Conquistando el Mañana III
Conquistando el Mañana 3 • Sermon • Submitted • Presented
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La Herencia de los Valientes
La Herencia de los Valientes
Para terminar la serie, así como empezamos, va la frase: “La promesa de Dios no caduca con los años; lo que caduca es nuestra disposición a reclamarla. La Conquista no tiene edad. Tiene visión”.
El personaje de hoy no tiene su propio libro en la Biblia, aparece en momentos cruciales, dice lo justo y desaparece. Pero podemos decir de manera sustentada que es uno de los personajes más extraordinarios de la narración de la Conquista. No por lo que hizo de joven, sino por lo que hizo a los 85 años.
Ya vimos que la conquista empieza cuando reconoces que lo anterior terminó, que la verdadera seguridad no es la ausencia de cambios sino la presencia de Dios.
También que al otro lado del Jordán hay un muro, y que “Dios no siempre nos da un camino alrededor del obstáculo, a veces nos da un camino a través del obstáculo y ese camino se llama: Obediencia”.
Hoy cerramos la serie con una pregunta que nadie puede ignorar ¿qué pasa con la promesa de Dios sobre tu vida cuando pasan los años y todavía no se ha cumplido?
En 1962 Nelson Mandela fue encarcelado, tenía 44 años. Pasó 27 años en la prisión de Robben Islan, -27 años de trabajos forzados en una cantera de cal-, podía recibir visitas una vez al año. Los médicos que lo examinaron al salir en 1990 dijeron que estaba en mejor forma física y mental que muchos hombres de 50 años.
Cuando le preguntaron ¿cómo había sobrevivido sin amargarse? dijo algo que no se olvida: “No salí libre a pesar de los años de prisión. Salí libre a través de ellos”. Los años no habían erosionado su visión, la habían destilado, purificado. 4 años después, en 1994, se convirtió en el primer presidente democráticamente elegido en Sudáfrica. Tenía 75 años.
El personaje de hoy: Caleb, entendería perfectamente a Mandela y Mandela a Caleb.
Veamos el contexto para entender en qué momento de la historia nos encontramos, porque el contexto hace que lo que Caleb dice sea aún más extraordinario.
45 años antes de la historia, Caleb la promesa en Cades - Barnea..
Han pasado 40 años en el desierto y 5 años de campaña militar.
Caleb tiene 85 años en este momento.
En la antigüedad un hombre de 85 años ya había cumplido si vida útil en el estándar cultural.
Tenía 40 años cuando fueron como espías a la tierra y sólo él y Josué regresaron con un informe de fe. Los otros espías ya murieron.
Hebrón es el territorio que Caleb va a pedir y ahí es donde viven los Anaceos, o sea ¡los gigantes! es la montaña más difícil en el mapa, no lo pide por equivocación ¡sabe lo que pide!:
“Una delegación de la tribu de Judá, dirigida por Caleb, hijo de Jefone, el cenezeo, se presentó ante Josué, quien estaba en Gilgal. Caleb le dijo a Josué: «Recuerda lo que el SEÑOR le dijo a Moisés, hombre de Dios, acerca de ti y de mí cuando estábamos en Cades-barnea. Yo tenía cuarenta años cuando Moisés, siervo del SEÑOR, me envió desde Cades-barnea a que explorara la tierra de Canaán. Regresé y di un informe objetivo de lo que vi, pero los hermanos que me acompañaron asustaron tanto al pueblo que nadie quería entrar en la Tierra Prometida. Por mi parte, seguí al SEÑOR mi Dios con todo mi corazón.” (Josué 14:6–8, NTV)
Caleb se presenta ante Josué con buena memoria ¡algunos han olvidado los milagros de Dios de hace 5 años! 45 años después, recuerda la fecha, el lugar, lo que dijo y lo que hicieron los otros espías. No hay enojo o resentimiento en su voz ¡hay claridad!
Es un hombre que sabe exactamente quién fue y quién sigue siendo. Fíjate en lo que dice y ¡cómo lo dice!
“…Por mi parte… sobreviví...”
“…Por mi parte… aguanté...”
“…Por mi parte, seguí al SEÑOR mi Dios con todo mi corazón.” (Josué 14:8, NTV)
El desierto no lo frustró, no lo agotó, los 40 años de espera no lo amargaron, los 5 años de batallas, de guerra ¡no lo cansaron!
En Números 13 se narra un episodio de los más dramáticos del AT, son 12 hombres que ven la misma tierra, enfrentan exactamente la misma situación, misma información: Tierra fértil, ciudades fortificadas, habitantes poderosos. Diez regresan con un informe de pánico por lo que ven: “son gigantes, seguramente nos veían como chapulines”. Sólo 2 -Josué y Caleb- regresan con un informe positivo, valiente, de fe.
