El Beneficio de la Duda

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Buenas noches, bienvenidos a este nuevo Tiempo con Dios del viernes 24 de abril de 2026.
‌Me da mucho gusto saludarlos, yo soy Hector Viruega, y soy el responsable de los grupos pequeños de nuestra iglesia. Y para mi es un gusto el poder estar con ustedes en esta noche.
Antes de comenzar, quiero dar unos breves anuncios:
Este domingo tenemos una gran celebración en nuestras instalaciones de Zona Esmeralda porque festejaremos a los niños de nuestra iglesia. Tráelos.
El 15 y 16 de mayo congreso de mujeres: “Yo soy”.
2 de Mayo enevto Link jóvenes 18-25 años en ZE, más información en el Instagram de Link.
Sábado 13 de junio a las 6 pm en ZE, el concierto “Dios con Nosotros”, boletos por Eventbrite.
SALUDOS
ORACIÓN

Introducción

El día de hoy vamos a mediar en algo que todos experimentamos: la duda.
¿Qué es la duda?
Bueno, podríamos decir que la duda es una falta de certeza ante múltiples opciones cuando se evalúan creencias, información o hechos.
El término proviene del latín dubitare, que literalmente significa “vacilar entre dos cosas”, reflejando cómo la incertidumbre surge cuando nos enfrentamos a alternativas contradictorias.
En términos más amplios, podríamos decir que la duda abarca estados como la incertidumbre, la indecisión, la perplejidad y la vacilación.
También podríamos decir que la duda afecta tanto la confianza como el juicio, influyendo en cómo procesamos información y sobre todo, como tomamos decisiones.
Desde una perspectiva teológica, la duda adquiere dimensiones adicionales.
En contextos religiosos, la duda señala un estado de incertidumbre respecto a una causa, persona o evento. Puede indicar una falta de comprensión ante situaciones específicas.
Por ejemplo, muchas de nuestras dudas tienen que ver con el futuro.
En la vida seguramente hemos experimentado dudas como:
¿Cómo será nuestra situación económica?
¿Cómo será nuestra estabilidad laboral?
¿Cómo estará nuestra salud?
¿Cómo nos irá cuando nos jubilemos?
O muchas veces tienen que ver con pruebas que estamos experimentando:
¿Cuándo saldremos de una crisis?
¿Cómo podré pagar los compromisos de hipoteca, renta, colegiaturas, etc.?
¿Saldré de esta enfermedad?
¿Hasta cuándo terminará esta prueba?
La duda es algo que experimentamos que intersecta con la confianza, la fe y las decisiones morales que tomamos en la vida.
Estoy seguro, o déjenme decirlo de otra manera, no tengo la menor duda, de que todos en esta vida hemos experimentado dudas.
Nadie está exento de ellas. Como hijos de Dios, decimos que no importa lo que nos depare el futuro porque creemos en Quien controla el futuro; sin embargo, realmente ¿nunca tenemos dudas o incertidumbre hacia lo que vendrá delante? la verdad es que no.
El día de hoy vamos a ver tres aspectos de las dudas:
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1.- La naturaleza de las dudas.
2.- Cómo manejar las dudas.
3.- La fe en medio de las dudas.
Y para ello quiero que vayamos al primer punto:
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I. La Naturaleza de las Dudas

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Antes que nada, es importante reconocer que

