Día de las Madres 2026

Día de las Madres 2026  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Ver a Dios como figura materna, nos hace valorar y apreciar a las mujeres que son mamás, y a quienes hacen ese papel de mamá para alguien más.

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Como Madre que Consuela

Qué gusto verlos esta mañana tan especial en que celebramos a las mamás. Quiero empezar haciendo notar la gran diferencia de cómo reaccionamos los hombres ante el dolor y como lo hacen las mamás.
Cuando un hijo pequeño va corriendo, tropieza y cae ¿qué hace el papá? desde lejos, sin soltar el café, evalúa la situación: no hay sangre, no se ve hueso saliendo, concluye: que siga corriendo y grita: “párate, no pasó nada, eres fuerte, límpiate y sigue corriendo”. El papá es pura lógica.
¿Qué hace la mamá? Ella no calcula, la mamá ¡siente! avienta lo que trae en las manos, corre hasta el niño, lo levanta, le limpia el pantalón, examina el raspón como si fuera cirujano, le da un beso que mágicamente quita el dolor, lo abraza y el niño, sale corriendo.
Pero, cuando a los hombres nos da gripa, no es cualquier gripa es “gripa de hombre”, letal, y ahí no queremos nuestra lógica, queremos que nos cuiden, ese tipo de atención que sólo Almita sabe dar en nuestra casa.
Hay algo profundamente incrustado en nosotros, cuando estamos heridos, o vulnerables, tristes, enfermos o asustados, anhelamos el consuelo de una madre.
Ahora va una pregunta, seamos honestos, cuando piensas en Dios ¿qué imagen te viene a la mente?
Algunos piensan en un juez con su toga y martillo en mano, con una lista de todo lo que han hecho mal, otros piensan en un rey distante, poderoso; otros lo ven como un maestro, otros como un guerrero saiyajin, o como un arquitecto que diseñó el Universo. Otros no saben qué imagen crear, sólo saben que Dios está en algún lugar.
Hoy veremos una imagen de Dios como quizá nunca lo habías visto. Es la imagen que el propio Dios eligió para describirse a sí mismo. Sabemos que Dios es Espíritu, no tiene género, pero elige imágenes para que lo podamos entender. Leamos:
“Los consolaré allí, en Jerusalén, como una madre consuela a su hijo».” (Isaías 66:13, NTV)
¿Escucharon bien? No dijo: como un rey consuela a sus súbditos o como un general a sus soldados, como un maestro a sus estudiantes, dijo: ¡cómo una madre! Y eso lo cambia todo.
¿Por qué dijo esto? veamos el contexto, ¿a quién se lo dijo? ¿en qué momento de la historia? El cap. 66 es el último de Isaías, en donde contrasta el sufrimiento pasado de Israel con las bendiciones prometidas de restaurarlos. Para entender el contraste, hay que ver el sufrimiento:
El año 586 a. C. Babilonia conquistó Israel, destruyó el templo, quemó las puertas y los muros de Jerusalén para simbolizar una derrota completa. El templo, el lugar donde el pueblo creía que habitaba Dios, está hecho cenizas, la ciudad santa ¡destruida! El pueblo ha sido llevado cautivo a cientos de km. a una tierra extraña. No fueron días o semanas, sino ¡décadas! El pueblo está desilusionado, ha perdido esperanzas.
La comunidad que regresa a Jerusalén es pequeña, pobre, con grandes desafíos para reconstruir desde las ruinas y restaurar su forma de vida.
Imagínalo: tu ciudad destruida, la iglesia demolida, tus hijos lejos, por 70 años, casi 2 generaciones viven como extranjeros. Los que salieron jóvenes ahora son ancianos, los que nacieron en el exilio ¡nunca conocieron su tierra ¿cuál sería la pregunta que no se pueden quitar de la cabeza? ¿Dónde está Dios? ¿nos ha olvidado?
Es en ese momento, cuando el pueblo está en lo más bajo, cuando la duda es más profunda, el dolor más real, que Dios abre la boca y dice: ¿que si me olvidé de ti? “Como una madre que consuela a su hijo…así te consolaré”, no como Rey, o juez, sino como una mamá.
Mamá, lo que haces tiene nombre divino.