La diferencia no es lo que vieron, sino el filtro a través del cual procesaron lo que vieron. Los 10 calcularon: Mis recursos Vs El obstáculo. Caleb calculó: Dios + mis recursos Vs Obstáculo. Eso vimos la primera semana, aprendimos que esa es una ecuación completamente diferente.
45 años después, Caleb ¡sigue usando el mismo filtro! El tiempo, la dificultad no lo cambió, la espera no lo cambió ¡esto es asombroso!
La fe real no es la que resiste la presión del momento, es la que resiste el paso del tiempo. Hay una gran diferencia entre los diez espías y Caleb que el texto no dice, pero lo sugiere: Los diez espías vieron los gigantes y se vieron a sí mismos como langostas; Caleb vio a los gigantes y ¡Vio a Dios! No era que Caleb no veía la dificultad, es que veía algo más grande que la dificultad.
A eso se le llama PERSPECTIVA. Es lo que 45 años no lograron quitarle. La pregunta es ¿qué le quitaron esos años a los demás? ¿dónde están los otros 10 espías 45 años después?
“Entonces los diez hombres que Moisés envió a explorar la tierra —que por sus malos informes incitaron la rebelión contra el SEÑOR— fueron heridos de muerte por una plaga delante del SEÑOR.” (Números 14:36–37, NTV)
Muertos por una plaga, no llegaron a ver la conquista. Su miedo no solo los detuvo a ellos, detuvo a toda una generación.
Caleb 45 años después, ante Josué, con el mismo corazón que tenía a los 40 años. Sin amargura por los años “perdidos”, sin resentimiento por la espera; con la claridad de quien sabe exactamente lo que quiere y por qué.
¿Cuántos años llevas esperando una promesa específica de Dios? La pregunta más importante ¿Esos años te han erosionado o te han destilado? ¿saliste del desierto con más o con menos fe?
Caleb no fue inmune al paso del tiempo ¡fue fiel a través del tiempo! Esa es la diferencia y esa diferencia ¡no es casual! se construye con una decisión, día a día, en esos años que parece que no sucede nada, no fueron desperdiciados.
“Así que, ese día, Moisés me prometió solemnemente: “La tierra de Canaán, por donde recién caminaste, será tu porción de tierra y la de tus descendientes para siempre, porque seguiste al SEÑOR mi Dios con todo tu corazón”.” (Josué 14:9, NTV)
“Estoy tan fuerte hoy como cuando Moisés me envió a esa travesía y aún puedo andar y pelear tan bien como lo hacía entonces.” (Josué 14:11, NTV)
Es uno de los versos más asombrosos, un hombre de 85 años dice con toda naturalidad. Tengo las mismas energías, fuerzas que a los 40 años; no exagera, lo dice como una realidad:
“»Ahora, como puedes ver, en todos estos cuarenta y cinco años desde que Moisés hizo esa promesa, el SEÑOR me ha mantenido con vida y buena salud tal como lo prometió, incluso mientras Israel andaba vagando por el desierto. Ahora tengo ochenta y cinco años.” (Josué 14:10, NTV)
Dios preservó a Caleb específicamente para este momento, no lo guardó en un estante, lo mantuvo activo, fuerte, listo, como si su reloj biológico hubiera sido administrado por Alguien que sabía que todavía había trabajo por hacer.
Carlo María Giulini director de orquesta dirigió su primera ópera a los 31 años, a los 56 tuvo una crisis profunda y se retiró por años. Muchos pensaron que su mejor época había pasado. Regresó a los 64 años, entre los 64 y los 80 años dirigió algunas de las grabaciones más aclamadas de la historia de la música clásica -Brahms, Verdi-, trabajos que los críticos coinciden en señalar como su obra cumbre ¡no su obra de cierre!
El retiro no fue desperdicio ¡fue preparación! Lo que parecía el final era la antesala de lo mejor. Caleb vivió eso en escala bíblica.
Caleb y Josué son los únicos 2 espías que regresan creyendo y reciben la promesa de Moisés: ¡Esa tierra será para ellos!
Pasan 40 años en el desierto, Caleb camina con una generación que no creyó, ve morir a los 10 espías. Con más de 80 años está en el campo de batalla, no en la retaguardia, no en el campamento quejándose ¡está en el frente!
Llega el momento y se presenta ante Josué no como un veterano cansado que pide un retiro bien merecido, sino como un conquistador que finalmente reclama lo que siempre fue suyo.