A. Las dudas son comunes

- Ejemplo de personajes bíblicos que dudaron:
Tal vez el más famoso es Tomás (Jn. 20:25) por haber dudado de la resurreción de Jesús, al exclamar: Juan 20:25b "...Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en su costado, no creeré."
O ¿qúe me dicen de Moisés cuando Dios se le aparece y le dice que regrese a Egipto para liberar al pueblo de Dios (Éxodo 3:11)? Moisés le contesta Éxodo 3:11b "...¿Quién soy yo para ir a Faraón, y sacar a los hijos de Israel de Egipto?"
Y si somos francos, es una objeción que parecía razonable, porque después de cuarenta años de ausencia, ¿qué podría él, un simple pastor exiliado en Madián, hacer tras su regreso?
Pero tal vez, el personaje de la Biblia que más me gusta como expresa sus dudas, porque en muchas ocasiones nos podemos identificar con él, es Gedeón (Jueces 6:11ss).
Jueces 6:12-13 dice:
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12 Y el ángel del Señor se le apareció y le dijo: «El Señor está contigo, porque eres un hombre valiente y aguerrido.»
13 Y Gedeón le respondió: «Señor mío, si el Señor está con nosotros, ¿cómo es que nos ha sobrevenido todo este mal? ¿Dónde están las maravillas que nuestros padres nos contaron, cuando nos decían que el Señor los había sacado de Egipto? ¡Pero ahora resulta que el Señor nos ha desamparado, y que nos ha entregado en manos de los madianitas!»
Si analizamos el contexto histórico del pasaje que acabamos de leer es que el pueblo de Israel estaba siendo oprimido por los madianitas quienes invadían sus tierras y destruían sus cosechas.
Este sufrimiento llevó a los israelitas a clamar a Dios por ayuda, y en respuesta Dios llama a Gedeón.
La historia de Gedeón comienza con debilidad, no con fortaleza. Está trillando trigo en un lagar, tratando de esconderse de los madianitas. Esta es una imagen de miedo y supervivencia, no de victoria y valentía. Sin embargo, en ese escenario aparece el ángel del Señor, pronunciando palabras que debieron sonarle ridículas a Gedeón: «El Señor está contigo, valiente guerrero».
Y ya dijimos que es hasta cierto punto irónico porque Gedeón estaba escondido. Y a continuación, Gedeón bombardea al ángel del SEÑOR con una sere de preguntas:
Si Dios está con nosotros, ¿por qué nos está pasando todo esto?
¿Dónde están las maravillas que nos contaron nuestros padres?
¿No nos liberó Dios de Egipto?
¿Qué está pasando?
Ya hemos dicho que todos tenemos dudas, pero lo importante es ¿qué vamos a hacer con ellas?
Lo principal es no dejar que nos destruyan. No debemos permitir que la duda nos impida creer y obedecer a Dios. Debemos evitar que el miedo se apodere de nosotros al grado de inmovilizarnos. Y mira, aquí Gedeón estaba paralizado y escondido.
Lo más maravilloso es que nNuestro Padre Celestial puede inclusive usar nuestras dudas como una prueba que traiga desarrollo.
Y eso me lleva al segundo punto, que es:
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B. Las dudas pueden ser constructiva

Pueden llevarnos a buscar respuestas y profundizar nuestra fe. Proverbios 25:2 dice: "Es gloria de Dios encubrir una cosa, pero la gloria de los reyes es investigar un asunto."
En el pasaje que leíamos de Jueces, venmos que el ángel del SEÑOR se refiere a Gedeón como hombre valiente y aguerrido, y ya decíamos que Gedeón estaba escondido.
Lo maravilloso es que la palabra de Dios no nos describe como nos vemos a nosotros mismos, sino que nos define como Él nos ve. Gedeón no era un héroe en ese momento, pero Dios ya veía al libertador en que se convertiría.
Nuestro pasado no nos descalifica, y nuestra debilidad presente no limita a Dios. Donde vemos miedo, Dios ve fe esperando despertar. Donde vemos insignificancia, Dios ve su Espíritu esperando actuar.
Gedeón preguntó por qué le habían sucedido cosas malas a Israel, pero el ángel no le respondió. A menudo, Dios no responde a nuestras preguntas como esperamos, sino que redirige nuestra atención, no porque evite la pregunta, sino porque quiere que nos enfoquemos en lo que realmente importa. Quizás nunca entendamos por qué sucedieron las cosas, pero siempre podemos buscar a Dios para encontrar la respuesta a la situación en la que nos encontramos.
Y esto me lleva al segundo punto del Tiempo con Dios de esta noche:
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II. Cómo Manejar las Dudas

Lo primero es:
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A. Llevar nuestras dudas a Dios

