LA SUFICIENCIA DEL REY
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INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Oración
Hay pocas frases tan desalentadoras como cuando escuchamos: “se acabó, toca volver a la realidad”. Es decir, terminó el descanso y ahora debemos regresar a las responsabilidades y problemas de la vida diaria. Normalmente escuchamos esto después de unas vacaciones o cuando llega el lunes y debemos volver al trabajo. Y aunque quisiéramos pensar que esta sensación solo pertenece al ámbito laboral o vacacional, la verdad es que muchas veces la vida cristiana se siente así.
Hay momentos en los que disfrutamos de la gloria de Dios de una forma edificante y renovadora, momentos en los que la comunión con los hermanos nos anima a seguir en la carrera, donde el sermón del domingo nos ayudó a reflexionar y crecer; pero ahora ya es lunes y toca volver a la realidad.
Es como si cada domingo el Señor nos permitiera probar un pequeño anticipo del cielo, antes de enviarnos otra vez a enfrentar la realidad de un mundo caído.
Y algo muy parecido ocurre en Marcos 9.
En este capítulo encontramos dos escenas completamente distintas entre sí. Hace un mes y medio vimos la primera escena. Jesús, después de una larga jornada ministerial, llega a Cesarea de Filipos con Sus discípulos. Allí toma a Pedro, Jacobo y Juan y los lleva aparte a un monte alto, donde delante de ellos manifiesta Su gloria de una forma extraordinaria. Esto es lo que se conoce como la transfiguración.
Aquellos tres discípulos quedaron impactados por lo que estaban viendo. La gloria de Jesús fue revelada delante de ellos; Su rostro y Sus vestidos resplandecían con una intensidad sobrenatural, Moisés y Elías aparecen, y por si fuera poco, la voz del Padre celestial fue escuchada por segunda vez de forma audible.
Marcos 9:7: “Entonces se formó una nube que los cubrió, y una voz salió de la nube: «Este es Mi Hijo amado; oigan a Él»”.
Imagina estar tú en ese momento, y experimentar de forma tan real la presencia de Dios. La respuesta de Pedro fue: “Maestro, bueno es que estemos aquí”, y ¿cómo no va a ser bueno si están viendo a Dios el Hijo transfigurado delante de ellos con todo su esplendor y gloria, y están escuchando a Dios el Padre confirmarlo como el Rey.
Pero después de esta visión tan gloriosa en la cima del monte, Marcos 9:14 nos muestra a Jesús descendiendo nuevamente al valle, reencontrándose con Sus discípulos, es decir, los 9 que se habían quedado al pie de la montaña. Y aunque el pasaje no lo dice directamente, bien podríamos colocarle a esta sección el siguiente título: “Jesús y tres de Sus discípulos vuelven a la realidad”.
Porque la escena que aparece ahora es totalmente diferente a la anterior. Ya no vemos la gloria del monte, sino el dolor producido por un mundo caído.
Y aun así, veremos que Jesús demuestra una vez más que la gloria y autoridad que fueron manifestadas en el monte siguen siendo igual de reales y poderosas también en el valle de la vida.
Así que, te animo a que puedas leer conmigo Marcos 9:14-29.
DOMINIO DEMONÍACO (Marcos 9:14-18)
DOMINIO DEMONÍACO (Marcos 9:14-18)
Después de la escena de la transfiguración, que como hemos dicho fue una manifestación celestial y gloriosa, Jesús junto con Pedro, Jacobo y Juan encuentra de nuevo a los 9 apóstoles, pero esta vez involucrados en un acalorado debate con los escribas. Era una fuerte discusión entre los seguidores de Jesús y los maestros de la Ley. Y el texto nos lleva rápidamente a la raíz de la discusión. Jesús les pregunta de forma directa a todos, y quien responde no son los fariseos, sino un hombre. Un padre. Alguien que se encuentra en un estado de total desesperación y desconsuelo.
De repente, la discusión que parecía ser teológica cobra rostro humano para volverse real.
Marcos 9:17 "Y uno de la multitud le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo,"
Es aquí donde tenemos nuestro primer toque de realidad. Es aquí donde la gloria de la transfiguración comienza a sonar como algo lejano a pesar de que ocurrió hace unas horas atrás. El choque de la realidad es tan intenso y abrumador que parece opacar el buen tiempo cuando el Señor y sus discípulos pudieron escuchar la voz del Padre.
