Misión Compartida
Tiempo después de Pentecostés • Sermon • Submitted • Presented
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16 Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña que Jesús les había indicado. 17 Cuando lo vieron, lo adoraron; pero algunos dudaban. 18 Jesús se acercó entonces a ellos y dijo: —Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.
Introducción
Introducción
Hoy celebramos el domingo de la Trinidad. La doctrina de la Trinidad es una “verdad” esencial de la fe cristiana, se trata de la manera como nosotros comprendemos a Dios, Un solo Dios que se manifiesta en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Aunque esta doctrina es esencial a nuestra fe es preciso reconocer que la palabra Trinidad no aparece en la Biblia, lo que tenemos es el resultado del desarrollo del pensamiento teológico desde los primeros siglos de la Iglesia que nos han llevado a comprender a Dios desde su misión de esta manera.
Ahora bien, lo que sí hace la Biblia es describirnos la manera como Dios obra; por ejemplo: los primeros capítulos de Génesis nos presentan a un Dios que habla en plural y que crea todo lo que tenemos, un Dios creador. A su vez, tras la caída del ser humano podemos evidenciar a un Dios que actúa en beneficio del perdón y la reconciliación con el ser humano. Un Dios que actúa en favor de la humanidad. Finalmente, la Biblia relata el amor de Dios manifestado mientras acompaña y guía a la humanidad y a la creación, un Dios que ama al punto de hacerse humano para traernos el mensaje de la salvación.
En aspectos como estos vemos al Dios que la teología nos describe como la Trinidad: Un Dios que se manifiesta en diferentes funciones creador, redentor, reconciliador y guía de la comunidad. Ahora bien, cuando pensamos en este Dios, trino y uno, debe venir a nuestra mente la idea de un Dios que no trabaja solo, un Dios comunitario que se comparte en su misión de amor por la humanidad y por su creación. Lo interesante es que esa misma misión compartida se extiende y nos alcanza a nosotros, la comunidad, quizás esa sea la razón de la humanización de Dios, pues con la encarnación de Dios en Cristo, nos hace participes de su vida y nos introduce a su misión por medio de Jesús quien nos enseña el propósito y cuidado de Dios.
En ese sentido, la grandeza del concepto de la Trinidad redunda en la misión de la iglesia como extensión de la misión de Dios, en un Dios que comparte con la humanidad su misión para reconciliar al mundo con Él.
Justamente eso es lo que nos presenta el evangelio de hoy; tres aspectos de la misión de Dios que se extienden a nosotros para que podamos seamos copartícipes de la esencia de Dios: hacer, bautizar y enseñar.
1. Hacer
1. Hacer
El evangelio que hemos leído, refiere el encuentro entre Jesús y los once discípulos después de la resurrección. La cita era en Galilea, el lugar donde todo comenzó y el lugar donde todo volvería a comenzar.
Otro aspecto importante de este encuentro es la montaña. En Mateo la montaña es un punto teológico importante: Allí es donde Jesús enseña, se glorifica y, ahora, envía a los discípulos. Representa el punto de encuentro entre Dios y la humanidad. Ahora, en la montaña, Jesús va a enviar a los discípulos, va a extender su misión.
Este es un encuentro entre Jesús, quien a vencido la muerte, con personas que aún les cuesta entender la resurrección, el versículo 17 nos dice que cuando vieron a Jesús le adoraron, pero aún dudaban. Esto nos indica que Dios le sigue apostando al ser humano con su fragilidad.
Nuestro encuentro con Dios se da en medio de nuestros temores y fragilidades. Desde nuestra imperfección Dios cumple su plan perfecto y no juzga nuestra duda o nuestro miedo, nos acompaña y nos ayuda a creer.
Desde esa perspectiva el hacer se vuelve importante. El camino con Jesús desde Galilea a Jerusalén dejó profundas enseñanzas que, quizás, eran abstractas porque el camino implicaba ver las cosas desde una perspectiva diferente y entender a Dios desde el amor por el más vulnerado. Volver a Jerusalén sería un ejercicio diferente, seguramente, con expectativas nuevas pero con la confusión de todo lo que estaba pasando. No obstante, lo primero que tuvieron que hacer, fue volver al encuentro con Jesús.
Reunidos con Jesús, les indica que la misión consiste en hacer discípulos. Esto implica una acción formativa. En Mateo, “hacer discípulos” no es solo formación interior, sino también incorporación visible a una comunidad bautismal y obediente. Hacer discípulos implica transmitir el amor de Dios, sanar las almas heridas, restaurar los corazones rotos.
