Mirando a Jesús - Sesión #6
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En esta oportunidad seguimos examinando el sermón del Monte, que declara lo que se conoce como la ética del reino. Ya hemos puntualizado que lo que Jesús describe no son las condiciones necesarias para entrar en el reino de Dios. Al reino de Dios se ingresa por la fe en la persona y obra de Cristo Jesús para nuestra salvación. Lo que Cristo describe es la descripción de como es, como piensa, como se comporta y como vive el ciudadano del reino de los cielos.
También hemos examinado que el reino de los cielos, o el reino de Dios, no se refiere a un lugar geográfico, sino que se refiere al gobierno dinámico del Señor sobre su creación. Así, cuando una persona “entra” en el reino de Dios es equivalente a ser salvo, a ser hecho ciudadano del pueblo de Dios que es la iglesia; pero este concepto significa mucho mas que la salvación de nuestras almas. Significa entrar en una relación de pacto inmerecido con Dios a través de la fe por la gracia del Señor y equivale a una nueva dimensión de la vida que demos comprender y vivir.
Por ello, decimos que el sermón del Monte describe la ética del reino. Para ello, necesitamos conocer claramente algunos conceptos. La ética es la disciplina filosófica que estudia, reflexiona y el “por qué” hacemos lo que consideramos correcto y bueno. Es universal porque busca principios universales que son entendidos como buenos. La moral, por el contrario, es el conjunto de normas, valores y costumbres que regulan el comportamiento de una sociedad. La moral describe “que” hacemos y que es aceptado como bueno por la sociedad.
El sermón del Monte es la declaración de la ética del reino para los creyentes, mientras que la promulgación de los Diez mandamientos fue la declaración de la ética de Dios para su pueblo Israel. Ambos formaron en su momento un sistema de ética que describía la relación con Dios y con los demás. El sermón del Monte no viene a reemplazar la etica de los Diez mandamientos sino que la refina y complementa. Como cristianos debemos prestar suma atención a las enseñanzas de Jesús pues describe lo que el Señor quiere para su pueblo de manera colectiva y también de manera personal.
Leamos por favor el evangelio de Mateo, capítulo 5, versos 5 al 8:
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
Oremos al Señor
Rasgo de carácter #1: Mansedumbre
Rasgo de carácter #1: Mansedumbre
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
Los primeros versos de esta proclamación de Jesús describen lo que se conoce como la “puerta de entrada” del manifiesto del reino de los cielos. Es la descripción de un pecador penitente, compungido y desnudado ante la Palabra de Dios, que reconoce su ruina espiritual, su condición de pecador y por ello llora quebrantado clamando por un Salvador.
Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
También es la descripción del corazón que debe tener siempre un creyente una vez ya vive en este reino de los cielos. Es decir, el creyente siempre debe depender de Dios, reconociendo su necesidad asi como la gracia del Señor que le sostiene. El creyente siempre debe derramar lágrimas en su lucha contra el pecado, en su búsqueda de la santidad, en su batalla por presentarse limpio de corazón y manos delante del Señor.
Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Ahora, Jesús describe una serie de cualidades que tienen que ver con el “ser” del creyente: el ámbito interno que debe estar en orden para poder caminar en una buena comunión con Dios. La primera de esas cualidades es la mansedumbre.
¿Que es la mansedumbre? Es una virtud que expresa suavidad, humildad y dominio propio frente a la ira o la violencia; en la Biblia se presenta como fruto del Espíritu y como actitud esencial del creyente. No es debilidad, sino fuerza bajo control, una disposición a depender de Dios y tratar a los demás con paciencia y benignidad.
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
La palabra πραΰτης, traducida por “mansedumbre” se traduce también como gentileza, consideración, humildad en el trato. Es fortaleza bajo control del Espíritu Santo. Lejos de la timidez, es la disposición serena que se somete con gusto a la voluntad de Dios y canaliza el poder para el bien ajeno. Lo vemos en Moisés, descrito como el hombre mas manso de la tierra, justamente en el capítulo donde vemos a sus hermanos María y Aarón que murmuraron contra él:
María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.
Esta es una de las características de Jesús el Hijo de Dios:
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.