Ahora lo único que encontramos es un recordatorio odioso de que en realidad este mundo está dominado por una fuerza demoniaca. Al menos en el texto.
La dominante presencia del mal en los evangelios se hace evidente en los evangelios y en otras partes de la Escritura al ver la cantidad de demonios que se manifestaron cuando Jesús caminó por esta tierra.
Éste no es ni mucho menos el primer espíritu inmundo al que Jesús se enfrenta. Desde el inicio de su ministerio el Rey Jesús se ha estado enfrentando a las fuerzas demoníacas día sí y día también.
Cuando el Señor comenzó su ministerio, casi de forma inmediata el domino del mal se hizo evidente. En Marcos 1:21–24 "Entraron* en Capernaúm; y enseguida, en el día de reposo, Jesús entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Y se admiraban de Su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. En ese momento estaba en la sinagoga de ellos un hombre con un espíritu inmundo, el cual comenzó a gritar: «¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quien Tú eres: el Santo de Dios»"
Y es esta realidad la que contrasta con la gloria experimentada en el monte. Ya no vemos a Elías y Moisés, ya no vemos a Jesús en su gloria y esplendor, aunque, ésta vez sí escuchamos la voz del padre. No la del Padre celestial confirmando a Jesús, sino la de un padre terral clamando por su hijo endemoniado.
Tan violento era el dominio de este espíritu inmundo sobre su hijo que cuando Jesús le pregunta desde cuándo está así, el hombre responde que desde su niñez.
Marcos 9:21–22 "Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?». «Desde su niñez», respondió. «Muchas veces ese espíritu lo ha echado en el fuego y también en el agua para destruirlo. Pero si Tú puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos»"
No se nos dice cuántos años tiene el hijo, pero esto nos hace pensar que no es una situación nueva, ni reciente, sino que este hombre con su hijo han tenido que soportar por años el dolor, la angustia, el temor que este espíritu inmundo infundía en esta familia.
¿Te imaginas eso? No estamos hablando de una situación menor sino de que un problema que es imposible de superar para esta familia.
Me acuerdo con nuestros hijos cuando nos advirtieron de aquellos “terribles dos”, que es cuando el niño cumple dos años y comienza a sentir cierta autonomía y a expresarla de forma rebelde. Yo después de haber pasado por esa etapa dos veces he llegado a la conclusión de que no solo son los terribles dos, sino los terribles tres, terribles cuatro, terribles cinco y me temo que sea hasta los terrible 18. Y si miro mi vida, veo que puede llegar hasta los terribles 36.
Bromas aparte, esto no es lo que el texto nos está describiendo. Este padre no tiene un problema en la crianza. Tiene un problema imposible de superar. Es el dominio de un demonio sobre su hijo desde su niñez.
Escucha como lo describe el padre en Marcos 9:22 "«Muchas veces ese espíritu lo ha echado en el fuego y también en el agua para destruirlo...”
Imagina ve a tu hijo corriendo y revolcándose en las llamas, el fuego cubriendo y quemando cada parte de su cuerpo, para luego, echarlo al agua y así mantenerlo con vida para seguir tortutándolo y atormentándolo por más días.
En Marcos 9:18 "… lo derriba, y echa espumarajos, cruje los dientes y se va consumiendo…” Es decir se va apagando poco a poco. La violencia con la que describe los ataques es sorprendente. Cualquier padre en su sano juicio estaría dispuesto a cambiar su lugar con su hijo y sufrir él mismo en lugar de ver a su hijo sufrir. El mal se ha apodera de este joven de tal forma que nadie puede hacer nada.
Satanás vino para robar, matar y destruir. Y eso es lo que está haciendo en la vida de este muchacho. Está destruyéndolo poco a poco, día a día, quemada tras quemada, convulsión tras convulsión, para atormentarlo y robarle toda paz y gozo que pudiera sentir en la vida. La presencia de este espíritu inmundo define la realidad de esta familia. Todo en la vida de este hombre y su hijo gira en torno a este problema insuperable.
APLICACIÓN
Nosotros también vivimos en un mundo infestado de maldad. Donde quiera que veamos, muchas veces la tarea que nos ha sido encomendada parece imposible. Parece que nunca podremos vencer el mal. Y, por la gracia del Señor, estas manifestaciones demoníacas no son tan evidentes a nuestros ojos en el día a día, siguen presentes pero no las vemos tanto como cuando Jesús caminó sobre esta tierra.
