EL AMOR NO ES CIEGO; EL AMOR VE CON GRACIA (2)

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Que los novios miren con la gracia de Cristo, protejan el corazón del otro y vuelvan a mirarse.
Texto base
1 Pedro 4:8
8 Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.
Introducción
Dicen que el amor es ciego.
Pero el amor verdadero no es ciego; el amor verdadero ve más que todos, pero ve diferente.
El amor verdadero no es superficial. No solo ve la ropa, la fiesta, la casa, el sueldo, los proyectos o las metas. El amor verdadero, el que viene de Dios, ve más hondo. Ve el corazón.
Y aquí hay algo curioso: cuando una pareja recién se casa, muchas veces tiene muy poco. Poco dinero, pocos muebles, poca experiencia, poco camino recorrido. Y, sin embargo, siente que lo tiene todo.
¿Por qué?
Porque se miran.
Nunca tenemos tan poco y tanto a la vez como cuando comenzamos una vida juntos bajo el amor. Las manos están casi vacías, pero el corazón está lleno.
El peligro del matrimonio no es solo que falten cosas. El peligro es que, buscando cosas, dejemos de mirarnos.
I. El amor verdadero mira con gracia; mira como Dios mira
Cuando dejamos de mirar con gracia, los defectos se vuelven gigantes.
1 Samuel 16:7
“...porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”
El problema no es que el amor empezó a ver. El problema es que empezó a mirar sin gracia.
Cuando la mirada pierde gracia, el defecto pequeño parece enorme. La debilidad parece imperdonable. El error parece identidad. Y entonces ya no miramos el corazón; miramos la falla.
Pero Dios no nos mira así. Dios mira el corazón. Dios ve lo que somos, pero también ve lo que está formando en nosotros.
Novios, no conviertan sus ojos en una lupa para agrandar defectos. Que sus ojos sean una ventana por donde entre gracia al corazón del otro.
II. Cubrir no es encubrir; cubrir es abrigar
Cubrir no es decidir ser ciego, ni taparse los ojos. Eso sería encubrir. Cubrir, en este sentido, se refiere más bien a abrigar.
1 Pedro 4:8
“Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.”
Pedro dice que el amor cubre. Pero hay que decirlo bien: cubrir no es encubrir.
Encubrir es esconder lo que destruye. Es tapar el pecado, justificar el daño, negar la mentira, permitir lo que hiere. Eso no es amor; eso es complicidad.
Pero cubrir, bíblicamente, es otra cosa.
Cubrir es proteger la dignidad.
Cubrir es no exponer por orgullo.
Cubrir es no humillar para ganar una discusión.
Cubrir es no usar las heridas del otro como arma.
Cubrir es abrigar.
Porque en el matrimonio uno llega a conocer lugares del alma del otro que nadie más conoce. Y quien conoce el corazón del otro puede hacer dos cosas: usar esa información para herir, o usar ese conocimiento para cuidar.
Cristo hizo eso con nosotros. No negó nuestra culpa, pero nos cubrió con misericordia. No escondió nuestro pecado, pero cargó nuestra vergüenza.
Efesios 4:32
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”
III. No dejen de verse; las cosas no deben robar el centro
Las cosas adornan la casa y les distraerán por momentos, pero no dejen que su mirada sea desviada y pierdan el centro.
Con los años vendrán metas, cuentas, proyectos, comparaciones y cansancios. Vendrá la pregunta por lo que falta. Vendrá la tentación de mirar lo que otros tienen.
Y sin darse cuenta, una pareja puede dejar de mirarse.
Puede tener más muebles, pero menos ternura.
Más proyectos, pero menos conversación.
Más logros, pero menos abrazo.
Más cosas en la casa, pero menos cuidado en el alma.
Y aquí hay una verdad sencilla: todo lo esencial para comenzar un hogar feliz está aquí. Dios, la persona que aman y la unión que hoy consagran delante del Señor.
Lo demás son adornos.
Buenos, necesarios, útiles muchas veces, pero adornos. El problema es cuando los adornos cautivan tanto la mirada que nos quitan el centro.
Cuando estén cansados, vuelvan a mirarse.
Cuando estén frustrados, vuelvan a mirarse.
Cuando la vida no les dé lo que esperaban, vuelvan a mirarse como hoy.
Recuerden que un día pensaron: “Sea lo que sea que nos pase, todo estará bien si estás a mi lado”.
Conclusión
El amor no es ciego. El amor ve.
Pero cuando Cristo está en medio, el amor ve con gracia. Ve el corazón antes que el defecto. Ve la herida antes que la dureza. Ve la persona antes que el problema.
Y por eso cubre, protege, abriga y permanece.
La Palabra dice:
Colosenses 3:14
14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
Vístanse de amor. Cubran su casa con amor. Abriguen el corazón del otro con amor.
Porque si Cristo está en medio, podrán decir una y otra vez:
“Sea lo que sea que nos pase, todo estará bien si estás a mi lado, y si Dios sigue con nosotros.”
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