Es una característica que deben modelar los hijos de Dios:
Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;
Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.
Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.
A diferencia del mundo que define el poder como la capacidad de obtener lo que se desea por la fuerza, o la manipulación, o el engaño, lo que la Palabra de Dios enseña es que los mansos heredarán la tierra. La ética de la iglesia de Cristo debe estar marcada por el buen trato entre los hermanos, por la consideración y la mansedumbre. Esto implica:
Mansedumbre en el trato entre esposos.
Mansedumbre en el trato con los hijos.
Mansedumbre en el trato entre hermanos en la fe.
Mansedumbre en el trato con los incrédulos.
Mansedumbre en la resolución de conflictos.
Mansedumbre en la reacción ante situaciones imprevistas.
Esto no significa ser “suave”, evadir el conflicto, no tomar decisiones firmes. Lo que la mansedumbre bíblica nos enseña es que el creyente debe tener convicciones firmes y fortaleza espiritual; pero eso nunca le da licencia para tratar mal o responder en ira y enojo a nadie.
Rasgo de carácter #2: Hambre y sed de justicia
Rasgo de carácter #2: Hambre y sed de justicia
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
El segundo rasgo de carácter tiene que ver con un enfoque primordial que el creyente debe tener. Mientras que el mundo es rápido para señalar, juzgar, criticar y destruir a los otros, la Biblia enseña que el creyente, el ciudadano del reino de los cielos, se caracteriza por tomar como prioridad su propia vida espiritual, la que debe estar marcada por el hambre y la sed espiritual. Es decir, el creyente está mas interesado en crecer espiritualmente, en santificarse, en madurar y en quitar la viga de su propio ojo que en señalar la viga del ojo de su hermano.
¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
“Hambre y sed de justicia” no se refiere a que el creyente busca que se haga justicia en todos los ámbitos de su vida, porque esa actitud de juicio es contraria a lo que enseña la Biblia. Uno solo es el juez y no se nos permite condenar ni señalar criticamente a nadie:
Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez.Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?
Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.
En otras palabras, el creyente no anda buscando hacer justicia por sus propias manos o que se haga justicia en sus terminos, sino deja en las manos del Señor la obra. Claro, eso no anula el discernimiento y la responsabilidad que tiene todo creyente de acercarse y exhortar en amor a su hermano si le ve andar equivocadamente; pero hay una gran diferencia: nunca se nos manda condenar, se debe hacer en amor, en privado, hablando la verdad y buscando la edificación y restauración del hermano.
Entonces, ¿a que se refiere la frase “hambre y sed de justicia”? Se refiere al deseo intenso que debe tener el creyente de acercarse a Dios y hacer su voluntad, para vivir en esa justicia que agrada a Dios.
Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
Hermanos, una vez mas tenemos que reafirmar lo que siempre decimos: no hay madurez espiritual sin el ejercicio constante de las disciplinas espirituales. Sin madurez espiritual y sin dependencia del Señor, estamos a merced de los influjos carnales de nuestra naturaleza pecaminosa. Y con esa inclinación carnal, se multiplican los casos de pecados, inmoralidad, pleitos, celos, murmuración, chisme, odio, rencor, etc. Con personas así, las familias se separan, se dividen, los hijos no quieren saber nada de la iglesia, la iglesia sufre, se rompe, se estanca.
Ahora, aun las disciplinas espirituales por si solas no producen lo que Dios quiere. Solo orar por orar y leer por leer produce aun mas bien legalismo y orgullo en vez de edificación.
En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica.
de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
Las disciplinas espirituales deben ejercitarse en amor, en un deseo intenso de hacer la voluntad de Dios, con hambre y sed de obedecer al Señor. Es enfocarse primero en mi propia vida espiritual y hacerme preguntas que son incomodas:
¿Estoy buscando al Señor realmente?
¿Estoy reconociendo mi pecado y mis fallas delante del Señor?
¿Estoy abandonando el pecado en mi busqueda del Señor?
¿Realmente estoy dispuesto a obedecer lo que Dios me habla?
¿Tengo algo en mi corazón contra alguien que no quiero dejar?