Pero vemos un aparente incremento en la injusticia, en la maldad, en el libertinaje, en gente que a lo bueno llama malo y a lo malo llama bueno, mayor corrupción, mayores problemas de salud, mayor hostilidad al evangelio, y peor aún, mayores derrotas en nuestra lucha personal contra el pecado. Experimentamos mayor insatisfacción con nuestra vida, menor gratitud, mayor queja, menos contentamiento, menos confianza en le Señor, mayor ansiedad, mayor temor, mayor depresión, mayores conflictos en nuestras relaciones y pareciera que todo lo malo crece y crece.
Al igual que este padre y este hijo, tú y yo también vivimos en un mundo infestado de maldad. No estamos bajo el dominio demoníaco, ni tampoco bajo la influencia de Satanás, pero sí vivimos con un recordatorio odioso de que la maldad en este mundo sigue lo suficientemente presente como para desanimarnos en nuestra vida cristiana.
Quiero que te preguntes si tu sensación constante en tu vida cristiana es que no estás lo suficientemente cerca del Señor.
Es decir, si pareciera que solo tienes algunos momentos en los que te deleitas en la presencia del Señor pero que rápidamente vuelves a la realidad. O quizás, buscas al Señor pero quedas insatisfecho o frustrado porque no logras sentir esa conexión especial que quisieras con el Señor. Y sueles pensar en momentos pasados de tu vida cristiana donde sí te sentías animado y conectado con el Señor.
Y piensas que tu indisciplina al leer constantemente grandes porciones de la Biblia es lo que te impide vivir momentos como el de la transfiguración.
¿Oh, quién pudiera en su devocional experimentar los que Pedro, Jacobo y Juan vieron en aquel monte? ¿Quién pudiera después de orar por un largo rato escuchar la voz del Padre de forma audible?
Todo eso para luego enfrentarnos al recordatorio odioso de que vivimos en un mundo que todavía sigue infestado de maldad.
INCREDULIDAD APOSTÓLICA (Marcos 9:14-24)
INCREDULIDAD APOSTÓLICA (Marcos 9:14-24)
Pero este primer problema del dominio demoníaco, este primer problema donde vemos la presencia destructiva del mal, nos sirve para descubrir un segundo problema que es mucho más profundo pero menos evidente. Escucha lo que dice este hombre desesperado después de describir el dominio demoníaco al que su hijo está sujeto, lee conmigo prestando especial atención a la segunda parte del versículo v.18: Marcos 9:17–18 "Y uno de la multitud le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo, y siempre que se apodera de él, lo derriba, y echa espumarajos, cruje los dientes y se va consumiendo. Dije a Tus discípulos que expulsaran al espíritu, pero no pudieron»"
Mira la progresión, ante el lamentable estado de su hijo, este hombre -que seguramente habrá escuchado maravillas acerca de Jesús- le trae a su hijo endemoniado. No encuentra a Jesús porque estaba en el monte transfigurándose. Al ver que no estaba Jesús, inmediatamente se dirige a los 9 apóstoles que quedaron al pie del monte para pedirles ayuda. Y es aquí cuando la cosa pone turbia.
Porque los apóstoles en Marcos 6:7 son enviados por Jesús quien -según dice el texto- les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. De hecho, en Marcos 3:14–15 "Designó a doce, para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar, y para que tuvieran autoridad de expulsar demonios."
Y esto no fue solo teoría, en Marcos 6:30 "Los apóstoles se reunieron* con Jesús, y le informaron sobre todo lo que habían hecho y enseñado."
Los apóstoles no eran exorcistas noveles sin experiencia. No eran novatos.
Pero el testimonio de este padre los deja en evidencia, expone su incapacidad, y sobre todo expone su incredulidad. Éste es el segundo, pero central problema que encontramos en esta historia.
El problema de la incredulidad va a permear el resto del texto de forma clara y en ocasiones como la de los apóstoles, de forma implícita.
Estos hombres que se supone que habían sido llamados y enviados por el Rey, y que además, habían recibido poder y autoridad de parte del Rey, para hacer precisamente esta tarea: predicar y expulsar demonios.
