Fe que cuenta

Justos en Cristo  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Esta es el argumento que quiero compartir con ustedes esta tarde:
La salvación no se adquiere por tus obras, ni puede ser comprada con tu dinero, no se hereda por sangre, ni se gana con esfuerzo, la salvación solo se recibe por fe y fe solamente en Cristo.
No se nace siendo cristiano, no hay ninguna carta que yo como pastor pueda firmar que te de la salvación, no hay nada que puedas hacer fisicamente para ser salvado, ni con todo el dinero que puedas dar puedes comprar la salvación.
Solo nuestra fe en Cristo es lo unico que nos puede dar salvación.

La fe y no obras

Romanos 4:1–3 NVI
Entonces, ¿qué diremos en el caso de nuestro antepasado Abraham? En realidad, si Abraham hubiera sido justificado por las obras, habría tenido de qué jactarse, pero no delante de Dios. Pues ¿qué dice la Escritura? «Le creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia.»
En los versículos 1–3 Pablo examinó la experiencia de Abraham, la cual se encuentra en Génesis 15.
Abraham había derrotado a los reyes (Génesis 14) y se preguntaba si regresarían a pelear contra él. Dios le apareció y le aseguró que él era su escudo y que su “galardón sería sobremanera grande”. Pero lo que Abraham más anhelaba era un hijo para ser su heredero. Dios le había prometido un hijo, pero aún no se cumplía la promesa.
Fue entonces cuando Dios le dijo que mirara las estrellas. “Así será tu descendencia” Dios le prometió; y Abraham creyó la promesa de Dios. La palabra hebrea “creyó” significa “decir amén”. Fue esta la fe que le fue contada por justicia.
Génesis 15:6 RVR60
Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.
La palabra “contado” en Romanos 4:3 es una palabra griega que se usa 11 veces en este capítulo y se traduce “contada” (vs. 3, 5, 9–11, 22–24); “cuenta” (v. 4); “atribuye” (v. 6); e “inculpa” (v. 8).
Cuando alguien trabaja gana un salario y ese dinero es puesto en su cuenta. Pero Abraham no obró para ganar su salvación; sencillamente confió en la palabra de Dios. Fue Jesucristo quien hizo la obra en la cruz, y su justicia fue puesta a la cuenta de Abraham.

La fe como un regalo

Romanos 4:4–5 NVI
Ahora bien, cuando alguien trabaja, no se le toma en cuenta el salario como un favor sino como una deuda. Sin embargo, al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como justicia.
Los dos métodos de justicia —por obras y por fe— descansan en dos principios contradictorios: Méritos y gracia.
(1) La justificación por las obras descansa en el principio de que el hombre puede ganar su salvación haciendo lo bueno. Los hombres buenos son salvos por sus buenas obras. La salvación entonces no es un don o regalo, sino una deuda pagada.
(2) La justificación por la fe descansa sobre el principio de que Dios imputa justicia libremente, como un don o regalo, al impío que cree en Él. La salvación no es ganada por el pecador, sino que se le da gratuitamente cuando cree.
El versículo 5 hace una declaración sorprendente: ¡Dios justifica al impío! La ley decía: “No justificaré al impío” (Éxodo 23:7).
Éxodo 23:7 RVR60
porque yo no justificaré al impío.
A los jueces del Antiguo Testamento se les ordenó: “absolverán al justo, y condenarán al culpable” (Deuteronomio 25:1).
Deuteronomio 25:1 RVR60
éstos absolverán al justo, y condenarán al culpable.
Cuando Salomón dedicó el templo le pidió a Dios que condenara al impío y que justificara al justo (1 Reyes 8:31–32).
1º Reyes 8:32 RVR60
tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme a su justicia.
Pero Dios justifica al impío porque no hay piadoso para que él lo justifique. El cargó nuestros pecados a la cuenta de Cristo a fin de poner la justicia de Cristo en nuestra cuenta.

Testimonio de la fe

Romanos 4:6–9 NVI
David dice lo mismo cuando habla de la dicha de aquel a quien Dios le atribuye justicia sin la mediación de las obras: «¡Dichosos aquellos a quienes se les perdonan las transgresiones y se les cubren los pecados! ¡Dichoso aquel cuyo pecado el Señor no tomará en cuenta!» ¿Acaso se ha reservado esta dicha sólo para los que están circuncidados? ¿Acaso no es también para los gentiles? Hemos dicho que a Abraham se le tomó en cuenta la fe como justicia.
En los versículos 6–8 Pablo usó a David como testigo, citando uno de los Salmos de confesión de David, después de su terrible pecado con Betsabé (Salmo 32:1–2). David hizo dos maravillosas afirmaciones: (1) que Dios perdona los pecados y atribuye justicia sin obras, (2) que Dios no inculpa de pecado. En otras palabras, una vez justificados, nuestro registro contiene la justicia perfecta de Cristo y nunca más puede contener nuestros pecados.
Los creyentes pecan, y estos pecados necesitan ser perdonados si hemos de tener comunión con Dios (1 Juan 1:5–7); pero estos pecados no son retenidos contra nosotros.
1 Juan 1:5–7 RVR60
Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
Dios tiene un registro de nuestras obras a fin de recompensarnos cuando Cristo venga; pero no está guardando un registro de nuestros pecados.