Durante más de tres años Jesús enseño las pautas del discipulado; una vida de convivencia, compasión, misericordia y solidaridad en donde las manos estaban listas para ayudar al necesitado y compartir con nuestros hermanos.
La marca de este discipulado es plural, multicultural y multiétnica. Es importante anotar que el texto es incluyente. Hacemos discípulos de todas las naciones porque la comunidad de Dios es una comunidad amplia, porque el mensaje de Dios está abierto para toda la humanidad y porque la misión extendida de Dios comienza en Él y abarca toda su creación.
Cómo iglesia, estamos llamados a hacer discípulos, a enseñar a formar el carácter de Dios en nosotros y enseñar a otras personas su amor.
2. Bautizar
2. Bautizar
El resultado práctico de hacer discípulos es bautizar. Justamente en este aspecto de la extensión de la misión de Dios es que encontramos la formula trinitaria: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Sin embargo, el bautismo va mucho más allá de un rito y una formula. Tiene que ver con la conciencia de ser comunidad.
Dios nos hace participes de su misión sumergiéndonos en el amor, vinculándonos como comunidad de Dios, restaurando nuestra Imago Dei y dándonos un lugar especial en la comunidad de Dios.
El bautismo es el testimonio publico de la gracia de Dios que nos ha alcanzado y de nuestra entrega absoluta a Dios. Es la acción compartida de Dios en el que somos incorporados a la Iglesia de Cristo y podemos experimentar la comunión de la Trinidad, ahora, con Dios, con la iglesia y con la nueva humanidad que el Espíritu Santo forma en nosotros.
En ese orden de ideas, el bautismo no debe tener la idea de una marca o un sello de propiedad, todo lo contrario, es la más grande expresión de libertad en la que somos inmersos y recordados hijos de Dios.
El bautismo como vinculo que incorpora a la humanidad en la Misión de Dios nos pone en el lugar de hijos y en el deber de imitar a nuestro Padre Dios. En últimas, es la Trinidad en acción que nos da una tarea y un lugar en ese actuar de Dios.
3. Enseñar
3. Enseñar
Luego de hacer discípulos que son incorporados a la misión extendida de Dios se requiere una continua labor de aprendizaje. Nunca terminamos de aprender porque la transformación de Dios en nuestra vida es constante y continua.
El pueblo de Dios, quien participa en su misión extendida, necesita aprender a obedecer, esto hace concordancia con lo que hemos visto en el evangelio de Juan: “Si me aman, obedecerán mis mandamientos”. Es preciso aprender a obedecer y una vez más es necesario recordar que Jesús no se está refiriendo a las rígidas reglas del judaísmo, se ha referido a seguirle en el amor y en el servicio.
Como creyentes necesitamos aprender que la misión compartida de Dios tiene que ver con lavar los pies de las otras personas, servir a las mesas, demostrar el amor mediante actos de misericordia y con una comprensión del amor que surge desde el perdón.
La iglesia de Dios aprende a obedecer a Dios cuando se perfecciona y se vuelve maestra del amor, la compasión y el servicio. Cuando aprende a recibir con los brazos abiertos a las personas de todas las naciones y sobre todo cuando damos un lugar a todas las personas sin importar su condición de salud, sus ideologías, sus formas de ver la vida e incluso en sus sus prácticas privadas.
La gracia de Dios es suficiente para recibir a toda personas y darle un lugar en la mesa porque finalmente es la mesa de Dios y no la nuestra. La mesa en donde Dios suma las oportunidades y ama con profundo amor.
Conclusión
Conclusión
De la misma forma como el texto nos señala la promesa de Dios en el evangelio de Juan: “no los dejaré huérfanos” el evangelio de Mateo nos marca una promesa: “les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”.
Quizás está sea la promesa de amor eterno más real que podamos haber escuchado. Dios está con nosotros para siempre, “hasta el infinito y más allá”, “hasta el fin del mundo”. Porque cuando comprendemos que Dios ha extendido su misión a nosotros, cuando nos dedicamos a obedecer en el servicio, el amor y la compasión, cuando somos profetas de la justicia, Cristo está presente, su Palabra está presente, su amor sigue siendo presente, su bondad está presente.
Nosotros somos la misión extendida de Dios, esa es la comunión de la Trinidad y la comunión con la Trinidad. Participemos con alegría de esa misión haciendo discípulos, bautizando y enseñado.