Y lo habían hecho en el pasado con bastante éxito. Esto es lo que desata una discusión acalorada con los escribas. Es la incompetencia apostólica la que hace que la multitud además de ver al pobre endemoniado ahora comiencen a cuestionar y a debatir con los 9, porque ellos no pudieron hacer lo que se esperaba que hicieran. Y uno no puede evitar preguntarse, ¿por qué? ¿Por qué los apóstoles no pudieron liberar a este muchacho?
Bueno, creo que la respuesta de Jesús nos dice mucho acerca de la razón por la que ellos no pudieron.
Marcos 9:19 "Jesús les dijo*: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo los tendré que soportar? ¡Traigan al muchacho!»."
Hay una especie de frustración santa en Jesús. Su respuesta deja aún más en evidencia a los apóstoles y a la multitud. Estoy convencido que su reprensión no fue para el padre del muchacho, sino para los 12 que no creyeron como debían creer, y también a los presente por su clara duda de su poder.
«¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo los tendré que soportar? Yo les voy a decir algo, de todas las cosas que tú y yo esperamos escuchar de nuestro Señor, ésta seguro no está en la lista.
Pero Jesús está describiendo una actitud de parte de los discípulos que no es evidente pero que es profunda. Estos hombres han comenzado a creer de forma incorrecta. El texto no nos lo dice, pero podemos imaginarnos un poco la escena.
Este hombre llega con su hijo buscando a Jesús, y al no encontrarlo pregunta a sus discípulos. Ellos le dicen que subió al monte, y entonces, él les pide ayuda a ellos directamente, y de repente sale Andrés diciendo: “oh, no te preocupes pobre hombre, te puedo ayudar”. El resultado, no pudo.
Pero no pasa, quedan 8 apóstoles, seguro alguno podrá. Quizás ése no es el ministerio de Andrés, quizás Andrés debe dedicarse al ministerio de multimedia y audiovisual, o al evangelismo.
Así que, sale Bartolomé: “Andrés, se nota que no has aprendido nada, así es como se saca un demonio, mira y aprende”, ¿resultado? Tampoco pudo.
Y así, Tomás, Mateo, Felipe, Jacobo, Tadeo, Simón y Judas Iscariote. Te imagina encontrarte con 9 seguidores de Jesús y que ninguno pueda. Que decepción más grande. Y todo, por su incredulidad. Porque comenzaron a pensar que ellos podían.
Que Jesús no está, pero ellos sí. Una confianza que poco a poco se vería mermada al ver a su co-apóstol anterior fallar de forma escandalosa.
La incredulidad contagiosa
Y poco a poco se fueron llenando de una incredulidad apostólica que era muy contagiosa.
Jesús expresa santa reprensión y regaño a todos por su incredulidad Marcos 9:19-20.
Y luego comienza a hablar con el padre del muchacho, lee conmigo Marcos 9:21–24 "Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?». «Desde su niñez», respondió. «Muchas veces ese espíritu lo ha echado en el fuego y también en el agua para destruirlo. Pero si Tú puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos» «¿Cómo “si Tú puedes?” », le dijo Jesús. «Todas las cosas son posibles para el que cree». Al instante el padre del muchacho gritó y dijo: «Creo; ayúdame en mi incredulidad»"
Lo más probable es que este hombre no haya comenzado su caminar con incredulidad sino con fe. Había escuchado tantos testimonios maravillosos acerca de Jesús. Como Jesús había sanado enfermos, resucitado muertos, y -para su propio interés- expulsado a muchos espíritus inmundos, hasta el punto de expulsar a una legión de demonios con solo mandarlo.
Sin duda podría ayudar a su hijo.
Pero, al no encontrarlo y ver la incapacidad de sus discípulos, ahora, se pregunta si Jesús mismo puede hacer algo. Si sus discípulos no pudieron, quizás sea porque todo lo que ha escuchado no es tan así.
Así que ahora, describe su problema y se añade: “pero si Tú puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros”. La incredulidad es contagiosa. Es la incredulidad apostólica la que ahora hace que este hombre ponga en duda el poder divino.
Jesús entiende lo que está ocurriendo en el corazón y la mente de este hombre, como el temor y la duda se van apoderando de Él al punto de que no sabe si el Rey Jesús puede realmente ayudarlo. De ahí su respuesta.
Marcos 9:23 "«¿Cómo “si Tú puedes?” », le dijo Jesús. «Todas las cosas son posibles para el que cree»."