- Filipenses 4:6-7 - "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios."
Cuándo Tomás se encontró con Jesús después de haber manifestado sus dudas, Jesús no lo reprendió por haber dudado, sino que a cambio le mostró su compasión al ofrecerle pruebas de su resurrección. Con amor, Jesús llegó a su encuentro con Tomás en el momento de debilidad.
¿Recuerdas el pasaje del hombre que le llevó a su hijo endemoniado con Jesús? El relato lo encontramos en Marcos 9 del versículo 17 en adelante.
Un padre afligido había traído a su hijo endemoniado, sordo y mudo (Mar. 9:25), a los discípulos para que lo sanaran, pero ellos no habían podido echar fuera al demonio, a pesar de que Jesús les había dado autoridad para ello (Mar. 3:15; 6:7, 13), y no habían podido librar al muchacho.
Este hombre había hecho lo correcto, se había a cercado a los discípulos de Jesús pero seguía con su problema.
¿Alguna vez nos hemos acercado a la iglesia pensando que nuestros problemas se solucionarán?
¿Alguna vez te has sentido desilusionado porque no has tenido respuesta a tus oraciones?
El cuadro es por demás conmovedor. El padre, seguramente desilusionado por los resultados obtenidos con los discípulos le dice a Jesús: “Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos” (9:22 NVI). La respuesta de Jesús, es tal vez algo que nosotros diríamos en una situación similar “¿Cómo que si puedo?” (v. 23 NVI), y da una condición: “Para el que cree, todo es posible”. El padre rápidamente confirma su fe en Jesús, pero en un acto de total honestidad reconoce sus limitaciones: “Ayúdame en mi poca fe” (v. 24 NVI).
¿Podemos identificarnos con este pobre hombre?
Jesús no le reprocha que tenga poca fe. El Maestro había dicho que si tuviésemos fe como un grano de mostaza (Mat. 17:20) podríamos mover montañas. Lo importante no es el tamaño de nuestra fe, sino en Quien está puesta. Este pobre hombre, admitiendo la imperfección de su fe y con todas sus dudas, le suplicó a Jesús que lo ayudara a tener la fe que el Señor demandaba de él. Y lo maravilloso es que a pesar de su poca fe, Jesús actuó y sanó a su hijo.
Si regresamos a la historia de Gedeón en el libro de los Jueces, vemos que Gedeón no estaba firme, sino sumido en la duda.
Reflejaba a muchos de nosotros: una mezcla de fe y temor, desesperado por señales antes de dar un paso adelante. Aunque Dios le aseguró: que no moriría (Jueces 6:23), obedeció con cautela, fiel pero prudente. Su historia nos recuerda que la fe genuina a menudo se manifiesta como una obediencia temblorosa, más que como una valentía intrépida.
Y un segundo punto que quisiera que consideráramos es lo importante que es el
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B. Hablar con otros creyentes

El autor de la carta a los Hebreos 10:24-25 - escribe: "Y consideremos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras."
No es porque yo sea el responsable de los grupos pequeños, pero si quiero decirles que muchas veces el mejor espacio para compartir nuestras dudas es un grupo pequeño.
¿Por qué? Bueno, porque en en ese marco de amor y compañerismo, en el que uno puede expresar sus preocupaciones, y ahí encontrará amigos y hermanos que, por una parte serán soporte en medio de las pruebas, y por otra parte, seguramente habrán experimentado dudas similares a las posiblemente estés teniendo.
Ahora bien, en ovcasiones, cuando tenemos dudas nos podemos llegar a sentir culpables de incredulidad, por eso quisiera hablarte del tercero y último punto de este Tiempo con Dios:
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III. La Fe en Medio de las Dudas

Y déjame te digo que:
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A. La fe no es la ausencia de dudas

Cuando Pedro se echó al embravecido mar para caminar sobre las aguas siguiendo la orden de Jesús, después de dar unos pasos, dejó de ver al Maestro, y puso sus ojos en la tempestad, y de inmediato comenzó a hundirse. Jesús rápidamente le extendió la mano y lo sustuvo y le dijo: "¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?" (Mateo 14:31).
Jesús no le dice que no tuviera fe, sino que había tenido poca fe.
Esto me lleva a decirte que las dudas hasta cierto punto son como las tentaciones. ¿Son un pecado en si? No necesariamente. Ya veíamos que todos los grandes hombres de la Biblia tuvieron dudas, inclusive aquellos como Gedeón que están en el Salón de la Fama de la Fe de Hebreos 11.
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Hay una diferencia entre la duda y la incredulidad. La duda es cuestión mental: no podemos comprender lo que Dios está haciendo o por qué lo hace. La incredulidad es asunto de la voluntad: rehusamos creer la Palabra de Dios y obedecer lo que nos dice que hagamos.
Warren Wiersbe
Lo importante como te decía al inicio de este Tiempo con Dios, es ¿qué hacemos con las dudas? Algo bueno es que:
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B. La fe se fortalece al enfrentar las dudas

