Les infundiré mi Espíritu
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1. Hay fenómenos que los no creyentes no pueden explicar
Hace años tenía una amiga que se declaraba atea; sin embargo, en su funeraria veía cosas que no podía explicar. Su hija, que era muda, cuando se enojaba mucho hacía que las manecillas de algunos relojes giraran hacia atrás. Ella no podía explicar por qué fuerza se movía algo que no tenía contacto físico con su hija.
¿Por qué muchas personas que han estado en coma dicen recordar lo que decían los doctores o que los observaban?
No somos solo cuerpo; somos también espíritu. Aunque muchos lo nieguen, la realidad se impone.
2. Cuerpo y espíritu
Dios creó primero el cuerpo de nuestros padres y, luego de crearlos, les infundió su Espíritu. Cuando Adán y Eva rompen con Dios, lo primero que se ve afectado es su espíritu, y de ahí se afecta todo su cuerpo: experimentan el dolor y la muerte. Tanto ellos como el mundo quedan bajo el poder del espíritu del mal.
3. Cristo sube para que baje el Espíritu Santo
Cristo, en su cuerpo, viene a pagar la deuda. Por eso les dice: “Les conviene que yo me vaya, les conviene que yo muera”. Pues su muerte es el precio de nuestro rescate. Con ella abre los cielos para enviarnos el Espíritu Santo, para sanar nuestra alma y, por medio de ella, restaurar nuestro cuerpo en el día final.
Esto sucedió cincuenta días después de su resurrección. Reunidos con María, bajó el Espíritu sobre los apóstoles. Hoy nació la Iglesia; hoy es su cumpleaños.
4. ¿Cómo recibo el Espíritu Santo?
Se recibe en los sacramentos: primero en el Bautismo. Luego se conserva y aumenta cada vez que los recibimos en estado de gracia.
Solo los que tienen el Espíritu de Cristo reinarán con Cristo.
El Espíritu de Cristo no se recibe bailando y cantando “manda el fuego”. Muchas personas creen que porque un grupo les impone las manos ya pueden hablar en lenguas, curar o profetizar. Esos dones siempre han estado presentes en la Iglesia, pero las personas que los han recibido nunca los presumían, pues si un don te hace tener orgullo, no viene de Dios.
5. ¿Cómo reconocer al Espíritu Santo? Por sus frutos
Hay un espíritu del que habla san Pablo: un espíritu del mundo y de la carne, que se reconoce por sus frutos:
“Pues toda la Ley se resume en este único precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Y si os mordéis y os devoráis unos a otros, mirad que acabaréis por destruiros.
Y os digo: caminad en el Espíritu y no deis satisfacción a la concupiscencia de la carne. Porque la carne tiene deseos contrarios al espíritu, y el espíritu tiene deseos contrarios a la carne, porque ambos se oponen entre sí, de modo que no podéis hacer lo que os gustaría.
Si os dejáis conducir por el Espíritu, no estáis sujetos a la Ley. Ahora bien, están claras cuáles son las obras de la carne: la fornicación, la impureza, la lujuria, la idolatría, la hechicería, las enemistades, los pleitos, los celos, las iras, las riñas, las discusiones, las divisiones, las envidias, las embriagueces, las orgías y cosas semejantes. Sobre ellas os prevengo, como ya os he dicho, que los que hacen esas cosas no heredarán el Reino de Dios.
En cambio, los frutos del Espíritu son: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la continencia. Contra estos frutos no hay ley”.
Ese sentimiento, ¿te mueve a la misericordia o te mueve al juicio?
Le puede pasar incluso a los santos que, por un falso celo, sean presa del demonio. Ante la falta de nuestros hermanos, nuestra obligación debe ser rezar por ellos.
Santa Catalina de Siena fue confrontada una vez por Dios acerca de un “pecado oculto” que tenía: el pecado de juzgar a la gente. Solía pensar que tenía un don para leer la naturaleza humana y notar las faltas de otras personas, especialmente las faltas de los sacerdotes. Pero un día Dios le señaló que las percepciones que estaba recibiendo acerca de las debilidades de otras personas no venían de Él, sino del diablo. Ella llegó a comprender que esto era “la trampa del diablo”.
Me diste … medicina contra una enfermedad oculta que no había reconocido, enseñándome que nunca puedo juzgar a ninguna persona. … Porque yo, ciego y débil como estaba de esta enfermedad, a menudo he juzgado a otros bajo el pretexto de trabajar por tu honor y su salvación“.
Cuando veía una falta decía:
“Hoy es tu turno; mañana será mío, a menos que la gracia divina me sostenga”.
Por pura misericordia tu no esta ahí….
6. Evitar el pecado contra el Espíritu Santo
Jesús dijo también, y san Marcos escribe:
«Todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
1. Blasfemar contra el Espíritu Santo
Cuando se profiere literalmente una blasfemia contra Él. Los escribas pecaron contra el Espíritu Santo porque atribuyeron al diablo lo que pertenecía a Dios, cuando afirmaron:
«Expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios» (Mc 3,22).
También caen en esto las personas que llaman bien a lo que es malo, diciendo que el pecado ya no es pecado, sino un don.
2. La impenitencia final
Es permanecer en el pecado hasta la muerte. Al rechazar el perdón divino, el pecador rechaza a quien se lo ofrece: Dios mismo.
7. Busquemos la compañía de María
Busquemos la compañía de María para poder recibir el Espíritu Santo con sus verdaderos dones, dones que nos llenen de compasión, amor y misericordia.