La fe sin ritos

Romanos 4:10–12 NVI
¿Bajo qué circunstancias sucedió esto? ¿Fue antes o después de ser circuncidado? ¡Antes, y no después! Es más, cuando todavía no estaba circuncidado, recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia que se le había tomado en cuenta por la fe. Por tanto, Abraham es padre de todos los que creen, aunque no hayan sido circuncidados, y a éstos se les toma en cuenta su fe como justicia. Y también es padre de aquellos que, además de haber sido circuncidados, siguen las huellas de nuestro padre Abraham, quien creyó cuando todavía era incircunciso.
Abraham es el padre de todo aquel que cree, tanto judío (circunciso) como gentil (incircunciso).
Como ya hemos visto, los judíos se jactaban de la circuncisión y de la ley. Si un judío quería llegar a ser justo ante Dios, tenía que circuncidarse y obedecer la ley. Pablo ya había aclarado en Romanos 2:12–29 que debe haber una obediencia interna a la ley, y una “circuncisión del corazón”. Las meras observancias externas nunca pueden salvar al pecador.
Pero Abraham fue declarado justo cuando era incircunciso. Desde el punto de vista judío, Abraham era un gentil. Abraham tenía 99 años de edad cuando fue circuncidado (Génesis 17:23–27). Ya habían pasado más de 14 años desde los eventos de Génesis 15. La conclusión es obvia: La circuncisión no tiene nada que ver con la justificación.
Entonces, ¿por qué fue dada la circuncisión? Era una señal y un sello (Romanos 4:11). Como señal, era evidencia de que Abraham pertenecía a Dios y de que creía su promesa. Como sello, le recordaba que Dios le había hecho una promesa y que la cumpliría.
Los creyentes en la actualidad son sellados con el Espíritu Santo de Dios (Efesios 1:13–14).
Efesios 1:13–14 RVR60
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
También han experimentado una circuncisión espiritual en el corazón (Colosenses 2:10–12); no solo una pequeña operación física, sino el despojamiento de la vieja naturaleza por medio de la muerte y resurrección de Cristo. La circuncisión no le añadió nada a la salvación de Abraham; solamente testificó de ella.
Colosenses 2:10–12 RVR60
y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.
Ilustración:
Mi anillo de compromiso puede ser señal de que yo le pertenezco a Nelly, mi esposa.
Pero hay gente que tiene anillo en su mano, pero no estan casados, y hay gente no tiene un anillo en sus manos y estan casados.
La garantia de que le pertenezco a Nelly, no es esto.
Esto es una señal, esto es una evidencia. Esto no es garantía total. de que mis ojos, mi corazón, mi alma y todo lo que soy le pertenece a Nelly. Este anillo señala que le pertenezco a ella.
Pero hay gente que tienen esto o no lo tienen y aparentan. Eso es exactamente lo que Pablo está tratando de corregir.
Hay gente que podían estar circuncidados, pero no habían creído. Y hay otros como los gentiles, que no estaban circuncidados y habían creído.
Por lo tanto, dice Pablo, Abraham es el padre de los dos, del circuncidado que creyó, pero también del que no fue circuncidado como los gentiles y creyeron.
5 cosas que este texto nos enseña y nos prepara para la proxima semana continuar:
Agradecer que tu salvación no depende de tus obras. Gracias a Dios que es el quien nos justifica.
No tienes que tener tu vida resuelta, no haber hecho alguna cantidad de buenas obras o haber pagado una cantidad de dinero para acercarte a Dios. Hoy si estas apartado de Él, puede acercarte tal como eres, y salir de aquí siendo justificado por Dios.
2. Dejemos de actuar como si Dios fuera nuestro deudor.
A veces actuamos como si Dios nos debiese algo. Le decimos a Dios “mira mi servicio, mira mi entrega, mira mis diezmos, mira lo que yo hago por ti.”
Pablo dice: “El que trabaja recibe un salario por lo que hace. El que le sirve a Dios ha recibido gracia, no lo merecía.”
Así que no facturemos al Señor. Vivamos agradecidos por lo que él ha hecho por nosotros en Cristo.
3. Valoremos las señales, los anillos, las ordenanzas, las cosas que se hacen en la iglesia. El bautismo es hermoso. La cena del Señor es vital.
Pero esos son el empaque, ese no es el regalo. No me confunda las cosas. Cristo es el regalo mismo. La salvación que nos dio es lo que atesoramos. Cristo es nuestro mayor tesoro, nuestro regalo y él es lo más importante.
Las señales nos apuntan, nos afirman, pero no nos salvan. Cuidado de poner cosas como ídolos en el lugar de Dios.
4. Sigamos el ejemplo de la fe de Abraham.
Él le creyó siendo anciano. Él le creyó con una mujer estéril. Él le creyó después que le dio el hijo y ahora dijo, "Te doy el hijo, te lo quito." Le dijo Yo no lo entiendo, pero yo te voy a ser obediente. Así nosotros también debemos confiar en las promesas de Dios.
Confía en Dios aún cuando nuestras circunstancias nos gritan lo contrario.
Habemos gente hoy que nuestras circunstancias nos están diciendo, corramos de Dios. Y Dios nos convocó en esta mañana para decirnos, corre a mí y yo te responderé.
Confia, Él fue bueno, Él es bueno y Él siempre sera bueno. Nos sostiene y nos guarda.
5. Nuestra fidelidad a Dios es una respuesta, no un requisito.
La fidelidad de Abraham vino después de ser justificado, no antes. Esa no fue la causa, fue la consecuencia.
Nosotros obedecemos porque ya somos salvos, no para ser salvos, sino dependería de tus obras y de las mías y sacaríamos la fe, la gracia y a Cristo del lugar que le pertenece.
La fidelidad que Dios nos ha dado nos las da como un regalo después habernos justificado y salvado y por su espíritu podemos ser fiel a él.
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