El Innegable Dios Supremo, 1 Samuel 5:1-7:1
Triunfos y Tribulaciones: 1 y 2 Samuel • Sermon • Submitted • Presented
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Transcript
Introducción:
Introducción:
Apertura-
ECC-
Intro al pasaje-
Esta serie de eventos toma lugar después de que Israel trata al Arca de Dios como un amuleto de la buena suerte para darles la victoria.
Los Israelitas han vivido deshonrosamente, hasta sus líderes espirituales son culpables de pecado atroz.
Dios declara con gran vehemencia que no será usado como un amuleto, sino que Su bendición y victoria van de la mano de la obediencia a Sus mandatos.
Típicamente, en un relato el personaje principal es aquel quien es mencionado la mayoría de veces. En nuestro pasaje hoy, el personaje principal no es ningún humano como suele ser en loa relatos de Antiguo Testamento, sino Dios mismo, mencionado unas 36 veces en los dos capítulos que veremos hoy.
El segundo personaje principal, ni siquiera es una persona, sino el arca del pacto de Dios, mencionado unas 25 veces.
Esto nos habla de que el poder de Dios y Su obra no es dependiente de ninguna fuerza humana.
El es el Dios Incomparable y Supremo.
Los miércoles en el estudio con los hombres aprendimos acerca de la santidad de Dios.
Hay un aspecto de la santidad de Dios que apunta a Su pureza divina, Su separación del pecado.
Sin embargo, hay otro aspecto de la santidad de Dios que forma una base de todos sus demás atributos, que es Su Majestad divina, el hecho que Él trasciende, o es aparte de todo lo demás.
Esta es el aspecto de la Santidad de Dios que se resalta en nuestro pasaje hoy, Su naturaleza incomparable como el Supremo Dios.
Oración objetiva: Cada uno de nosotros debemos exaltar y servir al Señor con todo nuestro ser debido a Su supremacía en tres diferentes áreas que vemos en el pasaje.
Dios es Supremo en Su Poder.
Dios es Supremo en Su Poder.
1 Sam. 5:1-5.
Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod. 2Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón. 3Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su lugar. 4Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente. 5Por esta causa los sacerdotes de Dagón y todos los que entran en el templo de Dagón no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta hoy.
El poder de Dios existe aún en la derrota de Israel.
Luego de la derrota de Israel en Eben-ezer, el arca del pacto fue secuestrado y llevado por los filisteos al templo de su dios pagano Dagón, en la ciudad de Asdod.
Dagón fue conocido como el padre de Baal, amante de Asera, ambos dioses falsos que luego el pueblo de Israel idolatraba.
Era conocido como el dios de la vida y la cosecha, y era conocido como el padre de los dioses, o el gran dios de esa región, tal como Zeus para los griegos y Júpiter para los romanos.
Llevar el arca al templo de Dagón era como juntar trofeos en nombre de su dios. Era su forma de mostrar la victoria supuesta de su dios falso Dagón sobre el Dios de Israel.
Era costumbre juntar los dioses de los pueblos que conquistaban para ponerlos en sujeción y servidumbre a su dios.
A la mañana siguiente, entraron al templo sólo para encontrar la estatua de Dagón postrado en el suelo ante el arca de Dios.
Tuvieron que levantarlo y volver a acomodarlo en su lugar, irónicamente resaltando el hecho de que su dios precisaba ayuda humana para volver a acomodarse.
Dios mismo, años después resalta esta ironía a través del profeta Isaías, que los dioses falsos no pueden ayudarse a sí mismos, ni a nadie más, Is. 46:5-7.
¿A quién me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis, para que seamos semejantes? Sacan oro de la bolsa, y pesan plata con balanzas, alquilan un platero para hacer un dios de ello; se postran y adoran. Se lo echan sobre los hombros, lo llevan, y lo colocan en su lugar; allí se está, y no se mueve de su sitio. Le gritan, y tampoco responde, ni libra de la tribulación.