Repaso: 40 años en el desierto, Caleb aún no tiene la tierra que le fue prometida; pero tampoco está inactivo, está siendo formado, sus músculos físicos y espirituales no se atrofiaron durante la espera ¡se mantuvieron!
Es así porque la espera en Dios no es pasiva, es activa, es preparación para un momento que aún no tiene fecha en el calendario, pero sí tiene fecha en el calendario de Dios.
No existen años desperdiciados en la vida de quien sigue a Dios de todo corazón. Lo que parece espera, muchas veces es entrenamiento disfrazado.
Han pasado años y lo que Dios te prometió no se ha cumplido ¿has dicho que fueron años perdidos? Años de espera en el desierto, de promesas sin cumplir. La pregunta que Caleb nos hace es ¿esos años te debilitaron o te prepararon?
Si Caleb hubiera llegado a los 85 débil, amargado, cansado, la promesa habría sido irrelevante ¡no la habría podido tomar! La preservación de su fuerza no fue accidental, fue la preparación de Dios para el momento que siempre tuvo planeado.
Te desanimaste y en lugar de seguir preparándote, te retiraste a la vida cómoda del trabajo, del negocio, dejaste de orar, estudiar, de pedir por esa promesa, de unirte a la preparación.
“Así que dame la zona montañosa que el SEÑOR me prometió. Tú recordarás que, mientras explorábamos, encontramos allí a los descendientes de Anac, que vivían en grandes ciudades amuralladas. Pero si el SEÑOR está conmigo, yo los expulsaré de la tierra, tal como el SEÑOR dijo».” (Josué 14:12, NTV)
Esto que leímos hace de Caleb un hombre no admirable sino extraordinario. Tiene 85 años, están repartiendo la Tierra, Josué asigna territorios a las tribus. Hay muchas opciones disponibles, territorios a medio conquistar, ciudades ya tomadas, valles fértiles sin mucha resistencia.
¿Por qué Hebrón? Era la peor zona, los descendientes de Anac, la raza de gigantes que hizo que los 10 espías se vieran como langostas hace 45 años ¡no han desaparecido! Es una zona montañosa, la más difícil para una campaña militar. La ventaja táctica esta de parte de quien defiende. El atacante tiene que subir en desventaja. Ciudades con murallas enormes. Caleb no ignora la dificultad ¡lo sabe! la reconoce y aun así ¡lo pide de todas formas!
Un hombre de 85 años pide el territorio más difícil posible. En ningún cálculo humano tiene sentido.
¿Por qué Hebrón? Hay una razón teológica que el texto sugiere. Hebrón era el lugar donde Abraham vivió. Donde estaban enterrados los patriarcas: Abraham, Isaac, Jacob. Era la tierra de los orígenes, la tierra del pacto original. Caleb no pedía la zona por ser difícil, sino por lo que significaba, lo que representa.
En 1961 John F. Kennedy anunció que EEUU llegaría a la luna antes que terminara la década. La NASA calculó que no tenía ni el 10% de tecnología necesaria para lograrlo. Los ingenieros que Kennedy consultó le dijeron que era técnicamente posible pero que requería resolver problemas que todavía no existían soluciones conocidas.
Keneddy no eligió la luna porque fuera fácil. En su discurso en Rice University dijo: “Elegimos ir a la luna no porque sea fácil, ¡sino porque es difícil!”. La dificultad era parte de la razón para pedirlo. Porque los desafíos que requieren lo mejor de ti, tu extra, producen una versión de ti que ningún desafío fácil producirá.
Caleb entendió eso 3 mil años antes que Kennedy. No pedía Hebrón a pesar de los gigantes, sino precisamente por ellos.
Hay algo que no quiero que te pierdas, Caleb dice:
“…Tú recordarás que, mientras explorábamos, encontramos allí a los descendientes de Anac, que vivían en grandes ciudades amuralladas. Pero si el SEÑOR está conmigo, yo los expulsaré de la tierra, tal como el SEÑOR dijo».” (Josué 14:12, NTV)
Primero reconoce el obstáculo, no lo minimiza, no finge que no existe, lo nombra con precisión: Anac, ciudades grandes amuralladas, pero luego introduce la variable que lo cambia todo: SI EL SEÑOR ESTÁ CONMIGO.
Esa no es la frase de un anciano que no tiene nada que perder, es la frase de alguien que lleva 45 años construyendo una relación con Dios tan sólida que a los 85 años tiene más confianza que a los 40.