Hay algo que Dios hace en este verso digno de observarse. Dios está buscando una imagen poderosa de amor y consuelo que el ser humano pueda entender, ve las opciones y elige una: la de una madre consolando a su hijo.
Eso significa algo muy específico para cada mamá de Casa, significa que cuando consuelan, están haciendo precisamente algo que pertenece al carácter de Dios ¡no exagero! no es un halago bonito para este día ¡es teología!
La imagen es como la de la mamá en el hospital con su hijo grave, no solo ora, sino que, sin hablar junto a la cama de su hijo le sostiene la mano y le dice: “Aquí está mamá, no me voy a ir”.
Esa es la mejor expresión de este verso, eso es lo que Dios dice a Su pueblo en el exilio: Aquí estoy, no me fui, no me voy a ningún lado.
Escucha mamá, lo que haces cuando quedas despierta hasta tarde esperando que el hijo llegue a casa, cuando abrazan a su hija que llora sin saber por qué, lo que hacen cuando dicen: “Todo va a estar bien”, aunque ustedes no estén tan seguras, todo esto tiene peso eterno. No es ser solo mamá, es ser una imagen viva del Dios del Universo.
Veamos lo siguiente:
“Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó.” (Génesis 1:27, NTV)
El hombre y la mujer reflejan la imagen de Dios (Imago Dei), tanto lo masculino como lo femenino revelan algo de Dios. La ternura, la presencial, consuelo instintivo, ese lado del carácter divino tiene rostro de madre. No solo lo digo por decir: Recuerda que es Dios quien se compara con ustedes.
2, La Palabra que lo cambia todo.
Quisiera darles algo para que recuerden el resto de su vida. En el original de Isaías escrito en hebreo, hay una palabra para “consolar”, esa palabra hace que todo esto explote de significado, la palabra es “ר-ח-ם (Resh - Het - Mem)”. Depende de qué vocales le añadas cambia la palabra: RECHEM (vientre) literalmente “matriz” o “vientre materno”, espacio de absoluta protección, nutrición y conexión íntima.
O RACHAMIM, Misericordia, compasión o amor entrañable. Se pronuncia: Rah ha mim.
En la mentalidad hebrea las emociones no eran abstractos, estaban ligados a la anatomía y a la experiencia física. Para ellos, la compasión más pura, visceral, inquebrantable que existe en la experiencia humana es el vínculo que siente una madre por el hijo que llevó en el vientre (rechem).
O sea que para explicar la profundidad de la misericordia de Dios (rachamin) no se inventa una palabra nueva, usa la raíz de “vientre” para decir: “El amor compasivo de Dios hacia nosotros, es como el amor visceral y protector de una madre por el bebé que lleva en su matriz.
Es la misericordia de Dios no como una lástima distante, sino un amor profundamente entrañable y protector, hablar de la misericordia de Dios y del amor de una madre por su hijo en el vientre, era exactamente lo mismo, no eran 2 conceptos distintos, era uno solo.
Rachamim es el amor sin fronteras, un amor que nace de saber que el hijo es a la vez parte de ella… y no. Piénsalo así: una madre ama a su hijo antes de conocerlo, antes de ver su rostro, de saber si va a ser músico, atleta, fácil o difícil, lo ama sin condiciones, sin contrato, sin que el hijo haga nada para merecerlo ¡eso es Rachamim!
El instinto que tienen de abrazar, de consolar, de escuchar a sus hijos cuando lloran, de hacerles su comida favorita cuando tienen un mal día... no es un accidente de la biología. Es un atributo divino depositado en ustedes.
Escucha esto, te volará la cabeza, veamos dónde aparece por primera vez la palabra:
“El SEÑOR pasó por delante de Moisés proclamando: «¡Yahveh! ¡El SEÑOR! ¡El Dios de compasión y misericordia! Soy lento para enojarme y estoy lleno de amor inagotable y fidelidad…».” (Éxodo 34:6–7, NTV)
Ese amor/compasión/misericordia es uno de los atributos para describir a Dios, ÉL mismo se describe con una palabra que significa “amor de madre”, no es metáfora poética es identidad divina. Teniendo este contexto, el verso dice: “Y yo te daré misericordia”; es diferente mostrar misericordia, que indica emoción y ¡dar misericordia! que indica acción.