Otra vez, la siguiente mañana, encuentran la estatua de Dagón no solamente postrado ante el arca, sino que su cabeza y sus manos habían sido cortados también, y la estatua tirada sobre el umbral de la entrada.
La cabeza apunta a la sabiduría y conocimiento que el dios debería tener, y sus manos apuntan a su poder y fuerza.
Esencialmente, quedó un tronco decapitado e incapaz, una analogía directa a la verdadera condición de ese dios falso ante el Dios supremo.
Salmo 115:4-8 habla de la ineficacia de los ídolos de dioses falsos, e incluso la insensatez de aquellos quienes confían en ellos.
Los ídolos de ellos son plata y oro, Obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; Tienen ojos, mas no ven; Orejas tienen, mas no oyen; Tienen narices, mas no huelen; Manos tienen, mas no palpan; Tienen pies, mas no andan; No hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, Y cualquiera que confía en ellos.
El profeta Jeremías los describe resaltando su increíble incapacidad de no poder hacer nada, Jer. 10:3-5.
Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder.
El poder de Dios sobre los filisteos.
El texto hebreo resalta la gran diferencia entre el incapaz de los filisteos y el gran poder de Dios.
A partir de la mención de las manos cortadas de Dagón, el relato enfatiza la mano de Dios.
Desde el vs: 6 a través de todo el tiempo relatando el movimiento del arca en la tierra filistea, la frase “la mano de Jehová”, o similar refiriéndose a eso, se repite siete veces.
Una vez que el arca sale de la tierra filistea y entra a la tierra de Israel en 6:11, ya no se menciona más la “mano de Jehová”. Eso nos resalta el hecho que el narrador quería mostrar ese contraste entre el poder de Dios y la completa incapacidad del dios falos Dagón.
Ilustración: Dios es supremo en Su poder.
Aplicación: Dios es supremo en Su poder.
Dios es Supremo en Su Soberanía.
Dios es Supremo en Su Soberanía.
Soberano en Su justicia.
Dios no deja el pecado sin consecuencia.
Dios ya había lidiado con Israel por su desprecio, ahora, les tocaba a los filisteos.
Dios había usado la superstición de Israel en su contra, y ahora usaría la superstición de los filisteos en su contra también para juzgarlos.
Plagas en Asdod, 1 Sam. 5:6–7.
Y se agravó la mano de Jehová sobre los de Asdod, y los destruyó y los hirió con tumores en Asdod y en todo su territorio. Y viendo esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre nuestro dios Dagón.
La mano del Señor se agravó sobre los de Asdod, destruyéndolos e hiriendo a sus habitantes con tumores.
Irónicamente, el término agravó, es “cabod”, la misma palabra “gloria” en el capítulo anterior cuando se menciona que la “gloria” de Dios fue traspasada, o salió de Jerusalén.
Tiene que ver con el peso que le atribuimos a algo. Algo glorioso tiene “peso” o valor en nuestras consideración.
Esta es una forma literaria de unir dos aspectos de la misma historia.
No se sabe con seguridad que enfermedad o lesión fueron estos tumores, hay varias sugerencias, desde hemorroides hasta ganglios, pero muchos expertos señalan a algo como la plaga bubónica por su conexión a la plagas de ratas mencionada luego en 1 Sam. 6:5.
Haréis, pues, figuras de vuestros tumores, y de vuestros ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel; quizá aliviará su mano de sobre vosotros y de sobre vuestros dioses, y de sobre vuestra tierra.
Viendo esto, los asdoditas dijeron que el arca del Dios de Israel no permaneciera con ellos. Se quisieron liberar del problema.
En lugar de arrepentirse, y reconocer al Dios de Israel como el único y verdadero Dios, buscaron cambiar la situación y escaparse de las consecuencias.
Plagas entre ciudades filisteas, 1 Sam. 5:8–12.
Convocaron, pues, a todos los príncipes de los filisteos, y les dijeron: ¿Qué haremos del arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel a Gat. Y pasaron allá el arca del Dios de Israel. Y aconteció que cuando la habían pasado, la mano de Jehová estuvo contra la ciudad con gran quebrantamiento, y afligió a los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, y se llenaron de tumores.
Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Y cuando el arca de Dios vino a Ecrón, los ecronitas dieron voces, diciendo: Han pasado a nosotros el arca del Dios de Israel para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo. Y enviaron y reunieron a todos los príncipes de los filisteos, diciendo: Enviad el arca del Dios de Israel, y vuélvase a su lugar, y no nos mate a nosotros ni a nuestro pueblo; porque había consternación de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había agravado allí. Y los que no morían, eran heridos de tumores; y el clamor de la ciudad subía al cielo.
Los príncipes filisteos decidieron trasladar el arca a Gat. Sin embargo, la mano del Señor estuvo contra la ciudad con gran quebrantamiento, afligiendo a los hombres con tumores, tal como sucedió en Asdod.
Entonces enviaron el arca a Ecrón, donde los ecronitas clamaron pidiendo que fuera devuelta.
El regreso del arca a Israel.
El arca de Dios pasó siete meses entre estos traslados en la tierra filistea, 1 Sam. 6:1.
Estuvo el arca de Jehová en la tierra de los filisteos siete meses.
Por fin, empezaron a hacerse la pregunta correcta: ¿Cómo hacemos para devolverla al lugar al que pertenece? 1 Sam. 6:2.
Los adivinos y sacerdotes sugirieron devolverla con una ofrenda de expiación, en forma de oro, 1 Sam. 6:3-5.
Ellos dijeron: Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la enviéis vacía, sino pagadle la expiación; entonces seréis sanos, y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano. Y ellos dijeron: ¿Y qué será la expiación que le pagaremos? Ellos respondieron: Conforme al número de los príncipes de los filisteos, cinco tumores de oro, y cinco ratones de oro, porque una misma plaga ha afligido a todos vosotros y a vuestros príncipes. Haréis, pues, figuras de vuestros tumores, y de vuestros ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel; quizá aliviará su mano de sobre vosotros y de sobre vuestros dioses, y de sobre vuestra tierra.
La respuesta de los sacerdotes filisteos tenía en parte que ver con las creencias paganas de su tiempo y cultura.
Buscaban apaciguar la ira de un dios al ofrecerle algo con la forma del instrumento de castigo, para decir “esto es por lo que es la ofrenda”.
En este caso, era oro en forma de tumores y ratones, porque eso era el malestar específico experimentado por los filisteos.
Parece que la plaga de tumores y ratas se extendía a través de la cinco ciudades principales de los filisteos, o por lo menos buscaron ofrendar para proteger a la cinco ciudades, pues ofrecieron cinco tumores de oro, y cinco ratones de oro por las cinco ciudades filisteas, 1 Sam. 6:17-18.
Estos fueron los tumores de oro que pagaron los filisteos en expiación a Jehová: por Asdod uno, por Gaza uno, por Ascalón uno, por Gat uno, por Ecrón uno. Y los ratones de oro fueron conforme al número de todas las ciudades de los filisteos pertenecientes a los cinco príncipes, así las ciudades fortificadas como las aldeas sin muro. La gran piedra sobre la cual pusieron el arca de Jehová está en el campo de Josué de Bet-semes hasta hoy.
La respuesta de los sacerdotes también resaltó que hubo un problema de endurecimiento, 1 Sam. 6:6.
¿Por qué endurecéis vuestro corazón, como los egipcios y Faraón endurecieron su corazón? Después que los había tratado así, ¿no los dejaron ir, y se fueron?
Esto fue bastante interesante porque en la fama del Dios de Israel se había extendido más allá que la fronteras de Israel, la historia de la liberación de Egipto era conocida por las naciones paganas.
La última vez que los filisteos hicieron referencia al éxodo de Egipto fue para un impulso a la victoria en 1 Sam. 4:8-9.
¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en el desierto. Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, para que no sirváis a los hebreos, como ellos os han servido a vosotros; sed hombres, y pelead.