- Romanos 4:20-21 - "No dudó por incredulidad de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios."
Mira, las dudas pueden ser un catalizador para nuestra fe.
Las pruebas en la vida traen desarrollo, y Santiago, el medio hermano de Jesús, escribe en su epístola:
Santiago 1:2–4 "Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia ha de tener su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada."
Sin embargo, el problema viene cuándo nos preguntamos ¿por qué SEÑOR? ¿hasta cuándo SEÑOR? dudas muy válidas, y por eso Santiago continúa escribiendo:
Santiago 1:5–6 "Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero que pida con fe, sin dudar; porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra."
Cuando Santiago habla de sabiduría, no se está refiriendo al conocimiento en sí, sino a la capacidad de tomar decisiones sabias en circunstancias difíciles.
Cuando estamos en medio de pruebas, y nos asalta la duda, necesitamos sabiduría, lo maravilloso es que podemos orar a Dios y Él suplirá abundantemente nuestras necesidades.
Como hijos de Dios, no tenemos por qué andar a tientas en las tinieblas, con la esperanza de tal vez encontrar la respuesta. La sabiduría de Dios está a nuestra disposición para guiar nuestras decisiones.
El versículo 6 dice que debemos «Pedir con fe, no dudando nada» esto significa no solo creer en la existencia de Dios, sino en su tierno cuidado. Eso incluye depender de Dios y confiar en que Él oirá y responderá a nuestras oraciones.
Dios no garantiza que ha de responder a nuestra voluntad, pero podemos tener la confianza que Dios armonizará nuestros deseos con su propósito.
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Conclusión

Cierro regresando a la historia de Gedeón.
La fe de Gedeón lo impulsó, incluso en medio de sus dudas y de sus temores.
Gedeón no estaba firme, sino sumido en la duda. Reflejaba a muchos de nosotros: una mezcla de fe y temor, desesperado por señales antes de dar un paso adelante.
Dios le pidió que actuara con fe.
Primero Dios le ordenó a Gedeón destruir los ídolos de su familia, y si recuerdas la historia, por temor, Gedeón obedeció de noche (Jueces 6:25-27). Esta combinación de acción inmediata y vacilación oculta refleja la esencia de la confianza imperfecta: obediencia, incluso en secreto.
Después, Gedeón reunió al ejército de Israel. De los 32,000 hombres que habían acudido al llamado, Dios despidió a los llenos de temor; y quedaron 12,000.
Luego, el grupo se redujo nuevamente a 300 (Jueces 7:2, 8-12).
Frente a 135,000 enemigos, Gedeón los guió, no con espadas, sino con cántaros, antorchas y trompetas. Y Dios respondió: el enemigo se volvió contra sí mismo (Jueces 7:18-21).
Un grupo temeroso e inexperto fue usado por Dios para darles la victoria.
La fe imperfecta de Gedeón catalizó un rescate perfecto.
Si esperas una confianza sin miedo, recuerda: Dios honra la fe que avanza. No es la fe perfecta, sino la fe que actúa, la que abre las puertas de sus milagros.
¿Qué paso de obediencia te pide Dios que des, incluso si sientes miedo?
A veces, los caminos de Dios nos parecen inusuales o incluso insensatos, pero encierran su sabiduría y poder. Él se complace en usar estrategias que no tienen sentido para el pensamiento humano, para que su nombre sea glorificado. Nuestra tarea no es comprender cada detalle, sino confiar en Él lo suficiente como para obedecer.
Gedeón podría haber insistido en su propio plan, pero eligió seguir el de Dios. Esa obediencia convirtió a un pequeño y débil ejército en el instrumento de la liberación divina.
De igual manera, cuando abandonamos nuestros propios caminos y abrazamos los suyos, alcanzamos victorias que jamás podríamos lograr por nuestros propios medios aun medio de nuestras dudas.
- Salmo 56:3 - "En el día que temo, yo en ti confío."
ORACIÓN
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