¿Lo puedes ver? La misericordia de Dios no es solo sentimiento ¡es una decisión! Una y otra vez, como la madre que se levanta a las 3 am, no porque tenga ganas, sino porque sabe que su bebé la necesita, y ella va ¡siempre va!
Hubo un estudio sobre bebés prematuros, querían saber qué pasaba con ellos cuando nadie los tocaba, tenías los cuidados médicos, ambiente perfecto, temperatura, nutrición, monitores, pero nadie los tocaba. Los resultados fueron que los bebés que no eran cargados, acariciados, desarrollaron problemas neurológicos, un sistema inmune débil, a pesar de tener todo lo demás, a esto lo llamaron “failure to thrive”, fallo para prosperar.
¿Cómo resolvieron esto en muchos hospitales? Con madres voluntarias, mujeres que iban solo a cargar a los bebés, hablar con ellos, decirles ¡no están solos! Y los bebés respondieron positivamente. Eso es Rachamim hecho carne, y eso es lo que Dios dice que hace por nosotros.
3, Dios conoce lo que cuesta ser mamá.
Si Dios se compara con una madre, entonces entiende algo que pocas personas entienden de verdad. Sabe lo que cuesta, sabe que amar así…duele.
El servir de forma sacrificial no se siente bien, esa es la cruda realidad, si se sintiera bien ¡no sería sacrificial! Por eso la maternidad puede sentirse tan difícil a veces, están vaciándose constantemente por el bien de sus hijos, aun después de vaciarse se preguntan si están haciendo lo suficiente.
Hablo a las mamás que están agotadas; si has sentido que no das más, que has dado todo y ¡aun te piden más! que la lista nunca termina y parece que nadie nota cuánto se esfuerzan ¡Dios te nota!
ÉL mismo se describe como una madre que consuela, sabe lo que es dar hasta el límite, lo que es amar sin que nadie diga ¡gracias! lo que es hacerse presente aun cuando nadie está mirando. ¡No estás sola!
Las mamás que cargan una pérdida; quienes perdieron un hijo en el vientre o nacido, para las que llevan años soñando con ser mamás y siguen esperando; para las que su hijo se alejó por su decisión y ese silencio duele más que cualquier otra cosa, este versículo fue escrito para ustedes.
Dios no les habla desde la comodidad de quien nunca ha perdido, habla como alguien que conoce el exilio, la ausencia, Dios sabe lo que es querer a alguien que se fue.
El Espíritu santo con toda intención eligió el corazón de una madre en esta analogía. Una madre no puede ignorar a su bebé que llora, incluso ¡aunque quiera! su cuerpo responde, es incapaz de olvidar a su hijo.
“«…¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho? ¿Puede no sentir amor por el niño al que dio a luz? Pero aun si eso fuera posible, yo no los olvidaría a ustedes.” (Isaías 49:15, NTV)
Así es como Dios les recuerda mamás, no como obligación ¡como instinto!
A las mamás que sienten que fallaron. No hay mamá perfecta ¡ninguna! Hubo palabras que no debieron decirse, momentos que el cansancio ganó, decisiones que ahora quisieran cambiar, años que pasaron demasiado rápido, cosas que no pudieron hacer.
Escuchen esto: El consuelo de Dios no espera perfección para aparecer, llega cuando más se necesita, exactamente como lo hace una buena mamá. Eso es Rachamim.
Un soldado en la 2a guerra mundial estuvo en el frente por más de 2 años, sin noticias de su familia. Cuando regresó a casa, encontró un cajón con 47 cartas que su madre le había escrito y las habían regresado. Casi 2 cartas cada mes. Le preguntaron a la mamá ¿por qué seguía escribiendo si se las regresaban? Dijo: “porque soy su madre, no puedo no escribirle”. Eso es Rachamim.
Dios le dice a cada una que siente que está en el frente, lejos, sin noticias, en el exilio de su vida ¡He seguido escribiéndote, siempre!
4. ¿A quién vas a consolar?
