He Decidido Seguir a Cristo

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Introducción
Introducción
Hemos escuchado el himno “He decidido seguir a Cristo.” ¿Conocemos la historia tras el?
“He decidido seguir a Cristo” es un himno cristiano de la India cuya letra se basa en las últimas palabras de un hombre que decidió seguir al Salvador a mitad del siglo 19. El jefe de la aldea le exigió que renunciara a su nueva fe, pero el convertido declaró su compromiso. Cuando fue amenazada su familia, él prosiguió con su declaración de fidelidad y respondió con esas palabras; “Aunque me dejen yo sigo a Cristo,” y finalmente fue ejecutado mientras cantaba “La cruz delante, el mundo atrás.”
Después su esposa fue asesinada también.
El himno expresa un compromiso absoluto e irreversible con Cristo. Escuchemos las palabras del apóstol Pablo que expresan esta realidad:
20 Con Cristo estoy juntamente crucificado; mas vivo, ya no yo, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Desarrollo
Desarrollo
Esta mañana quería hacerles la pregunta: ¿Ha decidido seguir a Cristo?
Seguir a Cristo requiere un compromiso que trasciende las circunstancias, las amenazas y el aislamiento social. Seguir a Jesús no es simplemente seguir la multitud o un plan cómodo de mejora personal. Seguir a Cristo es abandonar nuestra cosmovisión por la perspectiva del Calvario aun si nadie nos acompaña.
Entonces, ¿Cómo lo hacemos? De esto lo vamos a hablar esta mañana.
1 - Rechazamos nuestra carne
1 - Rechazamos nuestra carne
Los placeres carnales son placeres aparentes, pero los dolores que los acompañan son verdaderos y reales. Aquel que se deleite en los placeres carnales, encontrará que sus mayores placeres se convertirán en sus dolores más amargos.
Thomas Brooks
24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
Si queremos seguir a Cristo debemos negarnos a nuestro yo.
Son los deseos personales que tenemos que estorban nuestro progreso espiritual.
Son cosas como el adulterio (hechos sexuales fuera de nuestro matrimonio), fornicación (hechos sexuales sin el matrimonio), inmundicia (cualquier hecho sexual impuro), lascivia (hechos sensuales desenfrenados), idolatría (cualquier cosa que ponemos antes de Dios), hechicerías (dando lugar a cualquier espiritualidad oscura), enemistades (la hostilidad hacía otro), pleitos (conflictos amargos), celos (un deseo codicioso), iras (sentimiento de ira intensa), contiendas (ambición egoísta), disensiones (disensión divisiva), herejías (divisiones por creencias no bíblicas), envidia (rencor y resentimiento hacia el éxito o posesiones de otro), homicidios (el asesinato ilegal), borracheras (estado de embriaguez), y desenfrenos (ocasiones para comer o beber excesivamente con libertinaje moral) entre muchos otros (Gal 5:19-21).
Los deseos carnales, opino yo, son los enemigos más fuertes que nos tropiezan en nuestro andar espiritual.
Si vamos a seguir a Cristo tenemos que vencer las tentaciones carnales.
2 - Rechazamos el mundo
2 - Rechazamos el mundo
El año pasado, llevé a mi pastor de EEUU a San Pedro de Los Milagros. Me gusta llevar a los visitantes allá porque el camino es muy bonito y puedo mostrarles un poco de la vida pueblino. Mi pastor me llamó a hablar con dos jovenes; una muchacha y un muchacho. Empecé a compartirles el Evangelio y llegamos a la invitación. ¿Quieren confiar en Jesús personalmente como Salvador? Mientras sus amiguitos observaban de lejos y se rió y se burló de ellos, me dijeron que si y inclinaron la cabeza para orar y recibir a Cristo.
15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
Si queremos seguir a Cristo debemos negarnos al mundo.
El mundo es el conjunto de la cultura y las instituciones humanas, la comunidad humana viva en su conjunto.
Serían cosas como la concupiscencia de la carne (una visión egocéntrica de la vida), la concupiscencia de los ojos (influencias externas que despiertan los malos deseos), y la soberbia de la vida (presumir de las posesiones materiales y los logros personales, olvidando que todo proviene de Dios)(1 Juan 2:15-17).
La presión del mundo nos aplasta diariamente con la intención de hacernos andar como las personas mundanas (tanto creyentes como incrédulos).
Si vamos a seguir a Cristo tenemos que vencer la presión del mundo.
3 - Rechazamos a Satanás
3 - Rechazamos a Satanás
Él es la serpiente (implicando su sutileza). Él es el gran dragon (implicando su poder). Él es el ángel de luz (implicando su capacidad de engañar). Él es un león rugiente (hablando de su intimidación). Él es un ángel caído (hablando de su rebeldía). Satanás es la encarnación de maldad.
8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
Si queremos seguir a Cristo debemos negarnos al Diablo.
El es ese ser oscuro que representa todo lo contrario que Dios.
El es orgulloso, mentiroso, engañador, acusador, destructor y homicida. El quiere que cada uno se distraiga de lo corrector y siga la falsedad. No estará feliz hasta que cada persona comparta la misma condenación eterna con él o que los creyentes se caigan y vivan alejados de su voluntad en esta vida.
Su herramienta principal es la mentira. Si nos puede enredar en la falsedad, puede hacer que sus vidas terrenales sean un desastre y su eternidad una pesadilla.
Si vamos a seguir a Cristo tenemos que vencer las sutilezas de Satanás.
Conclusión
Conclusión
En 1896, Charles M. Sheldon, un pastor congregacionalista de EEUU, escribió una novela por entregas titulada «Siguiendo sus pasos: ¿Qué haría Jesús?» La historia narra la vida de un pastor que anima a su congregación a vivir durante un año preguntándose «¿Qué haría Jesús?» antes de tomar cada decisión, ya sea grande o pequeña.
Seguir a Jesús implica seguirle en su totalidad. Jesús rechazó la carne. Jesús rechazó al mundo. Y, Jesús rechazó al Diablo. Nosotros también lo podemos hacer.
4 Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.