Quizás los discípulos pensaron para sí: “bueno, nosotros no pudimos y creímos”
¿No te parece curioso? El poder divino y la suficiencia del Rey puestas en duda por la incredulidad de quienes más lo conocían.
Y tras la respuesta de Jesús vemos al padre con una de las expresiones más reales de la vida Cristiana: Marcos 9:24 "Al instante el padre del muchacho gritó y dijo: «Creo; ayúdame en mi incredulidad»"
Señor, es verdad, lo reconozco, soy incrédulo en esta área, ayúdame a creer. Este hombre es una mezcla de fe frágil e incredulidad. Su fe es débil y lo reconoce pero quiere creer, y ésta es su oración.
Tú y yo somos iguales, una mezcla de fe frágil e incredulidad. Especialmente en estos tiempos tan turbulentos en los que nuestra economía se ha visto afectada de una forma tan evidente. Para nadie es un secreto que los precios del combustible y de muchos otros productos han aumentado como consecuencia de la guerra. Y, ciertamente, estos problemas económicos afectan nuestras vidas. Todos nos vemos afectados por la economía, al menos, todos los que estamos en este edificio, y muchos de los que posiblemente nos verán por Internet. Los cambios en la economía afectan tu bolsillo y tu realidad. Y de repente, se convierten en la situación que define toda tu vida.
Pero déjame decirte que hay algo que afecta mucho más tu vida que la economía, y es la incredulidad en tu vida.
Es más, la incredulidad es lo que hace que todas las demás situaciones terminen siendo problemas insuperables. El problema superficial es la situación, el problema fundamental es la incredulidad. Y Dios muchas veces trae estos problemas circunstanciales para exponer el problema de raíz. Una fe frágil y mezclada con incredulidad.
Este segundo problema expone a hombres incapaces porque tienen su mirada en sí mismos y no en el Rey. Creen pero no cómo deberían.
Y esto se evidencia en la pregunta que los apóstoles le hacen a Jesús Marcos 9:28 "Cuando Jesús entro en casa, Sus discípulos le preguntaban en privado: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?»"
El enfoque está en lo que ellos pueden hacer. Jesús había respondido la pregunta antes de que ellos la hicieran, Él le había dicho al padre del muchacho endemoniado que para el que cree todo es posible. El texto nos responde a esta pregunta de forma anticipada.
Pero, los discípulos no lo pillan, es como que ignoran el hecho de que Jesús les ha dado la clave que es la fe, pero no fe en sí mismos, sino fe en Jesús.
La fe es confianza, ejercer fe es tener confianza, en algo o en alguien, y los discípulos tenían fe en sí mismos, es decir, confiaban en su propia experiencia ministerial pasada. Confiaban en sí mismos, y por eso no pudieron sacar el espíritu inmundo.
Mucha gente hoy en día tiene una gran confusión con el mensaje del evangelio. Cree que el mensaje del evangelio es ten fe y listo. Pero el problema no es el ser humano no es falta de fe sino una fe en la persona correcta.
No es fe en ti mismo, ni en tu capacidad, sino en la suficiencia y poder del Rey.
Jesús les dice esto en su respuesta: Marcos 9:29 "Jesús les dijo: «Esta clase con nada puede salir, sino con oración»."
Jesús no está diciendo que hay un tipo de demonios que salen con oración y otros por los que no necesitamos orar. No es que la oración solo es necesaria en algunas circunstancias. La oración es usada por el Señor como una muestra de la dependencia del poder divino que los discípulos debían tener en su ministerio. No depender de ellos mismos sino de Dios.
Si, Dios los llamó, Dios les dio autoridad, pero eso no es suficiente, deben depender de su poder porque es su poder el que hace que las cosas sucedan.
Les pongo un ejemplo: Dios me ha llamado a predicar y pastorear, Dios me ha dado la autoridad y los dones para hacerlo, pero sería incrédulo de mi parte pensar que ahora YO puedo llevarlos a ustedes a la madurez o que YO puedo convertir al alguien a Cristo.
Esta clase de ministerio solo se puede llevar a cabo en oración, es decir, en dependencia y exclusiva confianza del poder de Dios, y no en mis capacidades.
Es como que yo diga: “Señor, por qué no pude transformar el corazón de esta persona atea”, Jesús me dirá: “Esto solo lo puedo hacer YO, ¿has orado a mí?”
