Contextualizando el diezmo

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Invitar al oyente a llevar la práctica del diezmo a su adoración cotidiana

Notes
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Introducción

Vimos Malaquías como el libro del diezmo
El diezmo puede ser una ofrenda corrupta o una desde la fe
Hoy veremos guías para disfrutar esta adoración

Breve historia del diezmo

Antes de la ley

Gen 14:18-20 y Gén 28:20-22
El diezmo precede a la ley y al pueblo de Israel
Acto de adoración espontáneo que luego es regularizado
Ahora, libres de la ley, recupera su adoración espontánea y de fe
Ni Abraham ni Jacob necesitaron una ley para alabar a Dios

Después de la ley

Mat 23:23, Heb 7:1-10
Jesús pide que se mantenga el diezmo | ¿a los judíos o a la iglesia?
El diezmo es parte elemental de nuestro sacerdocio universal 2 Cor 3:6
El diezmo es una muestra de honra y adoración hacia uno mayor
No desde las obras, sino desde la fe

Desde la fe y gracia

Mal 3:10
La adoración no depende de cuánto dinero tienes
Una declaración: Amén, Señor, así sea
La adoración es cuánto de ti está comprometido

Iglesia antes de la Reforma

Siglos I y II: Ofrenda voluntaria >10%

En los escritos de los Padres Apostólicos y Apologistas, el énfasis no estaba en el "diezmo" como porcentaje legalista, sino en la entrega total motivada por el amor y piedad.
La Didajé (Cap. 13): No menciona el diezmo del 10%, pero instruye dar las primicias (los primeros frutos) de la cosecha, el vino y el ganado para el sostenimiento de los "profetas" y los pobres.
Justino Mártir (Apología I): Describe que los que tienen medios dan "lo que cada uno quiere", enfatizando la voluntariedad para ayudar a huérfanos, viudas y presos.
Ireneo de Lyon (Contra las Herejías): Sostenía que, mientras los judíos tenían el diezmo, los cristianos —que han recibido la libertad de Cristo— deben dedicar todo lo que poseen al Señor. Para Ireneo, el diezmo era una restricción que la libertad cristiana debía superar mediante una mayor generosidad.

Siglo III: Adaptación por las necesidades del ministerio

Con el crecimiento de la Iglesia y la necesidad de sostener un sacerdocio dedicado, algunos padres empezaron a mirar hacia el modelo del Antiguo Testamento.
Cipriano de Cartago: En su tratado “Sobre la unidad de la Iglesia”, cap. 26, lamenta que los cristianos ya no vendían sus posesiones como en la era apostólica. Fue de los primeros en sugerir que el clero debía ser sostenido por los fieles como los levitas, para que no se distrajeran de sus funciones espirituales.
Orígenes (Homilía XI, sección 2): Abogó por la observancia de las primicias y el diezmo, argumentando que, si los judíos daban el diezmo, los cristianos (que tienen una justicia mayor) no deberían dar menos.

Siglos IV y V: Institucionalización

Tras la paz traída por Constantino, la Iglesia se institucionalizó y los grandes doctores de la Iglesia comenzaron a exigir el diezmo como una obligación moral mínima.
Ambrosio de Milán: Fue uno de los defensores más estrictos. Enseñaba que el diezmo era una deuda con Dios y que retenerlo era equivalente a un robo.
Agustín de Hipona: Exhortaba a los fieles a separar el diezmo de sus ganancias antes de cualquier otro gasto. Decía: "Corta algo de tus ganancias... si das el diezmo, no solo recibirás abundancia de frutos, sino también salud de alma y cuerpo".
Jerónimo: Veía en el diezmo el mecanismo legítimo para el mantenimiento del clero y de los pobres, comparando directamente la estructura eclesial con el sacerdocio levítico.