La Conquista del cristiano no es ignorar los gigantes, es verlos y aun así decir: “Si el Señor está conmigo”.
La conquista no tiene edad, tiene visión.
Caleb no conquista Hebrón porque es joven, sino porque todavía tiene visión. La visión y no la edad, no la energía, no las condiciones, es lo que determina si alguien sigue en modo: conquista de las cosas que valen la pena, o en modo: retiro espiritual.
Pedir lo difícil por las razones correctas no es imprudencia ¡Es FE madura!
Hay diferencia entre pedir Hebrón por ser temerario, atrevido y pedirla por convicción. Caleb conocía el terreno, al enemigo y sus propias limitaciones, pero ¡conoce a Dios! Esa combinación no produce imprudencia, produce audacia con fundamento.
Si Dios te dijera hoy: “¡Pide lo que quieras!” ¿qué pedirías? ¿el territorio cómodo, parcialmente ganado, sin gigantes visibles? o ¿pedirías tu Hebrón, el lugar que importa, el territorio que tiene tu nombre desde años, aunque todavía tenga gigantes? Recuperar esa relación demasiado dañada, empezar esos estudios de maestría, licenciatura, ejercitarte, estudiar teología.
O decir: Ya me rendí en esta relación, quiero una nueva; ya acepté el diagnóstico, a vivir medicado; ya me rendí en ese emprendimiento, ya renuncié a la maestría, la especialidad.
La respuesta a esa pregunta revela el estado de tu fe con más precisión que cualquier otra cosa.
LA HERENCIA O LEGADO
“Entonces Josué bendijo a Caleb, hijo de Jefone, y le dio Hebrón como su asignación de tierra. Hebrón todavía pertenece a los descendientes de Caleb, hijo de Jefone, el cenezeo, porque él siguió al SEÑOR, Dios de Israel, con todo su corazón.” (Josué 14:13–14, NTV)
La última frase del texto es el epitafio más poderoso que puede tener un ser humano: “Porque él siguió al Señor, Dios de Israel, con todo su corazón”.
No dice: “porque fue exitoso”, “porque acumuló mucho dinero para sus hijos”, “porque fue poderoso”, no dice “porque tuvo muchos talentos”, dice: Siguió a Dios con todo su corazón. Eso es lo que define la vida de Caleb en el registro eterno. Esto lo hace accesible a todos, porque eso no requiere un talento especial, o recurso, requiere una decisión de cada día. Amar, Obedecer a Dios.
Veamos algo más, Jueces, el libro que sigue registra una sola línea sobre Hebrón:
“Tal como lo había prometido Moisés, Caleb recibió Hebrón y expulsó de esa ciudad a los tres hijos de Anac.” (Jueces 1:20, NVI)
Lo logró, a los 85 años, con todo y gigantes. Pero hay algo más, la hija de Caleb: “Acsa”, aparece negociando con su esposo y su padre para obtener manantiales de agua en el territorio. Lo que Caleb conquistó no fue solo tierra, fue una cultura familiar de reclamar promesas, de no conformarse con menos, de pedir con audacia. Su hija había aprendido de él a no aceptar lo que era insuficiente.
La herencia, su legado no fue solo Hebrón, fue una forma de ver la vida y eso lo transmitió, la contagió a la siguiente generación.
Esto es herencia, no sólo en territorio, la herencia de Caleb tiene 2 dimensiones que no se pueden separar:
i, La herencia de la tierra, lo que posees. Hebrón ha sido conquistada, entregada a sus descendientes, lo que Caleb reclamó con valentía, se convirtió en la plataforma desde la que la siguiente generación construiría. Nadie construye en el aire, construye sobre lo que alguien más conquistó y dejó. Nos guste o no, nuestros padres, con sus aciertos y errores nos permitieron avanzar a donde llegamos ¿Qué estás dejando a tus hijos? Qué bueno que dejes un negocio, buena educación, una empresa, un oficio.
ii, La herencia del carácter, lo que transmites. La hija de Caleb no pide agua porque sí, sino porque creció viendo a su padre que pedía con audacia lo que Dios le había prometido. El Espíritu de conquista es transferible, no por genética, sino por modelo, el ejemplo. Lo que tus hijos ven, en cómo respondes a las promesas de Dios, forma la manera en que ellos responderán a las suyas. Pero también copian la apatía, el costumbrismo, la religiosidad.
La conquista que no heredas a la siguiente generación, fue sólo una victoria personal. La conquista que sí dejas se convierte en el piso desde el cuál ellos irán más lejos de lo que tú pudiste llegar.
