabes cómo será tu futuro, eres tentado a pensar que Dios tampoco sabe. Pasar dificultad no significa que Dios no está en control. A veces el lugar difícil donde estás no está fuera de la soberanía de Dios.
Tu corazón se revela en la prueba: La presión no crea tu corazón; lo revela.
Ten cuidado de cómo reaccionas: Muchos se enfadan con padres, iglesia o líderes cuando en realidad están resentidos con Dios.
Ten cuidado con tu falta de fe: Olvidar fidelidad pasada alimenta ansiedad presente.