Ahora, ese mismo pensamiento es causa de temor.
Soberano en Su guía.
El plan de devolución, 1 Sam. 6:7-9.
Haced, pues, ahora un carro nuevo, y tomad luego dos vacas que críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid las vacas al carro, y haced volver sus becerros de detrás de ellas a casa. Tomaréis luego el arca de Jehová, y la pondréis sobre el carro, y las joyas de oro que le habéis de pagar en ofrenda por la culpa, las pondréis en una caja al lado de ella; y la dejaréis que se vaya. Y observaréis; si sube por el camino de su tierra a Bet-semes, él nos ha hecho este mal tan grande; y si no, sabremos que no es su mano la que nos ha herido, sino que esto ocurrió por accidente.
Los sacerdotes filisteos recomiendan un plan que libraría la tierra filistea del arca, y a su vez, mostraría si los que estaba pasando fue realmente de la mano de Dios, o si fue sólo una serie de eventos desafortunados.
La dos vacas no estarían acostumbradas a llevar encima un yugo, ni llevar un carro. Además, al ser vacas que crían, hubieran ido contrario a su instinto materno para quedarse con su cría. Al no tener alguien guiándoles, podrían ir a cualquier lado.
Tendrían que ir contrario a su naturaleza, su instinto materno, y su incomodidad, para volver el arca a la tierra de Israel, pero esto demostraría que el Dios de Israel realmente estaba en control.
El camino de vuelta, 1 Sam. 6:12-14.
Y las vacas se encaminaron por el camino de Bet-semes, y seguían camino recto, andando y bramando, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda; y los príncipes de los filisteos fueron tras ellas hasta el límite de Bet-semes. Y los de Bet-semes segaban el trigo en el valle; y alzando los ojos vieron el arca, y se regocijaron cuando la vieron. Y el carro vino al campo de Josué de Bet-semes, y paró allí donde había una gran piedra…
La vacas actuaron contrario a su naturaleza, su instinto materno, y su incomodidad, y se fueron directamente a la ciudad Israelita de Bet-semes.
Se detuvieron allí en el medio de un campo donde habían obreros trabajando sembrando trigo.
Dios había guiado el arca de vuelta a Israel.
Ilustración: Dios es supremo en Su soberanía.
Aplicación: Dios es supremo en Su soberanía.
Dios es Supremo en Su Santidad.
Dios es Supremo en Su Santidad.
La ciudad de Bet-semes, 1 Sam. 6:14-15.
Y el carro vino al campo de Josué de Bet-semes, y paró allí donde había una gran piedra; y ellos cortaron la madera del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehová. Y los levitas bajaron el arca de Jehová, y la caja que estaba junto a ella, en la cual estaban las joyas de oro, y las pusieron sobre aquella gran piedra; y los hombres de Bet-semes sacrificaron holocaustos y dedicaron sacrificios a Jehová en aquel día.
Bet- semes era la primera ciudad fronteriza con Filistea.
Cuando llegaron las vacas al campo de Josué en Bet-semes, el pueblo se regocijo en gran manera.
Tomaron el carro y las vacas, y la ofrenda de oro, y ofrecieron todo como holocausto, sacrificio de alabanza al Señor. Todo esto fue apropiado.
De hecho, la ciudad de Bet-semes era una de la ciudades que fue dado a los levitas, los responsables por la adoración y el sistema sacrificial de Israel.
El pecado en Bet-semes, 1 Sam. 6:19-20.
Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a cincuenta mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo había herido con tan gran mortandad. Y dijeron los de Bet-semes: ¿Quién podrá estar delante de Jehová el Dios santo? ¿A quién subirá desde nosotros?
A pesar del regocijo y ofrenda de alabanza, llegamos a la grave novedad de una mortandad severa.
Ahora, el número cincuenta mil setenta hombres, según muchos expertos bíblicos es muy probablemente un error de trasmisión.
En algunas traducciones modernas ven sólo el número 70.