¿Qué territorio espiritual, emocional, vocaciones, estás conquistando hoy que va a convertirse en el piso de tus hijos, de quienes lideras, de los que te observan?
La conquista que haces hoy no es solo tuya, es el legado de alguien que todavía no tiene nombre o que ya lo tiene y te está mirando.
La 1a semana aprendimos que la conquista comienza cuando declaras que lo anterior terminó, que la seguridad verdadera no es la ausencia de cambios, es la presencia de Dios en medio de esos cambios. Que hay un Jordán con tu nombre, que no se abre desde la orilla ¡avanza!
La 2a semana aprendimos que al otro lado del Jordán hay un muro, que Dios no siempre da un camino alrededor, a vece lo da a través del muro. Que la obediencia sin resultado pronto no es equivocación, que los 6 días de marcha en silencio son la preparación necesaria para el 7o día.
Hoy conocimos a Caleb, el hombre que esperó 45 años, llegó a los 85 años más fuerte que nunca, pidió el territorio más difícil del mapa y ¡lo conquistó! No a pesar de los años ¡a través de los años! que permaneció fiel y en activo.
“Estoy tan fuerte hoy como cuando Moisés me envió… Así que dame la zona montañosa que el SEÑOR me prometió…” (Josué 14:11–12, NTV)
Primero Dios que lo que escuches lo tomes como de ÉL y te veas en el lugar donde estás ¡no dónde crees o te gustaría estar!
Quizá llevas años, décadas cargando una promesa de Dios que aún no se ha cumplido; con el paso del tiempo esa promesa ha empezado a sentirse cada vez más como un sueño de juventud, como algo que fue cierto ¡en otro tiempo! pero ya no encaja en la realidad de tu vida actual. Las circunstancias cambiaron, los años pasaron, quienes debían ayudarte a cumplirla ¡ya no están! o tomaron otro camino.
La tentación silenciosa es concluir que esa promesa ya no es para ti. Que ya caducó, que Dios se la dio a alguien más joven, más capaz.
Caleb te dice, desde 3 mil años de distancia: esa conclusión es ¡totalmente equivocada! La promesa de Dios ¡No caduca! Lo que a veces caduca es nuestra disposición a seguir creyendo que nos pertenece, lo que a veces caduca es nuestra valentía para seguir preparándonos o pararnos ante Josué o ante Dios y decir: Todavía lo quiero, creo que es mío ¡Dame este monte!
Hay algo último hermoso en Caleb y no quiero que se pierda. Caleb no llegó a los 85 amargado por los 40 años en el desierto. No llegó resentido por las heridas, los abandonos, o contra los espías porque, por ellos a él le costó 40 años en el desierto. No llegó agotado por las guerras.
“»Ahora, como puedes ver, en todos estos cuarenta y cinco años desde que Moisés hizo esa promesa, el SEÑOR me ha mantenido con vida y buena salud tal como lo prometió…” (Josué 14:10, NTV)
Llegó con gratitud y claridad sobre lo que quería. Eso es lo que hacen los años cuando los pasas siguiendo a Dios con todo tu corazón: no te erosionan ¡te destilan! te quitan lo innecesario y te concentran en lo que siempre fue esencial.
¿Sabes qué es lo que siempre fue esencial? La promesa y el Dios quien la hizo.
Este último capítulo se trata de saber ¿qué es la zona de conquista? No es la adrenalina de cruzar el Jordán, no es la celebración cuando cae el muro; la zona de conquista más profunda es llegar a los 85 años, o la edad que tienes ahora, pero con el mismo ánimo y corazón de quien confía en Dios, con la misma fe, con más evidencia de la Fidelidad de Dios y todavía capaz de pararte, señalar el monte más difícil del mapa y decir:
“...Dame, pues, ahora este monte…” (Josué 14:11–12, RVR60)
La frase más corta y valiente del libro de Josué. No es sólo lo que harás, sino lo que dejarás. Porque Caleb no solo conquistó Hebrón, dejó una hija que sabía pedir con audacia, dejó una cultura familiar de fe que no se conformaba, dejó un nombre que el texto registra no por sus victorias, sino por su corazón.
Esa es la herencia de los valientes, no lo que acumulas ¡sino lo que transmites! No la tierra que pisas, sino el corazón con el que la pisas, sabes que alguien te está mirando y aprende a hacer y ser lo que tú haces y eres.
¿Qué monte has dejado de pedir? ¿por qué sigues creyendo que ya no es tuyo?
“La promesa de Dios no caduca con los años. Lo que caduca es nuestra disposición a reclamarla. La Conquista no tiene edad. Tiene Visión”.
Palabra de Dios
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