Aquí daremos un giro, sería fácil terminar aquí, con un bonito mensaje para las mamás, aplausos, flores, un versículo y una imagen preciosa en pantalla; pero no haría justicia al texto, porque no solo describe lo que Dios hace por nosotros, nos invita a hacer lo mismo por otros.
“Los consolaré allí, en Jerusalén…».” (Isaías 66:13, NTV)
¿Por qué Jerusalén? Para los oyentes de Isaías, Jerusalén no era solo un lugar geográfico, era el centro de la comunidad, el lugar donde la familia de la fe se reunía, era Casa.
Hoy Jerusalén para nosotros, es la iglesia, la comunidad de creyentes, es Casa de Fe. La promesa es que Dios te va a consolar, pero es a través de los brazos de otra persona, cuando la vida te golpea, cuando el diagnóstico es malo, cuando hay crisis financiera, familiar, es en nuestra “Jerusalén” donde recibimos consuelo.
Pero también es para hacer algo, Pablo lo dice así:
“Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros.” (2 Corintios 1:4, NTV)
La frase que mete ruido, que molesta en el buen sentido es:
“…para que nosotros podamos…” (2 Corintios 1:4, NTV)
El consuelo que reciben ¡no es para guardarlo! sino para multiplicarlo. Mamás son expertas en eso, saben cómo hacerlo, ya tienen el instinto y la práctica. ¿Hay alguien en tu vida -una hija batallando, una amiga que perdió a su hijo, una mamá primeriza que se está ahogando y no sabe pedir ayuda! ¿Quién necesita tu presencia esta semana? No el próximo mes ¡ya!
Hay mujeres que no tienen hijos biológicos, y sienten que el día de las madres no es para ellas ¡se equivocan! El amor maternal es un pequeño reflejo del amor de Dios, ese amor que perdona, que espera lo mejor de otros, ese amor dispuesto a sacrificarse por otros-, eso no requiere haber dado a luz.
Pablo llama a Timoteo “hijo mío” y en romanos dice:
“Saluden a Rufo, a quien el Señor eligió para hacerlo suyo; y también a su querida madre, quien ha sido como una madre para mí.” (Romanos 16:13, NTV)
La maternidad espiritual es real y poderosa. Hay mujeres aquí que han sido madres para personas quienes sus propias madres abandonaron, han consolado, cargado, a otros -sin título de reconocimiento- sin día de las madres “postizas” oficial ¡Dios las ve! y eso que hacen también es reflejo de Dios.
Si quieres cierra los ojos, no escuches el verso como un texto sino como si Dios lo estuviera diciendo directamente con tu nombre. Voy a leer una parte del texto:
“Los consolaré allí, en Jerusalén, como una madre consuela a su hijo».” (Isaías 66:13, NTV)
Todo lo que una buena madre es: presencia, ternura, amor que no pregunta si lo mereces, el abrazo que llega antes que puedas decir porqué lloras, eso es lo que Dios dice que es para ti, no algún día ¡Hoy!
No si te portas bien ¡ya! no si lo tienes todo resuelto ¡justo ahora!
A las mamás de Casa quiero que se queden con 3 cosas.
i, Lo que hacen importa más de lo que imaginan, porque reflejan a Dios mismo.
ii, Dios las entiende, porque ÉL mismo usa su lenguaje para describirse. Su agotamiento, su amor, sacrificio, no le son ajenos.
iii, Tienen que dar el consuelo que han recibido de Dios -en los momentos más oscuros, en las noches largas-, no es solo para ustedes, es combustible para consolar a otros.
Vimos una imagen de Dios que quizá no esperabas encontrar en la Biblia, pero necesitabas saber que Dios no es lejano, sino que se acerca, te sostiene y dice ¡aquí estoy! como lo hace una buena madre.
Le pedimos a Dios que honre a las madres de Casa aquí o que nos ven en redes sociales. Que Dios de descanso a quienes sienten que no pueden más, a las que se sienten rotas, les de consuelo, a quienes dudan de sí mismas les recuerde que fueron hechas a SU Imagen.
A cada uno de nosotros, sin importar nuestra historia, que Dios nos dé valor de consolar a alguien esta semana, que seamos Rachamim con pies para alguien más, como Madres que consuelan.
Palabra de Dios
Oremos
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