El hebreo original anota el número de una forma muy rara, diferente a lo que normalmente se vería en otros números. De hecho, da dos números en el lugar de uno solo.
Muy posiblemente estaba detallando que murieron 70 de los 50 mil hombres de la ciudad, lo cual hubiera igual sido un evento bastante severo, y sería el tamaño de ciudad apropiada para ese tiempo y lugar.
El pecado que específica el texto es que miraron adentro del arca.
Una traducción lo frasea con se atrevieron a mirar dentro del arca del Señor (NVI).
Tal vez fue para inspeccionar que el contenido del arca estuviese presente.
El contenido del arca fueron las dos tabletas de los diez mandamientos, 1 Rey. 8:9.
En el arca ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra que allí había puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto.
A través de los mandatos acerca del movimiento del arca, vemos que nadie debía mirarlo, Num. 4:19-20.
Para que cuando se acerquen al lugar santísimo vivan, y no mueran, haréis con ellos esto: Aarón y sus hijos vendrán y los pondrán a cada uno en su oficio y en su cargo. No entrarán para ver cuando cubran las cosas santas, porque morirán.
Los israelitas no pueden reclamar ignorancia, específicamente porque la ciudad de Bet-semes, fue una ciudad levita, o sea, los que mejor entendieron los mandatos acerca de como manejar lo sagrado.
Ellos sabían que no debían mirar adentro, o si no lo sabían, deberían haberlo sabido. Y eso señala otra vez, la decadencia espiritual de Israel en este tiempo.
La misericordia de Dios, 1 Sam. 6:21-7:1
Y enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, diciendo: Los filisteos han devuelto el arca de Jehová; descended, pues, y llevadla a vosotros. Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová.
Otra vez, en lugar de reconocer y arrepentirse de su pecado, buscaron escaparse de las consecuencias, y pidieron a otros de la ciudad vecina a venir y buscar el arca.
Constituyeron al hijo de Abinadab, Eleazar, a ser un sacerdote para cuidar el arca del pacto.
Es muy probable que la ciudad de Silo, donde originalmente estaba el arca, fue destruida en la batalla con los filisteos, abandonada por Dios por el pecado e idolatría del pueblo, Sal. 78:56-61.
Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo, Y no guardaron sus testimonios; Sino que se volvieron y se rebelaron como sus padres; Se volvieron como arco engañoso. Le enojaron con sus lugares altos, Y le provocaron a celo con sus imágenes de talla. Lo oyó Dios y se enojó, Y en gran manera aborreció a Israel. Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo, La tienda en que habitó entre los hombres, Y entregó a cautiverio su poderío, Y su gloria en mano del enemigo.
Por eso el arca no fue regresado a Silo, pero el pueblo aún no estaba listo para ser restaurado, debían arrepentirse.
El siguiente pasaje nos explica como debe ser el verdadero arrepentimiento.
Ilustración: Dios es supremo en Su santidad.
Aplicación: Dios es supremo en Su santidad.
Aplicación final:
Aplicación final:
Luego de pasaje así, nos quedamos con la pregunta de 1 Sam. 6:20.
¿Quién podrá estar delante de Jehová el Dios santo?
Es únicamente a través de la misericordia de Dios a través de la obra de Cristo en la cruz que uno puede estar en la presencia de Dios, Rom. 5:1-2.
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Debido a la supremacía de Dios en Su poder, Su Soberanía, y Su santidad, Él es digno de todo honor, gloria, dignidad. No debemos reemplazarlo con otras cosas que ni pueden acercarse a lo Él es y puede ser en nuestra vida.
Él es digno de nuestra confianza. Nada se le escapa, ni nuestras dificultades, ni nuestras cargas, ni preocupaciones. Puedes poner todo en Sus manos.
Tampoco se le escapa nuestro pecado. Debemos ser prontos a reconocer, arrepentirnos, y volver a caminar con Él, no buscar la forma de deshacernos de las consecuencias y mejorar y escaparnos de la responsabilidad de vivir santamente.