La preciosa promesa del Señor es que aquel que tenga hambre y sed de hacer lo agradable delante de Dios será saciado. Este es un tipo de oraciones que Dios va a contestar:
“Señor, ayudame a perdonar como tu perdonaste”
“Señor, ayudame a amar a mis hermanos, aun los dificiles de tratar como tu amaste a todos”
“Señor no quiero tener un corazón critico hacia mis hermanos, como tu no juzgaste, sino viniste a servir y a salvar”
“Señor, ayudame a ser de bendición y no de tropiezo a la unidad de mi familia y de mi iglesia”
Si realmente estoy buscando a Dios, seré saciado.
Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor,
desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,
Hermano, seamos serios en nuestra búsqueda del Señor. Enfoquemonos en nosotros mismos en primer lugar para no ser tropiezo a la obra de Dios. Busque ser de bendición y no de desánimo a los demás. La única forma de hacer eso es crecer espiritualmente a la semejanza a Cristo. Mientras que el mundo es experto en señalar los pecados de otros, atacar y pensar que “los pecados de otros me hacen santo”, la Biblia enseña que debemos ser honestos en reconocer nuestra propia necesidad y buscar a Dios cambiar antes de saltar a señalar a otros.
Rasgo de carácter #3: Misericordia
Rasgo de carácter #3: Misericordia
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Esta siguiente bienaventuranza tiene mucho sentido y conecta directamente con lo anterior establecido:
El creyente reconoce su propia pecaminosidad, no para publicar una “falsa humildad”, sino que en sinceridad reconoce que aun necesita crecer y madurar en el Señor.
El creyente derrama lágrimas en su propia y personal lucha contra el pecado. Reconoce que no siempre gana la batalla; le quebranta su corazon pecaminoso, anhela el dia en que sea librado de este cuerpo de muerte, pero sigue adelante en el camino del Señor.
El creyente desarrolla un corazón manso, tranquilo, apacible. No está en guerra con otros, ni consigo mismo. Ha librado batallas y ha rendido las areas de su corazón delante de Dios.
El creyente deja de enfocarse en otros en un sentido de juicio y condenación, sino que desarrolla hambre y sed de vivir en justicia delante del Señor.
El creyente ahora vive con un sentido de misericordia para con los demás, porque es consciente de la gracia y misericordia que recibió del Señor.
Misericordia significa compasión y amor activo hacia quien sufre o está en necesidad. Es la disposición del corazón que no solo siente el dolor ajeno, sino que actúa para aliviarlo. Etimológicamente, viene del latín misericordia (“miser” = pobre, necesitado; “cor” = corazón), es decir, “tener el corazón inclinado hacia el miserable”, entendiendo que el primero y mas grande miserable soy yo mismo.
Hermanos, debemos reconocer que la misericordia es una de las características de Dios mismo. El es misericordioso, es decir, no nos paga conforme a lo que merecemos, sino que abunda en su gracia, perdón y favor para con nosotros:
Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;
Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos.
El Dios misericordioso desea y manda que sus hijos sean misericordiosos también; es decir, que tratemos a otros con gracia, que cubramos las faltas con amor, que perdonemos y busquemos siempre la unidad y el amor que Cristo ganó para nosotros en la cruz:
Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.
Un ejemplo hermoso de misericordia lo vemos en David y Mefi-boset. David quería hacer bien a la casa de Saúl, a pesar del gran mal que este rey quería hacerle:
El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.
David recibió a este Mefi-boset, que habia caido en desgracia, le devolvió todas las tierras de Saul y lo llevó a su palacio y le dio el honor de comer con el rey a su mesa. Esto es misericordia, darle a alguien mas de lo que merece, hacer bien a alguien que no quiere tu bien. Es ser como Cristo, quien perdonó e hizo bien a los que le hacian daño:
Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios.
Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
Lo que Jesús enseña es que los que brindan misericordia a otros, alcanzarán misericordia. Esto se puede entender como la ley de la siembra y la cosecha:
No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.
Pero también se puede entender como que Dios brindará misericordia al que actua con misericordia para con otros. Hay un principio de reciprocidad claro en las Escrituras:
Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.