La incredulidad de los apóstoles se evidencia en su falta de oración y dependencia del poder divino.
APLICACIONES
Ahora, quiero que reflexiones por un momento:
¿Es tu vida una mezcla de fe frágil e incredulidad? ¿En qué áreas de la vida dices: Sí, Jesús es el Rey Todopoderoso, para luego enfrentarte a una realidad que crees insuperable para Él? Tal como dijo el padre del muchacho, ¿será que Tú puedes hacer algo?
O quizás tu incredulidad se ve más como la de los discípulos, una vida marcada por falta de oración que evidencia una confianza en ti mismo y no en Jesús.
SUFICIENCIA MESIÁNICA (Marcos 9:25-29)
SUFICIENCIA MESIÁNICA (Marcos 9:25-29)
¿Y cómo responde el Señor ante tal incredulidad? Bueno, en primera instancia su respuesta es un reproche. Tanto a los discípulos como al padre del muchacho.
Generación incrédula, los llama, pero luego le dice al hombre: ¿cómo que si Tú puedes? ¿Acaso no sabes con quién estás hablando? Jesús había dado pruebas suficientes a todos de la suficiencia de su poder. Responder en incredulidad ante tales evidencias nos es más que necedad.
Pero Jesús no se queda en el reproche. Jesús es un Mesías suficiente. Suficientemente poderoso y suficientemente compasivo. Él no se quedó en la cima del monte en la gloria de la transfiguración, Él decidió bajar del monte para lidiar nuevamente con la realidad de un mundo caído. La maldad y la incredulidad.
Pero no solo descendió del monte, sino que primero había descendido del cielo.
Filipenses 2:5–8 "Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz."
Jesús pudo haberse quedado en la gloria que tenía antes de venir a este mundo, pero decidió no hacerlo. Decidió descender. Y eso fue lo que lo llevó a descender, no solo del monte sino de su gloria eterna a experimentar y sufrir la realidad de un mundo caído. Uno que lo llevaría a morir luego en la cruz por pecadores con una fe débil mezclada con incredulidad. Y en esto amados, Jesús muestra su suficiencia.
Hemos visto que hay un problema insuperable (el mal o los demonios), hemos visto que hay hombres incapaces llenos de incredulidad (los apóstoles y el padre del muchacho), pero el texto culmina enfatizando que a pesar de todo esto, HAY UN SALVADOR SUFICIENTE.
Conexión con el evangelio: A los amigos que nos acompañan en esta mañana, quizás tú eres como este padre, has ido a la iglesia o has hablado con cristianos que te han dejado con más dudas que certezas sobre el mensaje de la Biblia. Y ahora te cuestionas si Jesús puede o no. Pero este texto nos muestra que Jesús es SUFICIENTE, es SUFICIENTEMENTE PODEROSO para salvarte de tu pecado y perdonarte, Jesús puede quitar toda tu maldad, toda tu vergüenza, toda tu culpa y todas tus dudas. Él puede ayudar a tu incredulidad.
Pero no solo es poderoso sino que es SUFICIENTEMENTE COMPASIVO Y CERCANO, Él vino a este mundo para estar con personas como tú y como yo. Él puede y quiere.
La pregunta es si -al igual que este padre- dirás: “creo, ayuda mi incredulidad”. Si quieres saber más sobre cómo puedes conocer más acerca del poder y la compasión de Jesús por ti, me encantaría conversar contigo al final del culto, por favor, no te vayas de este lugar si hablar conmigo o con alguno de los miembros de nuestra iglesia.
APLICACIONES
APLICACIONES
Amada iglesia, este texto nos desafía y nos confronta de una forma poderosa, nos muestra que muchos de los problemas que enfrentamos en nuestras vidas, son problemas por la incredulidad que hay en nuestros corazones.
Quiero dejarte con la siguiente pregunta, ¿cómo responde el Señor? Respondes confiando en ti o en Él.
Jesús nos ha mostrado su suficiencia, su poder y autoridad. Jesús ha dejado claro que la gloria de la transfiguración no era solo para la cima del monte sino también para el valle de la vida, para cuando te toca volver a la realidad. Que a pesar de una fe frágil, y de unos apóstoles incrédulos e incapaces, el Señor se muestra como el Rey que es suficiente.
La pregunta es, ¿dónde está tu fe?
Oremos,