Reformadores

Juan Calvino (Institución de la Religión Cristiana, Libro IV, Capítulo 20, Sección 23; Comentario sobre la Armonía del Pentateuco (Levítico 27:30 y Números 18:21) ):
En , trata el diezmo dentro del marco de las leyes políticas y civiles. En su Calvino analiza allí la "equidad" del diezmo para el sostenimiento del ministerio.
No es una ley ceremonial pura: A diferencia de los sacrificios, Calvino no creía que el diezmo hubiera sido "abrogado" por completo, pero tampoco lo consideraba una "ley moral" vinculante en su forma rígida del 10%. Para él, el énfasis no debía estar en el número "diez", sino en que la ofrenda fuera proporcional a la bendición recibida y entregada de corazón, sin la coacción legalista del papado.
Martín Lutero (sermón 1525):
Explica que la ley de Moisés (incluido el diezmo) es la "ley sajona" de los judíos. Afirma que no obliga a los gentiles por mandato divino, pero que debe pagarse si las leyes civiles del país así lo estipulan para el orden público.
Ulrico Zuinglio:
Crítica inicial: Al principio, Zuinglio fue muy crítico con el diezmo obligatorio, viéndolo como una carga injusta sobre los campesinos impuesta por una jerarquía eclesiástica corrupta.
Institución Práctica: Luego de la Reforma en Zúrich, defendió el diezmo como una herramienta necesaria para que el Estado mantuviera el culto público, la educación y la asistencia social. Para él, el diezmo era una "tasa" legítima para el ordenamiento de la comunidad cristiana.

Nuestro contexto

APOYO SACERDOTAL NO INSTITUCIONALIZADO

Tanto en el tiempo bíblico como en el tiempo de la Reforma Protestante, era común que el Estado pagara un sueldo a los ministros de culto. Lutero y Calvino tuvieron un sostén económico por parte del gobierno de ese entonces. Ya sea desde la teocracia y monarquía, o desde la monarquía, En los tiempos bíblicos, los sacerdotes recolectaban las ofrendas e impuestos al templo. En el tiempo de los reformadores, era el Estado (no laico) quien proveía.

CONTEXTO SOCIOECONÓMICO LATINOAMERICANO

No podemos negar que los países de Latinoamérica no tienen el mismo poder adquisitivo que los países de primer mundo. Curiosamente, la Reforma Protestante y los países protestantes históricos son de primer mundo, donde la calidad de vida difiere muchísimo con la nuestra y la teología que nace de ellos es, a veces, ajena al contexto latino. No es lo mismo ganar en dólares o euros que ganar en pesos. No es lo mismo un país "protestante" o con mayoría protestante que un país con minoría protestante. No es lo mismo un gobierno que da protección a los ministros a gobiernos donde son un cero a la izquierda. En Latinoamérica tenemos una lucha diferente y claramente impacta en las iglesias locales. Por otro lado, no podemos ignorar las siguientes realidades:

LA MAYORÍA DE LAS IGLESIAS NO SON GRANDES IGLESIAS

Dios puede dar crecimiento numérico a una iglesia pequeña, pero no necesariamente. La realidad es que Dios permite que haya iglesias pequeñas como parte del crecimiento de su Iglesia Universal.
Las iglesias pequeñas son preciosas e invaluables porque Cristo las amó y dio su vida por ellas. Son dignas, son su Iglesia y el Señor nos podrá demandar cuentas por su amor y celo hacia ellas.
Es triste conocer iglesias pequeñas que no tienen pastor porque el número de miembros no alcanza para reunir un salario justo ¿No son dignas de ser pastoreadas únicamente por el dinero? Hermanos, estamos negando una necesidad espiritual y ministerio de Cristo únicamente por causa del dinero. Por supuesto que una iglesia que no tiene suficiente dinero merece, por los méritos de Cristo, tener un pastor, pero ¿quién irá? Si todos los pastores van tras las iglesias grandes ¿Quién tendrá compasión de las iglesias pequeñas?

Conclusión

Un pastor bivocacional se vuelve necesario.
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