Recordemos la parabola de los dos deudores, que nos enseña justamente esa reciprocidad que la Biblia enseña: si yo trato duramente, con juicio y dureza, sin perdonar a los demás, eso mismo recibiré de Dios. Si trato con misericordia a otros, entendiendo la debilidad de mis hermanos, asi como mi propia debilidad, entonces recibiré misericordia de parte de Dios. Un corazón duro y crítico, que se deleite en constantemente juzgar a otros no recibirá compasión de parte de Dios:
Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.
Rasgo de carácter #4: Limpieza de corazón
Rasgo de carácter #4: Limpieza de corazón
Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
El ultimo rasgo de caracter que vamos a analizar en esta noche es una de las mas importantes: la limpieza de corazón. ¿A que se refiere esta frase? La expresión “limpios de corazón” se refiere a una vida interior que ha sido y sigue siendo purificada, integra y sincera delante de Dios. No se trata solo de apariencia externa, sino de una transformación profunda que afecta pensamientos, intenciones y motivaciones.
¿Que habla la Biblia sobre la limpieza de corazón?
¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño.
Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.
Para Dios es muy importante la limpieza de corazón, la pureza de corazón, la actitud y disposición de hacer las cosas bien y de estar en buena comunión con el Señor y con los demás. La limpieza de corazón es algo que recibimos en la salvación pero es algo que debemos procurar siempre para caminar correctamente delante de Dios:
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.
Por el contrario, lo que dificulta o estorba la limpieza de corazón son características o mejor dicho pecados que dañan nuestra vida espiritual, la familia, la iglesia y todo los que nos rodea:
División: una actitud de murmuración, chisme, división contra otros hermanos que rompen la unidad del cuerpo que es la Iglesia.
Malicia: aquel que difama, calumnia, actua mal, sabotea y busca el mal de otras personas.
Hipocresía: mostrar una apariencia de piedad mientras el interior está lleno de orgullo o pecado no confesado.
Doble ánimo: tener un corazón dividido entre Dios y el mundo.
Impureza moral: permitir pensamientos, deseos o acciones contrarios a la santidad de Dios.
Idolatría interna: dar prioridad a otros amores, ambiciones o ídolos en lugar de a Dios.
Endurecimiento: resistir la voz de Dios y persistir en el pecado.
La falta de limpieza y pureza de corazón en nuestros actos degrada y daña la comunión con el Señor, retiene la bendición de Dios y rompe la unidad del cuerpo. La promesa de Dios es que los de limpio corazón verán a Dios, verán su mano, verán su bendición, mientras que los que no cuidan su corazón, dejan entrar cosas que no agradan a Dios, no podrán ver la mano de Dios, su poder, su favor.
Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
Es interesante que aquí la santidad, la limpieza de corazón, está relacionada con el trato adecuado con los semejantes. Cuando caminamos con un corazón malicioso, cuando albergamos maldad en el corazón, nunca veremos la mano de Dios. Dios no bendice cuando en lo oculto no se hacen las cosas bien.
Si no amo a mi esposa, si la veo como una carga, si no la soporto o en mi corazón abrazo la idea de separarme de ella, Dios nunca va a bendecir.
Si no respeto a mi esposo, lo veo como una carga, si no puedo someterme a el, sino que busco controlarlo, influenciarlo, humillandolo, Dios nunca me va a bendecir.
Si en mi corazón abrazo pecados ocultos, si me deleito en ellos pero muestro una cara de piedad a los demás, Dios nunca me va a bendecir.
Si en mi corazón albergo celos, envidia, resentimiento y amargura contra alguien, Dios me va a resistir.
Si peor aun, actuo con malicia, hablando mal de otra persona, buscando hacerle quedar mal, difamando, murmurando, esparciendo el chisme, desanimando a otros en la obra de Dios, Dios me va a juzgar porque el que intenta destruir a la iglesia de Dios, se verá con el Señor de la iglesia.
Hermanos, la iglesia del Señor debe ser santa y eso se refiere no tanto a la limpieza externa, sino a la pureza de corazón, sin malicia, ni envidia, ni corrupción:
Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrenda, y venid delante de él; Postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad.
Tus testimonios son muy firmes; La santidad conviene a tu casa, Oh Jehová, por los siglos y para siempre.
Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.
Es claro que los creyentes no deben andar en pecados groseros que traen la disciplina de Dios sobre su iglesia:
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.
Sin embargo, aquellos pecados que muchas veces no son disciplinados, son permitidos y tolerados en la iglesia hacen aun mas daño porque son como un cancer en la iglesia que ha hecho metastasis y que infecta y desanima a muchos:
Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno,
Pablo es claro en lo que se debe hacer ante personas que insisten y persisten en este comportamiento: deben ser apartados, disciplinados y ya no pueden servir a Dios porque hacen daño a la obra del Señor:
Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.
Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.
Esto no significa que no hay un camino bíblico para la resolución de conflictos, claro que la hay. Se trata en privado, cuando un hermano con otro en disputa solucionan sus asuntos. Si no se puede solucionar, buscan un intermediario y si no, recien se comunica a la iglesia y se ejecuta la disciplina biblica. Todo lo demas fuera de esto es pecado y causa gran mal a la congregación.
Hermanos, Dios quiere que tengamos un corazón limpio delante de El y que sirvamos al Señor en integridad, sin rencores, en amor a Dios y a su pueblo.
Integrando en un sistema de ética
Integrando en un sistema de ética
Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
Jesús proclama una etica del reino de los cielos. Aunque muchos piensan que esto tiene que ver mas con los judios, realmente este es el sistema de ética de la iglesia del Señor, es decir, lo que Dios desea que los cristianos sepamos y vivamos. No los veamos como mandamientos separados, sino que realmente es un sistema ético que debe permear la vida interna del creyente, sus relaciones con otros hermanos, sus relaciones con las autoridades en la iglesia, sus relaciones con los incredulos, sus reacciones ante los conflictos que se presenten.
Como creyentes entonces debemos reflexionar hermanos:
Cristo murió por nuestros pecados, para llevarnos a Dios y otorgarnos salvación.
Cristo envió su Espíritu Santo para capacitarnos para vivir de una manera agradable a Dios, con una mente y un corazón nuevos.
Cristo nos dio su Palabra para que podamos conocer la voluntad de Dios y vivir acorde a ella.
Cristo nos dio la encomienda de seguir sus pasos, imitarle y obedecerle como corresponde a los discipulos de Cristo, para amar a Dios con todo el corazón.
Cristo nos dio la encomienda de cumplir la Gran Comisión, llevando el evangelio al mundo inconverso, juntos como un equipo.
Cristo nos llamó a reflejar la unidad, amor y comunión que existe en la Santa Trinidad en nuestros matrimonios y en la iglesia.
Cristo evalua y prueba nuestros corazones en la vida y el ministerio, bendiciendo a quienes obedecen sus palabras y resistiendo a quienes actuan orgullosa y neciamente.
Eso significa que debemos limpiarnos de todo obstáculo que impida estas verdades y entender que no estamos en competencia, sino que formamos parte de una misma familia, de un mismo cuerpo y que Dios es glorificado cuando oramos, servimos, adoramos y leemos con un corazón misericordioso, limpio, en unidad y fe.
Aplicaciones para la vida
Aplicaciones para la vida
Hermanos, busquemos al Señor con un corazón limpio y sincero delante de Él. El pueblo de Dios debe vivir en santidad y en comunión como Dios es santo y vive en perfecta comunión y unidad entre Padre, Hijo y Espíritu Santo. El fundamento de nuestra ética es trinitaria y relacional. No somos islas solitarias, individualistas que buscamos nuestro propio bien, sino que vivimos en una comunidad de fe que es la iglesia, donde nos necesitamos los unos a los otros, donde Dios ha diseñado que nos ministremos, sirvamos, amemos los unos a los otros para reflejar esa comunión de amor que Dios establece.
Pero esto empieza desde el interior, cuando decidimos limpiar nuestro corazón, tomando decisiones bíblicas, renovando el entendimiento con la Palabra y buscando al Señor en oración. Hagamoslo y nuestro matrimonio, ministerio e iglesia serán bendecidos.
Oremos al Señor
